lunes, 17 de agosto de 2026

Clásicos NO populares (20): Ignaz Moscheles (Praga, 1794 - Leipzig, 1870).

Ignaz Moscheles ocupó un lugar singular en la historia de la música europea de la primera mitad del siglo XIX a pesar de que hoy apenas sea conocido a nivel de aficionado. 

Fue un pianista de enorme prestigio, compositor, director de orquesta y pedagogo, y durante varias décadas estuvo en el centro de la vida musical europea. Amigo de Beethoven y Mendelssohn (de quien fue maestro), fue admirado por Schumann y se relacionó con los mejores músicos de su época, como Chopin, Liszt, Hummel o Clara Schumann.

Perteneció a una generación que vivió el tránsito entre el mundo clásico de Mozart y Beethoven y la nueva sensibilidad romántica. Sin embargo, su música quedó posteriormente eclipsada por la de algunos de sus contemporáneos. Recuperarla permite comprender mejor cómo se produjo ese cambio de sensibilidad.

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Moscheles nació en Praga el 23 de mayo de 1794, en el seno de una familia judía. Su padre, comerciante, reconoció muy pronto sus extraordinarias condiciones musicales y procuró que recibiera una formación adecuada. 

Estudió piano con Friedrich Dionys Weber y desde muy joven mostró una notable facilidad para la composición y la interpretación. 

Bedřich Diviš Weber - Wikipedia

En 1808, cuando tenía catorce años, marchó a Viena, entonces uno de los grandes centros musicales europeos. Allí completó su formación con dos figuras de enorme autoridad: Johann Georg Albrechtsberger, maestro de contrapunto, 

Johann Georg Albrechtsberger - Wikipedia, la enciclopedia libre

y Antonio Salieri, con quien estudió composición. (notenspur-leipzig.de)

Ignaz Moscheles (Praga, 1794 - Leipzig, 1870).
Ignaz Moscheles - Wikipedia, la enciclopedia libre

La Viena de aquellos años estaba dominada por la figura de Beethoven

El joven Moscheles quedó profundamente impresionado por él y, a su vez, consiguió llamar la atención del compositor. La relación entre ambos tendría una importancia decisiva. En 1814 Beethoven le confió la preparación de la adaptación para piano de Fidelio, trabajo que realizó bajo la supervisión del propio compositor. Aquel encargo significó mucho más que una simple tarea editorial: fue el reconocimiento de Beethoven hacia un joven pianista que empezaba a adquirir una gran reputación. Moscheles se convirtió pronto en uno de los grandes virtuosos europeos. En 1815 alcanzó un éxito extraordinario con sus Variaciones sobre la marcha de Alejandro, Op. 32, una obra de enorme dificultad técnica que contribuyó decisivamente a consolidar su fama. 

Ignaz Moscheles - Alexander Variations for Piano and Orchestra Op.32

Durante los años siguientes realizó extensas giras por Alemania, Francia, Holanda, Austria y otros países, convirtiéndose en uno de los pianistas más solicitados de su generación. Su estilo combinaba la disciplina clásica con una brillantez virtuosística que anticipaba algunos de los caminos que recorrerían posteriormente Chopin y Liszt. 

Ignaz Moscheles | Classical Composer, Piano Virtuoso & Teacher | Britannica

Su relación con Beethoven fue además personal. Moscheles se convirtió en uno de sus defensores más entusiastas y contribuyó durante toda su vida a difundir su música. En marzo de 1827, pocos días antes de la muerte de Beethoven, actuó como intermediario entre la Sociedad Filarmónica de Londres y el compositor, ayudando a conseguir una ayuda económica para el Beethoven enfermo. La última carta que Beethoven dirigió a Moscheles está fechada el 18 de marzo de 1827. 

