viernes, 25 de septiembre de 2026

Opinión personal (119): La construcción de la imagen de la mujer (5). Ofelia y otras heroínas "durmientes".

 Terminábamos la entrada anterior de esta sección haciendo referencia al gran éxito iconográfico que tuvo la representación de ciertas damas muertas, muy especialmente, de aquellas a las que se rodeo de una pesada aureola posromántica, como fue el caso de Ofelia, The lady of Shalott, Eliane...

Ocio Inteligente: para vivir mejor: Opinión personal (118): La construcción de la imagen de la mujer (4): La mujer enferma, sacrificada y moribunda: cuando el sufrimiento se convirtió en belleza

Como el objetivo de estos artículos es llegar al surgimiento de la femme fatale / vampiresa en el cine, no pretendemos hacer ahora y aquí una exposición exhaustiva de tales representaciones, pero sí nos gustaría mostrar algunas obras claves, obras que ejercieron sobre el imaginario colectivo de su época una gran influencia y que todavía hoy siguen manteniendo su aureola y se admiran como grandes obras del arte.

The Lady of Shalott (Tennyson, 1832).

La dama de Shalott (1832) | La Fundación de la Poesía

The Lady of Shalott, Elaine de Astolat, sucumbe a los muchos encantos y atributos de Sir Lancelot (por lo que parece realmente abundantes y deseados, si nos atenemos a la cuantía de sus enamoradas). El hombre estaba entregado en un pasión ilícita a Ginebra, la esposa de Arturo, pero eso no impedía que las damas, por lo visto, cayesen prendadas a su alrededor.

La obra de Tennyson ha tenido, como es lógico, muchas lecturas y desde muy diferentes perspectivas.

"Las críticas feministas consideran que el poema aborda cuestiones de la sexualidad de las mujeres y su lugar en el mundo victoriano,[argumentando que La dama de Shalott se centra en la tentación de la sexualidad y su inocencia preservada por la muerte.[]Christine Poulson habla desde un punto de vista feminista y sugiere que «la huida de la dama de Shalott de su torre es un acto de rebeldía, un símbolo del empoderamiento femenino». Según la perspectiva de Poulson, huir de la torre permite a la dama de Shalott liberarse emocionalmente y aceptar la sexualidad femenina".

La dama de Shalott - Wikipedia, la enciclopedia libre

Pero los pintores del XIX optaron sobre todo por mostrar una dama con locura incipiente,  con un profundo anhelo posesivo y un claro afán autodestructivo.

John William Waterhouse. The Lady of Shalott
John William Waterhouse. The Lady of Shalott.

The Lady of Shalott, Walter Crane (1862).


William Holman Hunt and Hughes, Edward Robert. The Lady of Shalott. 1905.


La dama de Shalott (The Lady of Shalott). John Atkinson Grimshaw


Tanto éxito, o más incluso, tuvo entre los pintores Elaine, otra doncella pura y enamoradiza de Tennyson ("Los idilios del rey"), que casi por arte de magia también quedó hechizada por el gallardo Lancelot. 
Ella le confiesa a su amado: "Me he vuelto loca. Te amo: déjame morir". Lancelot no se da por aludido, a pesar de la claridad y asertividad de su enamorada. Cuando esta muere, dejando instrucciones a su padre sobre como preparar su lecho de muerte, Lancelot descubre en su mano sin vida una carta dirigida a él: "Te amé, y mi amor no tuvo respuesta, / por eso mi autentico amor ha significado mi muerte". Un dramón en toda regla y, en el fondo, otra version trágica de Lady Shalott...

Toby Rosenthal (1848-1917). Elaine. 1874.


De las diversas representaciones de este tema, la pintura de Rosenthal es de las esenciales:

"La pintura de Rosenthal representa el viaje postmortem de Elaine desde Astolat hasta Camelot: "En su mano derecha el lirio, en su izquierda / La carta—todo su brillante cabello cayendo." Las elecciones artísticas de Rosenthal reflejan la influencia de los prerrafaelitas".

