martes, 19 de mayo de 2026

Pintores de hoy (257): Jenny Rodgerson (Australia, 1967).

En un panorama artístico contemporáneo cada vez parece inclinarse más hacia la espectacularidad, la ironía o el discurso conceptual, la obra de Jenny Rodgerson se sitúa en un territorio deliberadamente distinto: el de la observación silenciosa, la intimidad psicológica y la persistencia de la pintura figurativa como medio de exploración humana

Rodgerson nació en Australia en 1967. Lejos de grandes estridencias mediáticas ha construido una trayectoria coherente y profundamente personal que la ha consolidado como una de las voces más singulares del realismo contemporáneo australiano.

Su formación artística se desarrolló en un contexto donde la tradición figurativa convivía (aunque no siempre de forma pacífica) con las corrientes conceptuales dominantes. Desde sus años de aprendizaje, la pintora australiana mostró una clara inclinación hacia el estudio del rostro y la figura humana, y no solo como ejercicio de purismo académico, sino como una forma de acceso a una dimensión emocional compleja. En lugar de adscribirse a una escuela concreta, su evolución ha sido más bien orgánica, marcada por la observación directa, el trabajo continuado en estudio y una atención obsesiva al detalle.

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A diferencia de otros artistas de su generación, Rodgerson no ha buscado reinventar el lenguaje pictórico, sino depurarlo. Su obra se caracteriza por un estilo figurativo sobrio, en ocasiones cercano al hiperrealismo, pero sin caer en la frialdad mecánica que a veces se asocia a este. En sus retratos (que son uno de los núcleos fundamentales de su producción) el espectador se enfrenta a figuras que parecen suspendidas en un tiempo detenido, captadas en momentos de introspección o de leve desconcierto emocional.

Hay en su pintura una tensión constante entre lo visible y lo sugerido. Los rostros, ejecutados con una precisión casi fotográfica, no ofrecen sin embargo una lectura inmediata: la expresión suele ser ambigua, los gestos contenidos, y la mirada, frecuentemente desviada o ensimismada, rehúye el contacto directo con el espectador. Este recurso genera una distancia que, paradójicamente, intensifica la sensación de cercanía psicológica.

Jenny Rodgerson (Australia, 1967).

Jenny Rodgerson (Australia, 1967).

El entorno en sus cuadros suele ser mínimo o neutro, despojado de referencias anecdóticas. Esta elección no responde a un interés formalista, sino a una voluntad clara de concentrar la atención en la presencia humana. El fondo, a menudo indefinido, funciona como un espacio mental más que físico, reforzando la impresión de que las figuras habitan un ámbito interior.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Rodgerson es su tratamiento de la identidad contemporánea. Sin recurrir a discursos explícitos, sus pinturas sugieren estados de vulnerabilidad, aislamiento o introspección que resuenan con las condiciones psicológicas de la vida moderna. Sus personajes no posan; parecen más bien captados en momentos de pausa, como si el tiempo se hubiera ralentizado lo suficiente para dejar aflorar una verdad interior.

En términos técnicos, su pintura revela un dominio notable del modelado y de la gradación tonal. La piel, por ejemplo, no se presenta como una superficie uniforme, sino como un campo de matices sutiles que transmiten tanto la materialidad del cuerpo como su dimensión emocional. La luz, suave y controlada, evita los contrastes dramáticos y favorece una atmósfera contenida, casi meditativa.

Aunque su obra puede inscribirse dentro de una tradición figurativa que remite, en última instancia, a la gran pintura europea, Rodgerson no se limita a reproducir modelos históricos. Su aportación radica precisamente en la actualización de ese lenguaje para abordar sensibilidades actuales, sin necesidad de recurrir a la fragmentación o al gesto radical.

Jenny Rodgerson – Galerías australianas

A lo largo de su carrera, ha expuesto en diversas galerías australianas y ha ido construyendo una presencia sólida dentro del circuito artístico de su país. Sin embargo, su reconocimiento no ha seguido los patrones de visibilidad inmediata propios del mercado global, sino un desarrollo más pausado, acorde con la naturaleza introspectiva de su obra.

Jenny Rodgerson

En un momento en que la imagen tiende a la saturación y al consumo rápido, la pintura de Jenny Rodgerson propone lo contrario: detenerse, mirar con atención, aceptar la complejidad de lo que no se revela de inmediato. Es, en ese sentido, una obra que exige tiempo, pero que también lo devuelve transformado.

Así, más que una simple continuadora de la tradición figurativa, Rodgerson puede entenderse como una artista que reivindica la pintura como espacio de resistencia frente a la superficialidad visual contemporánea. Su trayectoria, aún en desarrollo, confirma que incluso en un mundo dominado por la velocidad y la imagen digital, sigue siendo posible construir una obra basada en la lentitud, la observación y la profundidad emocional.

