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sábado, 28 de mayo de 2016

Pequeño Tour por Italia (1): Milán.

Se puede entrar en Italia, evidentemente, por múltiples lugares. 
En tren, a la vieja usanza -desde Barcelona-, es una buena opción.
Seguramente una ciudad grande no es lo que uno tiene en mente dentro de su particular imaginario italiano (si exceptuamos Roma claro), pero Milán bien merece una visita aunque solo sea por disfrutar de su Duomo y de los lienzos que se exponen en la Pinacoteca de Brera
La estación central de Milán (punto de partida para iniciar el "descenso" a Florencia y otras urbes de la Toscana) es monumental, 
Una monumentalidad con ciertos aires clásico-fascistas, pero monumental al fin y al cabo. Proporciones clásicas y aires de grandeza.  
Quizás su estética sea un poco cómic, en plan "va a salir Batman por alguna esquina" (¡creo que ya a nadie se le ocurre pensar en Mussolini y sus neuras, a dios gracias!), sin embargo no cabe duda de que esta estación llama la atención y hasta consigue que uno se sienta pelín cohibido.
Tristemente-todo hay que decirlo- hay muchos africanos intentado sobrevivir como pueden alrededor de ella (será por el cobijo que tradicionalmente han ofrecido de manera involuntaria muchas estaciones de trenes).
Aprovechando que llovía pude comprarle un par de paraguas -de usar y tirar- a uno de ellos pero, de alguna manera, su presencia y su precaria actividad de venta no deja de ser  un extraño recordatorio y un símbolo triste de cómo los nuevos pobres tienen mucho que ver con las emigraciones en masa que estamos viendo en los últimos años.

Comparada con otras grandes ciudades italianas, Milán tiene fama de  ser "feucha". 
Es posible, si la comparación se realiza entre la belleza barroca de Venecia o la renacentista de Florencia, que Milán pierda, pero -sin duda- es una ciudad (al menos en la parte "turística") en la que predomina lo señorial y lo elegante.

Monumento a Leonardo da Vinci.
Los iconos  por todos conocidos de Milán son de imprescindible visita: el Duomo, la vecina galería Vittorio Emanuele II y -para los que hayan sido previsores, que no es el caso- los frescos de la Última cena de Leonardo da Vinci. En su defecto, y más para los que amamos la pintura, la Pinacoteca de Brera será siempre una parada obligada
La Galería Vittorio EmanueleII destaca por ese aire decimonóníco que le da encanto y por poseer unas dimensiones respetables que le otorgan cierta grandiosidad arquitectónica. 
Fueron inauguradas por el rey que le da nombre en 1867, en los inicios de la era consumista en la que nos movemos, existimos y somos.
Templo en el pasado de una manera nueva de entender el comercio y la clientela, las galerías se han convertido hoy en día en un destino obligado para los turistas que quieren llevarse objetos de algunas de las marcas más codiciadas -turismo asiático sobre todo-, aunque en las galerías conviven fraternalmente desde un McDonalds a un Gucci y desde Massimo Dutti a Mercedes Benz.




El Duomo.
El Duomo es un edificio gótico que impresiona.
Yo he tenido la fortuna de visitarlo en tres ocasiones y siempre he encontrado algo que me parece nuevo o que me asombra.
Monumentales sus dimensiones, increíble la cantidad de toneladas de mármol que se han utilizado dentro y fuera del edificio, asombrosa las infinidad de esculturas que adornan todas las fachadas y que cada una es en sí misma una obra de arte..
Cruzar sus puertas es introducirse en unos espacios inusualmente amplios.
Me ha llamado la atención que, incluso en mayo, el número de visitantes resulte abrumador (cola
 de casi cuarenta minutos para comprar la entrada,) pero ir a Milán y no visitar semejante monumento sería un pecado (salvo que uno tenga la fortuna de viajar con frecuencia a esta ciudad y pueda dejarlo para la ocasión más propicia)..



(no me negaran que esta escultura es la inspiración clara y manifiesta de los creadores de los humanos en la película de Ridley Scott Prometheus)


En esta ocasión no me he privado de subir a su tejado. 
(Entrada cara: 15e, Catedral + ascensor al tejado y 11e si prefiere subir usted por las escaleras)
Siempre me había parecido algo de turistada pero, venciendo resistencias y pudores, no puedo dejar de reconocer que las vistas y las posibilidades fotográficas que se brindan por el hecho de pasearse entre arbotantes y pináculos bien merecen olvidarse de prejuicios y lanzarse a disfrutar de una experiencia sumamente atractiva y que, sin duda, recordaré mucho tiempo.