Pero la figura que probablemente marcó más profundamente su vida fue Felix Mendelssohn. Moscheles conoció al joven compositor en Berlín en 1824, cuando Mendelssohn tenía solamente quince años. Aunque existía entre ambos una diferencia de edad de tres décadas, nació una amistad que se prolongaría hasta la muerte de Mendelssohn en 1847. Moscheles fue incluso profesor de piano del joven Felix y desempeñó un papel importante en su introducción en los círculos musicales londinenses. La relación evolucionó hasta convertirse en una auténtica colaboración artística. Ambos tocaron juntos con frecuencia, especialmente obras para dos pianos, y fueron famosos por sus improvisadas y casi competitivas cadencias. (notenspur-leipzig.de)

En 1825 Moscheles se casó con Charlotte Embden y se instaló definitivamente en Londres. 


Allí viviría aproximadamente dos décadas y alcanzaría una posición extraordinaria. Fue profesor de piano de la Royal Academy of Music, director y conductor de la Philharmonic Society y una de las personalidades más respetadas de la vida musical británica. En 1840 fue nombrado pianista del príncipe Alberto

Su actividad no se limitó al piano: dirigió importantes conciertos y contribuyó decisivamente a la difusión de Beethoven en Inglaterra. En 1832 dirigió una interpretación de la Missa solemnis y posteriormente participó en la difusión de la Novena Sinfonía.


Piano Concerto No. 3 In G Minor Op  58

Como compositor, su producción estuvo dominada por el piano. Escribió ocho conciertos para piano y orquesta entre 1819 y 1838, además de sonatas, fantasías, variaciones, estudios, piezas de salón, música de cámara, canciones y obras orquestales. Su catálogo alcanza unos 150 números de opus.

Una de sus aportaciones más importantes son sus estudios para piano. Los 24 Estudios, Op. 70, compuestos hacia 1825-1826, constituyen probablemente su obra pedagógica más importante. No son simples ejercicios técnicos: cada estudio posee carácter propio, y en ellos encontramos ya muchas de las posibilidades expresivas y virtuosísticas que se desarrollarán en el estudio romántico. Mendelssohn quedó particularmente impresionado por ellos. Hoy constituyen, probablemente, la puerta de entrada más interesante a la música de Moscheles. (IMSLP)

I. Moscheles Etude op.70 n.1

Ignaz Moscheles - Etude op. 70 n. 3


En 1846, finalmente, Moscheles abandonó Londres y se trasladó a Leipzig por invitación de su viejo amigo Mendelssohn. 
Se incorporó al Conservatorio de Leipzig como profesor de piano y permanecería allí hasta su muerte. Tras la desaparición de Mendelssohn en 1847, Moscheles se convirtió en uno de los principales depositarios de la tradición musical del Conservatorio. 
Entre sus alumnos estuvieron algunos de los pianistas más importantes de la siguiente generación.

Los últimos años de su vida coincidieron, sin embargo, con un cambio profundo en los gustos musicales. El Romanticismo evolucionaba hacia el universo de Schumann, Chopin, Liszt y posteriormente Wagner, mientras el lenguaje de Moscheles podía parecer cada vez más ligado a una generación anterior. Él mismo había pasado de ser uno de los grandes protagonistas de la modernidad musical a convertirse progresivamente en representante de una tradición que comenzaba a parecer histórica.

Murió en Leipzig el 10 de marzo de 1870, a los 75 años.

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Para acercarse a Moscheles no recomendaría empezar por escuchar indiscriminadamente su enorme catálogo. Haría un recorrido selectivo:

1. 24 Estudios, Op. 70 (1825-1826)

Es probablemente la obra imprescindible para conocer al Moscheles compositor. Son 24 estudios en todas las tonalidades, llenos de virtuosismo, elegancia y variedad expresiva. Algunos tienen ya una sensibilidad sorprendentemente romántica. (IMSLP)

Especialmente interesantes: n.º 5, n.º 9, n.º 13, n.º 14 y n.º 24.

