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domingo, 13 de agosto de 2017

Opinión personal (66): Veneratores lapidum (sobre lo "políticamente correcto)"

Cuenta J.A. Marina en uno de sus libros (1) que en los concilios de Toledo (681 y 682 d.C.) se anatemizó a los "veneratores lapidum" o adoradores de piedras posiblemente sin demasiado éxito.
Coincido con él en lo del poco éxito porque, aunque estamos en los cansinos tiempos de la liquidez y de la posverdad -no hay día que no nos lo recuerden en un medio u otro-, los adoradores de piedras viven años de éxito en su versión moderna aunque, eso sí, vistiendo otros ropajes (sin que eso elimine, para bien o para mal, a los que adoran literalmente a piedras, que haberlos, los hay).

Supongo que la inmarchitable necesidad humana de experimentar seguridades inclina la balanza,  peligrosamente, hacia los fundamentalismos (religiosos e ideológicos) y hacia los populismos (políticos y económicos) y, por lo tanto, las posverdades se vuelven -en un puro contrasentido- igual de pétreas y sólidas que las verdades de viejo cuño -¡que tanto criticaban los posmodernos!-, aunque la jerga al uso sigue gustando a muchos.

Se adoran o veneran piedras (ideas rígidas, poco o nada porosas a criticas o a especulaciones que las cuestionen) porque pensar -por lo visto- cansa y nos encontramos con que en espacios sociales importantes (la política, los medios de comunicación y la universidad por poner solo tres ejemplos clave), en los que deberían reinar las ganas de cuestionar, profundizar y mejorar la realidad con un imprescindible espíritu crítico, se adoptan defensas inusuales, pétreas, atrincherándose contra cualquier atisbo de pensamiento divergente, no vaya a ser que una idea dispar haga tambalear el castillo ideológico pergeñado por algunos.
Esto sucede de forma crónica y preocupante con lo que se ha venido a llamar lo "políticamente correcto", un conglomerado ideológico bastante movedizo y variopinto, ciertamente repleto de buenas intenciones, aunque muchas de ellas aprisionadas en sí mismas por el lastre de la ideología militante.

 Se trata de un movimiento avalado por los trovadores de cierto progresismo (2) que se rebela cada vez más como una fuente de verdadera castración mental, pero que -¡a pesar de ello!- cuenta con poderosos e innumerables colaboracionistas (3),
 además de con entregados conversos/adoradores que siempre muestran su alegre disposición a lapidar al discrepante o al que quiera matizar algunos aspectos del dogma imperante (en eso se homologan en triste pie de igualdad con muchos terribles "ismos" del pasado tanto reciente como lejano).

Hay que reconocer que los disidentes no han gustado nunca, no lo vamos a negar.
Los paradigmas dominantes tienden a fagotizar a todo el que se pone por delante, sin importarle un bledo el teórico derecho a la diferencia que tantas veces ellos mismos reclaman sin rubor -como gancho verbal-.....pero para conseguir en realidad todo lo contrario.
¡Las mayorías (o las minorías disfrazadas de mayorías) siempre han buscado demonizar a los críticos, para luego ejercer de apisonadoras! (4)

Personalmente(5) no soy nada partidario de la dialéctica de la confrontación permanente que tanto parece primar hoy en todo, siguiendo sin cuestionar la estela pre-marcada por diverssos radicales.
Si en un determinado momento histórico no cabe duda de que fue válida para cierta movilización social o para una determinada interpretación histórica de diversos problemas, creo que hoy -una vez cumplido su papel- rechina negativamente más que otra cosa.

Entiendo - creo que todos lo entendemos- que las polaridades pueden facilitar muchas veces el discurso analítico (el conmigo o contra mí es muy, muy viejo) pero, si en vez de considerarlas como una herramienta más para mejorar, las sacralizamos como verdades incontestables lo cosa cambia  -y mucho- para mal.
Sin embargo, son muchos -demasiados- los que desde sectores ideológicos/políticos clave se agarran con fruición  a esa esquematización de la realidad y la usan en provecho propio (por lo visto la realidad, resumida siempre en escuetos eslóganes o esqueléticos titulares, parece que es más manejable y estorba menos, ya que en el fondo se desprecia su complejidad).
De ahí surge, deduzco, la penosa criminalización de las fobias, últimamente tan en boga: cualquier pensamiento que se salga del establecido es tildado inmediatamente de fóbico (6) .
¡Anatema!
Que cuatro gritan y berrean contra determinado tipo de turismo: es peligroso, anti-económico (ofende al dios/dinero) y radical: turismofobia, pues; que algunos no comparten la visibilidad religiosa del Islam o de las acciones violentas de algunos de sus declarados seguidores:  todos islamofóbicos antisociales (ahora bien, caguesé usted bien cagado, siempre que quiera y pueda, en el catolicismo que eso le dará fama en muchos foros de progre y de guay); que uno cuestiona los abusos y los fraudes de la ideología de género: pues agárrese bien los cinturones a donde Dios le inspire porque le pondrán a caldo y se convertirá en portador peligroso de todo tipo de fobias, misoginias y demás lindezas despreciativas que se les ocurra, independientemente de las argumentaciones que -¡usted, no ellos!- presente en cada caso.
Si, bastante penoso.

