viernes, 20 de febrero de 2026

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Wilfried Sätty (1939–2016) fue un grabador e ilustrador alemán cuya obra se sitúa en la encrucijada entre el simbolismo tardío, el surrealismo centroeuropeo y una sensibilidad visionaria muy personal.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty.

Nació en una Europa convulsa y su infancia transcurrió en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Creció en una Alemania absolutamente marcada por la devastación material y la necesidad de reconstrucción social, política y cultural. Esa doble experiencia, ruina y anhelo de recuperación, dejó en él una huella indeleble que marca su universo iconográfico: arquitecturas imposibles, figuras hieráticas, animales simbólicos y paisajes que parecen surgir, lógicamente, más de una memoria arcaica y una imaginación sensible que de la observación directa.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Se formó en el ámbito artístico alemán de posguerra, en un momento en que el informalismo y la abstracción dominaban buena parte del discurso oficial. Sin embargo, él optó por una vía distinta: reivindicó el poder narrativo y simbólico de la imagen figurativa, trabajando con especial dedicación la técnica del grabado —particularmente el aguafuerte y otras modalidades calcográficas—, que le permitían un nivel de detalle casi miniaturista y una atmósfera de precisión onírica.


También puede rastrearse una cercanía con el surrealismo literario y visual del siglo XX -en particular con la imaginería inquietante y metamórfica que encontramos en Max Ernst-, aunque Sätty nunca se adscribió doctrinalmente a ningún movimiento concreto. Su universo no es tanto el del famoso automatismo psíquico de los surrealistas de pro como el de una construcción consciente de mitologías personales.


En sus grabados aparecen con frecuencia torres, cúpulas, escaleras en espiral y ciudades laberínticas suspendidas en espacios ambiguos. Estas arquitecturas, que evocan tanto ruinas medievales como utopías renacentistas, funcionan como escenarios simbólicos del drama interior humano. 

Las figuras, en algunas ocasiones híbridas y en otras solemnes y casi litúrgicas, parecen participar en rituales silenciosos cuyo sentido permanece enigmático al observador. No parece que haya en Sätty una voluntad narrativa lineal; más bien propone escenas detenidas, cargadas de resonancia psicológica y metafísica.

Uno de los rasgos más característicos de su producción es, sin duda, la extrema precisión técnica. 

El trazo fino, la superposición de planos y la gradación tonal confieren a sus estampas una profundidad llamativa, casi escultórica. Esa minuciosidad no es solo virtuosismo ya que sirve para mantener en sus creaciones un clima de inquietud y fascinación. 

En términos temáticos, Sätty explora cuestiones universales: la fragilidad del ser humano, la tensión entre naturaleza y cultura, la memoria colectiva, el paso del tiempo. La presencia recurrente de elementos orgánicos, raíces, animales, formas vegetales, integrados en estructuras arquitectónicas sugiere una visión del mundo en la que lo racional y lo instintivo se entrelazan (lo que entronca con los planteamientos de algunos de los pintores ya referenciados aquí, en esta misma sección, e  diferentes momentos).

La obra de este artista se ha difundo principalmente en el ámbito europeo, a través de ediciones gráficas, exposiciones y colecciones privadas. No parece haber alcanzado la notoriedad mediática que si han obtenido otros artistas contemporáneos, pero ha gozado de un reconocimiento sólido entre los amantes del arte fantástico y del grabado de alta calidad técnica. 

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).
Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).
Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Wilfried Sätty falleció en 2016, dejando un corpus coherente y reconocible, marcado por la intensidad imaginativa y la precisión formal. Su legado se inscribe en una línea de resistencia figurativa dentro del arte alemán de posguerra, y al mismo tiempo en una tradición europea más amplia de artistas que han entendido la imagen como puerta a lo invisible.

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).


