jueves, 26 de febrero de 2026

Micro-desahogos (29): Interferencias (y otras formas de arruinar una conversación).

 Continúo con el tema del micro-desahogo anterior. 

Reconozco que, a medida que envejezco, cada vez me resulta más complicado mantener una conversación que no termine convertida en combate, consultorio o campeonato de egos. No hablo, por descontado, de grandes debates ideológicos ni de profundas discusiones metafísicas, no. 

Hablo de algo mucho más sencillo y, al parecer, por lo visto, bastante más difícil: hablar sin que todo derive en penosa saturación o en un conflicto.

La polarización, como bien sabemos todos, se ha convertido en el deporte oficial de nuestra época y ya no es que se discrepe: por lo visto, se traiciona

Cualquier asunto, por nimio que parezca, se convierte en motivo de posibles desencuentros. Basta, por ejemplo, con decir que un programa de televisión te parece necio o aburrido para que alguien lo interprete como un ataque personal. Como si el hecho de criticar a un determinado presentador fuese cuestionar la identidad profunda de quien lo consume religiosamente cada noche. Uno menciona que determinado show le resulta banal y, de pronto, ha abierto una grieta emocional. El aire se enrarece. Los interlocutores se encrespan. Se activa el protocolo defensivo. Se despliega una bandera invisible que hay que defender como si la vida nos fuera en ello... Y lo que podría haber sido un simple intercambio de opiniones se transforma en un pulso absurdo.

¡Qué quieren que les diga! Discutir porque te gusta más Broncano que Pablo Motos o el Wyoming me parece y me parecerá siempre una verdadera sandez (y no te digo ya discutir por los "líderes" politicos).

Hasta no hace tanto, al menos que yo recuerde, opinar sobre televisión no exigía ir provisto de un chaleco antibalas. Ahora conviene medir cada frase, no vaya a ser que uno pise una mina sentimental colocada estratégicamente entre el sofá y la mesa baja o en la barra del bar. 

Sí, la polarización cansa mucho, y la saturación temática, como decía en mi post anterior, también agota. 

Hay conversaciones que, con la edad, por lo que observo, se convierten en un auténtico boletín médico por su detalle y su constancia reiterante. Uno entiende la preocupación, faltaría más (la salud nos preocupa prácticamente a todos). Uno entiende la necesidad del desahogo (¡ya ven ustedes que yo hasta tengo una sección especifica para ello!). Lo que ya me cuesta más es asistir, cada vez que coincido con determinadas personas de mi quinta, a la repetición minuciosa, pormenorizada, del mismo parte clínico, como si la amistad fuese una consulta ilimitada y gratuita y la necesidad de contar problemas de salud una pasión irrefrenable.

Me parece que, una vez contado el problema, compartida la angustia y expresada la empatía, lo más civilizado sería cambiar de tercio y pasar a otros temas tanto o más vitales y, probablemente, más interesantes para la mayoría de los interlocutores. Es necesario permitir que el otro también exista. Porque -aunque a veces parezca olvidarse- la amistad no es un monólogo asistido. Es un toma y daca.  Un equilibrio de reciprocidad. Un intercambio equitativo.

Cuando alguien se apodera del "micrófono" y no lo suelta, monopolizándolo... la relación empieza a resentirse. Y no por falta de cariño o simpatía, sino por exceso de protagonismo, por una cansina apropiación del espacio.

Y luego está la fascinante manía contemporánea de convertirse en experto en cualquier cosa en tiempo récord.

Un vino, dos anécdotas y ya tenemos cátedra. Les pongo un ejemplo. Hace poco, en una conversación sobre prostitución -tema complejo donde los haya por sus multiples implicaciones- cuatro personas que no éramos especialistas en nada acabamos pontificando sobre el tema con una seguridad digna de un tribunal académico.