Jenny Rodgerson - Pinturas » Galería Charles Nodrum










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Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
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viernes, 15 de mayo de 2026

Intérpretes (112): Jonathan Tetelman, tenor (Chile, 1988).

El tenor chileno-estadounidense Jonathan Tetelman se ha consolidado en los últimos años como una de las voces más prometedoras y carismáticas del panorama lírico internacional, destacando especialmente en el repertorio italiano del siglo XIX y principios del XX. Su trayectoria, marcada por una evolución relativamente rápida pero sólida, combina cualidades vocales de notable belleza tímbrica con una presencia escénica moderna y convincente.

Jonathan Tetelman, tenor

Intérpretes (112): Jonathan Tetelman, tenor (Chile, 1988).


Intérpretes (112): Jonathan Tetelman, tenor (Chile, 1988).

Tetelman nació en Chile, pero fue adoptado siendo muy joven por una familia estadounidense por lo que creció en el estado de Nueva Jersey. Este trasfondo biográfico, a medio camino entre América Latina y Estados Unidos, ha contribuido sin duda a una identidad artística abierta y flexible. 

Inicialmente no se orientó hacia la ópera aunque en sus primeros años si se interesó por la música popular y por el teatro musical y no cabe duda de que dichos intereses influyeron posteriormente en su enfoque escénico directo y comunicativo. En cualquier caso, no fue hasta que comenzó su formación académica cuando su voz comenzó a encauzarse hacia el repertorio operístico.

Estudió en la prestigiosa Manhattan School of Music. Allí fue donde empezó a desarrollar una técnica vocal sólida y a definir su identidad como tenor lírico. Durante esta etapa, Tetelman experimentó un proceso de transformación vocal significativo: inicialmente se le consideraba barítono, pero con el tiempo su instrumento evolucionó hacia una tesitura de tenor, algo no infrecuente pero siempre complejo, que requiere un reajuste técnico profundo.

Escuela de Música de Manhattan

Su carrera dio un impulso decisivo en Europa, especialmente en Alemania, donde se integró en el sistema de teatros de repertorio. Formó parte del elenco de la Semperoper Dresden, una de las instituciones más prestigiosas del continente, donde pudo adquirir experiencia escénica en una amplia variedad de roles. Este periodo fue fundamental para consolidar su técnica, ampliar su repertorio y adquirir disciplina teatral.

Semperoper Dresden

El repertorio de Tetelman se centra principalmente en el lirismo apasionado del repertorio italiano. Ha interpretado con notable éxito papeles como Rodolfo en La Bohème, Cavaradossi en Tosca y Pinkerton en Madama Butterfly, todas ellas óperas de Giacomo Puccini

Jonathan Tetelman - Che gelida manina, La bohème | Puccini

Jonathan Tetelman - Puccini: Tosca, Act III: E lucevan le stelle


Madama Butterfly 2024, Asmik Grigorian -Act1 Vogliatemi bene

Intérpretes (112): Jonathan Tetelman, tenor (Chile, 1988).

También ha abordado el repertorio verdiano, interpretando personajes como Alfredo en La Traviata de Giuseppe Verdi, donde combina elegancia vocal con intensidad dramática.

La Traviata: Jonathan Tetelman as Alfredo Germont, Pretty Yende as Violetta Valéry & SF Opera Chorus

"Lunge da lei_De' miei bollenti spiriti" Jonathan Tetelman, Alfredo.

Uno de los aspectos más destacados de su perfil artístico es su capacidad para conectar con el público contemporáneo. A diferencia de generaciones anteriores más centradas exclusivamente en la perfección vocal, Tetelman incorpora una dimensión interpretativa muy visual y emocional, probablemente influida por su interés temprano en el teatro musical. Esto le permite ofrecer personajes más humanos, menos estáticos, alineados con las tendencias actuales de la puesta en escena operística.

Su reconocimiento internacional ha crecido rápidamente a partir de la década de 2020, con actuaciones en importantes teatros europeos y americanos. Además, su presencia mediática y su imagen moderna han contribuido a acercar la ópera a nuevas audiencias, algo especialmente valorado en el contexto actual de renovación del público operístico.


Jonathan Tetelman, Prague Philharmonia, Carlo Rizzi – Puccini: Tosca, SC...













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martes, 12 de mayo de 2026

Personalidades (012): Janet Riesenfeld (1918-1998).

Janet Riesenfeld (1918-1998).

Janet Riesenfeld (1918–1998): de bailarina cosmopolita a dama del guion en el cine mexicano.