"Se dice que las ilustraciones góticas de fin de siglo del Art Nouveau inspiraron el arte psicodélico de los años 60. Artistas como Aubrey Beardsley, Harry Clarke y los secesionistas vieneses prepararon el camino para los carteles de los Grateful Dead. Pero, ¿Cómo ocurrió esto? Uno de los eslabones de la cadena de influencias se llamaba Wilfried Sätty, ocultista, ilustrador y artista del collage alemán que se trasladó a San Francisco a principios de los años 60 y «se asoció con artistas y bohemios de la Generación Beat», como escribe Walter Medeiros en el Archive of Counter Culture Art: «En 1966, inspirado por la apertura y la creatividad de la emergente cultura hippie de San Francisco, comenzó a hacer collages pictóricos. Algunos de ellos se vendieron como impresiones tamaño póster, que entonces eran muy populares. Se convirtió en un artista prolífico, preocupado por la técnica fina y por la expresión de la más amplia gama de experiencias humanas. Pretendía que su arte despertara la imaginación y contrarrestara la perniciosa programación estímulo-respuesta de la publicidad en los medios de comunicación. El método de Sätty era alquímico, sus prácticas ocultas definían el trabajo de su vida. "La alquimia puede ser un estado del ser", comentó en una entrevista de 1970. "Existe la alquimia visual, intelectual o artística. La mente no desarrollada puede considerarse similar al plomo, y la mente plenamente realizada, al oro. Y lo mismo ocurre con el arte. Gran parte del arte contemporáneo es plomo"». Los medios de comunicación, según Sätty, han creado un «estado de contaminación mental» en el que la gente «no sabe distinguir entre la verdad y la mentira». Para aprender, deben «abrir su subconsciente». El surrealismo ejerció su influencia sobre él, y estudió arquitectura, ingeniería y diseño, perfeccionando sus habilidades de dibujo. Nació como Wilfried Podriech en 1939 y pasó su infancia jugando en las ruinas bombardeadas de la Segunda Guerra Mundial de su Bremen natal, un lugar que él llamaba «un gran patio de recreo surrealista»Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).



Pintores de hoy (253): Wilfried Sätty (1939-2016).

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martes, 17 de febrero de 2026

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Para mantener el cuerpo físico comemos de forma sana, cuidadosa e incluso exigente.

Sabemos que para cuidar la salud hay que evitar excesos, renunciar a ciertos productos o, al menos, mantener un equilibrio. Sabemos que si nos alimentamos solo de comida basura, más tarde o más temprano enfermaremos.

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Lo mismo exactamente pasa en otros ámbitos.
Por ejemplo, en el CHARLAR. En las conversaciones.

Si no nos nutrimos con buenas lecturas, ideas pensadas y algo de reflexión previa, difícilmente podremos sostener una charla mínimamente interesante. Se nota enseguida quién ha masticado algo y quién simplemente improvisa con lo primero que le pasa por la cabeza.

Micro-desahogos (28): Conversaciones y aburrimiento.

Recurrir en ciertos momentos o espacios a espontaneidades o vaguedades puede resolver la situación en ocasiones, aunque sea por breve tiempo.

Nadie espera profundidades metafísicas en un ascensor o en los espacios de tránsito en donde la ligereza es normal e incluso saludable.

El problema es cuando esa ligereza parece que se convierte en norma universal. 

Cuando se cree que todos los ámbitos son iguales. Cuando se extrapola la frase rápida, la ocurrencia y sobre todo el exabrupto o desfogue emocional a cualquier contexto.

Al suceder esto, lo que podría haber sido una conversación estimulante y grata suele acabar siendo un vulgar parloteo en el que prima más el arrebato emocional que la reflexión y eso, casi siempre -aunque sonriamos por cortesía puntual como en el ascensor- suele producir un cansancio emocional y psíquico notable. 

Y eso agota.

Agota a quien esperaba algo más que ruido.
Agota a quien todavía cree que conversar es compartir pensamiento y no simplemente ocupar el aire o intercambiar visceralidades.

Un agotamiento que solo puede compensar a aquellos que les interesa más el sonido de su voz que el verdadero intercambio de ideas.

¡Malos tiempos para la conversación! (1).

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(1). 
"En defensa de la conversación". Sherry Turkle.
"El arte de conversar". Friedemann Schulz  von Thun.

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viernes, 13 de febrero de 2026

Personalidades (011): Carla Serena, pseudónimo de Caroline Hartog Morgensthein (1820-1884).

 

Carla Serena (1820-1884), una viajera intrépida.