El edificio de la Pinacoteca de Brera tiene ese aire renacentista que tanto abunda en muchas edificaciones italianas aunque fue abierta al público en 1809, aprovechando un edificio más antiguo (un antiguo convento de la orden de los Humillados), en el que comparte espacio con otras instituciones culturales como la Biblioteca Nacional Braidense, el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico o la Academia de bellas Artes. 
El culo -idealizadamente romano- de Napoleón Bonaparte es lo primero que uno ve al entrar en el patio del edifico pero éste guarda, en lógica justicia  que por algo es un buen museo, otros muchos encantos.


Los jóvenes estudiantes de Bellas Artes dan vida al entorno y -curiosamente- no me pareció que el Museo estuviese invadido de turistas como si suele ser común en otros espacios similares europeos.
Se trata de un museo de tamaño medio, tirando a pequeño por lo que no debe dar miedo introducirse en él y pasar un par de horas observando con detalle sus obras.
Horario: Martes a Domingo de 8,30 a 19,15.
La taquilla cierra a las 18,40. 
Cerrado todos los lunes.
Via Brera, 28. 20121 Milán.
"La Pinacoteca de Brera, abierta al público desde 1809, está ubicada en el edificio del mismo nombre donde también tienen su sede otras instituciones culturales, como la biblioteca Nacional Braidense, el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, el Instituto Lombardo de Ciencias y Letras y la Academia de Bellas Artes. El edificio surgió sobre un antiguo convento del siglo XIV de la orden de los Humillados, pero luego quedó en manos de los Jesuitas que fundaron allí una escuela. La estructura del edificio empezó a tomar su forma actual a principios del siglo XVII, por obra de de Francesco María Richini, y luego fue completada por Giuseppe Piermarini en el siglo siguiente. La mayoría de las colecciones están constituidas por pinturas procedentes de de iglesias y conventos suprimidos, sobre todo en época napoleónica, que fueron continuamente incrementadas gracias a intercambios, donaciones y adquisiciones. La Pinacoteca, que en las últimas décadas ha adquirido dos importantes colecciones de Milán, está considerada como uno de los más importantes museos estatales italianos"
El beso de Hayez.

Paisaje Veneciano de Canaletto.
Pala Montefeltro de Piero della Francesca.

Los esponsales de la Virgen, Perugino.
Desposorio de la Virgen de Rafael.
El Cristo muerto de Mantegna, en "cuidados intensivos" dentro de la cámara de restauración del museo,
La variedad de obras y de nombres importantes que encontramos en el Museo es notoria:
Podemos disfrutar las pinturas de Andrea di Bartolo, Gentile de Fabriano, Cpsmé Tura, Signorelli, Bellini, Carpaccio, Tiziano, Veronese, Tintoretto, Boccioni, Modigliani  y un largo etc,
Carlo Crivelli
Carlo Crivelli.
Carlo Crivelli.



