Terminábamos la entrada anterior de esta sección haciendo referencia al gran éxito iconográfico que tuvo la representación de ciertas damas muertas, muy especialmente, de aquellas a las que se rodeo de una pesada aureola posromántica, como fue el caso de Ofelia, The lady of Shalott, Eliane...
Ocio Inteligente: para vivir mejor: Opinión personal (118): La construcción de la imagen de la mujer (4): La mujer enferma, sacrificada y moribunda: cuando el sufrimiento se convirtió en belleza
Como el objetivo de estos artículos es llegar al surgimiento de la femme fatale / vampiresa en el cine, no pretendemos hacer ahora y aquí una exposición exhaustiva de tales representaciones, pero sí nos gustaría mostrar algunas obras claves, obras que ejercieron sobre el imaginario colectivo de su época una gran influencia y que todavía hoy siguen manteniendo su aureola y se admiran como grandes obras del arte.
The Lady of Shalott (Tennyson, 1832).
La dama de Shalott (1832) | La Fundación de la Poesía
The Lady of Shalott, Elaine de Astolat, sucumbe a los muchos encantos y atributos de Sir Lancelot (por lo que parece realmente abundantes y deseados, si nos atenemos a la cuantía de sus enamoradas). El hombre estaba entregado en un pasión ilícita a Ginebra, la esposa de Arturo, pero eso no impedía que las damas, por lo visto, cayesen prendadas a su alrededor.
La obra de Tennyson ha tenido, como es lógico, muchas lecturas y desde muy diferentes perspectivas.
"Las críticas feministas consideran que el poema aborda cuestiones de la sexualidad de las mujeres y su lugar en el mundo victoriano,[argumentando que La dama de Shalott se centra en la tentación de la sexualidad y su inocencia preservada por la muerte.[]Christine Poulson habla desde un punto de vista feminista y sugiere que «la huida de la dama de Shalott de su torre es un acto de rebeldía, un símbolo del empoderamiento femenino». Según la perspectiva de Poulson, huir de la torre permite a la dama de Shalott liberarse emocionalmente y aceptar la sexualidad femenina".
La dama de Shalott - Wikipedia, la enciclopedia libre
Pero los pintores del XIX optaron sobre todo por mostrar una dama con locura incipiente, con un profundo anhelo posesivo y un claro afán autodestructivo.
John William Waterhouse. The Lady of Shalott.
The Lady of Shalott Looking at Lancelot. John William Waterhouse. 1894.
The Lady of Shalott, Walter Crane (1862).
William Holman Hunt and Hughes, Edward Robert. The Lady of Shalott. 1905.
La dama de Shalott (The Lady of Shalott). John Atkinson Grimshaw
Tanto éxito, o más incluso, tuvo entre los pintores Elaine, otra doncella pura y enamoradiza de Tennyson ("Los idilios del rey"), que casi por arte de magia también quedó hechizada por el gallardo Lancelot.
Ella le confiesa a su amado: "Me he vuelto loca. Te amo: déjame morir". Lancelot no se da por aludido, a pesar de la claridad y asertividad de su enamorada. Cuando esta muere, dejando instrucciones a su padre sobre como preparar su lecho de muerte, Lancelot descubre en su mano sin vida una carta dirigida a él: "Te amé, y mi amor no tuvo respuesta, / por eso mi autentico amor ha significado mi muerte". Un dramón en toda regla y, en el fondo, otra version trágica de Lady Shalott...
Toby Rosenthal (1848-1917). Elaine. 1874.
De las diversas representaciones de este tema, la pintura de Rosenthal es de las esenciales:
"La pintura de Rosenthal representa el viaje postmortem de Elaine desde Astolat hasta Camelot: "En su mano derecha el lirio, en su izquierda / La carta—todo su brillante cabello cayendo." Las elecciones artísticas de Rosenthal reflejan la influencia de los prerrafaelitas".
Su obra tuvo un éxito enorme.
Se reprodujo muchísimo tanto en los Estados Unidos como en Europa.