No cabe duda que el siglo XIX fue un siglo, en muchos aspectos, realmente sorprendente, asombroso…pero, visto desde la perspectiva que tenemos hoy, tenemos que reconocer que las mujeres que no querían ceñirse a los roles –estrechos- que imperaban por aquel entonces lo tenían muy difícil para vivir rompiendo moldes y haciendo lo que realmente deseaban (tampoco es que hoy sea muy fácil –sigue habiendo muchas más limitaciones que las de género- pero bueno, hay que reconocer que han cambiado extraordinariamente las cosas en ese sentido).

Durante gran parte del siglo XIX, cuando una mujer viajaba sola en Europa (no te cuento ya en otras países o continentes) se consideraba que lo hacia por pura extravagancia, por un severo error de entendimiento o, directamente, por un afán de escándalo.

A Carla Serena, por lo que narran las crónicas, no le importó lo más mínimo “equivocarse” ni tampoco le importó gran cosa el "escándalo" de sus decisiones. Escritora, viajera y observadora incansable, se puso el mundo por montera y, ni corta ni perezosa, recorrió regiones del Cáucaso, el Próximo Oriente y los Balcanes en un momento en que esos territorios eran políticamente inestables, culturalmente muy complejos y, sobre todo, considerados impropios para una mujer occidental sin tutela masculina (aunque hay que reconocer que en esos viajes -que no eran precisamente del IMSERSO- riesgos había hasta para los mozos más aguerridos).


Fue una viajera motivada por pura curiosidad personal e intelectual, quiso ver lo que le interesaba con sus propios ojos para contarlo después con precisión e ironía; no buscaba exotismo por el exotismo en sí, ni tampoco pretendía evangelizar ni civilizar (como si lo hicieron otras mujeres movidas por un afán sincero y misioneríl de cristianizar).

Carla Serena nació hacia 1820 (no se sabe con absoluta precisión). Probablemente en Bélgica, aunque su identidad nacional no ha estado nunca muy clara. Fue educada en un entorno cosmopolita y aprendió varios idiomas (francés, italiano, alemán). Nunca quiso definirse a sí misma mediante una patria fija. Esa indefinición (que no sé cómo se plasmaría a la hora de documentarse entre fronteras en sus viajes) le permitió moverse con mayor libertad por Europa, un continente siempre obsesionado con las fronteras y las pertenencias.

Desde joven mostró una independencia poco común. Se casó con Leone Serena, un hombre políticamente comprometido, marcado por el exilio y la inestabilidad propia de los revolucionarios italianos de mediados del siglo XIX. Ese matrimonio explica varios rasgos clave de su vida posterior: su itinerancia temprana por distintos países europeos, su exposición directa a ambientes políticos, conspirativos y transnacionales y su familiaridad con redes de exiliados, minorías y zonas “calientes” del mapa europeo.

Su biografía, en cualquier caso, no gira en torno a esposos, hijos o amantes. Tampoco alrededor de salones, herencias o cosas por el estilo. Lo hace sobre todo y fundamentalmente por rutas, cuadernos y publicaciones, por muy largos periplos. 

De hecho en sus diarios y escritos no hay prácticamente referencias a su vida familiar o conyugal y eso que empezó a viajar en serio cuando ya había superado los cincuenta años.

Carla Serena comenzó a publicar (libros pero también en revistas) relativamente tarde, pero cuando lo hizo, ya llevaba años de experiencia acumulada. 

Sus viajes más importantes se desarrollaron entre las décadas de 1870 y 1880, y se centraron en regiones que incluso muchos viajeros varones evitaban por su complejidad política o cultural: el Cáucaso, Armenia, Georgia, Persia, Turquía europea y Asia Menor.

Viajaba casi siempre sola o con guías locales, negociando paso a paso su seguridad, su alojamiento y su movilidad. En ocasiones se vestía con ropas locales; en otras, explotaba deliberadamente su condición de extranjera excéntrica para desarmar resistencias. Era consciente de que su género podía ser un obstáculo, pero también una ventaja inesperada: en muchas sociedades tradicionales, una mujer viajera era vista como menos amenazante que un hombre occidental.

