miércoles, 4 de febrero de 2026

Lugares (99): Rávena. San Apolinar Nuevo

 Rávena (a poco más de una hora en tren desde Bolonia) fue una de esas paradas que no estaban pensadas para deslumbrar… y quizás, precisamente por eso, lo hizo. 

Llegamos allí hace ya bastantes años, en el verano del 2018. 

Estábamos recorriendo Italia, en un viaje largo, usando como base la ciudad de Padua (lugar al que ya he dedicado varias entradas en este misma sección del blog) pero con la idea de visitar diferentes ciudades y pueblos, siempre en tren. 

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Llegamos a Rávena con ese cansancio feliz de quien ya ha visto mucho, pero que todavía espera, sin duda, algo más (especialmente en Italia). Rávena, desde el primer momento, nos pareció que ofrecía otra cosa aparte de belleza artística: calma, tranquilidad. Es una ciudad pequeña, llana, cómoda, que se deja recorrer a pie sin prisas ni empujones, sin el ruido constante de los grandes focos turísticos.

Ravenna Turismo - Sitio oficial de información turística

Ravenna Mosaici – Opera di Religione della Diocesi di Ravenna

El motivo principal del viaje lo teníamos claro. A mi mujer y a mí nos atraían desde hacía tiempo los famosos mosaicos bizantinos de la ciudad, esos fragmentos de un mundo tardorromano y oriental que sobreviven casi intactos, brillando todavía con una luz que no parece del todo de este tiempo. Y sí: mereció la pena, con creces.

Pasear por Rávena es ir entrando y saliendo de iglesias antiguas como quien hojea un libro de historia ilustrado, pero vivo. 

No hay que forzar nada: los edificios aparecen de forma natural, casi discreta, y de pronto, al cruzar una puerta, el espacio se transforma. La penumbra, el silencio, y luego el impacto visual del color.

Entre todas las visitas, hubo una que destacó de manera especial: Basílica de Sant'Apollinare Nuovo.


Foto Javier Nebot

Foto Javier Nebot.

La primera impresión al entrar es engañosa. La basílica, construida a comienzos del siglo VI por el rey ostrogodo Teodorico, es arquitectónicamente sobria: una nave larga, columnas elegantes, proporciones claras. Nada parece anunciar lo que viene después. Pero basta levantar la vista.

A ambos lados de la nave se despliegan los famosos mosaicos, organizados en largas procesiones que avanzan, de forma casi hipnótica, hacia el altar. A un lado, las vírgenes mártires; al otro, los santos y mártires varones. Las figuras repiten el gesto, el paso, la mirada, creando una sensación de movimiento lento, solemne, casi musical. Es imposible no dejarse arrastrar visualmente por esa cadencia.

foto Javier Nebot

Foto Javier Nebot.

Más arriba, escenas de la vida de Cristo -milagros, parábolas, episodios evangélicos- aparecen con una narrativa sencilla pero poderosa, donde lo simbólico pesa más que lo anecdótico. 

Los fondos dorados, las arquitecturas idealizadas, los rostros hieráticos recuerdan constantemente que estamos ante un arte pensado no para imitar la realidad, sino para trascenderla.

Uno de los detalles más fascinantes es precisamente ese cruce de historias: la basílica nació en un contexto arriano y más tarde fue adaptada al culto católico, y en los mosaicos aún se adivinan rastros de esos cambios, figuras eliminadas, manos que sostuvieron símbolos ya borrados. En ese sentido Sant’Apollinare Nuovo no es solo bella: es también una muestra de la evolución política, religiosa y cultural en un mismo edificio.

Lugares (99): Rávena. San Apolinar Nuevo




Recuerdo salir de la iglesia con una sensación muy concreta: la de haber estado ante algo extraordinario sin necesidad de grandilocuencia. Eso, me pone. No hubo esa multitudes que se agolpan en las iglesias de Florencia o en las calles venecianas. Todo más natural  y tranquilo, sin artificio. Solo la belleza intima del lugar, su luz y ese aire de templo antiguo que, personalmente, me resulta sumamente atractivo. Rávena tiene eso: no se impone, no abruma, per, si la dejas, se queda contigo.

A ocho años vista, cuando pienso en aquel viaje, Sant’Apollinare Nuovo vuelve una y otra vez a la memoria (aunque reconozco que el hacer muchas fotos y preparar entradas en este blog me ayuda a ello). Desde luego, si les atrae el arte bizantino y especialmente los mosaicos, no duden en visitar Ravena. La disfrutarán.



Lugares (99): Rávena. San Apolinar Nuevo. foto Javier Nebot





Texto y fotos: Javier Nebot

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