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sábado, 25 de diciembre de 2021

La obra maestra (12): "La adoración de los pastores" (Domenico Ghirlandaio-1485; Capilla Sassetti-S. Trinita-Florencia).


Ghirlandaio, originalmente llamado Domenico di Tomaso Bigordi (1449-1494), se ganó su apodo por la habilidad de su padre haciendo guirnaldas. Fue uno de los mejores pintores de frescos de su generación. Dirigió un taller junto con sus hermanos que alcanzó mucho renombre. 
Uno de su aprendices más conocidos fue, sin duda, Miguel Ángel, quien en su juventud aprendió allí la técnica del fresco y dibujo.
El estilo de Ghirlandaio sigue conservando una peculiar frescura hoy en día. 
El pintor fue capaz de combinar a la perfección elementos históricos de distintos periodos con los propios de su época. Demostró también una especial habilidad para mezclar con encanto lo terrenal con lo sagrado. 
En muchas de sus creaciones el pintor incluyó, siguiendo la moda del momento, retratos de ciudadanos influyentes, miembros de la alta burguesía empezaba a reclamar visibilidad social. 
Lo hizo con tanto talento que se ganó el respeto y admiración de muchos florentinos de posibles que quisieron ser inmortalizados en sus cuadros y que le encargaron para ello numerosas obras. 

Entre ellas destaca la que ahora nos ocupa: "La adoración de los pastores" (1482-85) que fue pintada, dentro de un conjunto de paneles/retablo, para la Capilla Sassettí, de la Iglesia S. Trinita de Florencia. En ella podemos ver a los mecenas y donantes -Francesco Sassetti, un agente del Banco Medici y a su mujer Nera Corsi- situados en posición orante, a la derecha e izquierda del fresco respectivamente.




La composición, muy bella, tiene una clara influencia nórdica, especialmente de los pintores flamencos. Ghirlandaio parece querer hacer un homenaje al pintor Hugo van der Goes, imitando a sus pastores del altar de Portinari que había sido llevado a Florencia por Tommaso Portinari, amigo de Sassetti y que Ghirlandaio conocía.



Se cree que el pastor más destacado,  situado junto al buey y al asno, es un auto-retrato del artista y se coloca, en clara muestra de auto valoración, mucho más cerca del Cristo Niño que los propios donantes que se arrodillan fuera del retablo. 
Indica también al espectador y al resto de los pastores el asombroso acontecimiento de la Encarnación.


Se pueden observar en el lienzo influencias clásicas (no olvidemos la admiración que todo lo greco-romano despertaba entre los coetáneos del pintor). Claro ejemplo de ello lo son tanto el arco triunfal, por el que pasa la comitiva que se dirige al establo, como las dos columnas corintias y el sarcófago con inscripciones latinas y que está abierto como símbolo de una futura resurrection.
La mano izquierda del artista señala, en un doble guiño, tanto al Niño como a la guirnalda que hace referencia a su apodo.


Los pastores están pintados con un naturalismo extremo, destacando de forma especial la precisión y detalle de sus manos.
El gesto de José - que aparece un poco alarmado- lleva nuestra atención hacia la comitiva de los Magos que se acercan también a adorar al Nino Dios.





 Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.

lunes, 17 de mayo de 2021

La obra maestra (11): La Madonna della Rondine. Carlo Crivelli (1430-.

 Tengo debilidad por Carlo Crivelli. Sus obras, vistas en vivo y en directo, hipnotizan.

Carlo Crivelli — Google Arts & Culture

Crivelli, Carlo (1430-1495). » MCNBiografias.com

Este retablo fue pintado por Carlo Crivelli en 1491, para una capilla familiar en la iglesia franciscana de Matelica (Las Marcas, Italia). La Virgen aparece coronada como Reina de los Cielos. con el Niño Jesús en sus rodillas. Los santos de los lados reflejan las preocupaciones de los mecenas (la familia Otomí): uno es un eclesiástico, otro es un soldado. San Jerónimo era el patrón de los eruditos y teólogos, mientras que San Sebastián era el patrón de los soldados. La golondrina que da título al cuadro, símbolo de la resurrección de cristo, se posa en la parte superior del cuadro, sobre la cabeza de la Virgen.