La increíble Carla Serena: pionera viajera en solitario en Georgia, 1875-1881 - Georgia hoy en la web

Llama mucho la atención que la dama en su práctica viajera rehuyese sistemáticamente y siempre que le fue posible la figura del protector europeo. No buscaba cónsules, ni escoltas diplomáticas, ni mediadores coloniales. Tampoco unirse a expediciones organizadas. Prefería tratar directamente con campesinos, comerciantes, mujeres locales y autoridades menores. Esa elección explica tanto la riqueza de sus observaciones como los peligros que asumió.

Los libros de Carla Serena no son diarios íntimos ni tratados académicos. 

Son textos híbridos: crónicas de viaje con una clara conciencia política. Con mirada analítica observa sistemas de gobierno, tensiones étnicas, desigualdades sociales y relaciones de género con una lucidez que incomodó a muchos lectores europeos.

Uno de sus libros más conocidos, Lettres d’Orient, ofrece un retrato del Oriente otomano alejado del orientalismo complaciente. Procura no idealizar ni demonizar, solo describir. Y al hacerlo desmonta tópicos y clichés. Se interesa especialmente por la vida de las mujeres en sociedades musulmanas y cristianas orientales, comparando sus grados de autonomía real, no teórica.

Carla Serena fue una de las primeras viajeras occidentales en criticar abiertamente la hipocresía moral europea respecto al trato de las mujeres, señalando que muchas de las supuestas “opresiones orientales” tenían equivalentes funcionales en Europa, aunque se disfrazaran de decoro burgués.


Su viaje al Cáucaso fue, probablemente, el más arriesgado y el más significativo. 
En una región marcada por la expansión del Imperio ruso, las resistencias locales y una compleja red de identidades, Serena se movió con una inteligencia casi diplomática. Sus observaciones sobre Georgia y Armenia no se limitan a lo pintoresco: analizan la instrumentalización imperial, la fragilidad de las culturas minoritarias y la tensión entre modernización y tradición.

Este enfoque hizo que algunos contemporáneos sospecharan de ella. No faltaron insinuaciones de que actuaba como informante política, una acusación habitual contra viajeros demasiado atentos y demasiado independientes. No hay pruebas de espionaje, pero sí hay indicios de que sus textos eran leídos con mucha atención por círculos diplomáticos. Su capacidad para captar equilibrios de poder la hacía valiosa… y peligrosa.

Carla Serena no encajó fácilmente en ninguna categoría. 

Para los círculos conservadores, era una mujer imprudente, casi indecorosa. Para ciertos sectores progresistas, resultaba incómoda por su falta de alineamiento ideológico claro (¡la gran mania de querer encasillar para controlar y manipular!). 

No defendía causas abstractas; defendía realidades concretas.

Otro rasgo de su carácter que llama la atención es su humor seco. En medio de descripciones de caminos intransitables, alojamientos miserables o conversaciones tensas con autoridades locales, introduce comentarios irónicos sobre la incompetencia masculina, la burocracia absurda o las pretensiones civilizatorias occidentales. No se presenta como heroína; se presenta como alguien que observa con escepticismo.

Carla Serena murió en 1884

Sus últimos años fueron relativamente discretos, y tras su muerte su nombre se fue apagando. No fundó escuela, no dejó manifiestos, no fue recuperada por grandes relatos nacionales. 

Su obra quedó dispersa, citada ocasionalmente por historiadores del viaje, raramente integrada en el canon.


Ese eclipse tiene una explicación clara: Serena no ofrecía un relato cómodo. No confirmaba la superioridad europea, no encajaba en la épica colonial, no se ajustaba al modelo de “mujer excepcional” domesticable. Era, en el fondo, demasiado lúcida.

Hoy, su figura reaparece como lo que realmente fue: una testigo incómoda de un mundo en transformación, una viajera que entendió el viaje no como consumo de paisajes, sino como confrontación con estructuras de poder. Su escritura anticipa miradas posteriores: el reportaje internacional, la antropología crítica, el periodismo de observación prolongada.

No viajó para demostrar que una mujer podía hacerlo. Viajó porque podía, y porque quería entender. Y al hacerlo, dejó una obra que sigue desafiando lecturas fáciles.

