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sábado, 27 de septiembre de 2014

La obra provocadora (12): Arte y Obscenidad (1 de 4): Robert Mapplethorpe - The obsession for beauty

Presuponemos con mucha facilidad que toda creación artística debe ir unida a un cierto ideal de belleza. Lo presuponemos pero parece evidente que no siempre es así y que, en la actualidad, ni siquiera predomina  esa idea ya que el arte convive con infinidad de planteamientos aunque, históricamente, sí podríamos constatar un afán de alcanzar el ideal de belleza -neoplatonismo de Ficino- que acercase lo creado a una perfección soñada.
La cuestión sobre el sentido del arte y, también, el debate sobre sus límites, dista mucho de encontrar respuestas unánimes. Lo que entendemos hoy en día por arte es una conceptualización sobre el mismo relativamente reciente (1). En los últimos tres siglos se fueron produciendo en Occidente una serie de circunstancias que acabaron perfilando un sentido del arte centrado en la institución, en la crítica y en un público cada vez más emergente y variado. Avatares posteriores implicaron también a un elemento hasta cierto punto espúreo: el mercado (2).
Pero en este artículo -y los que le van a seguir bajo la denominación de Arte y Obscenidad- no pretendo teorizar sobre el complejo tema del sentido del arte, o sobre lo que es y no es arte. Es evidente que hay mucho y bueno escrito  sobre el tema (3). Sobre lo que quisiera reflexionar, sobre lo que me gustaría apuntar al menos algunas pinceladas, es sobre la líquida frontera entre arte y obscenidad. Es verdad que sentido y límites van en muchas ocasiones inexorablemente unidos, pero lo que motiva estas letras es la, para mí, llamativa reacción de algunas personas -a veces algunos colectivos- ante determinadas obras con contenido sexual más o menos explícito.
En principio, y puesto que vivimos en una época no ya posmoderna sino ultramoderna (Marina dixit),   me sorprenden los alardes puritanos y los "desgarramientos de vestiduras" ante la exhibición del cuerpo humano desnudo, especialmente si hay conatos de sexualidad presuntamente "viva" o si se sale del archi asumido estereotipo de la mujer como elemento decorativo. Desde mi punto vista la distancia entre la "cosificación" de la mujer como venerado objeto de contemplación y la pornografía es muy escasa (aunque este es un tema que entra más en la moral que en el arte).
Entiendo que, según los criterios evaluativos de cada uno, se aprueben  o no obras con tales contenidos -tal y como pasaría como con cualquier tipo de obra o creación humana- pero...¿tanto ofende mostrar la realidad humana? ¿Tanta incomodidad produce visualizar la sexualidad? ¿qué es realmente lo que nos provoca indignación?
No me cabe duda de que los criterios morales tienen mucho -por no decir todo- de construcción cultural y, por lo tanto, también de valores cuestionables (al menos si cambiamos de perspectiva). Son muchos los creadores que, ante ello, han elegido agitar conciencias y gustos mezclando en explosivos cokteles arte y sexo, haciéndolos estallar en un afán renovador no sólo estético sino ideológico (no hay más que mirar, aunque sea solo por encima, la historia de la pintura del siglo XIX y XX).
A mí, personalmente, me sigue intrigando como una obra que pintó Courbet hace ya casi siglo y medio todavía despierta encendidas controversias (4): El famoso "Origen del mundo" va a salir de su museo habitual en su primera gira internacional. Ciertamente es una buena noticia, pero para algunos es piedra de escándalo.
Cuando publicité en mi pagina de facebook tal evento algunas personas no dudaron en mostrarme su malestar porque difundiera algo "obsceno". También me llamó la atención que algo similar le sucediese a la acreditada revista cultural ATTICUS, con el resultado añadido de perder algunos suscriptores por la misma causa.
En mi caso  intente argumentar -que no justificarme- sobre cómo la obscenidad está, en muchos casos, más en la mirada y en la imaginación del que mira que en la obra en sí, pero me temo que de nada sirvió semejante argumentación ante quien defendía con vehemencia la indecencia de la obra.
Ya he tenido, además, ocasión de observar parecidas reacciones escandalizadas cuando en este mismo blog he mostrado ciertas obras -polémicas, lo reconozco- , ya sean creaciones japonesas pasadas y presentes o cuadros  de determinados pintores occidentales,  consideradas por algunos como "arte degenerado" (expresión que, por cierto, utilizaban con asiduidad nazis y comunistas en su momento y además...¿no es un verdadero acto "degenerado" asumir que el arte debe ser sólo decoración?).
Es evidente, pues, que hay una especial susceptibilidad ante la visualización del desnudo, del sexo, de las fantasías sexuales y de todo aquello que presuponga un "ataque" a la moralidad vigente; sin olvidar, para añadir más sal al asunto que, en sentido contrario, también va aumentando la plantilla de creadores que quieren hacer "bandera" precisamente de todo ello reivindicando una visibilidad de algo que consideran sustancial a su forma de entender la vida y la sexualidad.
La polémica está servida.
¿Necesidad de censura?
¿Dónde ponemos el límite a las necesidades de expresión del otro?
1. Robert Mapplethorpe y el exhibicionismo orgulloso de su condición de homosexual.
Hace ya casi treinta años, a mediados de los 80, recuerdo haber visto en un programa de La 2, presentado por Paloma Chamorro, "La edad de oro" (5), las fotografías de este creador norteamericano.
Impactantes. Chocantes. Algunas muy bellas, otras prácticamente pornográficas. Con todo, aparecieron en la televisión pública y no recuerdo que generasen especial polémica. Desde luego lo explícito de algunas imágenes no dejaba indiferente a nadie, pero resultaba imposible no reconocer, más allá de su afán provocador, un bello estilismo, unos inusuales enfoques, que dificultaban el etiquetarlas directamente como basura pornográfica (al menos a gran parte de ellas).

