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sábado, 17 de febrero de 2018

Micro-desahogos (3): ¡Viva Lynch!

A algunas feministas (talibánicamente radicales) les gustaría -al igual que a los nazis y a los estalinistas- no solo quemar libros sino jugar a Dios reescribiendo la historia y, a ser posible, toda la realidad, a la luz (oscura) de sus pretensiones. Si parece obvio que la evolución del ser humano se dirige -con mucho esfuerzo, pero con cierto sentido- hacia una anábasis intelectual y moral, no parece tan claro que la dialéctica de la confrontación permanente que esgrimen algunos consiga algo más que crispar y sobre-dimensionar teóricas perversidades (desde su punto de vista y con todo lo que de ambiguo y cuestionable puede tener ese concepto).
 No tengo nada en contra de tener -siempre que que sea posible- una mirada crítica sobre la realidad (de hecho es algo que me parece exigible y necesario para intentar mejorarla); tampoco  tengo nada en contra -¡solo faltaría!- de todo aquello que contribuya a la sana perfectibilidad de los individuos y de los pueblos según los criterios más globalmente aceptados, pero si encuentro algo realmente peligroso en ese afán fundamentalista de atribuirse la única visión de la "verdad " y de creerse, por lo tanto, justificados y justificadas en la mesiánica tarea de eliminar -como sea- a todo aquel que discrepe de sus planteamientos o a todo aquello que demuestre la endeblez  de los mismos.
Hay demasiados síntomas como para no preocuparse por ello y las lapidaciones sociales que se están produciendo en según que sectores son una clara señal al respecto.
 Las (y los, que haberlos haylos) inquisitoriales de nuevo cuño muestran unos ardientes deseos de linchamiento y venganza en vez de realizar los necesarios esfuerzos para encontrar soluciones a las injusticias  flagrantes (injusticias que exigen cuando se dan, sin duda, reparación).
Por el bombo y platillo que nos llega por todas partes, quizás sea en el mundo del espectáculo (dado hasta no hace mucho a un tipo de vida más bien laxo y "bohemio", alejado de las rigideces de la moralidad pequeño-burguesa) en donde más se ha cebado -por ahora- la caza de brujas del neo-puritanismo feminista (similar en muchos más aspectos de los que quisieran al que ya sufrieron por otros motivos con el paranoico de MacCarthy). 
Resulta evidente para cualquier persona sensata -y no hay que ser ni feminista ni progre ni artista para ello- que si se ha producido un abuso delictivo debe denunciarse ipso facto y exigirse la aplicación estricta y sin contemplaciones de la ley (y se hay que aumentar las penas se aumentan).
Resulta -creo- también evidente que denunciar sin pruebas fehacientes o acusar y sentenciar sin un juicio justo (objetivo y con pruebas) es una aplicación clara de la ley de Lynch: me tomo la justicia por la mano, aprovecho el río revuelto para quitarme de encima a todo aquel que no piense como yo y de paso aprovecho hacer "campaña" ideológica gratis.
Tristemente, estamos viendo mucho linchamiento, más o menos light, pero linchamiento a fin de cuentas, en unos colaboracionistas medios de comunicación que aprovechan al máximo el revuelo para su propio interés, demostrando estar mucho más pendientes de obtener público y audiencias (y rentabilidades económicas) que de ser honestos y neutrales informantes.
Se menciona mucho, cierto, la palabra "presunto" por aquello de ceñirse a la ley, pero se muestran sin embages las cosas de una manera tan tendenciosa que implica en demasiadas ocasiones juzgar sin jueces al "presunto" y ponerle -más o menos metafóricamente- la soga al cuello y, por descontado, sin que el susodicho (aquí si que no hay paridad) pueda siquiera rechistar o apelar a la mesura.
La presunción de inocencia muta miserablemente en la imperiosa necesidad de demostrar la no culpabilidad.
¡Y se aplaude semejante barbaridad en nombre de no sé qué ideologías que con la careta de progresistas resultan ser tan reaccionarias como el fascismo más asfixiante!
La arbitrariedad es -no lo duden- lo contrario de la justicia, una meta, pues, muy poco deseable; con el resentimiento, el odio y el deseo de venganza (energías poderosas) poco o nada sano se puede construir (y siempre acechará -además- la sombra amenazante del revanchismo, como bien ha demostrado en muchas ocasiones la historia); volverse misándrica no eliminará la misoginia sino que, más probablemente la aumentará (simple física: acción/reacción); la inteligencia no surgirá por mutación espontánea desde la estupidez o desde la ramplonería de un slogan (¡ojalá!)..
Hay que buscar los cambios necesarios en otros parámetros.
Construir a pesar de las diferencias, pero con ganas sinceras de encontrar puntos de encuentro sólidos y equilibrados.
Es necesaria una conciliación que, partiendo del valor igual de todas las personas, construya un mundo mucho más integrado y justo.
Hay demasiadas personas que, por desgracia, "pasan" del tema porque no "les toca", otras porque consideran que las aguas revueltas ya volverán más tarde o más temprano a su cauce habitual y que todo se reduce al "calentón" de "unos pocos y pocas". De hecho, se marea tanto la perdiz y se bombardea tanto a diestro y siniestro con clichés y consignas que dan ganas de no decir ni mú ni para bien ni para mal.
Sin embargo, no podemos olvidar lo que bien constató Goebbels (y otros muchos antes y después de él): si una mentira se repite y repite acabará siendo una verdad.
http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/01/26/5a6a1b87e2704e63788b45f8.html
'Hylas y las ninfas' de John William Waterhouse.
Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.

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