Carla Serena no pidió permiso a nadie, ni necesito un coro de aplaudidoras para cruzar fronteras físicas ni mentales. Simplemente las atravesó, cuaderno en mano, con la convicción de que mirar bien sin intermediarios. Y aunque solo fuese por eso ya seria una figura digna de entrar en la historia.

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Microsoft Word - Daniele Artoni Carla Serena (1824-84) a solo western european woman traveler and her multifaceted easts.docx

Carla Serena sola en el Cáucaso | Editions du Palais









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martes, 10 de febrero de 2026

Lugares (104): Mausoleo de Gala Placidia. Rávena.

En Rávena, por descontado, aparte de San Apolinar Nuevo, hay muchas más cosas que ver. En esta entrada me referiré el Mausoleo de Gala Placidia y en la siguiente a San Vital.

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El traslado de la corte imperial de Milán a Rávena, a comienzos del siglo V, transformó por completo la ciudad. De pronto, una urbe más bien provinciana tuvo que adaptarse a su nueva condición de capital del Imperio romano de Occidente. 

Fue necesario, obviamente, levantar palacios, construir edificios administrativos y, sobre todo, crear numerosos espacios sacros, entre ellos el palacio imperial y su capilla palaciega, Santa Croce.

El Mausoleo de Gala Placidia pertenece a ese momento de crecimiento urbano acelerado. 

Probablemente se alzó entre los años 425 y 430 d. C., cuando Gala Placidia regresó a Rávena tras su estancia en Bizancio. Todo indica que se encontraba dentro del antiguo barrio imperial, integrado en el complejo de Santa Croce.

El edificio, de dimensiones muy reducidas, sorprende desde el primer momento. 

Su exterior es severo, casi austero: ladrillo romano, líneas simples, ningún alarde decorativo. Nada hace presagiar lo que espera dentro. Y sin embargo, al cruzar la puerta, el contraste es total.



El interior está literalmente cubierto de mosaicos. 
La pequeña construcción, de planta de cruz griega, se convierte en un espacio de una intensidad visual extraordinaria. Aunque alberga varios sarcófagos, hoy se considera poco probable que la propia Gala Placidia fuera enterrada aquí. Más bien parece claro que se trató de un oratorio, dedicado a San Lorenzo, un santo especialmente venerado en la ciudad y en toda la región.



Mausoleo de Gala Placidia. San Lorenzo. foto Javier Nebot
San lorenzo y su famosa parrilla.

La bóveda de cañón es uno de los grandes logros del edificio. 

De un asombroso azul profundo, casi nocturno, sirve de fondo a decoraciones circulares doradas y a delicadas corolas blancas que recuerdan margaritas. El efecto resulta bastante hipnótico: más que un techo, parece un cielo simbólico, una promesa de eternidad y, sin duda, tuvo que causar una gran sensación entre sus coetáneos.

Sobre la puerta de entrada se encuentra una de las imágenes más célebres del mausoleo: el Buen Pastor. Cristo aparece joven, imberbe, sereno, vestido con túnica dorada y manto purpúreo, portando una gran cruz. Sentado entre rocas, rodeado por seis ovejas, se integra en un paisaje tranquilo, lleno de plantas y flores. El mensaje es claro y directo: solo a través de Cristo se alcanza la paz eterna.

No faltan tampoco las referencias a San Lorenzo, representado con su parrilla, símbolo de su martirio, ni los grandes signos del cristianismo primitivo: los símbolos de los evangelistas —el león, el toro, el águila y el hombre—, palomas bebiendo, cruces doradas suspendidas en el cielo del mosaico.

Sarcófago de Gala Placida




Todo en el Mausoleo de Gala Placidia habla de tránsito, de fe y de esperanza. 
Desde fuera, el edificio pasa bastante desapercibido: es, cierto, proporcionado y con el encanto de lo sencillo, pero, probablemente, peca de discreto. Por dentro, en cambio, se abre al color y la imaginación como una joya silenciosa. Se convierte en uno de esos lugares en donde el tiempo parece haberse detenido y en donde el arte sigue cumpliendo, muchos siglos después, su función esencial: ofrecer consuelo, sentido y, sobre todo, belleza.


San Lorenzo