Su obra tuvo un éxito enorme. 
Se reprodujo muchísimo tanto en los Estados Unidos como en Europa. 
Dijkstra, no sé si acertado o tendencioso (para mí insiste demasiado en los aspectos sádicos y agresivos de estas imágenes), señala que "el público disfrutaba con la visión de una bella mujer enamorada, bien muerta y, por lo tanto, con pocas posibilidades de complicar la vida emocional del espectador en mayor grado de lo que Elaine había complicado la de sir Lancelot" (Op. cit.pag.41).

Cuando la obra se expuso en San Francisco se creó una especie de culto a Elaine, aumentando la aureola del cuadro el hecho de que éste fuese robado y que se exigiese por él un cuantioso rescate.
Ante un triunfo tan rotundo del tema, surgieron infinidad de Elaines pálidas y muertas; obras que tuvieron mejor o peor fortuna, pero que demostraban el ansia y el gusto de un amplio público sobre este tipo de mitificaciones.

Sophie Gengembre Anderson. Elaineor (The Lily Maid of Astolat) 1870


"Elaine" de Sophie Anderson, 1823-1903


Muerte de Elaine. Homer Watson (1852-1923)


"Elaine's Body on its way to King Arthur's Palace", (1892). By Gustave Doré (1832-1883).


Elaine de Astolat. 1899. Sir Edmund Blair Leighton


Sin embargo, y a pesar del gran triunfo estético de las heroínas de Tennyson, fue la Ofelia de Shakespeare la que consiguió destacar sobre todas como ejemplo perfeto de una devoción malsana por un hombre (por muy auto sacrificada que fuese). Devoción que le lleva, literalmente, a la locura.

Probablemente, fueron los prerrafaelitas, ya mencionados y reseñados en diversas ocasiones, de los primeros pintores en abordar este tema pictóricamente. 

John Everett Millais. Ophelia. 1851.



Arthur Hughes. Ophelia. (Primera versión).1852

Arthur Hughes. Ophelia. Versión 1854

Desde el Renacimiento hasta nuestros días: 86. Los Prerrafaelitas (10): Arthur Hughes (1832-1915).

Tanto la Ofelia muerta de Millais como la Ofelia demente de Hughes generaron suficiente impacto en el mundo artístico y social como para que muchísimos artistas decidiesen abordar el mismo tema.

Ofelia. John William Waterhouse. 1889.


Ofelia. John William Waterhouse. 1894.


Ofelia. John William Waterhouse. 1894.

Ofelia. Arthur Hugues. 1865.

Ofelia tejiendo sus guirnaldas. Richard Redgrave.


Henrietta Rae. Ophelia. 1890.


Ofelia. Ernest Hébert. 1890
Pascal Dagnan-Bouveret - 37 obras de arte - pintura

Acabamos esta muestra "ofeliana" con la obra de Georges Clairin, el pintor preferido de Sarah Bernhardt, la "divina".

Georges Jules Clairin. Ophelia.

La famosísima y aclamada actriz francesa no dudó en aprovecharse de la fascinación que el tema de la moribunda Ofelia ejercía sobre sus coetáneos y no dudó en exhibirse, cual nueva Ofelia, para cultivar su imagen de excéntrica. En sus giras llevaba su propio ataúd y no dudaba en dormir en él y mostrarse ante los hipnotizados de turno que caían rendidos a sus pies. Genio y figura, sin duda.
Las fotografías de ella yaciendo de tal forma tuvieron en éxito enorme y fueron de mano en mano como su fuesen un preciado trofeo.

Sarah Bernhardt en su ataúd.