Carlo Crivelli | La Madonna della Rondine (The Madonna of the Swallow) | NG724.1 | National Gallery, London

Desde el Renacimiento hasta nuestros días: 98. Carlo Crivelli (Venecia, 1430/1435- Ascoli Piceno, 1495). (desdeelrenacimientohastanuestrosdias.blogspot.com)

File:Carlo Crivelli - Madonna della Rondine.jpg - Wikimedia Commons





Fotos: Javier Nebot.

jueves, 30 de enero de 2020

La obra maestra (10): Lady Agnew of Lochnaw. John Singer Sargent (1892)

Galería Nacional de Escocia.
https://www.nationalgalleries.org/art-and-artists/artists/john-singer-sargent
Nadie como el pintor americano John Singer Sargent (Florencia, 1856-Londres, 1925) para retratar el estilo y la elegancia de la Alta Sociedad y, especialmente, el de algunos de sus miembros..
 Sargent cosechó innumerables éxitos y sus retratos fueron sumamente demandados.
https://historia-arte.com/artistas/john-singer-sargent
https://www.johnsingersargent.org/
https://www.nationalgalleries.org/art-and-artists/5396/lady-agnew-lochnaw-1864-1932
El retrato que nos ocupa preside una de las salas de la Galería Nacional de Escocia.
Óleo sobre lienzo. 159,50 cm x 133,30. 
El retrato, como bien indica su titulo, corresponde a Gertrude Agnew (1865-1932 ), esposa de Sir Andrew Agnew, noveno baronet de Lochnaw.
Gertrude, de soltera Vernon, era hija de Gowran Vernon y nieta de Robert Vernon, primer barón de Lyveden. Se casó con Agnew en 1889. El retrato se le encargó a Sargent en 1892 y este lo acabó en el mismo año. Tuvo un gran éxito y dotó a su propietaria de una inesperada notoriedad y popularidad.
También influyó en la carrera del pintor pues, después de haber sido expuesto en 1893 en la Royal Academy de Londres, Sargent fue aceptado como artista asociado de la Academia (en enero de 1894).
Hay rumores de que, por dificultades económicas, la familia intentó vender la obra a los fideicomisarios de la Colección Frick en 1922, pero la oferta fue rechazada, finalmente, por Helen Clay Frick.
Lady Agnew murió en Londres, en 1932.
Fotos: Javier Nebot.

jueves, 26 de diciembre de 2019

La obra maestra (9): St. Bride. John Duncan (1913)


122,30 x 114,50 cm. Témpera sobre lienzo.

Esta obra, pintada por John Duncan en 1913, de estilo simbolista, se encuentra en la Galería Nacional de Escocia.
El estilo en el que está pintada ya no era -claramente- el imperante en el momento en que se pintó.
El cubismo y el expresionismo del Blue Rider marcaban, sin duda, la tónica artística de las vanguardias pero, con todo, se trata de un lienzo lleno de cierto encanto intemporal que no ha envejecido nada mal.
Duncan nació y se educó en Dundee. Abandonó la escuela a los catorce años para trabajar de ilustrador comercial. Estudió en Amberes con Charles Verlat y en Italia con diversos maestros.
Allí quedó impresionado por las cualidades espirituales de artistas como Fra Angélico o Botticelli.
Cuando regresó a Escocia siguió trabajando como ilustrador, sin embargo pronto decidió volcarse en crear su propio arte y en dar clases. Pasó muchos años (de 1925 a 1945) en el Edinburgh College Art, primero enseñando y luego como bibliotecario.
En sus obras resultan evidentes las influencias de los prerrafaelitas, del medievalismo ornamental propio del movimiento Arts & Craft de William Morris y del Art Nouveau continental .
Su estilo ha sido tildado por algunos expertos de decorativista, pero eso no era considerado en su momento como algo peyorativo sino como el reconocimiento a una forma de hacer arte que impregnaba todo los aspectos de la vida (a diferencia del show-mercado de hoy en día).
Duncan participó en el Celtic Revival. un movimiento que intentó revivir el legendario pasado de Gran Bretaña y resucitar una nueva identidad cultural. La re-activación literaria de los mitos de las Tierras Altas Escocesas y los de los Galeses contribuyeron ha crear un ambiente inspirador adecuado.
Duncan pintó muchos cuadros enmarcados en esta tendencia, varios de ellos de clara simbología religiosa, aunque la religiosidad de Duncan no era lo que se dice convencional. En 1909 se unió a la Sociedad Teosófica de Edimburgo y se volcó en estudiar filosofía, religiones compradas y ocultismo.
https://www.nationalgalleries.org/art-and-artists/17484/saint-bride
La historia de St. Bride se encuentra a medio camino entre el mito cristiano y un cuento irlandés.
Se trata del vuelo de la Santa a través del océano desde Irlanda hasta Tierra Santa.
Saint Bride (como se le conoce en Escocia)  o Saint  Bridget  de Kildare (como se le conoce en Irlanda) vivió, según se cree, entre 451 a 525 dC. Fue una monja y abadesa irlandesa que se convirtió en una de las patronas de Irlanda y a la que se dedicaron muchas iglesias en Escocia.
Según las crónicas, hacia el 470 d.C. fundó Kildare Abbey, un monasterio doble para monjas y monjes. La abadía de Kildare se convirtió en unas de las instituciones religiosas más prestigiosas de Irlanda y algunos expertos creen que es donde se produjo esa maravilla artística que es el manuscrito iluminado conocido como libro de Kells.
https://www.hpb.co.uk/blogs/who-was-saint-bride
En la pintura que nos ocupa, las túnicas de los ángeles que la sostienen muestran escenas de la Natividad y de la vida del Señor. Duncan trata de mostrarnos una alegoría de la revelación y la iluminación, del transporte espiritual.
Describe un transporte logrado, claro, a través de la oración, no uno resultante de un esfuerzo físico.
El autor consigue reflejar con su tratamiento del color y con la composición elegida un tránsito de gran contenido simbólico y de una prodigiosa placidez y belleza.