Una porque había compartido edificio con una prostituta (parece que la dama ejercía su profesión -o se retiró después de ello- a un piso en el mismo inmueble). 
Otra porque en su juventud parece que había militado en una asamblea de mujeres y conocido algún caso.
Y yo mismo, para no quedarme en posición subalterna, terminé elevando el tono y alardeando de alguna experiencia pasada en mis tiempos mozos. (El cuarto optó por un prudente silencio).

Tres trayectorias -muy- tangenciales convertidas en autoridad moral y causa de pulsos vehementes.

Lo que podría haber sido un intercambio prudente de matices acabó siendo un pequeño torneo de superioridades

Nadie sabía realmente de qué hablaba (al menos teniendo en cuenta la complejidad del asunto). Pero todos hablábamos como si lo supiéramos y nuestra opinión fuese la única relevante, y, por descontado, no complementaria de la de los demás sino LA MEJOR. Un ejemplo penoso de conversión de la experiencia personal en argumento.

Resultado: conversación embarrada y una ligera resaca emocional al día siguiente.

Lo que me parece más inquietante de situaciones como la descrita es que, cuanto más complejo es el asunto, más rápidamente se tiende hoy en día a simplificarlo, a convertir la experiencia personal en única fuente de valor despreciando todo lo demás.

Decir “no lo sé” o no tengo opinión al respecto parece humillante o se vive como una minusvaloración personal. Reconocer que el tema nos desborda suena a debilidad. Y así, entre inseguridades mal digeridas, orgullos inflados y la necesidad de hablar de lo que sea -más acuciante en algunos que en otros- , levantamos trincheras en donde podría haber simplemente preguntas u opiniones diferentes aceptadas con respeto.

Al final, desde mi punto de vista y tal y como le comentaba hace unos días a una persona muy cercana, todo se reduce a una cuestión de calibración, en encontrar el punto adecuado.

Me parece que conversar es, muchas veces, como manejar una radio

Si el volumen está al máximo, cansa e incluso hace daño. Se soporta durante muy poco tiempo. Si la emisora repite y repite lo mismo sin cesar, acaba aburriendo y uno termina por hacer oídos sordos. Y, si no hay sintonía de ningún tipo, solo se oye ruido y más ruido.

Y el ruido constante -ese sí- termina por erosionarlo todo. (Y reventando al que lo soporta).

No creo que se trate de convertir cada charla en una especie de simposio. Se trata, pienso, de algo mucho más modesto y, visto lo visto, revolucionario: saber medir el volumen, alternar el turno y aceptar que no siempre tenemos que ganar la frase o la conversación.

Pero quizá pedir mesura en tiempos de ego hipertrofiado sea como pedir silencio en una discoteca. Sé que soy un utópico, pero intento, siempre que puedo y aunque a veces no lo parezca, actuar con mesura.

Sin embargo, hay seguimos, entrando muchas veces al trapo: hablando mucho, escuchando poco y saturándolo todo. 

Texto: Javier Nebot.

Fotos: IA

martes, 24 de febrero de 2026

Música de cine (37). Óscar a la mejor canción en 1945: "It might as well be spring". (State Fair, 1945).

 1945 fue un año con un número asombrosamente alto en nominaciones al apartado de mejor canción: un total de quince compitieron por obtener el deseado premio. A partir de semejante cúmulo, me imagino que para no agobiar en exceso a los respetables miembros de la Academia, se decidió que solo se nominarían cinco canciones. 

De todas las presentadas la que finalmente se llevó el gato al agua fue  "It might as well be spring". 

State Fair 1945: It Might As Well Be Spring

It Might As Well Be Spring

Música de cine (36). Óscar a la mejor canción en 1945: "It might as well be spring".

La música de esta canción fue compuesta por Richard Rodgers (1902-1979) y Oscar Hammerstein II, ambos ya entonces muy reconocidos, aplaudidos y exitosos como compositores.


Música de cine (36). Óscar a la mejor canción en 1945: "It might as well be spring".