1882. Sarah Bernhardt descansando plácidamente en su ataúd. 


Según Dijkstra "el caso de la Bernhardt demuestra hasta que punto la naturaleza misma del culto a la invalidez estaba psicológicamente relacionada con el deseo de las mujeres de que se les prestase atención individual, reconocimiento personal como entidades diferenciadas, mucho más que ser vistas como indeterminadas `flores de virtud´" (Op.cit.pág. 46).

En cualquier caso la Bernhardt era mucha Bernhardt y aparte de ser una exhibicionista incorregible, una buena e intuitiva conocedora de los entresijos de la fama y excelente actriz era también, curiosamente, una excelente escultora, como lo demuestra el bajorrelieve que adjuntamos a continuación.

Sarah Bernhardt. Bajorrelieve, Ofelia. 1890.


-continuará-

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jueves, 17 de septiembre de 2026

Personalidades (14): Nellie Bly (USA, 1864-1922).

 En otra sección de este blog estoy describiendo con cierto detalle los complejos clichés sociales a los que se veían sometidas muchas mujeres del siglo XIX, pero en esta pretendo mostrar mujeres excepcionales (también hombres, claro). Mujeres que superaron con mucho las distintas rigideces y estereotipos a los que se vieron muchas veces sometidas y se enfocaron en ser y vivir como ellas querían, a pesar de tantas trabas y dificultades. Una de esa personalidades fue la periodista y viajera norteamericana, Nellie Bly. Una mujer que nunca pareció conformarse con el papel que su época había reservado a las mujeres.

Su verdadero nombre era Elizabeth Jane Cochran. 

Nació en Pensilvania en 1864 y comenzó su carrera periodística de una manera que ya anunciaba su carácter. En 1885, con tan solo 21 años, escribió al Pittsburgh Dispatch una carta de protesta contra un artículo de tono bastante misógino (habitual en la época, incluso para los USA) titulado Para qué sirven las mujeres. Siguiendo el ideal de algunos "manuales" del momento, se insistía en el papel exclusivo de la mujer como "guardiana del hogar" y madre. La calidad de su réplica (firmada como "huerfanita solitaria", ¡tenia guasa la dama!) llamó suficientemente la atención del periódico como para ofrecerle trabajo. 

Empezó con artículos breves sobre temas considerados polémicos y por ello, poco después, decidió publicar bajo el seudónimo de Nellie Bly, tomado de una canción popular.


Ejercer el periodismo y destacar en él, en esos años, exigía desde luego bastante capacidad y audacia. Bly dio muestras de ambas además de grandes dosis de inteligencia y cierta capacidad para incomodar. 

Escribió sobre madres solteras, mujeres trabajadoras, niños abandonados y obreros explotados. En ocasiones se introducía en los ambientes que quería describir para saber de primera mano qué es lo que realmente se fraguaba entre bastidores. En una ocasión -entre otras camaleónicas adaptaciones- se hizo pasar por criada para llegar a conocer directamente determinadas formas de abuso sobre las que, lamentablemente, se solía correr un oscuro velo de silencio.

Aquel periodismo, como era de esperar, no siempre era bien recibido. 
La hostilidad de muchos lectores y sobre todo de anunciantes en los periódicos terminó provocando que sus superiores la relegaran a las secciones de ocio y moda. 
Harta de aquella situación, abandonó el periódico.


Diez días en un manicomio

En 1887, después de una estancia en México que terminó con su salida del país durante el gobierno de Porfirio Díaz, Bly regresó a Estados Unidos. Fue entonces cuando entró en The New York World, el periódico de Joseph Pulitzer.

Allí realizó uno de sus trabajos más célebres y reconocidos: se hizo pasar por una mujer perturbada para ser internada en el manicomio femenino de la isla de Blackwell, en Nueva York. Permaneció allí diez días y pudo comprobar directamente las condiciones en que vivían las internas, los malos tratos y los métodos terapéuticos utilizados.

