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martes, 17 de enero de 2017

Pequeño Tour por Italia (30): Asís.

Fuimos a Asis desde Perugia un soleado día de junio (aunque las nubes no dejaban de acechar).
El autobús hasta allí resulta barato (4,20 euros) y tarda poco más de una hora porque va parando en distintos sitios, incluido un pequeño aeropuerto local. Existe también la posibilidad, para aquellos que como nosotros no viajen en coche, de ir en tren; tarda menos pero te deja a casi cinco kilómetros del pueblo lo que te obliga a esperar un autobús urbano o a coger un taxi

El pueblo de Asís está sumamente cuidado y resulta de muy agradable visita siendo, sin duda, una cita obligada para todo aquel que recorre Umbría.
Fue fundado por los romanos junto a un territorio habitado por los etruscos, recibiendo una fuerte influencia de éstos. Con el nombre de Asisium se convirtió en un municipio romano de cierta importancia. Por lo que que cuentan las crónicas, Asís conoció el cristianismo a principios del siglo III de la mano de San Rufino que fue su primer obispo.
Como en muchas poblaciones de la zona, la caída del Imperio supuso mil y un avatares y algunos bastante destructivos. Fue arrasado  por Tótila (545), ocupado por lo Bizantinos y después por los Longobardos. Durante muchos años fue pertenencía del Ducado de Espoleto. Durante los siglos XI y XII Asis adquirió cierto impulso pero no pudo evitar verse inmerso en las luchas contra Perugia.
Aquí nacieron San Francisco (1182) y Santa Clara (1194).
Por esos años Asís experimentó el dominio imperial y papal, también la soberanía de Perugia, de los Visconti, de los Montefeltro, de los Fortebraccio......en cualquier caso Asís vivió entre el 500 y hasta el 1860 (salvo el breve paréntesis napoleónico) bajo el dominio del Estado Pontificio.
Nada más llegar allí el flujo de visitantes le guía a uno sin problemas hasta la basílica de San Francisco -bien restaurada después del desastroso terremoto de hace unos cuantos años, hacia finales de los noventa- aunque una vez dentro es difícil no sentir cierto agobio al compartir unos espacios no demasiados grandes con cientos de personas que quieren ver lo mismo que uno.
En la basílica -realmente dos, una encima de otra-, está enterrado San Francisco y este es -sin dudarlo- el motivo principal para acercarse allí de la mayoría de los visitantes: honrar la tumba del santo. 
El complejo arquitectónico se empezó a construir poco después de la muerte de Francisco, en 1228 y a lo largo de las décadas siguientes sus paredes fueron decoradas por los principales pintores de la época, entre los que podemos citar a Cimabue, a Simone Martini, a Pietro Lorenzetti y, por descontado, a Giotto.
Sus impresionantes frescos (28 paneles) nos muestran escenas de la vida de San Francisco. 
Lógicamente intenté tomar algunas fotos en aquellas zonas -¡realmente muy pocas!- en las que no se prohibía utilizar la cámara, pero las condiciones de luz no me permitieron obtener el resultado deseado.
En cualquier caso puedo atestiguar que las pinturas siguen manteniendo esa magia particular que les imprimió su creador y que, a pesar de lo deterioradas que están algunas, el verlas emociona.
Monumento a San Francisco.




La fachada y el rosetón de la basílica son buenos ejemplos del incipiente gótico italiano.
Por el pórtico que muestra la foto se entre la iglesia alta (o se sale, si la visita comienza en la parte inferior).
Iglesia de Santa María construida sobre un templo a Minerva perfectamente conservado y situado en lo que fue el foro romano.



La vía San Francisco se prolonga en la  vía porticada que desemboca en el antiguo foro romano.
La basílica de Santa Clara, de estilo gótico italiano, fue construida entre 1257 y 1265. Dentro custodia el Crucifijo que en San Damián habló a San Francisco. En la cripta de esta iglesia se conserva el cuerpo de la santa.




Arriba, dominando la colina,  se encuentra la Rocca Maggiore, antigua ciudadela del feudalismo alemán, reconstruida por el cardenal Albornoz en 1367 y luego ampliada por los papas Pío II y Pablo III.
La catedral de San Rufino luce una hermosa fachada románica (1140) con tres rosetones y varias esculturas simbólicas. En su interior -que fue renovado en el siglo XVI- se encuentra la pila en donde recibieron el bautismo San Francisco y Santa Clara. En el museo y archivo de la Catedral se exhiben frescos de maestros de la escuela de Giotto y varios relicarios y misales miniados.



Texto y fotos: Javier Nebot

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