Ignaz Moscheles - Etude op. 70 n. 5

Ignaz Moscheles - Etude op.70 n.9

Ignaz Moscheles - Etude op. 70 n. 13

Ignaz Moscheles Etude op.70 n.14

Ignaz Moscheles - Etude op.70 n. 24

Etudes, Op. 70: I. Allegro moderato in C Major

Etudes, Op. 70: V. Allegretto agitato con passione in A Minor

2. Concierto para piano n.º 3 en sol menor, Op. 58

Es una de las obras que mejor representan al Moscheles virtuoso. Conviene escucharlo pensando en el punto intermedio que ocupa entre el concierto clásico y el concierto romántico.

Moscheles - Piano Concerto No. 3 In G Minor Op 58

Ignaz Moscheles Klavierkonzert No. 3

3. Concierto para piano n.º 5 en do mayor, Op. 87, «L'Insensé»

Uno de sus conciertos más interesantes y ambiciosos. Pertenece a la etapa londinense y muestra una escritura orquestal y pianística mucho más desarrollada. El catálogo confirma tres movimientos y una composición situada entre 1826 y 1832. (IMSLP)

Ignaz Moscheles - Piano Concerto No. 5 in C Major, Op. 87, - ( 1826 - 1830 )

Moscheles: Piano Concerto No. 5 in C Major, Op. 87: I. Allegro moderato


4. Concierto para piano n.º 6 en si bemol mayor, Op. 90, «Concert fantastique»

Especialmente recomendable para comprobar hasta qué punto Moscheles participó de la cultura virtuosa del Romanticismo temprano. Fue compuesto en 1834 y publicado en 1836.


5. Concierto para piano n.º 7 en do menor, Op. 93

Otra obra importante de la madurez londinense, de carácter más dramático y ambicioso.

Ignaz Moscheles: Piano Concerto No. 7 in C minor, Op. 93 'Concert Pathétique'

Moscheles: Piano Concerto No. 7 in C Minor, Op. 93 "Pathétique": III. Allegro con brio

6. Gran dúo sobre temas de Händel, Op. 92

Para dos pianos, escrito en colaboración con la tradición de la gran música contrapuntística que Moscheles admiraba. Mendelssohn y Moscheles lo interpretaron juntos en numerosas ocasiones. Es una obra especialmente interesante para comprender su relación artística. (Museum of Music History)

I.Moscheles - Hommage a Handel, Op.92

Hommage à Händel, Op.92 no 1, by Ignaz Moscheles

7. Gran Septeto, Op. 88

Para piano, violín, viola, clarinete, trompa, violonchelo y contrabajo. Es una de las obras de cámara que merece la pena recuperar porque permite salir del Moscheles exclusivamente pianístico. 

Ignaz Moscheles - Grand Septet, Op. 88 (1833)

Grand septuor in D Major, Op. 88: IV. Finale. Allegro con brio

8. Sonata mélancolique, Op. 49

Una de sus sonatas para piano más interesantes. Es especialmente recomendable si se quiere estudiar la evolución desde la sonata clásica hacia la sensibilidad romántica.

Ignaz Moscheles - Sonate mélancolique, Op.49 [1821]

Ignaz Moscheles / Sonate mélancolique Op. 49

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miércoles, 12 de agosto de 2026

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9). Quiroga-Woolf-Akutagawa.

Horacio Quiroga (1878–1937)

Si uno mira la biografía de Horacio Quiroga da la sensación de que podría podría haber inspirado uno de sus propios cuentos: una sucesión de accidentes, muertes prematuras y obsesiones silenciosas avanzando bajo la apariencia de una existencia novelesca. 

Horacio Quiroga - Wikipedia, la enciclopedia libre

Nació en Salto, Uruguay, en 1878, pero muy pronto la muerte entró en escena en su vida de manera francamente brutal. Su padre murió accidentalmente de un disparo cuando él era todavía un bebé (tenía tan solo dos meses). Años después, cuando ya tenía dieciocho años, su padrastro se suicidó y él, por casualidad al entrar en su habitación, lo presenció. Pocos años después, el propio Quiroga mató involuntariamente a un amigo mientras manipulaba un arma con intención de dejarla limpia y lista para un duelo en el que se iba a batir su amigo por unas malas criticas literarias. Esa cadena de drásticas fatalidades quedó adherida, lógicamente, a su biografía como una sombra persistente.


