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miércoles, 18 de febrero de 2015

Opinión personal (22): De sensibilidades almibaradas y voluntades light (3º de 3)

-                                      3. De voluntades, posibilidades e idealismos.
Decía Tolstoi, en su célebre frase, que todas las familias felices se parecen mientras que las infelices lo son cada una a su manera. No sé si una generalización así podría aplicarse al mundo de las ong y del voluntariado, en cuanto organizaciones "felices",  porque aquí casi todas pretenden diferenciarse y acotar una determinada parcela de "terreno” propio en el que actuar y en donde aplicar sus particulares modos y estilo, amén de encontrar, precisamente en la diferencia, una razón que dé sentido a su existencia pero, al final, todas tienen un sistema y unos procedimientos similares de actuación que las “uniformizan” volviéndose bastantes más parecidas de lo que muchas veces quisieran ser.
Seguramente solo de esa forma es posible su actuación porque los avances que se han ido produciendo en los procedimientos de intervención social -que sin duda han sido muchos en los últimos cien años- han alcanzado un alto grado de reconocimiento y efectividad a la hora de resolver adecuadamente los problemas a los que se enfrentan. Ese mismo éxito de gestión  ha propiciado, que los protocolos con los que se mueven y actúan la mayoría de las instituciones sean, realmente, muy similares, muy estándares.
¿Es eso realmente un problema?
Posiblemente, no, aunque, desde mi punto de vista, es un motivo para plantearse la verdadera necesidad de tantísimas organizaciones.
Un acercamiento a la normativa vigente nos permite observar que la ley marca, estricta y convenientemente, unas pautas concretas sobre el modo de moverse y gestionar una asociación que quiera recibir el estatus de ONG, si, además, los procedimientos de concienciación, divulgación, captación de fondos, de voluntarios etc., son –como hemos visto someramente en mi ejemplo del detergente- muy similares…
¿no podría optarse por una reducción de entidades que garantizase una mejor utilización de medios y recursos?
¿No sería más efectiva, puestos a maximizar resultados, una distribución general de las mismas que, por ejemplo, actuase por grandes sectores o bloques: salud/enfermedad, discapacidades varias, altruismos religiosos, ecologismos militantes, discriminaciones sociales etc., en vez de dividirse en particularismos muy específicos?

Quiero decir con esto que llama mucho la atención el observar como hay una abundancia asombrosa de entidades/organizaciones cuando muchas de ellas podrían aunar esfuerzos y rentabilizar recursos. Y es igualmente curioso que ese afán sea una característica fundamentalmente occidental  (desconozco el tema en profundidad pero así, a bote pronto, no me viene a la memoria, por ejemplo, prácticamente ninguna ong o similar de origen asiático, o africano, o –si nos ceñimos a culturas- islámicas, cuando sin embargo podría citar más de veinte españolas o europeas. Claro que en prácticamente todos los países hay instituciones, dentro del marco que exige el compromiso con la aplicación institucional de los Derechos Humanos, pero ¿ongs?).
Soy de la opinión de que en los casos de organizaciones que actúan en ámbitos internacionales habría que meditar, quizás, bastante más sobre cómo deben actuar y sobre los efectos que pueden producir en los colectivos o sociedades en las que desarrollan su labor porque, como bien señalan algunas voces críticas, está por ver que siempre se sea tan respetuoso con otras maneras de entender la realidad como teóricamente se pretende y se publicita.

Reconozco que no soy un especialista en el tema y por lo tanto me parecería frívolo lanzar opiniones dogmáticas sobre algo tan delicado, sin embargo sí me parece obvia la necesidad de formularse preguntas y encontrar algunas respuestas, más allá de cantar las excelencias de los comportamientos de altruismo voluntario o de ilusiones por querer ayudar a otros.
 Difícil encontrar acuerdo en temas que tocan muchas fibras y, la mayoría de ellas, altamente sensibles.
De hecho, ¿no sucede en este sentido cómo con las palabras que hemos visto en el apartado anterior? Me parece que de la imposibilidad de aunar sensibilidades y criterios acudimos a la plasmación de la sutil diferencia en forma de mil organismos e instituciones aunque sea en contra de la efectividad resolutiva. ¡Hay - y eso si es muy occidental- un deseo de ser diferente incluso en la forma de querer ayudar o de prestar un servicio!.
Después de muchas lecturas y mucha reflexión (previa y posterior) sobre el asunto, no tengo muy claro, realmente, aparte de lo ya mencionado en la primera parte de estos artículos, cuál es el motor fundamental de tanto movimiento y eso que no dudo de que, dentro y detrás de la mayoría de esas asociaciones, hay gente realmente implicada y deseosa de hacer algo por ayudar a los demás. No, no me cabe duda de la autenticidad de los gestos de todas esas personas que quieren implicarse, de una manera u otra, con labores altruistas.
Es, probablemente, una prevención ante otros hechos que se dan vinculados a la estrategia de mercantilización que acaban impregnando muchos de estos movimientos u organizaciones.

Lo mismo que no dudo de la sinceridad y del idealismo en el que se mueven las personas que he visto comprometidas con diferentes organizaciones –gubernamentales o no- si dudo de que sea necesario un montaje de tal tamaño y de que tenga que ser a golpe de ong o de institución “social” la manera en se obtengan según qué beneficios sociales, más todavía si tenemos en cuenta que en la mayoría de los estados occidentales vivimos –cierto que más teóricamente que otra cosa- en sistemas garantistas de derechos y con una clara tendencia a querer alcanzar altas cotas de desarrollo y bienestar.
Y cuando nos referimos a otro tipo de ayudas, volcadas a países que están en vías de desarrollo o claramente en el tercer mundo, no tengo claro que lo ofrecido por determinadas ong no acabe interfiriendo, más que ayudando en su desarrollo (¿en dónde quedan y para que se han hecho si no, muchos de los compromisos interestatales existentes para ayudar el desarrollo? ¿En dónde está la eficacia y labor de la infinidad de organismos que dependen de las diferentes organizaciones surgidas de la ONU? ¿Tanto se rechaza la posible intervención estatal aunque sea sólo para ayudar?).
 Lo dicho: ante según qué realidades y ante según que planteamientos me surgen más dudas y preguntas que certezas por mucho que el buenismo imperante haga agradablemente positiva cualquier intervención.