Compusieron la canción para la película musical "State fair" (1945). Hay una versión no musical previa de 1933 pero el film que nos ocupa fue dirigido por Walter Lang (1896-1972) y lo protagonizaron Jeanne Crain (1925-2003), Dana Andrews (1909-1992), Dick Haymes (1918-1980) y Vivian Blaine (1921-1995). 
Hay que reconocer que hoy tanto la película como la gran mayoría de sus protagonistas han pasado al limbo de los justos...pero en su momento, final de la Segunda Guerra Mundial, la gente estaba más que necesitada de historias amables y "ligeras" para olvidar penurias y el film tuvo bastante éxito taquilla y hasta cierto reconocimiento crítico.












Walter Lang fue un director muy valorado en su momento y en su haber se cuentan largometrajes de gran éxito como "Cosas de mujeres", "Niñera moderna", "El rey y yo" o "Can can".




Jeanne Crain, actriz protagonista de este film, fue nominada en 1949 al Oscar a la mejor actriz por su actuación en la película "Pinky". Los cuarenta fueron para ella realmente una buena década ya que participó en películas notables como "The socking Miss Pilgrim", "Carta a tres esposas", o "Que el cielo la juzgue"; en los cincuenta también participó en varios films interesantes, pero su estrella empezó a apagarse ya con la entrada en la década de los sesenta y la dama decidió retirarse en ese momento. Murió de un infarto en el 2003.



Al actor Dana Andrews ya le dediqué un post completo hace un tiempo porque, sin ser lo que se dice una mega-estrella, sí ha sido protagonista de inolvidables películas como "Laura" o "Los mejores años de nuestra vida".



Sin embargo, he de reconocer que tanto de Dick Haymes como de Vivian Blaine no tenía -o no lo recuerdo ahora- ninguna memoria ni de ellos ni de sus trabajos hasta acometer la realización de esta entrada.


 El primero tuvo mucho éxito como cantante en una época en la que sobresalían voces realmente memorables como las de Bing Crosby, Frank Sinatra o Perry Como. 
Además, gracias a su gran éxito en esos años, tuvo una vida sentimental digamos que muy activa y digna de llenar tabloides y ocupar las conversaciones de muchas de sus admiradores (y algún admirador, supongo). El mozo, incluso, llegó a ser uno de los maridos de la "Diosa del amor", Rita Hayworth.



La segunda, Vivian Blaine, fue una cantante y actriz estadounidense que participó en varios musicales aparte del que nos ocupa y en muchísimas representaciones en Broadway. Posteriormente, cuando cumplió los cincuenta años de edad, decidió dedicarse a la televisión en donde tuvo seguidores fieles.



Vivian Blaine - IMDb

Mi docto amigo Miguel de la Concepción, en su libro "Oscar y sus canciones" cita al historiador musical Todd Purdum para referir una versión temprana de la composición de "It might as well be spring" con una melodía alternativa: "Es la única canción de Rodgers & Hammerstein de la que se sabe que existe una melodía alternativa completa, diferente de la versión final. La toma inicial de Rodgers fue una línea musical legato, pero al sobre las palabras de Hammerstein pensó mejor en su primera idea, y, en su lugar, sustituyó una melodía sincopada, que saltaba de un intervalo a otro, como si las notas fueran marionetas."

La primera grabación de "It might as well be spring" la realizó el 2 de julio de 1945 Dick Haymes con la orquesta del memorable Victor Young.

De esta película se hizo una versión posteriormente, en 1962.




Como de todas las canciones oscarizadas, esta tuvo numerosas versiones.

Brad Mehlau


Frank Sinatra.


Astrud Gilberto


Nina Simone.


Enrique Villegas.


Lucio Dalla y Marco di Marco.


Caity Gyorgy


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Mi agradecimiento a mi amigo Miguel de la Concepciónsiempre fuente de conocimientos musicales e inspiración.

