viernes, 13 de febrero de 2026

Personalidades (011): Carla Serena, pseudónimo de Caroline Hartog Morgensthein (1820-1884).

 

Carla Serena (1820-1884), una viajera intrépida.

No cabe duda que el siglo XIX fue un siglo, en muchos aspectos, realmente sorprendente, asombroso…pero, visto desde la perspectiva que tenemos hoy, tenemos que reconocer que las mujeres que no querían ceñirse a los roles –estrechos- que imperaban por aquel entonces lo tenían muy difícil para vivir rompiendo moldes y haciendo lo que realmente deseaban (tampoco es que hoy sea muy fácil –sigue habiendo muchas más limitaciones que las de género- pero bueno, hay que reconocer que han cambiado extraordinariamente las cosas en ese sentido).

Durante gran parte del siglo XIX, cuando una mujer viajaba sola en Europa (no te cuento ya en otras países o continentes) se consideraba que lo hacia por pura extravagancia, por un severo error de entendimiento o, directamente, por un afán de escándalo.

A Carla Serena, por lo que narran las crónicas, no le importó lo más mínimo “equivocarse” ni tampoco le importó gran cosa el "escándalo" de sus decisiones. Escritora, viajera y observadora incansable, se puso el mundo por montera y, ni corta ni perezosa, recorrió regiones del Cáucaso, el Próximo Oriente y los Balcanes en un momento en que esos territorios eran políticamente inestables, culturalmente muy complejos y, sobre todo, considerados impropios para una mujer occidental sin tutela masculina (aunque hay que reconocer que en esos viajes -que no eran precisamente del IMSERSO- riesgos había hasta para los mozos más aguerridos).


Fue una viajera motivada por pura curiosidad personal e intelectual, quiso ver lo que le interesaba con sus propios ojos para contarlo después con precisión e ironía; no buscaba exotismo por el exotismo en sí, ni tampoco pretendía evangelizar ni civilizar (como si lo hicieron otras mujeres movidas por un afán sincero y misioneríl de cristianizar).

Carla Serena nació hacia 1820 (no se sabe con absoluta precisión). Probablemente en Bélgica, aunque su identidad nacional no ha estado nunca muy clara. Fue educada en un entorno cosmopolita y aprendió varios idiomas (francés, italiano, alemán). Nunca quiso definirse a sí misma mediante una patria fija. Esa indefinición (que no sé cómo se plasmaría a la hora de documentarse entre fronteras en sus viajes) le permitió moverse con mayor libertad por Europa, un continente siempre obsesionado con las fronteras y las pertenencias.

Desde joven mostró una independencia poco común. Se casó con Leone Serena, un hombre políticamente comprometido, marcado por el exilio y la inestabilidad propia de los revolucionarios italianos de mediados del siglo XIX. Ese matrimonio explica varios rasgos clave de su vida posterior: su itinerancia temprana por distintos países europeos, su exposición directa a ambientes políticos, conspirativos y transnacionales y su familiaridad con redes de exiliados, minorías y zonas “calientes” del mapa europeo.

Su biografía, en cualquier caso, no gira en torno a esposos, hijos o amantes. Tampoco alrededor de salones, herencias o cosas por el estilo. Lo hace sobre todo y fundamentalmente por rutas, cuadernos y publicaciones, por muy largos periplos. 

De hecho en sus diarios y escritos no hay prácticamente referencias a su vida familiar o conyugal y eso que empezó a viajar en serio cuando ya había superado los cincuenta años.

Carla Serena comenzó a publicar (libros pero también en revistas) relativamente tarde, pero cuando lo hizo, ya llevaba años de experiencia acumulada. 

Sus viajes más importantes se desarrollaron entre las décadas de 1870 y 1880, y se centraron en regiones que incluso muchos viajeros varones evitaban por su complejidad política o cultural: el Cáucaso, Armenia, Georgia, Persia, Turquía europea y Asia Menor.

Viajaba casi siempre sola o con guías locales, negociando paso a paso su seguridad, su alojamiento y su movilidad. En ocasiones se vestía con ropas locales; en otras, explotaba deliberadamente su condición de extranjera excéntrica para desarmar resistencias. Era consciente de que su género podía ser un obstáculo, pero también una ventaja inesperada: en muchas sociedades tradicionales, una mujer viajera era vista como menos amenazante que un hombre occidental.

