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martes, 19 de septiembre de 2017

La obra maestra (3): María Magdalena; Giovanni Girolamo Savoldo (entre 1535 y 1540)


Óleo sobre lienzo (89x82cm) expuesto en The National Gallery.
Una mujer mira al espectador.
En su mirada se observa cierta paz o, al menos, una carencia de inquietud.
Su cuerpo se repliega sobre sí mismo en una posición poco habitual en los retratos de su época y que parece indicar un recogimiento, un deseo de intimidad y calma.
Viste una capa plateada que, junto con el fuerte azul del cielo, transmite al conjunto calma, sosiego.
No se trata de un cuadro muy conocido, pero no cabe ninguna duda de que posee magia.
Para algunos expertos esta magia reside en el contraste entre la figura desmesuradamente grande
-abarca casi todo el espacio del lienzo- de contornos muy marcados, y la sutileza de la luz que se refleja en ella con detalle, aunque parece evidente que también se encuentra en ese no sé qué, que capta muy bien el pintor y que puede consistir en compartir una mirada que sabemos -o queremos creer- ha visto algo que todos  hubiéramos deseado ver.
El lienzo de Savoldo nos narra un episodio del Evangelio de San Juan (20,1), cuando María Magdalena llegó al sepulcro donde habían enterrado el cuerpo de Jesús de Nazareth y se encontró con que alguien o algo había movido la piedra que tapaba la entrada a la tumba.

"El tarro del "muy precioso ungüento" que la identifica aparece en el antepecho de la tumba, detrás de ella. Pero el sepulcro de Cristo se ha trasladado de Tierra Santa a Venecia, que se ve al otro lado de la laguna y quizás nos encontremos en la melancólica isla cementerio de San Michele"
........
"La mirada directa y misteriosa, el crujido de la tela cerca de nosotros, traen ecos que van más allá del de San Juan.......La Magdalena lloró a los pies de la cruz y ungió el cuerpo de Cristo antes de enterrarlo. Es a ella a quien se aparece milagrosamente por primera vez, disfrazado de jardinero y la que acabará sus días en el desierto, con sus cabellos largos sueltos como único vestido, y en ayuno perpetuo" (de la guía del museo).
Aquí, María Magdalena, la gran penitente, claro ejemplo de amor humano, pero también de profunda reconciliación con lo divino, aparece en un amanecer que parece alejar oscuridades pasadas e iluminar nuevos caminos.
Fotos y texto:  Javier Nebot

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