No cabe duda de que si hiciésemos un  recorrido histórico de como el ser humano ha progresado tendríamos una clara constatación de cómo, aunando voluntades, se descubrieron como posibles caminos nuevos: De la supervivencia de la manada de homínidos a los gremios hubo un salto gigantesco que tardó miles de años en producirse. De los gremios –profesionales- al estado del bienestar, quinientos años de luchas –cientos de guerras, dos de ellas mundiales- y muchísimos esfuerzos de concienciación hasta reconocer unos derechos inalienables a todo ser humano (un pro-ceso titánico, lleno de idealismo, como bien narran José Antonio Marina y Mª de la Válgoma en su apasionante libro La lucha por la dignidad ). No cabe duda de que la conciencia clara de derechos y el afán, muy humano, de querer ayudar y vivir en sociedades mejores, propicio el surgimiento de instituciones de todo tipo cargadas de idealismo y deseosas de ofrecer alternativas a la macro-visión estatal.
Es un fenómeno que creo que es básicamente positivo……pero pendiente de reconversión y, seguramente, de reformulación si no se quiere que el mismo acabe convertido en una especie de franquicias del samaritanismo (culpable) de nuevo cuño.

Algunas conclusiones.
Aunque al principio de estos artículos hablaba de la inconveniencia de una crítica cuando ésta se refiere a algo generalmente valorado y estimado, creo que he justificado mi posicionamiento ambivalente ante las organizaciones que recurren al voluntariado para realizar la labor que tengan a bien. He dejado constancia, tanto en los tres apartados del artículo como en las breves notas, del porqué de mis dudas, así como el malestar que me produce el hecho de que acaben predominando formas de actuación que se conviertan –aunque no lo pretendan- en curas paliativas de problemas que requerían, en la mayoría de los casos, compromisos mayores y actuaciones más comprometidas cuando no más radicales.
Creo que la concienciación solidaria pasa primero por la concienciación socio-política.
Entiendo -¡cómo no voy a entenderlo!- que la ilusión y las ganas de cambiar las cosas, así como el afán genuino de ayudar a otros que lo necesitan, pueden encontrar muchas y variadas vías de actuación pero me preocupa que, con la extraordinaria capacidad de fagotización que tiene la sociedad hiper-consumidora en la que vivimos, muchas de esas buenas voluntades y de sus posibles acciones se limiten simplemente a maquillar problemas más graves o a dar alivios exclusivamente momentáneos.
Probablemente los problemas son tantos y tan diversos que sea necesario multiplicar los recursos y las posibilidades de actuación además de buscar formas de ampliar conciencias y sensibilidades sobre muchísimos temas, pero corremos el riesgo de, por tanto publicitar desgracias y necesidades, embotar más que de concienciar. El prójimo lo tenemos al lado y los problemas –de todo tipo- también; educar en su visibilidad, educar en valores, promover acciones de mejora, de integración, se vuelve, pues, un requisito previo e indispensable para actuar en nuestra sociedad como verdaderos individuos y no como marionetas anestesiadas. Después de eso, si a uno le mueve la protección del medio ambiente o la ayuda a cualquier otra cuestión será más un asunto de responsabilidad y de carisma personal que otra cosa.
Es necesario ese paso previo porque ayuda a evitar manipulaciones y porque de esa manera, más que al arbitrio de lo que nos indiquen informativos y campañas de publicidad –sean de quien sean-, estaremos en condiciones de actuar y decidir por nosotros mismos.
Desde luego, ni todo el mundo debe actuar de la misma manera, ni todos tienen porque sentir del mismo modo. A dios gracias, en la variedad y en la diferencia surgen posibilidades que, de otro modo, serian insospechables. Lejos de uniformizaciones –aunque todo parece indicar que vamos camino de una globalización imparable en todos los sentidos-, la diversidad de planteamientos y enfoques que permiten los movimientos privados en forma de organizaciones no gubernamentales que se apoyan en el voluntariado, parece todavía conveniente y deseable, siempre y cuando no sea una simple muestra del pavoneo individualista de algunos, arropado bajo el manto de las buenas intenciones (cuando no de inspiraciones más o menos divinas).

En definitiva: hablar de voluntariado y del futuro del mismo (así como de otras fórmulas de justicia social), es hablar de temas complejos.
A pesar de todos los intentos de homologación y reduccionismo a los que se enfrenta, debidos principalmente a la clara competencia con la labor de bienestar social propia –y exigible- del Estado, reconozco que son movimientos/instituciones que siguen desarrollando actividades por el momento insustituibles (al menos algunos de ellos), pero que –como pasa con todos otros movimientos que triunfan- puede morir de puro exceso sobre todo si no es capaz de renovarse acorde a las exigencias de hoy en día (que cada vez son más y a muy diferentes niveles) y si no evita los intentos de "progresar" a golpe de sensibilizaciones almibaradas y sobredosis de comercializaciones que pueden funcionar puntualmente pero que acaban cansando hasta a las conciencias más sensibles  y predispuestas a ejercer la solidaridad.

Javier Nebot

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