La figura de Janet Riesenfeld, conocida también como Janet Alcoriza o bajo el seudónimo de Raquel Rojas, ocupa un lugar muy singular dentro de la historia del cine del siglo XX. 

Su trayectoria, realmente muy novelesca, combina desplazamientos geográficos, reinvenciones profesionales y una asombrosa capacidad de adaptación a contextos culturales muy distintos. 

Nacida el 4 de junio de 1918 en Viena (según algunas fuentes en Nueva York ese mismo año) y fallecida en Cuernavaca, México, en 1998, su vida transcurrió entre Europa, Estados Unidos y México, y su obra se inscribe de manera decisiva en la edad de oro del cine mexicano.

Riesenfeld creció en el seno de una familia profundamente vinculada a la música. Su padre, el compositor austro-estadounidense Hugo Riesenfeld, fue una figura relevante en la transición del cine mudo al sonoro, lo que situó a Janet desde muy temprano en un entorno artístico y cinematográfico de alto nivel.

Fue educada entre Europa y Estados Unidos durante el periodo de entreguerras, recibiendo formación en música, danza y cultura escénica. Esta educación cosmopolita le permitió adquirir una notable competencia lingüística y una sensibilidad estética que más tarde le resultaría fundamental en su trabajo como guionista.

Desde muy joven se inclinó hacia la danza, especialmente el flamenco, lo que ya revela un rasgo bastante característico de su personalidad: se sentiría siempre atraída por culturas distintas a la propia y la capacidad de apropiación creativa de lenguajes ajenos.

Janet Alcoriza - Wikipedia

Uno de los episodios más determinantes de su vida fue su estancia en España en 1936, cuando llegó con una compañía de danza vinculada a La Argentinita. Su llegada coincidió con el estallido de la Guerra Civil, lo que transformó radicalmente su experiencia.

En Madrid vivió de primera mano la violencia, la incertidumbre y las tensiones ideológicas del conflicto. Fue testigo de bombardeos, detenciones y ejecuciones, y esta vivencia directa de la historia marcaría profundamente su sensibilidad narrativa.

Tras abandonar España, plasmó esta experiencia en el libro Bailarina en Madrid (1938), una obra autobiográfica que revela rasgos propios de su estilo como escritora: fluidez narrativa, construcción de escenas, atención a los personajes y una mirada más emocional que doctrinal. Este texto no solo constituye un testimonio histórico, sino también el primer indicio claro de su vocación como narradora.

Janet Riesenfeld (1918-1998).

Literatura | Presentación de Bailarina en Madrid, de Janet Riesenfeld - Fundación Casa de México en España

Riesenfeld, Janet - Editorial Renacimiento

Janet Riesenfeld, una bailaora ‘guirojonda’ bajo las bombas - Revista ExpoFlamenco

Después de su regreso a Estados Unidos, Riesenfeld se trasladó a México, donde desarrolló la etapa más importante de su carrera. Allí continuó inicialmente como bailarina y actriz, participando en varias películas desde finales de los años treinta.

En 1945 contrajo matrimonio con el cineasta español exiliado Luis Alcoriza, figura clave en su evolución profesional. A partir de ese momento, ambos iniciaron una fructífera colaboración como guionistas, que marcaría buena parte del cine mexicano de las décadas siguientes.

Luis Alcoriza - Director de cine

Luis Alcoriza - IMDb

Su transición hacia la escritura cinematográfica se produjo en la década de 1940. Su primer trabajo relevante como guionista data de 1944, y en pocos años consolidó un estilo propio dentro de la industria.

A lo largo de su carrera participó en la escritura de más de 80 guiones y algunas fuentes elevan la cifra hasta cerca de 90, lo que la convierte en una de las guionistas más prolíficas del cine mexicano.


Uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria es su vinculación con el director Luis Buñuel, con quien colaboró en varias películas.

Entre las obras relacionadas con este entorno destacan títulos como El gran calavera (1949) o La hija del engaño (1951), que muestran su capacidad para adaptarse a diferentes registros narrativos.

Además, su círculo intelectual incluyó figuras como Gabriel García Márquez, lo que evidencia su integración en un ambiente cultural de gran densidad creativa

https://moreliafilmfest.com/raquel-rojas-janet-riesenfeld-o-janet-alcoriza-actriz-y-guionista


Podríamos decir que la escritura de Janet Riesenfeld se caracteriza por una notable versatilidad genérica. Aunque cultivó el drama, su mayor éxito se produjo en la comedia, donde desarrolló un estilo ágil, directo y eficaz.

Entre sus obras más representativas se encuentran: El siete machos (1950), 

La isla de las mujeres (1952), 

El inocente (1955) 

El esqueleto de la señora Morales (1959).