La increíble Carla Serena: pionera viajera en solitario en Georgia, 1875-1881 - Georgia hoy en la web

Llama mucho la atención que la dama en su práctica viajera rehuyese sistemáticamente y siempre que le fue posible la figura del protector europeo. No buscaba cónsules, ni escoltas diplomáticas, ni mediadores coloniales. Tampoco unirse a expediciones organizadas. Prefería tratar directamente con campesinos, comerciantes, mujeres locales y autoridades menores. Esa elección explica tanto la riqueza de sus observaciones como los peligros que asumió.

Los libros de Carla Serena no son diarios íntimos ni tratados académicos. 

Son textos híbridos: crónicas de viaje con una clara conciencia política. Con mirada analítica observa sistemas de gobierno, tensiones étnicas, desigualdades sociales y relaciones de género con una lucidez que incomodó a muchos lectores europeos.

Uno de sus libros más conocidos, Lettres d’Orient, ofrece un retrato del Oriente otomano alejado del orientalismo complaciente. Procura no idealizar ni demonizar, solo describir. Y al hacerlo desmonta tópicos y clichés. Se interesa especialmente por la vida de las mujeres en sociedades musulmanas y cristianas orientales, comparando sus grados de autonomía real, no teórica.

Carla Serena fue una de las primeras viajeras occidentales en criticar abiertamente la hipocresía moral europea respecto al trato de las mujeres, señalando que muchas de las supuestas “opresiones orientales” tenían equivalentes funcionales en Europa, aunque se disfrazaran de decoro burgués.


Su viaje al Cáucaso fue, probablemente, el más arriesgado y el más significativo. 
En una región marcada por la expansión del Imperio ruso, las resistencias locales y una compleja red de identidades, Serena se movió con una inteligencia casi diplomática. Sus observaciones sobre Georgia y Armenia no se limitan a lo pintoresco: analizan la instrumentalización imperial, la fragilidad de las culturas minoritarias y la tensión entre modernización y tradición.

Este enfoque hizo que algunos contemporáneos sospecharan de ella. No faltaron insinuaciones de que actuaba como informante política, una acusación habitual contra viajeros demasiado atentos y demasiado independientes. No hay pruebas de espionaje, pero sí hay indicios de que sus textos eran leídos con mucha atención por círculos diplomáticos. Su capacidad para captar equilibrios de poder la hacía valiosa… y peligrosa.

Carla Serena no encajó fácilmente en ninguna categoría. 

Para los círculos conservadores, era una mujer imprudente, casi indecorosa. Para ciertos sectores progresistas, resultaba incómoda por su falta de alineamiento ideológico claro (¡la gran mania de querer encasillar para controlar y manipular!). 

No defendía causas abstractas; defendía realidades concretas.

Otro rasgo de su carácter que llama la atención es su humor seco. En medio de descripciones de caminos intransitables, alojamientos miserables o conversaciones tensas con autoridades locales, introduce comentarios irónicos sobre la incompetencia masculina, la burocracia absurda o las pretensiones civilizatorias occidentales. No se presenta como heroína; se presenta como alguien que observa con escepticismo.

Carla Serena murió en 1884

Sus últimos años fueron relativamente discretos, y tras su muerte su nombre se fue apagando. No fundó escuela, no dejó manifiestos, no fue recuperada por grandes relatos nacionales. 

Su obra quedó dispersa, citada ocasionalmente por historiadores del viaje, raramente integrada en el canon.


Ese eclipse tiene una explicación clara: Serena no ofrecía un relato cómodo. No confirmaba la superioridad europea, no encajaba en la épica colonial, no se ajustaba al modelo de “mujer excepcional” domesticable. Era, en el fondo, demasiado lúcida.

Hoy, su figura reaparece como lo que realmente fue: una testigo incómoda de un mundo en transformación, una viajera que entendió el viaje no como consumo de paisajes, sino como confrontación con estructuras de poder. Su escritura anticipa miradas posteriores: el reportaje internacional, la antropología crítica, el periodismo de observación prolongada.

No viajó para demostrar que una mujer podía hacerlo. Viajó porque podía, y porque quería entender. Y al hacerlo, dejó una obra que sigue desafiando lecturas fáciles.

Carla Serena no pidió permiso a nadie, ni necesito un coro de aplaudidoras para cruzar fronteras físicas ni mentales. Simplemente las atravesó, cuaderno en mano, con la convicción de que mirar bien sin intermediarios. Y aunque solo fuese por eso ya seria una figura digna de entrar en la historia.

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Microsoft Word - Daniele Artoni Carla Serena (1824-84) a solo western european woman traveler and her multifaceted easts.docx

Carla Serena sola en el Cáucaso | Editions du Palais









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