Texto y Fotos Javier Nebot.

domingo, 16 de junio de 2019

La obra maestra (8): La batalla de San Romano de Paolo Ucello.

Ucello plasmó en este lienzo su visión de la batalla de San Romano, que tuvo lugar entre Florencia y Siena en 1432. En ella los florentinos sudaron lo suyo para resistir los duros embates del ejército  sienés pero, finalmente, consiguieron vencerlos. Ucello quiso plasmar en su pintura esta épica victoria con su personal estilo, a medio camino entre el último gótico y el renacimiento.
Utiliza la perspectiva lineal para dar profundidad a la escena, colocando las figuras del fondo proporcionalmente pequeñas para crear de esta forma la sensación de espacio y distancia.
La habilidad con que coloca las lanzas en el cuadro, tanto las que se mantienen en alto como las que están por los suelos, contribuye a dar una sensación de potente dinamismo a la acción que nos narra.
Sobresale de forma espectacular la poderosa imagen de un caballero montado en un espectacular caballo blanco y luciendo un llamativo turbante de colores rojizos. Se trata de Nicoló da Maurizi da Tolentino, un condottiero que se convirtió en un verdadero héroe después de ganar la batalla.
El panel que podemos admirar en la National Gallery de Londres es uno de los tres que Ucello pintó con el mismo tema. los otros dos se encuentran en los Ufizzi (Florencia) y en el Louvre (París).
Todos ellos fueron encargados por la familia Bartolini Salimbeni y pronto fueron objeto de deseo de poderosos como los Médici.
Temple sobre tela. 181,6 x 320 cm.

 Texto y fotos:  Javier Nebot

martes, 7 de mayo de 2019

La obra maestra (7): El bautismo de Cristo (1450). Piero della Francesca (1415/20-1492)