Hace bien Fernando Sánchez Dragó en su columna del jueves en El Mundo en publicar su opinión "antes de que la autoridad competente declare delictivas todas las fobias. De momento que yo sepa, sólo lo son las concernientes a los musulmanes, a las mujeres, al feminismo, a los extranjeros, a las razas de color distinto a la nuestra, a los feligreses de cualquier religión no islámica, por satánica que sea, y a la homosexualidad o transexualidad en sus infinitas variantes".

Los que se suponían abanderados de la libertad -de expresión, pero también vital- optaron hace ya tiempo por prohibir.

Reconozco que la dificultad de una didáctica ciudadana y su lentitud de aplicación fáctica es algo a tener en cuenta, pero eso no puede llevar a los dirigentes políticos a penalizar todo hasta el punto que ya no sabremos si queda algún resquicio de libertad para algo.
¡Tal eventualidad deprime por lo oscurantista e inmóvil!.
Me parece la culminación de un paradigma de fracaso en el que no se promueve un verdadero cambio de valores (estos no surgen a base de repetir cansinamente consignas) sino un amenazante "no te muevas que te proceso".
Como bien señala el mencionado Sánchez Dragó "las fobias, las tirrias, las ojerizas, y las alergias psicológicas son inherentes a la condición humana. La tipificación de los delitos de odio es algo que carece de precedentes en la historia universal de la jurisprudencia, aunque no en la de la estrategia de los totalitarismos. Cuesta trabajo admitir que un régimen ilustrado, como en teoría (sólo en teoría) lo es el de la democracia, recurra a la cachiporra de la policía y al martillo de los jueces para meter las narices en el ámbito de las opiniones y los sentimientos. Los jacobinos, los bolcheviques, los fascistas, los nazis, la Iglesia con mayúscula (y otras iglesias), los maoístas, los castristas, los chavistas, los de Pol Pot y los del Corea del Norte han hecho cosas así".
Tiene razón.

Legislar sobre pensamientos, sentimientos, filias y fobias es inmiscuirse en un terreno sutil y complejo de consecuencias impredecibles a medio y a largo plazo. Además es posible que ante la necesidad de soterrar lo que uno piense o sienta por miedo a las posibles consecuencias sociales o jurídicas, muchos opten por poner cara de emoticón -sonrisa falsa como un sol-, aplaudan también con furor emoticonil cualquier sandez de digan los "políticamente correctos" y sus secuaces, hasta que tarde o temprano estalle -que siempre estalla como bien demostró hace ya un siglo Freud- lo reprimido.
Didáctica equivocada, pedagogía desastrosa.

Mientras tanto, victimas de esas actitudes de adoradores de piedras, muchas, tantas al menos como las que en teoría pretenden proteger los abanderados de lo políticamente correcto, y con niveles semejantes de damnificación.
Si no que se lo digan a James Damore (uno de los miles de posibles ejemplos de a donde puede llevar la ineslasticidad ideológica) que fue despedido de Google por discrepar de la política de discriminación positiva de su empresa, de forma interna.
 En un informe se atrevió a cuestionar las directrices sobre el liderazgo femenino en las áreas tecnológicas:  "discriminar para aumentar la representación de las mujeres en la tecnología es tan erróneo y sesgado como pretender que aumente la representación de las mujeres entre los sintecho (mayoritariamente hombres), las muertes violentas (también lastimosamente masculinas en porcentaje abrumador), las cárceles o el abandono escolar". 

Arcadi Espada en su columna "Goolag" indica con incisiva prosa como "el razonamiento del ingeniero es común en la psicología evolutiva (aunque haya sectores que rechazan las evidencias científicas. el inciso, como los anteriores y posteriores, son míos). Hombres y mujeres se interesan por trabajos distintos y a niveles de implicación distintos (como bien demuestran las estadísticas según publica El País, 29-07-17, en su articulo "Los adolescentes conservan roles de género de generaciones pasadas"). Las diferencias están en la naturaleza y no en la cultura y tratar de suprimirlas mediante la discriminación es inmoral e ineficaz: perjudica a los hombres que harían mejor ese trabajo y supone un derroche de recursos. Como demuestran las estadísticas en los países nórdicos, a medida que aumenta la capacidad de elección de las mujeres las brechas laborables se ensanchan".

Supongo -siendo todo discutible- que queda todavía mucho por descubrir en el ámbito humano y que introducir cambios en roles, pautas sociales o maduraciones colectivas implica, necesariamente ensayos de prueba y error continuos. Mientras tanto Mr. Damore a la calle, claro.
Porque su informe fue tildado de "machista" de inmediato (sacrilegio de estos tiempos pétreos -lo de la liquidez de Bauman va por otros derroteros: ha debido solidificarse por el impacto inesperado de las ideologías dominantes hoy-), independientemente de los datos y argumentaciones que aportó.