Janet Alcoriza - FilmAffinity

Janet Alcoriza - FilmAffinity

Estas películas reflejan varias constantes de su escritura: -Claridad estructural, tramas bien construidas y accesibles; -Eficacia narrativa: economía de medios y ritmo sostenido, -Hibridación de ambientes: combinación de lo rural y lo urbano; -Construcción de personajes populares: cercanos al espectador medio.

Su trabajo contribuyó a consolidar ciertos modelos narrativos del cine mexicano clásico, especialmente en la comedia costumbrista.


A pesar de su importancia, la figura de Riesenfeld ha quedado en ocasiones eclipsada por la de su marido o por los directores con los que colaboró. Sin embargo, su papel fue esencial dentro del engranaje industrial del cine mexicano.

Fue miembro destacado de la Sociedad General de Escritores de México y participó en iniciativas relacionadas con la legislación cinematográfica en los años sesenta, lo que indica también su implicación institucional en el medio.

Su carrera se prolongó durante varias décadas, desde mediados de los años cuarenta hasta finales de los ochenta, lo que demuestra una notable capacidad de adaptación a los cambios de la industria.

Janet Riesenfeld falleció en 1998 en México, país donde desarrolló la mayor parte de su carrera.

Su legado permanece vinculado a la historia del cine mexicano, donde figura como una de las guionistas más prolíficas y eficaces de su periodo clásico. Aunque su nombre no siempre aparece en primer plano, su contribución resulta fundamental para entender el funcionamiento interno de aquella industria y la construcción de sus relatos más populares


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viernes, 8 de mayo de 2026

Recordando la Historia (10): 1869. El ferrocarril une, en USA, el Atlántico y el Pacífico.

El 10 de mayo de 1869, en Promontory Point, Utah, se unen las vías del ferrocarril Union Pacific y las del Central Pacific con un simbólico clavo de oro.


A partir de ese momento, y después de haber superado infinidad de dificultades (y de haber generado otras muchas durante su construcción) las ciudades norteamericanas del Este (New York, Filadelfia, Baltimore, Boston etc.) y las del Oeste (Los Ángeles, San Francisco, San Diego etc.) quedaron por comunicadas por ferrocarril.


"Autorizado por la ley del Ferrocarril del Pacífico de 1862 y apoyado con fuerza por el gobierno federal, fue la culminación de un movimiento a lo largo de décadas para construir esta línea y fue uno de los mayores logros de la presidencia de Abraham Lincoln, completado cuatro años después de su muerte. La construcción del ferrocarril requirió hazañas enormes de ingeniería y trabajo para cruzar llanuras y altas montañas por parte de las compañías ferroviarias Union Pacific y Central Pacific, las dos empresas que construyeron la línea hacia el oeste y hacia el este respectivamente".


"La construcción del ferrocarril fue motivada en parte para interconectar la Unión durante la guerra civil estadounidense. Esto aceleró considerablemente la población del Oeste por colonos blancos, mientras que contribuyó a la decadencia de los indios en estas regiones".


El acontecimiento -que realmente lo fue y se vivió como tal- fue celebrado de manera muy entusiasta en todos los estados de la Unión.

En el Central Park neoyorkino gran cantidad de cañones dispararon salvas en honor de tal logro.
En Chicago se celebró un gran desfile en el que participaron mas de tres mil personas y mil seiscientos caballos.


"Poco después de la inauguración del ferrocarril transcontinental, nuevas líneas ferroviarias conectaron Ogden con Salt Lake City. Desde allí, las líneas conectaban Salt Lake City con zonas mineras como Alta y Park City. La minería se convirtió en una industria importante para el estado, ya que los ferrocarriles permitían transportar los minerales hacia mercados lejanos. La creación de líneas ferroviarias que llegaban a lugares como Price, Helper y Castle Gate contribuyó al crecimiento de los distritos mineros de Utah. Además, existían muchos otros empleos vinculados al ferrocarril. Se necesitaban muchos trabajadores para reparar las vías, organizar el equipaje y ayudar a los pasajeros"






El primer servicio regular de trenes que se estableció después de la exitosa unión fue el que conectó las ciudades de Boston, en el estado de Massachussets, y Oakland, en el estado de California.

Con el tren la colonización del Oeste fue un hecho totalmente irreversible.

Paulatinamente, el gobierno estadounidense agrupó en reservas a diversas tribus indias.
Como no podía ser menos, estos traslados se realizaron en muchas ocasiones por la fuerza.
La expulsion de los indios de sus territorios los alejó de las zonas más fructíferas de oeste que quedaron en manos de miles de colonos de raza blanca. El confinamiento en pequeñas reservas acabaría destruyendo con el paso de los años las estructuras tradicionales y las pautas de conducta tribales con consecuencias desastrosas para ellos.




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