Piero Della Francesca (Piero de Benedetto de Franceschi), pintor del renacimiento temprano, nació en Borgo San Sepolcro, un feudo de Florencia, entre 1415 y 1420. Al igual que Ucello (del que próximamente subiré La batallada San Romano) estudió con gran pasión geometría y perspectiva (de hecho en su época fue muy respetado también como matemático y geómetra).
Su fascinación e interés por el tratamiento de la luz fue una clara anticipación del que demostraría posteriormente Leonardo: Para ambos fue esencial determinar como pintar la luz y como trasladar sus efectos a una pintura. Por lo que parece solo trabajó una vez en Florencia, como ayudante de Doménico Veneciano, sin embargo su reputación se extendió muy pronto por toda Italia siendo requerido en las cortes principescas de Ferrara, Urbino y Rímini.
Por descontado, y como no podía ser menos con unos Papas grandes amantes del arte, también acudió a Roma. Sus frescos -desgraciadamente muchos de ellos perdidos en la actualidad- influyeron determinante en artistas posteriores; con todo podemos hacernos una idea de su grandeza visitando Arezzo y sus pinturas del ciclo de la Vera Cruz, en la Iglesia de San Francisco.
Su trabajo allí es como un puente -o una bisagra, como se quiera- entre la perspectiva geométrica de Brunelleschi, la plasticidad de Masaccio y el sentido del color de Fran Angelico o Veneciano. Aunque están muy estropeados estos frescos han recibido la admiración constante de generaciones de visitantes. Durante el siglo XIX fueron muchos los artistas que fueron hasta allí a realizar copias de los mismos. Más recientemente, una película como El paciente inglés, le rendía un sincero -y romántico- homenaje al mostrarnos a una fascinada Juliette Binoche disfrutando de un privilegiado y aéreo "pase". 
Esta obra -El bautismo de Cristo- que se exhibe en la National Gallery de Londres fue adquirida en 1859 por un coleccionista privado, pero en 1861 el museo logró hacerse con ella.
 https://arte.laguia2000.com/pintura/bautismo-de-cristo-piero-della-francesca
Originalmente pintada para la capilla dedicada a San Juan Bautista en la abadía camaldulense de Borgo San Sepulcro, fue trasladada a primeros del siglo XIX a la catedral.
Podemos observar en el lugar central y dominando la composición, la figura de Cristo que recibe, de pie junto a San Juan, el bautismo de manos de éste. Las aguas de un Jordan minúsculo reflejan las colinas que hay detrás de Jesús, un paisaje sin duda toscano, aunque por delante de él los reflejos desaparecen y los que miramos el cuadro vemos el lecho del río. A la izquierda el pintor nos muestra a tres ángeles que esperan para secar y vestir a Cristo. En toda la composición el autor demuestra un claro dominio de los escorzos (en la paloma, en la concha, en los pies, en la firmeza de las figuras).
Los colores y sus tonalidades transmiten una luz fría que parece anunciar no solo una fresca mañana sino un nuevo amanecer.
Piero della Francesca murió en un fecha tan significativa -para nosotros- como el 12 de octubre de 1492.
https://www.wikiart.org/es/piero-della-francesca/el-bautismo-de-cristo-1450
https://www.arteiconografia.com/2011/07/el-bautismo-de-cristo.html
Temple al huevo sobre chopo, 167 x 116 cm.

Texto y fotos: 
(Entrada actualizada a 30-03-2021)

miércoles, 9 de mayo de 2018

La obra maestra (6): La Asunción de la Virgen. Francesco Boteccini (1475/1476)

El tránsito hacia el cielo.
El acceso de una mortal a un plano superior de perfección.
 Boteccini imagina, en la mejor tradición, como un superar círculos ese acceso al cielo.
 En el último de ellos se encuentra la divinidad, una divinidad que todos -incluidos muchos ateos- quisiéramos visualizar y disfrutar (Antigua la súplica: ¡Señor, muéstrame tu rostro!)
El cuadro, de grandes dimensiones (228,6 x 377,2 cm) y sito en la National Gallery (Londres), cautiva al espectador.
Tiene, en esa ascensión circular, concéntrica, que obliga a elevar la mirada, algo de hipnótico, más allá de las adecuadas -y necesarias- lecturas de todo tipo que puedan ayudar a contextualizar la obra.
También atrae ese sabio juego de luces entre el exterior del cielo (azules frios) y su interior (amarillo/dorado, calientes): la diferencia clara entre lo que se puede acceder solo con la mirada convencional, física, y aquello que solo se puede ver con la mirada penetrante de la fe.
El pintor nos muestra a los discípulos de Jesús rodeando la tumba de María.
También podemos observar en el cuadro, costumbre de la época, a los donantes del mismo (Matteo Palmieri, a la izquierda y su mujer, a la derecha) que, a prudente y respetuosa distancia, contemplan asombrados la escena.
En el plano superior del lienzo, y en una inusual perspectiva, podemos ver los nueve coros de ángeles que reciben a la madre del Señor. Éste levanta su mano para bendecir a su madre. 
Algunos santos intercalados -como quien no quiera la cosa- entre los ángeles menores crearon en su momento más de una polémica sobre la ortodoxia teológica tanto del pintor como del donante.
Francesco Botecini (1446-1497) fue un pintor florentino, discípulo de Neri di Bicci.
En su estilo se notan influencias de diferentes artistas, entre ellos Andrea Verrochio y Andrea del Castagno. En 1469 se independizó de su maestro y creó su propio taller, aunque siempre estuvo a la sombra de figuras tan destacadas como Sandro Botticelli (1444-1510) o Filippo Lippi (1457-1404).
Algunas de sus pinturas son de autoría cuestionada porque no gozan de una documentación suficientemente precisa como para fijar con exactitud quien las pintó, o en que taller se realizaron.
Los Tres arcángeles con Tobias se tiene como su obra maestra (se puede disfrutar de la obra en la Galería de los Uffizzi). La tabla que se encuentra en el Thyssen de Madrid, Santa Cecilia entre San Valeriano y San Tiburcio es una de las más cuestionadas, atribuyéndose también a Fillippo Lippi.