Quiroga se instaló en Argentina y encontró en la selva de Misiones el territorio físico y simbólico de su literatura. Allí construyó una imagen casi legendaria: el hombre aislado entre ríos, insectos, enfermedades tropicales y animales amenazantes

Sus relatos —Cuentos de amor de locura y de muerte, Anaconda, Los desterrados— transformaron la naturaleza en una fuerza indiferente y feroz, muy alejada de las tópicas idealizaciones del paisaje romántico. En Quiroga, la selva no es exótica: es una maquinaria impersonal que desgasta lentamente al ser humano.


Su escritura, influida por Edgar Allan Poe y Rudyard Kipling, combinaba tensión narrativa, fatalismo y precisión casi quirúrgica. Fue uno de los grandes maestros del cuento en lengua española, admirado después por generaciones tan distintas como Julio Cortázar o Jorge Luis Borges. 

Sin embargo, detrás del prestigio literario existía un hombre marcado por el desgaste emocional y la repetición del dolor. Su esposa, Ana María Cires, se suicidó en 1915 tras una larga agonía psicológica. Quiroga quedó solo con dos hijos en plena selva misionera, experiencia que endureció aún más su carácter.

En los años treinta comenzó a sentirse desplazado del centro literario rioplatense. El auge de nuevas sensibilidades urbanas y vanguardistas dejó a Quiroga en una posición algo marginal: seguía siendo respetado, pero ya no ocupaba el centro del panorama cultural. A ello se sumaron problemas económicos, deterioro físico y una creciente sensación de agotamiento. En 1937 ingresó en un hospital de Buenos Aires y se le diagnosticó cáncer de próstata en estado avanzado. La noticia actuó en él como detonante final en una personalidad acostumbrada a convivir -malamente- con la muerte.


El 19 de febrero de 1937 bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires. Murió pocas horas después. Como en muchos de sus cuentos, la muerte aparece no como explosión romántica sino como desenlace inevitable de una tensión acumulada durante años.

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Virginia Woolf (1882-1941).

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9).

Muy probablemente, pocas figuras de la literatura del siglo XX han sido tan admiradas y, al mismo tiempo, tan mitificadas como Virginia Woolf. Novelista, ensayista, crítica literaria y una de las voces más influyentes del modernismo inglés, revolucionó la narrativa con su peculiar manera de escribir. Sin embargo, junto con sus capacidades como escritora, Virginia convivió durante toda su vida una profunda fragilidad psicológica que terminaría conduciéndola al suicidio en la primavera de 1941.

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9).

Adeline Virginia Stephen nació en Londres el 25 de enero de 1882 en el seno de una familia culta y acomodada. Su padre, Leslie Stephen, era un prestigioso historiador, crítico y editor; su madre, Julia Duckworth, destacaba por su belleza y por una intensa actividad filantrópica. La casa familiar era frecuentada por escritores, pintores e intelectuales, de modo que Virginia creció rodeada de libros y conversaciones de alto nivel, aunque, como era habitual para muchas mujeres de su época, no tuvo acceso a una educación universitaria formal.

Virginia Woolf, la escritora que defendió la independencia intelectual y económica de las mujeres

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9).

Aquella infancia privilegiada escondía, sin embargo, una sucesión de tragedias que dejaron una huella imborrable. La muerte de su madre en 1895, cuando Virginia apenas tenía trece años, desencadenó su primera gran crisis nerviosa. 
Poco después falleció una de sus hermanas y, en 1904, murió también su padre. 
A estas pérdidas se sumó otro trauma que ella misma evocaría años más tarde en sus escritos autobiográficos: los abusos sexuales sufridos durante la adolescencia por parte de sus hermanastros George y Gerald Duckworth. Hoy muchos especialistas consideran que esas experiencias contribuyeron, junto con una probable enfermedad afectiva recurrente, a la inestabilidad emocional que marcaría toda su existencia.

