En Rávena, por descontado, aparte de San Apolinar Nuevo, hay muchas más cosas que ver. En esta entrada me referiré el Mausoleo de Gala Placidia y en la siguiente a San Vital.
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El traslado de la corte imperial de Milán a Rávena, a comienzos del siglo V, transformó por completo la ciudad. De pronto, una urbe más bien provinciana tuvo que adaptarse a su nueva condición de capital del Imperio romano de Occidente.
Fue necesario, obviamente, levantar palacios, construir edificios administrativos
y, sobre todo, crear numerosos espacios sacros, entre ellos el palacio imperial y su
capilla palaciega, Santa Croce.
Probablemente se alzó entre los años 425 y
430 d. C., cuando Gala Placidia regresó a Rávena tras su estancia en Bizancio.
Todo indica que se encontraba dentro del antiguo barrio imperial, integrado en
el complejo de Santa Croce.
El edificio, de dimensiones muy reducidas, sorprende desde el primer momento.
Su exterior es severo, casi austero: ladrillo romano, líneas simples, ningún alarde decorativo. Nada hace presagiar lo que espera dentro. Y sin embargo, al cruzar la puerta, el contraste es total.
La bóveda de cañón es uno de los grandes logros del edificio.
De un asombroso azul profundo, casi nocturno, sirve de fondo a decoraciones
circulares doradas y a delicadas corolas blancas que recuerdan margaritas. El
efecto resulta bastante hipnótico: más que un techo, parece un cielo simbólico, una promesa
de eternidad y, sin duda, tuvo que causar una gran sensación entre sus coetáneos.
Sobre la puerta de entrada se encuentra una de las
imágenes más célebres del mausoleo: el Buen Pastor. Cristo aparece joven,
imberbe, sereno, vestido con túnica dorada y manto purpúreo, portando una gran
cruz. Sentado entre rocas, rodeado por seis ovejas, se integra en un paisaje
tranquilo, lleno de plantas y flores. El mensaje es claro y directo: solo a
través de Cristo se alcanza la paz eterna.
No faltan tampoco las referencias a San Lorenzo, representado con su parrilla, símbolo de su martirio, ni los grandes signos del cristianismo primitivo: los símbolos de los evangelistas —el león, el toro, el águila y el hombre—, palomas bebiendo, cruces doradas suspendidas en el cielo del mosaico.


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