Texto y fotos: Javier Nebot
Entrada actualizada a 30-03-2021.

domingo, 28 de enero de 2018

La obra maestra (5): Sátiro lamentándose por una ninfa (Piero de Cosimo, 1462-1522)


Un lienzo lleno de encanto y de misterio del que emana, sin embargo, una gran tristeza.
Un joven sátiro mira desolado a una ninfa muerta. Incluso el perro que les acompaña los observa a ambos con ojos apesadumbrados. No sabemos exactamente que es lo que ha sucedido (y menos hoy en día, en donde las referencias mitológicas ya no suponen nada para la inmensa mayoría).
Algunos expertos remiten a la historia mitológica de Céfalo y Procris: cuenta Ovidio en La Metamorfosis que Céfalo dudó sin motivos de la fidelidad de su esposa Procris.
Se reconciliaron pero, lo que son las cosas, ella dio crédito tiempo después a ciertas habladurías sobre como Céfalo estaba engañándola y le invadieron las dudas sobre el amor de éste. 
¡Pocas cosas tan corrosivas para el amor!. 
Para aclarar el asunto y despejar incertidumbres decidió espiarle un día que éste se fue caza. Lamentablemente, Céfalo, al oír un ruido, creyó que se trataba de algún animal y lanzó con toda su fuerza la lanza que Procris le había regalado....hiriéndola de muerte. 
El sátiro, mitad macho cabrío mitad hombre, no se menciona en la obra de Ovidio pero, por lo que parece, si se refieren a él en una obra de teatro del siglo XV que trataba el mismo tema.
En cualquier caso del cuadro emana, como he mencionado al principio, una cierta melancolía, la sorpresa triste de una muerte que no debía de haberse producido.
Todos los personajes son expuestos a nuestra mirada con sumo mimo, con profunda delicadeza.
El tratamiento horizontal del tema contribuye, ciertamente, a dar peso al dramatismo, centrando la atención casi a ras de tierra. En la degradación de colores del paisaje lejano -hacia un azul pálido- se nota la admiración que De Cosimo sentía por Leonardo da Vinci: Quizás no hay exactamente un perfecto sfumato pero, sin duda, muy poco le falta.


Los detalles en el lienzo son cuidados hasta el más mínimo detalle, contribuyendo con su realismo a dotar a la escena de más tensión emocional  -si cabe-. No parece sin embargo que el pintor pretenda solo ilustrar un cuento o leyenda  sino que, más bien, desea que sintamos el dolor de los protagonistas como si fuese real, aunque -claro- sin forzar excesivamente la sentimentalidad (¡ya llegará el manierismo y sus excesos!): todo está en calculado en perfecto equilibrio.


Piero di Cosimo, hijo de un orfebre, fue discípulo distinguido del pintor Cosimo Rosselli, y de él adoptó su nombre.
Vasari, en sus conocidas Vidas habla de Piero como si hubiese sido un excéntrico, poseído por un profundo amor por la naturaleza. Gran parte de ese amor se destila, sin duda, en la manera en como pinta en este cuadro a animales y plantas (También lo muestra en otro lienzo suyo -Batalla entre centauros y lapitas-al que dedicaré próximamente un post en este misma sección).
El cuadro se encuentra en la National Gallery de Londres.

Óleo sobre chopo. 65 x 184 cm.


Texto y fotos:  Javier Nebot
(Entrada actualizada a 30-03-2021).

viernes, 1 de diciembre de 2017

La obra maestra (4): Una musa (¿Calíope?). Cósimo Tura (1430-1495). The National Gallery.

Cósimo Tura fue el primer pintor importante de Ferrara. 
Allí trabajó como artista de cámara para Borso d´Este y su sucesor, Ercole, desde 1458 hasta 1486.
Se conservan de él muy pocas obras aunque la National Gallery tiene la suerte de contar con cuatro de ellas entre las que destaca, desde mi punto de vista, la que muestro hoy en esta sección.

Una musa que procede, casi con toda seguridad según los expertos, de una colección de tablas que representaban a las nueve musas (hijas de Zeus y Mnemósine) que eran consideradas por los antiguos griegos y romanos como las protectoras de las artes.
Dichas tablas se encargaron para adornar las paredes del studiolo (habitación pequeña en la que solía retirarse el príncipe a leer, escuchar poesía o música o a admirar objetos hermosos) de Lionello d´Este en Villa Belfiore, cerca de Ferrara.