Pero -como señala Espada- "adjetivar de "machista" el documento y hacerle decir que subraya la inferioridad femenina (!!) supone un devastador ejemplo de mala fe (como tantos otros que se ven en diferentes ámbitos y que se alimentan de victimismos organizados). Y se añade a las pruebas que demuestran que una parte de la reivindicación feminista está basada en el oscurantismo y en el despreciable poder de la mentira, los mismos materiales que redujeron a las mujeres a una nota al pie".

Personalmente hace tiempo que decidí que mis principios de actuación (morales) se basarían en la persona (en eso sigo a Singer, Marina  y otros tantos filósofos), independientemente de su sexo, raza o condición sexual. Semejante planteamiento me parece infinitamente más abarcador y consecuente con la realidad humana que la permanente y forzada confrontación de sexos, razas o tendencias sexuales. Si se puede incluir en vez de deglutir, mejor. Si se pueden evitar pulsos aburridos -y falsos- y caminar juntos al menos en aquellos valores que nos unen, mejor que mejor.
Claro que a la ideología no suele gustarle la persona, a la que ve como amenaza para su éxito, un elemento de difícil control o manipulación.

¿Que al final no es posible? Pues habrá que aprender a fingir (una pena, de nuevo).
  La autenticidad parece que va de capa caída desde que los publicistas demostraron sin dejar lugar a dudas -y sedujeron así a tirios y troyanos- que cualquier idiotez  puede ser bien acogida se si machaca el mensaje adecuadamente. ¿Tendremos que hacer como en Farenheit 451 y disimular la disidencia?
Veremos -con fingido placer- esos estimulantes programas televisivos que tanto ayudan a crear buena conciencia colectiva y que nos ofrecen informaciones con derroches de profundidad analítica y sagacidad ideológica. Escucharemos impertérritos los berridos, perdón consignas/pensamientos, de tertulianos, telediarios, y demás medios firmes seguidores y corifeos del régimen actual.
En el fondo de nuestro pensamiento -oculto para no ofender las sensibilidades alérgicas de cualquiera que se ponga por delante de uno- procuraremos no enmohecer por asfixia y estaremos en alerta por si podemos disfrutar de cualquier atisbo de inteligencia crítica (aunque sin demostrarlo no vaya a ser que al final ilegalicen el pensar).
Para eso el placer solitario de la lectura no tiene precio.....aunque guarde bien a salvo según que libros que al paso que vamos no tardarán en llamar a la puerta para quemárselos o tenga previsto para alguna situación incómoda lo de "Eppur si muove", que inquisidores haberlos, hay los.

Notas: 
(1): José A. Marina, "Tratado de Filosofía Zoom", Ariel, 2016.
(2): No solo "progres" de salón o de calle sino, también, por una buena parte de "conservadores" que se suman sin rubores a aquello de obtener réditos políticos de lo que sea y que están dispuestos a sonreír a todo lo que les convenga con tal de "subir" en las encuestas y tener una imagen popular de "buenistas".
(3): Muchos autodenominados colectivos, minorías con complejos (Harold Bloom se refiere a ellos como "el club de los resentidos"), pero con exigentes pretensiones de mayorías de "rodillo".  
También se puede incluir aquí a cierto público general  (¿masas?) que prefiere que piensen por él a tener que pensar por si mismo. 
Las "ovejas" que también menciona Marina  en el libro antes referido y en donde efectúa una interesante comparación entre "cabras" y "ovejas".
Las primeras ejemplificarían un pensamiento saltarin y arriesgado, fuera de corrientes premarcadas, mientras que las segundas serian las que se sienten cómodas en el modelo del seguidismo tontuno del grupo mayoritario por temor a la divergencia o al rechazo.
(4): Leyendo los libros de Philip Blom "Gente peligrosa" y "Enciclopedie" (ambos en Anagrama) se llega a la conclusión que los cambios de paradigma ideológico son siempre convulsivos y sumamente complejos y que una vez puestos en marcha el victimario puede ser importante. ¡Y eso solo revisando una época breve de la historia europea!
(5): Comparto la opinión de Leonardo de Jandra, expuesta en  "Filosofía para desencantados", Atalanta, 2014 y de otros intelectuales más dados a buscar puntos de encuentro realistas que a que querer forzar la realidad bajo premisas ideológicos excesivamente pretenciosas y poco dadas a la auto-crítica.
También llega a conclusiones similares Juan José Sebreli en su disección de la posmodernidad. "El asedio a la modernidad. Crítica del relativismo cultural", Debate, 2013.
Y desde luego no son los únicos con opiniones críticas con los abusos ideológicos y las manipulaciones llevadas a cabo en nombre de la posverdad (que en ocasiones es dificil de distinguir de la burda mentira interesada).
(6): Una raíz equivocada en ocasiones porque no es el miedo lo que predomina siempre: a veces es el odio - raíz miso-, la alergia, el asco o el simple rechazo que son emociones que se dan sin que uno pueda controlarlas. Su exteriorización sí que se puede -y debe- controlar.
Aun así a los que tanto les gusta criminalizar parece que se olvidan de la misandria o de la androfobia que anda libre cual jilguero en boca de muchas y muchos e incluso muchas y muchos la exacerban peligrosamente sin ton ni son.


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Texto:  Javier Nebot

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