Tras la muerte de Leslie Stephen, Virginia y sus hermanos se instalaron en el barrio londinense de Bloomsbury. Alrededor de ellos fue surgiendo el célebre Grupo de Bloomsbury, integrado por escritores, economistas, pintores y pensadores como Lytton Strachey, John Maynard Keynes, Clive Bell o E. M. Forster. 

Círculo de Bloomsbury - Wikipedia, la enciclopedia libre


Aquel círculo defendía la libertad intelectual, el pacifismo, la independencia de las mujeres y una concepción poco convencional de las relaciones personales. En ese ambiente Virginia encontró un espacio de creación y debate que alimentó decisivamente su obra.

En 1912 contrajo matrimonio con Leonard Woolf, escritor, editor y antiguo funcionario colonial. 

La relación entre ambos fue extraordinariamente sólida y afectuosa. Leonard comprendió como pocos la vulnerabilidad psicológica de su esposa y dedicó buena parte de su vida a protegerla durante sus frecuentes recaídas. 

Juntos fundaron la Hogarth Press, una pequeña editorial que publicaría tanto las obras de Virginia como las de autores tan innovadores como T. S. Eliot, Katherine Mansfield o Sigmund Freud en traducción inglesa.

Hogarth Press - Wikipedia, la enciclopedia libre

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9).

Su carrera literaria alcanzó muy pronto una importancia excepcional. Novelas como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1928) o Las olas (1931) rompieron con la narrativa tradicional al sustituir la acción externa por la exploración del tiempo interior, los recuerdos y las emociones. 

Paralelamente escribió ensayos fundamentales, entre ellos Una habitación propia (1929), convertido en uno de los textos fundacionales del pensamiento feminista contemporáneo por su defensa de la independencia económica e intelectual de las mujeres.



Pero mientras su prestigio literario crecía, la enfermedad nunca dejó de acompañarla
Desde muy joven sufrió episodios alternantes de intensa depresión, ansiedad, insomnio y periodos de gran excitación intelectual. 
Tras la publicación de algunos de sus libros padecía crisis especialmente severas que obligaban a largos periodos de reposo. 
En varias ocasiones fue hospitalizada y existieron intentos previos de suicidio
La psiquiatría de comienzos del siglo XX disponía de recursos muy limitados, y los tratamientos consistían sobre todo en aislamiento, reposo absoluto y restricciones intelectuales que para una escritora resultaban especialmente angustiosas.


Los últimos años agravaron todavía más su estado de ánimo. 
La Segunda Guerra Mundial alteró profundamente su frágil equilibrio. 
Su casa londinense fue destruida durante los bombardeos alemanes y tanto ella como Leonard contemplaban con auténtico temor la posibilidad de una invasión nazi

Leonard, además, era judío, circunstancia que aumentaba el riesgo para ambos. 
Aunque Virginia logró terminar Between the Acts (Entre actos), percibía que estaba entrando nuevamente en el territorio oscuro de las alucinaciones auditivas y la pérdida de concentración que había conocido en crisis anteriores.

El 28 de marzo de 1941 tomó una decisión definitiva. 
Después de escribir dos cartas de despedida, una para su hermana Vanessa Bell y otra para Leonard, salió de Monk's House, su residencia en Rodmell, caminó hasta el río Ouse y llenó los bolsillos de su abrigo con grandes piedras antes de adentrarse lentamente en el agua. Tenía cincuenta y nueve años. Su cuerpo no sería recuperado hasta el 18 de abril, varias semanas después. El forense concluyó que se trataba de un suicidio cometido "mientras el equilibrio de su mente estaba alterado".