Curiosamente hubo mucha más polémica con este fotógrafo en su país de origen, los Estados Unidos, que la que se produjo por la exposición de sus fotos en los distintos países de la vieja Europa.
Cuando, a finales de aquella década (los ochenta), se expusieron sus fotografías en la Corcoran Gallery of Art con motivo de una retrospectiva-homenaje (Mapplethorpe murió en 1989), se originó una encendida y visceral batalla entre detractores y defensores de su obra.
Ante la presión de políticos conservadores, Christina Orrcahel, directora de la Corcoran, se vió obligada a cancelar la retrospectiva de imágenes homoeróticas. Esto desencadenó que sus partidarios, liderados por varios grupos de diferente índole, tomasen medidas de difusión: "Si no nos dejáis colgar las fotos de Robert Mapplethorpe dentro del museo, las colgaremos sobre el museo" y así lo hicieron. Se dedicaron a proyectar diapositivas de sus obras sobre la fachada del mismo.
Para muchos los intentos de censura eran totalmente inadmisibles; para otros tanta promoción de la indecencia resultaba intolerable.

¿Está la idea de la creatividad supeditada a lo que determine el establishment  vigente?
¿Deben los creadores autolimitarse para no herir susceptibilidades?
¿Deben tenerse en cuenta todas las susceptibilidades?
¿Debe admitirse cualquier expresión en nombre del arte?
El debate en ese momento adquirió ribetes tensos al ponerse en tela de juicio la sacrosanta libertad de expresión, a la vez que otras voces cuestionaban el derecho del Estado a condicionar subvenciones económicas a determinado tipo de arte (complicado determinar criterios de exclusión en función de la subjetividad y sensibilidad de algunos).

El "caso Mapplethorpe" fue abierto por el senador republicano Jesse Helms.
A él - y a muchos ciudadanos norteamericanos, todo hay que decirlo- no le gustaron lo más mínimo las fotos sado-masoquistas de este autor ni tampoco aquellas que mostraban explicitamente actividades homosexuales.
Criticó abiertamente que la exposición de la Corcoran  estuviese financiada con dinero público y sus quejas tuvieron eco en otras exposiciones del momento que se vieron indirectamente inmersas dentro de la polémica suscitada.
Helms, ni corto ni perezoso, movió todos los resortes legales disponibles para presentar una proposición de ley exigiendo la eliminación de cualquier subvención a "cualquier tipo de arte que promueva, disemine o produzca materiales obscenos o indecentes" o "el material que denigre los objetivos y valores de los seguidores de una religión determinada o una creencia".
La proposición se discutió el 29 de septiembre de 1989.
Los sectores más liberales y progresistas se apresuraron a denunciar que, de lo que realmente se trataba, era de establecer formas encubiertas de censura ideológica, con las que vetar propuestas alternativas o críticas a las ideas vigentes.

Una parte de la propuesta de Helms fue derribada pero otra, la que hacía referencia a la prohibición de donaciones de fondos federales a obras de arte consideradas obscenas, si prosperó.
La patata caliente estaba servida.
¿Que es obsceno?
Si optamos por una definición amplia e inclusiva (de esas que tanto le gustan a mi amiga Y.L.) nos encontraríamos con que casi cualquier cosa que moleste a alguien, podría ser tildada de obscena.

Terreno ambiguo y peligroso porque el reino de las susceptibilidades, como bien sabemos todos, es increíblemente amplio y eso nos podría llevar a una absoluta castración de la capacidad cuestionadora y transformadora de  la creación artística.
Parece evidente que la sociedad media de un país como los USA es, en general y con todas las excepciones que se quiera, puritana y los posibles "ataques" a una moral convencional no serán nunca bienvenidos , pero el problema,  más allá de lo que pueda molestar o lo que provoque a unos u otros,
implica posicionarse sobre libertades e intolerancias, sobre visibilidades y cosmovisiones.
Lo que en la Corcoran causó escándalo, no lo hizo en la exposiciones de  Chicago y Filadelfia.
Hay, pues, "público" para casi todas las opciones o posturas.
Muchos creadores se negaron a exhibir en la Corcoran después de la cancelación de la exposición de Mapplethorpe, el fotógrafo gay.
Consideraban imperdonable la restricción. Es de suponer que otros se alegraron de ello.
Tenemos -creo que tendremos siempre-  una polarización que tiene tanto de visceral como de intelectual y que, aunque se va modificando en sus detalles según las épocas y las modas, sigue totalmente vigente hoy en día. 
(1): La invención del Arte. Larry Shiner. Paidos, 2010.
(2): Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas. Valeriano Bozal. La balsa de la medusa.2010; Modelos y Teorías de la Historia del Arte. Juan Plazaola. Universidad de Deusto, 2003.
(3): Las obras de Grombrich, Julian Bell o Eugenio Trías, por citar solo algunas, son claves para tener una visión general del arte.
(4): Esa obra de Courbet ni siquiera me interesa especialmente considerada a diversos niveles. Existen obras infinitamente más provocadoras y, probablemente, con iguales o mayores valores artísticos pero, finalmente, el cuadro de Courbet ha logrado erigirse como ejemplifación de lo que hay que ocultar o de lo que hay que enseñar según la particular óptica ideológica que uno se ponga ante los ojos.
(5)http://www.rtve.es/archivo/la-edad-de-oro/
Absolutamente recomendable ver el vídeo especifico de este programa dedicado a Mapplethorpe:

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