Horacio Quiroga (1878–1937)
Si uno mira la biografía de Horacio Quiroga da la sensación de que podría podría haber inspirado uno de sus propios cuentos: una sucesión de accidentes, muertes prematuras y obsesiones silenciosas avanzando bajo la apariencia de una existencia novelesca.
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Nació en Salto, Uruguay, en 1878, pero muy pronto la
muerte entró en escena en su vida de manera francamente brutal. Su padre murió accidentalmente de un
disparo cuando él era todavía un bebé (tenía tan solo dos meses). Años después, cuando ya tenía dieciocho años, su padrastro se suicidó y él, por casualidad al entrar en su habitación, lo presenció. Pocos años después, el propio Quiroga mató involuntariamente a un amigo
mientras manipulaba un arma con intención de dejarla limpia y lista para un duelo en el que se iba a batir su amigo por unas malas criticas literarias. Esa cadena de drásticas fatalidades quedó adherida, lógicamente, a su
biografía como una sombra persistente.
Sus relatos —Cuentos de amor de locura y
de muerte, Anaconda, Los desterrados— transformaron la
naturaleza en una fuerza indiferente y feroz, muy alejada de las tópicas idealizaciones del paisaje
romántico. En Quiroga, la selva no es exótica: es una maquinaria impersonal que
desgasta lentamente al ser humano.
Su escritura, influida por Edgar Allan Poe y Rudyard Kipling, combinaba tensión narrativa, fatalismo y precisión casi quirúrgica. Fue uno de los grandes maestros del cuento en lengua española, admirado después por generaciones tan distintas como Julio Cortázar o Jorge Luis Borges.
Sin
embargo, detrás del prestigio literario existía un hombre marcado por el
desgaste emocional y la repetición del dolor. Su esposa, Ana María Cires, se
suicidó en 1915 tras una larga agonía psicológica. Quiroga quedó solo con dos
hijos en plena selva misionera, experiencia que endureció aún más su carácter.
En los años treinta comenzó a sentirse desplazado del
centro literario rioplatense. El auge de nuevas sensibilidades urbanas y
vanguardistas dejó a Quiroga en una posición algo marginal: seguía siendo
respetado, pero ya no ocupaba el centro del panorama cultural. A ello se
sumaron problemas económicos, deterioro físico y una creciente sensación de
agotamiento. En 1937 ingresó en un hospital de Buenos Aires y se le diagnosticó
cáncer de próstata en estado avanzado. La noticia actuó en él como detonante final en
una personalidad acostumbrada a convivir -malamente- con la muerte.
El 19 de febrero de 1937 bebió un vaso de cianuro en
el Hospital de Clínicas de Buenos Aires. Murió pocas horas después. Como en muchos de sus cuentos, la muerte aparece no como explosión romántica
sino como desenlace inevitable de una tensión acumulada durante años.
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Virginia Woolf (1882-1941).
Muy probablemente, pocas figuras de la literatura del
siglo XX han sido tan admiradas y, al mismo tiempo, tan mitificadas como Virginia Woolf. Novelista, ensayista,
crítica literaria y una de las voces más influyentes del modernismo inglés, revolucionó
la narrativa con su peculiar manera de escribir. Sin embargo, junto con sus capacidades como escritora, Virginia convivió durante toda su vida una profunda fragilidad
psicológica que terminaría conduciéndola al suicidio en la primavera de 1941.
Adeline Virginia Stephen nació en Londres el 25 de
enero de 1882 en el seno de una familia culta y acomodada. Su padre, Leslie
Stephen, era un prestigioso historiador, crítico y editor; su madre, Julia
Duckworth, destacaba por su belleza y por una intensa actividad filantrópica.
La casa familiar era frecuentada por escritores, pintores e intelectuales, de
modo que Virginia creció rodeada de libros y conversaciones de alto nivel,
aunque, como era habitual para muchas mujeres de su época, no tuvo acceso a una
educación universitaria formal.
Virginia Woolf, la escritora que defendió la independencia intelectual y económica de las mujeres
Tras la muerte de Leslie Stephen, Virginia y sus hermanos se instalaron en el barrio londinense de Bloomsbury. Alrededor de ellos fue surgiendo el célebre Grupo de Bloomsbury, integrado por escritores, economistas, pintores y pensadores como Lytton Strachey, John Maynard Keynes, Clive Bell o E. M. Forster.
Círculo de Bloomsbury - Wikipedia, la enciclopedia libre
Aquel círculo defendía la libertad intelectual, el pacifismo, la independencia de las mujeres y una concepción poco convencional de las relaciones personales. En ese ambiente Virginia encontró un espacio de creación y debate que alimentó decisivamente su obra.
En 1912 contrajo matrimonio con Leonard Woolf, escritor, editor y antiguo funcionario colonial.
La relación entre ambos fue extraordinariamente sólida y afectuosa. Leonard comprendió como pocos la vulnerabilidad psicológica de su esposa y dedicó buena parte de su vida a protegerla durante sus frecuentes recaídas.
Juntos fundaron la Hogarth Press, una pequeña editorial que publicaría tanto las obras de Virginia como las de autores tan innovadores como T. S. Eliot, Katherine Mansfield o Sigmund Freud en traducción inglesa.