Estatuilla cicládica.
Sala 1: Frescas lombardos de los siglos XV y XVI. Bramante, Luini.
Sala 1A: Oratorio de Mocchirolo, siglo XIV.
Sala 2,3,4: Pinturas italianas del siglo XIII al XV. Giovanni da Milano, Andrea di Bartolo, Gentile da Fabriano, Stefano da Verona.
Sala 5, 6: Pinturas vénetas del siglo XIV al XVI. Bellini, Carpaccio, Mantegna, Vivarini.
Sala 7: Pinturas italianas del siglo XV. Bellini, Mantegna.
Sala 8: Pinturas vénetas del siglo XV. Giovanni y Gentile Bellini, Vivarini, Cima da Conegliano, Montagna.
Sala 9: Pinturas vénetas del siglo XVI. Tiziano, Veronesse, Tintoretto.
Sala 10: Colección Jesi: Pinturas del siglo XX. Boccioni, Carrá, De Pisis, Modigliani, Marino Marini, Medardo Rosso, Morandi.
Sala 11: Legado Vitali. Arte egipcio, cicládico, románico, etc.
Sala 12, 13: Capilla de San José y pinturas de Santa maría della Pace. Luini, Marco d´Oggiono.
Sala 14: Pinturas vénetas del siglo XVI. Bonifacio Veronese, Savoldo, Moroni, Lotto, Bordon.
Sala 15: Pinturas y frescos lombardos del siglo XV y XVI. Foppa, Bramantino, Marco d´Oggiono, Gaudenzio Ferrari.
Sala 18: Pinturas lombardas del siglo XVI. I Campi, Altobello Melone, Lomazzo.
Sala 19: Pinturas sacras y retratos lombardos del siglo XV y XVI. Bergognone, Cesare da Sesto,  Luini, Solario.
Sala 20: Pinturas ferraresas y emilianas del siglo XV. Costa, Cosmé Tura, Francesco del Cossa.
Sala 21: Polípticos de las Marcas del siglo XVI. Giovanni Angelo d´Antonio, L´Alunno, Carlo Crevelli, Signorelli.
Sala 22, 23: Pinturas ferraresas y emilianas del siglo XV y XVI. Ercolo de Roberti, Garofalo, Dosso Dossi, Ortolano, Correggio.
Sala 24: Pinturas del área de Urbino del siglo XV. Piero della Francesca, Raphaél, Bramante.
Sala 27: Pinturas en Italia central del siglo XV y XVI. Genga, Bronzino, Viti.
Sala 28: Pinturas en Italia central del siglo XVII. Carracci, Reni, Guercino, Barocci
Sala 29: Caravaggio y caravagescos. Caravaggio, Gentileschgi, Battistello.
Sala 30: Pintura lombarda del siglo XVII. Cerano, Morazzone, Cairo.
Sala 31: Pinturas flamencas e italianas del siglo XVII. Rubens, Van Dyck, Jordaens, Pietro da Cortona, Strozzi.
Sala 32, 33: Pinturas flamencas y holandesas del siglo XV y XVII. Jan de Beer, Rembrandt, Bruegel.
Sala 34: Pintura sacra del siglo XVIII. Tiépolo, Subleyras, Batoni, Crespi.
Sala 35: Vistas y pinturas venecianas del siglo XVIII. Piazzetta, Canaletto, Longui, Bellotto.
Sala 36: Retratos italianos y pinturas de género del siglo XVIII. Crespi, Ceruti, Fra Galgario.
Sala 37: Pinturas italianas del XIX. A''iani, Hayez, Fattori, Pelizza da Volpedo.
En definitiva: un museo que merece la pena no perdérselo. 
Después de visitarlo, si quiere pasearse por el triangulo del consumo de lujo hágalo, pero después. Alimente primero el alma y ya vera a posteriori si quiere centrifugar el bolsillo cuando pegue la nariz a los escaparates y vea los precios astronómicos de las tiendas de moda y diseño. Archifamosas marcas de ropa que tienen hasta sus propias cafeterías de lujo para que descansen en ellas, entre compra y compra, aquellos clientes y aquellas clientas -porque aquí la sofisticación y el lujo no entienden de géneros- que estén dispuestos a soltar los miles de euros que cuestan algunas de las bagatelas que ofrecen.
(El cuadrilátero de Oro está formado por las calles Sant Andrea, Della Spiga, Montenapoleone y Via Manzoni).
Fotos y texto:  Javier Nebot

4 comentarios:

  1. Algún día alguien reconocerá tu talento..... Lo que queda demostrado es que tus postales son de primera. Un trabajo profundo e interesante...muy atractivo para ver y como muestra de lo que puede ser un viaje bajo el prisma de un amante del arte y la belleza......

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    1. Gracias Manu! sabes que siempre valoro tu opinión porque tus juicios en muchos asuntos me parecen certeros y atinados. Sin duda el reconocimiento que implica, de alguna manera, el ver como las visitas se mantienen y hacen del blog algo "vivo" me animan a continuar mejorando en lo posible. Palabras y ánimos como los tuyos, también
      .

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  2. Hacía tiempo que no me acercaba por tu blog y confieso que me has impresionado. La variedad, la cantidad y la calidad de tus aportaciones lo están convirtiendo en una referencia a seguir muy interesante. Enhorabuena.

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    1. Gracias Nacho! Fue nuestro común conocido Eduardo Aguilar quien me descubrió lo del blog y desde entonces me ha volcado en hacerlo lo mejor que puedo. palabras como las tuyas siempre animan!
      Por cierto: tus acuarelas magníficas!

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