Lo que algunos coetáneos le achacaron en su momento como un posible "fallo" del pintor (efectos demasiado fantasiosos y  un colorido brillante y chillón) es hoy, más bien, motivo de admiración porque, aparte de una innegable originalidad, da a sus obras un toque moderno que, al menos en la obra que nos ocupa, puede inspirar a muchos amantes del cómic y del diseño gráfico lo que no es demérito sino un signo de su capacidad para "envejecer" bien.


El análisis que de esta obra hace la guía del museo insiste en que  "esta tabla quizá  representó originalmente a Euterpe, musa de la música, pues los rayos X han revelado una versión más temprana debajo de la imagen actual, no necesariamente de Tura, con una mujer sentada en un trono construido a base de tubos de órgano. Tal como Tura la acabó, la figura sujeta una rama de cerezas, lo que podría identificarla con Calíope, "la de la bella voz", primera de las musas y patrona de la elocuencia y la poesía épica que, según Hesíodo, poeta de la Grecia antigua, "atendía a los príncipes devotos"......sin embargo, el enigma del significado de la figura es sólo parte de su fascinación".
Aunque siempre debe interpretase una obra dentro del contexto socio-cultural en el que fue creada y atendiendo a los significados -muchas veces difíciles y ocultos para el espectador actual- que pretendía su autor, no cabe duda que la figura que nos mira con cierta melancólica altivez desde ese apabullante trono sigue teniendo ante nuestros ojos modernos algo de divino o, al menos, de regio. Hay potencia no exenta de gracia una característica que la eleva sobre el resto de los mortales.
La conjunción de colores y la elevada técnica al óleo de Tura -que probablemente la aprendió del mismísimo Van der Weyden- hacen de este cuadro una parada obligada cuando uno visita la National Gallery.
Texto y fotos:  Javier Nebot
(Entrada actualizada a 30-03-2021).

martes, 19 de septiembre de 2017

La obra maestra (3): María Magdalena; Giovanni Girolamo Savoldo (entre 1535 y 1540)


Óleo sobre lienzo (89x82cm) expuesto en The National Gallery.

Una mujer mira al espectador.
En su mirada se observa cierta paz o, al menos, una carencia de inquietud.
Su cuerpo se repliega sobre sí mismo en una posición poco habitual en los retratos de su época y que parece indicar un recogimiento, un deseo de intimidad y calma.
Viste una capa plateada que, junto con el fuerte azul del cielo, transmite al conjunto calma, sosiego.
No se trata de un cuadro muy conocido, pero no cabe ninguna duda de que posee magia.
Para algunos expertos esta magia reside en el contraste entre la figura desmesuradamente grande
-abarca casi todo el espacio del lienzo- de contornos muy marcados, y la sutileza de la luz que se refleja en ella con detalle, aunque parece evidente que también se encuentra en ese no sé qué, que capta muy bien el pintor y que puede consistir en compartir una mirada que sabemos -o queremos creer- ha visto algo que todos  hubiéramos deseado ver.
El lienzo de Savoldo nos narra un episodio del Evangelio de San Juan (20,1), cuando María Magdalena llegó al sepulcro donde habían enterrado el cuerpo de Jesús de Nazareth y se encontró con que alguien o algo había movido la piedra que tapaba la entrada a la tumba.

"El tarro del "muy precioso ungüento" que la identifica aparece en el antepecho de la tumba, detrás de ella. Pero el sepulcro de Cristo se ha trasladado de Tierra Santa a Venecia, que se ve al otro lado de la laguna y quizás nos encontremos en la melancólica isla cementerio de San Michele"
........
"La mirada directa y misteriosa, el crujido de la tela cerca de nosotros, traen ecos que van más allá del de San Juan.......La Magdalena lloró a los pies de la cruz y ungió el cuerpo de Cristo antes de enterrarlo. Es a ella a quien se aparece milagrosamente por primera vez, disfrazado de jardinero y la que acabará sus días en el desierto, con sus cabellos largos sueltos como único vestido, y en ayuno perpetuo" (de la Guía del museo).
Aquí, María Magdalena, la gran penitente, claro ejemplo de amor humano, pero también de profunda reconciliación con lo divino, aparece en un amanecer que parece alejar oscuridades pasadas e iluminar nuevos caminos.
Fotos y texto:  Javier Nebot
(Entrada actualizada a 30-03-2021).