Hogarth Press - Wikipedia, la enciclopedia libre
Cuando se habla de la literatura japonesa del siglo XX, pocos nombres poseen el prestigio de Ryūnosuke Akutagawa. Su obra, compuesta principalmente por relatos breves, supo tender un puente entre la tradición clásica de Japón y las inquietudes del hombre moderno.
Dueño de un
estilo refinado, de una extraordinaria capacidad para la observación
psicológica y de una inteligencia crítica poco común, dejó una producción
relativamente breve, pero suficiente para convertirlo en uno de los grandes
renovadores de la narrativa japonesa. Su vida, sin embargo, fue tan intensa
como corta y terminó trágicamente cuando apenas había cumplido treinta y cinco
años.
Ryūnosuke Akutagawa - Wikipedia, la enciclopedia libre
Fue adoptado por la familia Akutagawa, perteneciente a
una rama de sus parientes maternos, de quienes tomó el apellido. La nueva
familia pertenecía a un ambiente culto y tradicional, donde el joven encontró
una educación mucho más rica de la que habría podido recibir en el negocio
familiar de su padre. Desde muy pronto mostró una inteligencia excepcional y
una insaciable curiosidad por la literatura japonesa y china, así como por los
grandes escritores europeos que comenzaban a traducirse en Japón durante la era
Meiji.
Su talento comenzó a llamar la atención muy pronto. En
1915 publicó Rashōmon, un relato ambientado en el Japón medieval que
planteaba, bajo la apariencia de una sencilla historia, profundas cuestiones
morales acerca de la supervivencia, la culpa y la degradación humana. La obra
impresionó al novelista Natsume Sōseki, considerado entonces la máxima
autoridad literaria del país, quien animó al joven escritor a continuar por ese
camino. Aquel respaldo abrió definitivamente las puertas de la vida literaria
japonesa.
Durante la década siguiente Akutagawa escribió más de
un centenar de relatos. Muchos de ellos recreaban leyendas, episodios
históricos o cuentos tradicionales, pero lejos de limitarse a reproducirlos,
los transformaba en complejos estudios sobre las pasiones humanas. En La
nariz, El biombo del infierno, Kesa y Morito, El pañuelo,
El hilo de la araña o En la espesura del bosque, el lector
encuentra personajes enfrentados al egoísmo, la ambición, el miedo, la mentira
o el remordimiento. Su extraordinaria capacidad para penetrar en los conflictos
interiores convirtió cada relato en una pequeña obra maestra de concisión y
profundidad psicológica.
Especialmente influyente fue En la espesura del bosque (1922), donde un mismo crimen aparece narrado desde varios testimonios contradictorios.
Décadas más tarde, Akira Kurosawa combinaría este
relato con Rashōmon para realizar la célebre película Rashōmon
(1950), que dio a conocer internacionalmente la literatura de Akutagawa y
popularizó el llamado "efecto Rashōmon": la dificultad para alcanzar
una verdad objetiva cuando cada individuo interpreta los hechos desde su propia
experiencia.
¿Qué es el "Efecto Rashomon"?|Resumen y review de 'Rashomon' (1950)
¿Puedes confiar en tu memoria? - Sheila Marie Orfano
A partir de mediados de la década de 1920 su salud física y mental empezó a deteriorarse de forma visible.
Sufría un persistente
insomnio, agotamiento nervioso, ansiedad y frecuentes alucinaciones visuales. A
ello se añadía un miedo cada vez más intenso a desarrollar la misma enfermedad
mental que había destruido la vida de su madre. Ese temor, alimentado por una
personalidad extremadamente sensible y autocrítica, se convirtió en una
auténtica obsesión.
En 1921 realizó un viaje a China como corresponsal de prensa.
La experiencia, lejos de aliviarlo, incrementó su sensación de cansancio físico y desorientación espiritual. En sus últimos escritos se aprecia una visión cada vez más sombría del mundo y de sí mismo. Obras como La vida de un idiota y Ruedas dentadas, ambas escritas poco antes de su muerte, poseen un marcado carácter autobiográfico.
Libro Vida de un idiotaEn ellas aparecen recuerdos
fragmentarios, escenas oníricas y la constante percepción de una inteligencia
que observa con absoluta lucidez el progresivo deterioro de su propia mente.
Durante aquellos meses finales Akutagawa continuó escribiendo con una intensidad casi febril.
Quienes lo trataron entonces
percibían en él una mezcla de extraordinaria claridad intelectual y profundo
agotamiento psicológico. El escritor era plenamente consciente de que
atravesaba una crisis de la que dudaba poder salir.
En la madrugada del 24 de julio de 1927 decidió poner fin a su vida ingiriendo una dosis letal de barbitúricos en su domicilio de Tokio. Tenía treinta y cinco años.
Poco antes había dejado una breve carta en
la que explicaba que actuaba movido por una vaga e insoportable inquietud sobre
el porvenir, una frase que se haría célebre por condensar en muy pocas palabras
el estado de ánimo que lo acompañaba desde hacía años. No culpaba a nadie de su
decisión ni pretendía convertirla en un gesto dramático; más bien transmitía la
impresión de un hombre exhausto que ya no encontraba fuerzas para seguir
luchando contra sus propios fantasmas.
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-continuará-
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