Dijkstra, no sé si acertado o tendencioso (para mí insiste demasiado en los aspectos sádicos y agresivos de estas imágenes), señala que "el público disfrutaba con la visión de una bella mujer enamorada, bien muerta y, por lo tanto, con pocas posibilidades de complicar la vida emocional del espectador en mayor grado de lo que Elaine había complicado la de sir Lancelot" (Op. cit.pag.41).
Cuando la obra se expuso en San Francisco se creó una especie de culto a Elaine, aumentando la aureola del cuadro el hecho de que éste fuese robado y que se exigiese por él un cuantioso rescate.
Ante un triunfo tan rotundo del tema, surgieron infinidad de Elaines pálidas y muertas; obras que tuvieron mejor o peor fortuna, pero que demostraban el ansia y el gusto de un amplio público sobre este tipo de mitificaciones.
Muerte de Elaine. Homer Watson (1852-1923)
"Elaine's Body on its way to King Arthur's Palace", (1892). By Gustave Doré (1832-1883).
Elaine de Astolat. 1899. Sir Edmund Blair Leighton
Sin embargo, y a pesar del gran triunfo estético de las heroínas de Tennyson, fue la Ofelia de Shakespeare la que consiguió destacar sobre todas como ejemplo perfeto de una devoción malsana por un hombre (por muy auto sacrificada que fuese). Devoción que le lleva, literalmente, a la locura.
Probablemente, fueron los prerrafaelitas, ya mencionados y reseñados en diversas ocasiones, de los primeros pintores en abordar este tema pictóricamente.
John Everett Millais. Ophelia. 1851.
Arthur Hughes. Ophelia. (Primera versión).1852
Arthur Hughes. Ophelia. Versión 1854
Desde el Renacimiento hasta nuestros días: 86. Los Prerrafaelitas (10): Arthur Hughes (1832-1915).
Tanto la Ofelia muerta de Millais como la Ofelia demente de Hughes generaron suficiente impacto en el mundo artístico y social como para que muchísimos artistas decidiesen abordar el mismo tema.
Ofelia. John William Waterhouse. 1889.
Ofelia. John William Waterhouse. 1894.
Ofelia. John William Waterhouse. 1894.
Ofelia. Arthur Hugues. 1865.
Ofelia tejiendo sus guirnaldas. Richard Redgrave.
Henrietta Rae. Ophelia. 1890.
Ofelia. Ernest Hébert. 1890 Pascal Dagnan-Bouveret - 37 obras de arte - pintura
Acabamos esta muestra "ofeliana" con la obra de Georges Clairin, el pintor preferido de Sarah Bernhardt, la "divina".
Georges Jules Clairin. Ophelia.
La famosísima y aclamada actriz francesa no dudó en aprovecharse de la fascinación que el tema de la moribunda Ofelia ejercía sobre sus coetáneos y no dudó en exhibirse, cual nueva Ofelia, para cultivar su imagen de excéntrica. En sus giras llevaba su propio ataúd y no dudaba en dormir en él y mostrarse ante los hipnotizados de turno que caían rendidos a sus pies. Genio y figura, sin duda.
Las fotografías de ella yaciendo de tal forma tuvieron en éxito enorme y fueron de mano en mano como su fuesen un preciado trofeo.
Sarah Bernhardt en su ataúd.
1882. Sarah Bernhardt descansando plácidamente en su ataúd.
Según Dijkstra "el caso de la Bernhardt demuestra hasta que punto la naturaleza misma del culto a la invalidez estaba psicológicamente relacionada con el deseo de las mujeres de que se les prestase atención individual, reconocimiento personal como entidades diferenciadas, mucho más que ser vistas como indeterminadas `flores de virtud´" (Op.cit.pág. 46).
En cualquier caso la Bernhardt era mucha Bernhardt y aparte de ser una exhibicionista incorregible, una buena e intuitiva conocedora de los entresijos de la fama y excelente actriz era también, curiosamente, una excelente escultora, como lo demuestra el bajorrelieve que adjuntamos a continuación.
Sarah Bernhardt. Bajorrelieve, Ofelia. 1890.
-continuará-
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