viernes, 25 de agosto de 2017

Objetos de ayer (18): Estatuillas criselefantinas.

Las estatuillas criselefantinas tienen un pasado algo oscuro a pesar de la belleza que irradian ya que surgieron a finales del siglo XIX como resultado de un exceso de acumulación de marfil por parte del recién formado imperio colonial belga (un imperio todavía más obsceno que otros si cabe).  
Bélgica, gracias al expolio del Congo de su propiedad -o de la del rey Leopoldo, que para el caso tanto monta- inundó Europa con gran cantidad de minerales, maderas y marfil. 
Los dos primeros tenían una rápida colocación en los diferentes mercados al efecto, pero como la utilización del marfil era bastante más compleja y limitada, resultaba difícil evitar la acumulación excesiva de este material en los almacenes con la lógica depreciación de su valor.
Por ello el gobierno belga decidió hacer todo lo posible para fomentar su uso y en 1894 el ministro belga para el Congo, Van Estvelde, puso a disposición de varios artistas grandes cantidades de marfil para que trabajaran con él y demostrasen públicamente todas sus posibilidades. De este forma se consiguió recuperar una técnica muy antigua (ya en la Grecia clásica se hacían esculturas con marfil) que doy lugar a obras realmente hermosas y bastante populares (algunas archi-imitadas por los amigos de la clonación industrial)
En 1896 se expuso en la Royal Academy de Londres el San Jorge y el dragón (imagen superior) de Alfred Gilbert y al año siguiente, en 1897, aparecieron las primeras estatuas criselefantinas en una sección de la exposición de Bruselas.
Pronto quedo constancia de las grandes posibilidades creativas que ofrecía el utilizar el marfil junto con otros materiales como el bronce, las maderas nobles y las piedras duras y ello animó a  un gran número de artistas y artesanos de aquellos años a utilizarlo en sus obras, impulsados además por el éxito que estaban experimentando las artes decorativas en ese momento gracias a las corrientes artísticas que, como el simbolismo, el art Nouveau o el art Decó, reclamaban la belleza no solo en las grandes obras sino también en las pequeñas y no para la excepcionalidad del museo sino también en el ámbito cotidiano. Las estatuillas criselefanticas se convirtieron de esta manera en todo un símbolo de elegancia y belleza y fueron sumamente demandadas por los amantes del arte y los coleccionistas de artesanías de alta calidad.
Desde el principio en estas figuras abundaron los cuerpos femeninos (bailarinas, amazonas, contorsionistas, "cleopatras", malabaristas....) ya que estos aumentaban las posibilidades expresivas con posiciones airosas, llenas de gracia y encanto, que seducían a un público que ya estaba encandilado y predispuesto de por si debido al impacto social de personajes como Isadora Duncan, que renovó la danza con nuevos aires (su fama hizo que fue representada en varias ocasiones en este tipo de esculturas.)
Uno de los autores más destacados de este tipo de obras fue Demetre Chiparus (1886-1947), un escultor rumano que desarrolló la mayor parte de su carrera en Francia, país que en 1914 le otorgó una mención de honor en el Salón Français por sus estatuillas.












Otros artistas que alcanzaron fama  y reconocimientos con sus criselefantinas fueron Charles Sarabezolles (Francia, 1888-1971), Marcel Bouraine (Francia, 1886-1948) y el ya mencionado Alfred Gilbert.  Con todo, son  muchas las estatuillas que se conservan en la actualidad que no llevan firma que las identifique y aclare su sutoria sin lugar a dudas porque muchos artistas ejecutaban varias copias de una misma estatuilla al encargarse ellos solo de modelar las partes de marfil mientras que las partes de bronce se fundían industrialmente en pequeñas series.












Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto:  Javier Nebot

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