La carta dirigida a Leonard constituye uno de los documentos más conmovedores de la historia de la literatura. 
En ella no aparece reproche alguno, sino un inmenso agradecimiento hacia el hombre que había compartido su vida durante casi treinta años. 
Woolf le confesaba que sentía que estaba "volviéndose loca otra vez", que comenzaba a oír voces y que ya no podía concentrarse en su trabajo. 
Añadía que nadie podría haber hecho más por salvarla y que no quería seguir arruinando su vida. 
Esa despedida refleja con claridad que el suicidio no nació de una falta de afecto ni de un impulso romántico, sino de la convicción, probablemente distorsionada por la enfermedad, de que ya no existía posibilidad de recuperación.

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Ryūnosuke Akutagawa (1892-1927).

Cuando se habla de la literatura japonesa del siglo XX, pocos nombres poseen el prestigio de Ryūnosuke Akutagawa. Su obra, compuesta principalmente por relatos breves, supo tender un puente entre la tradición clásica de Japón y las inquietudes del hombre moderno. 

Dueño de un estilo refinado, de una extraordinaria capacidad para la observación psicológica y de una inteligencia crítica poco común, dejó una producción relativamente breve, pero suficiente para convertirlo en uno de los grandes renovadores de la narrativa japonesa. Su vida, sin embargo, fue tan intensa como corta y terminó trágicamente cuando apenas había cumplido treinta y cinco años.

Ryūnosuke Akutagawa - Wikipedia, la enciclopedia libre

Ryūnosuke Akutagawa (1892-1927).

Ryūnosuke Akutagawa nació el 1 de marzo de 1892 en el barrio de Kyōbashi, en Tokio, en una familia dedicada al comercio de productos lácteos. 

Su llegada al mundo no estuvo marcada precisamente por la felicidad. Pocos meses después de su nacimiento, su madre, Fuku, sufrió un grave trastorno mental que acabaría convirtiéndose en una enfermedad irreversible. 
Incapaz de hacerse cargo del niño, fue ingresada en distintas instituciones hasta su muerte. Aquel episodio dejó una profunda huella en el pequeño Ryūnosuke, que crecería con el temor constante de haber heredado la enfermedad materna, una obsesión que lo acompañaría durante toda su vida.

Ryūnosuke Akutagawa (1892-1927).

Fue adoptado por la familia Akutagawa, perteneciente a una rama de sus parientes maternos, de quienes tomó el apellido. La nueva familia pertenecía a un ambiente culto y tradicional, donde el joven encontró una educación mucho más rica de la que habría podido recibir en el negocio familiar de su padre. Desde muy pronto mostró una inteligencia excepcional y una insaciable curiosidad por la literatura japonesa y china, así como por los grandes escritores europeos que comenzaban a traducirse en Japón durante la era Meiji.

En 1913 ingresó en la Universidad Imperial de Tokio para estudiar Literatura Inglesa. Aquellos años resultaron decisivos para su formación intelectual. Descubrió a Shakespeare, Poe, Baudelaire, Anatole France, Strindberg, Ibsen y otros autores occidentales cuya influencia se dejaría sentir en su manera de entender la creación literaria. Al mismo tiempo, nunca abandonó el estudio de los clásicos japoneses, especialmente las antiguas colecciones de relatos medievales, que más tarde reinterpretaría con una sensibilidad completamente moderna.

Su talento comenzó a llamar la atención muy pronto. En 1915 publicó Rashōmon, un relato ambientado en el Japón medieval que planteaba, bajo la apariencia de una sencilla historia, profundas cuestiones morales acerca de la supervivencia, la culpa y la degradación humana. La obra impresionó al novelista Natsume Sōseki, considerado entonces la máxima autoridad literaria del país, quien animó al joven escritor a continuar por ese camino. Aquel respaldo abrió definitivamente las puertas de la vida literaria japonesa.