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viernes, 20 de febrero de 2026

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Wilfried Sätty (1939–2016) fue un grabador e ilustrador alemán cuya obra se sitúa en la encrucijada entre el simbolismo tardío, el surrealismo centroeuropeo y una sensibilidad visionaria muy personal.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty.

Nació en una Europa convulsa y su infancia transcurrió en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Creció en una Alemania absolutamente marcada por la devastación material y la necesidad de reconstrucción social, política y cultural. Esa doble experiencia, ruina y anhelo de recuperación, dejó en él una huella indeleble que marca su universo iconográfico: arquitecturas imposibles, figuras hieráticas, animales simbólicos y paisajes que parecen surgir, lógicamente, más de una memoria arcaica y una imaginación sensible que de la observación directa.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Se formó en el ámbito artístico alemán de posguerra, en un momento en que el informalismo y la abstracción dominaban buena parte del discurso oficial. Sin embargo, él optó por una vía distinta: reivindicó el poder narrativo y simbólico de la imagen figurativa, trabajando con especial dedicación la técnica del grabado —particularmente el aguafuerte y otras modalidades calcográficas—, que le permitían un nivel de detalle casi miniaturista y una atmósfera de precisión onírica.


También puede rastrearse una cercanía con el surrealismo literario y visual del siglo XX -en particular con la imaginería inquietante y metamórfica que encontramos en Max Ernst-, aunque Sätty nunca se adscribió doctrinalmente a ningún movimiento concreto. Su universo no es tanto el del famoso automatismo psíquico de los surrealistas de pro como el de una construcción consciente de mitologías personales.


En sus grabados aparecen con frecuencia torres, cúpulas, escaleras en espiral y ciudades laberínticas suspendidas en espacios ambiguos. Estas arquitecturas, que evocan tanto ruinas medievales como utopías renacentistas, funcionan como escenarios simbólicos del drama interior humano. 

Las figuras, en algunas ocasiones híbridas y en otras solemnes y casi litúrgicas, parecen participar en rituales silenciosos cuyo sentido permanece enigmático al observador. No parece que haya en Sätty una voluntad narrativa lineal; más bien propone escenas detenidas, cargadas de resonancia psicológica y metafísica.

Uno de los rasgos más característicos de su producción es, sin duda, la extrema precisión técnica. 

El trazo fino, la superposición de planos y la gradación tonal confieren a sus estampas una profundidad llamativa, casi escultórica. Esa minuciosidad no es solo virtuosismo ya que sirve para mantener en sus creaciones un clima de inquietud y fascinación. 

En términos temáticos, Sätty explora cuestiones universales: la fragilidad del ser humano, la tensión entre naturaleza y cultura, la memoria colectiva, el paso del tiempo. La presencia recurrente de elementos orgánicos, raíces, animales, formas vegetales, integrados en estructuras arquitectónicas sugiere una visión del mundo en la que lo racional y lo instintivo se entrelazan (lo que entronca con los planteamientos de algunos de los pintores ya referenciados aquí, en esta misma sección, e  diferentes momentos).

La obra de este artista se ha difundo principalmente en el ámbito europeo, a través de ediciones gráficas, exposiciones y colecciones privadas. No parece haber alcanzado la notoriedad mediática que si han obtenido otros artistas contemporáneos, pero ha gozado de un reconocimiento sólido entre los amantes del arte fantástico y del grabado de alta calidad técnica. 

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).
Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).
Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Wilfried Sätty falleció en 2016, dejando un corpus coherente y reconocible, marcado por la intensidad imaginativa y la precisión formal. Su legado se inscribe en una línea de resistencia figurativa dentro del arte alemán de posguerra, y al mismo tiempo en una tradición europea más amplia de artistas que han entendido la imagen como puerta a lo invisible.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).