Su reportaje, publicado después en forma de libro con el título Ten Days in a Mad-House, tuvo una enorme repercusión. Bly llegó a afirmar que incluso una persona perfectamente cuerda podía sucumbir a la locura sometida a semejantes condiciones. Sus denuncias contribuyeron a que se revisaran las instalaciones y se introdujeran mejoras en la atención a las enfermas.

Diez días en un manicomio - Wikipedia



La vuelta al mundo en 72 días

Pero Nellie Bly no se conformó con ser una periodista de denuncia. 

En 1889 propuso a su periódico una aventura que parecía salida de una novela: dar la vuelta al mundo en menos tiempo que Phileas Fogg, el protagonista de La vuelta al mundo en ochenta días, del muy famoso Julio Verne.

El 14 de noviembre de 1889 partió de Hoboken, en Nueva Jersey. Viajó en barcos, trenes y otros medios de transporte, desde luego y lógicamente, sin aviones ni las comodidades de los viajes actuales. El tiempo se convirtió en una verdadera obsesión para ella y apenas se concedió pausas para hacer descansos y mucho menos para hacer lo que hoy llamamos turismo. En su larguísimo periplo pasó por Inglaterra, Francia, Italia, Egipto, Singapur, Hong Kong, Japón y Estados Unidos.

Durante el trayecto envió crónicas a su periódico, que fueron seguidas con enorme interés por los lectores. El viaje se convirtió en un acontecimiento nacional y, finalmente, también internacional.





No fue, sin embargo y aunque visto desde aquí nos parezca insólito, la única mujer que emprendió aquella aventura. El periódico Cosmopolitan, al conocer el proyecto, decidió enviar a su propia periodista, Elizabeth Bisland (1861-1929), en dirección contraria. 

Elizabeth Bisland - Wikipedia, la enciclopedia libre

La rivalidad fue, sobre todo, una creación de la prensa: dos periódicos compitiendo por atraer lectores y convertir un viaje en un espectáculo. Bly, de hecho, no llegó a enterarse de la existencia de su competidora hasta que se encontraba en Hong Kong.

Bly vs. Bisland: una carrera alrededor del mundo | Espacio Fundación Telefónica

Bisland completó también la vuelta al mundo, aunque varios días después. Su figura quedó eclipsada por la extraordinaria campaña publicitaria de The World, pero ambas mujeres demostraron que viajar solas alrededor del planeta ya no era una fantasía literaria.

El 25 de enero de 1890, Nellie Bly regresó a Nueva York después de 72 días, 6 horas y 11 minutos. La recibieron multitudes, titulares y una popularidad extraordinaria. Su viaje no solo había batido el récord de Phileas Fogg: había convertido la vuelta al mundo en una posibilidad concreta para la imaginación de miles de personas.

La vuelta al mundo en 72 días de Nellie Bly | Traveler

De la fama a la empresa

Después de aquella hazaña, Bly continuó trabajando como periodista, aunque con el tiempo se sintió decepcionada por la manera en que su periódico valoraba su trabajo. 

En 1895 se casó con el empresario Robert Seaman, cuarenta años mayor que ella, y abandonó progresivamente la actividad periodística. La muerte de su marido, en 1904, la colocó al frente de la empresa industrial que él había creado. 

Durante un tiempo fue una de las mujeres empresarias más importantes de Estados Unidos. Intentó modernizar la compañía y mejorar las condiciones de sus trabajadores, pero la gestión financiera fue deficiente y la empresa sufrió graves fraudes internos. Finalmente, la Iron Clad Manufacturing Company terminó en quiebra.

Aquel fracaso económico no fue el final de Nellie Bly. Regresó a Europa y, durante la Primera Guerra Mundial, volvió al periodismo como corresponsal. En 1919 regresó a Nueva York, donde continuó escribiendo hasta poco antes de su muerte, el 27 de enero de 1922, a causa de una neumonía. Tenía 57 años.


10 días en un manicomio: la historia real de Nellie Bly

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