Durante la década siguiente Akutagawa escribió más de un centenar de relatos. Muchos de ellos recreaban leyendas, episodios históricos o cuentos tradicionales, pero lejos de limitarse a reproducirlos, los transformaba en complejos estudios sobre las pasiones humanas. En La nariz, El biombo del infierno, Kesa y Morito, El pañuelo, El hilo de la araña o En la espesura del bosque, el lector encuentra personajes enfrentados al egoísmo, la ambición, el miedo, la mentira o el remordimiento. Su extraordinaria capacidad para penetrar en los conflictos interiores convirtió cada relato en una pequeña obra maestra de concisión y profundidad psicológica.



Especialmente influyente fue En la espesura del bosque (1922), donde un mismo crimen aparece narrado desde varios testimonios contradictorios. 

Décadas más tarde, Akira Kurosawa combinaría este relato con Rashōmon para realizar la célebre película Rashōmon (1950), que dio a conocer internacionalmente la literatura de Akutagawa y popularizó el llamado "efecto Rashōmon": la dificultad para alcanzar una verdad objetiva cuando cada individuo interpreta los hechos desde su propia experiencia.

¿Qué es el "Efecto Rashomon"?|Resumen y review de 'Rashomon' (1950)

¿Puedes confiar en tu memoria? - Sheila Marie Orfano

Aunque su prestigio aumentaba año tras año, la vida cotidiana del escritor estaba lejos de ser serena. 
En 1918 contrajo matrimonio con Tsukamoto Fumi, con quien tendría tres hijos
Trabajó durante algún tiempo como profesor de inglés y colaboró activamente en periódicos y revistas. Publicó relatos, ensayos y críticas literarias. 
Sin embargo, las obligaciones familiares, el intenso ritmo de trabajo y la creciente presión derivada de su fama comenzaron a pasar factura a su delicado equilibrio emocional.

A partir de mediados de la década de 1920 su salud física y mental empezó a deteriorarse de forma visible. 

Sufría un persistente insomnio, agotamiento nervioso, ansiedad y frecuentes alucinaciones visuales. A ello se añadía un miedo cada vez más intenso a desarrollar la misma enfermedad mental que había destruido la vida de su madre. Ese temor, alimentado por una personalidad extremadamente sensible y autocrítica, se convirtió en una auténtica obsesión.

En 1921 realizó un viaje a China como corresponsal de prensa. 

La experiencia, lejos de aliviarlo, incrementó su sensación de cansancio físico y desorientación espiritual. En sus últimos escritos se aprecia una visión cada vez más sombría del mundo y de sí mismo. Obras como La vida de un idiota y Ruedas dentadas, ambas escritas poco antes de su muerte, poseen un marcado carácter autobiográfico. 

Opinión personal (115): Suicidas en el arte, la literatura y la música (3º de 9).
Libro Vida de un idiota

En ellas aparecen recuerdos fragmentarios, escenas oníricas y la constante percepción de una inteligencia que observa con absoluta lucidez el progresivo deterioro de su propia mente.

Durante aquellos meses finales Akutagawa continuó escribiendo con una intensidad casi febril. 

Quienes lo trataron entonces percibían en él una mezcla de extraordinaria claridad intelectual y profundo agotamiento psicológico. El escritor era plenamente consciente de que atravesaba una crisis de la que dudaba poder salir.

En la madrugada del 24 de julio de 1927 decidió poner fin a su vida ingiriendo una dosis letal de barbitúricos en su domicilio de Tokio. Tenía treinta y cinco años

Poco antes había dejado una breve carta en la que explicaba que actuaba movido por una vaga e insoportable inquietud sobre el porvenir, una frase que se haría célebre por condensar en muy pocas palabras el estado de ánimo que lo acompañaba desde hacía años. No culpaba a nadie de su decisión ni pretendía convertirla en un gesto dramático; más bien transmitía la impresión de un hombre exhausto que ya no encontraba fuerzas para seguir luchando contra sus propios fantasmas.

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-continuará-

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