"Se dice que las ilustraciones góticas de fin de siglo del Art Nouveau inspiraron el arte psicodélico de los años 60. Artistas como Aubrey Beardsley, Harry Clarke y los secesionistas vieneses prepararon el camino para los carteles de los Grateful Dead. Pero, ¿Cómo ocurrió esto? Uno de los eslabones de la cadena de influencias se llamaba Wilfried Sätty, ocultista, ilustrador y artista del collage alemán que se trasladó a San Francisco a principios de los años 60 y «se asoció con artistas y bohemios de la Generación Beat», como escribe Walter Medeiros en el Archive of Counter Culture Art: «En 1966, inspirado por la apertura y la creatividad de la emergente cultura hippie de San Francisco, comenzó a hacer collages pictóricos. Algunos de ellos se vendieron como impresiones tamaño póster, que entonces eran muy populares. Se convirtió en un artista prolífico, preocupado por la técnica fina y por la expresión de la más amplia gama de experiencias humanas. Pretendía que su arte despertara la imaginación y contrarrestara la perniciosa programación estímulo-respuesta de la publicidad en los medios de comunicación. El método de Sätty era alquímico, sus prácticas ocultas definían el trabajo de su vida. "La alquimia puede ser un estado del ser", comentó en una entrevista de 1970. "Existe la alquimia visual, intelectual o artística. La mente no desarrollada puede considerarse similar al plomo, y la mente plenamente realizada, al oro. Y lo mismo ocurre con el arte. Gran parte del arte contemporáneo es plomo"». Los medios de comunicación, según Sätty, han creado un «estado de contaminación mental» en el que la gente «no sabe distinguir entre la verdad y la mentira». Para aprender, deben «abrir su subconsciente». El surrealismo ejerció su influencia sobre él, y estudió arquitectura, ingeniería y diseño, perfeccionando sus habilidades de dibujo. Nació como Wilfried Podriech en 1939 y pasó su infancia jugando en las ruinas bombardeadas de la Segunda Guerra Mundial de su Bremen natal, un lugar que él llamaba «un gran patio de recreo surrealista»Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).



Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

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martes, 17 de febrero de 2026

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Para mantener el cuerpo físico comemos de forma sana, cuidadosa e incluso exigente.

Sabemos que para cuidar la salud hay que evitar excesos, renunciar a ciertos productos o, al menos, mantener un equilibrio. Sabemos que si nos alimentamos solo de comida basura, más tarde o más temprano enfermaremos.

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Lo mismo exactamente pasa en otros ámbitos.
Por ejemplo, en el CHARLAR. En las conversaciones.

Si no nos nutrimos con buenas lecturas, ideas pensadas y algo de reflexión previa, difícilmente podremos sostener una charla mínimamente interesante. Se nota enseguida quién ha masticado algo y quién simplemente improvisa con lo primero que le pasa por la cabeza.

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Recurrir en ciertos momentos o espacios a espontaneidades o vaguedades puede resolver la situación en ocasiones, aunque sea por breve tiempo.

Nadie espera profundidades metafísicas en un ascensor o en los espacios de tránsito en donde la ligereza es normal e incluso saludable.

El problema es cuando esa ligereza parece que se convierte en norma universal. 

Cuando se cree que todos los ámbitos son iguales. Cuando se extrapola la frase rápida, la ocurrencia y sobre todo el exabrupto o desfogue emocional a cualquier contexto.

Al suceder esto, lo que podría haber sido una conversación estimulante y grata suele acabar siendo un vulgar parloteo en el que prima más el arrebato emocional que la reflexión y eso, casi siempre -aunque sonriamos por cortesía puntual como en el ascensor- suele producir un cansancio emocional y psíquico notable. 

Y eso agota.

Agota a quien esperaba algo más que ruido.
Agota a quien todavía cree que conversar es compartir pensamiento y no simplemente ocupar el aire o intercambiar visceralidades.

Un agotamiento que solo puede compensar a aquellos que les interesa más el sonido de su voz que el verdadero intercambio de ideas.

¡Malos tiempos para la conversación! (1).

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(1). 
"En defensa de la conversación". Sherry Turkle.
"El arte de conversar". Friedemann Schulz  von Thun.

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