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jueves, 21 de septiembre de 2017

Momentos de cine (89): La gata sobre el tejado de zinc (1958).


"Cat on a hot tin roof" (USA, 1958).
 Dirigida por Richard Brooks, esta gata fue la quinta de las adaptaciones cinematográficas de obras del dramaturgo Tennessee Williams (autor siempre dado a temas emocionalmente sobrecargados, pero capaz de escribir algunas obras memorables).
El guión fue escrito por James Poe y Richard Brooks, adaptando la obra teatral con talento a la pantalla y omitiendo con astucia -eso si, obligaciones de la época- las referencias explícitas a las preferencias sexuales del protagonista (encarnado por un seductor Paul Newman).
La gata en cuestión, deseosa de gozar de su gato y más que frustrada por la falta de respuesta de éste, fue interpretada por una bellísima Elizabeth Taylor (a la que hace un tiempo dedique una entrada en este mismo bloghttps://ociointeligenteparavivirmejor.blogspot.com.es/2015/10/ladies-and-gentlemen-9-elizabeth-taylor.html)
Les acompañaron excelentes secundarios: Burl Ives, Jack Carson, Judith Anderson, Madeleine Sherwood y Larry Gates,
La fotografía estuvo a cargo de William Daniels (Metrocolor) y de los decorados se responsabilizaron Henry Grace y Robert Priestley.

Vestuario: Helen Rose.
Duración: 108 minutos.
Estreno en USA: septiembre de 1958.

El argumento es bastante conocido: El patriarca de los Pollit, Big Daddy (Burl Ibes) va a cumplir los 65 años y toda su familia se reúne en su mansión para festejarlo.
Como suele ser habitual en las reuniones cinematográficas, en el curso de la celebración estallan todas las tensiones y rencores acumulados en las tres parejas que forman la familia. Todo, además, bien aderezado y emulsionado con la amenaza de la posible muerte del patriarca por un cáncer y la subsiguiente posibilidad de heredar un buen pellizco.
Brick Pollit (Paul Newman) se ha roto una pierna al intentar rememorar sus éxitos deportivos de juventud. Tumbado en el dormitorio, dándole a la botella para aliviar molestias y olvidar añoranzas, escucha con disimulada hostilidad las invectivas de su esposa, Maggie (Elizabeth Taylor) que está bastante hasta el moño de la indiferencia de su esposo (éste se niega a dormir con ella porque la responsabiliza del suicidio de su amigo del alma de los tiempos universitarios, Skipper). y harta de como la humilla su cuñada por su teórica esterilidad.

 
De hecho, Maggie, en el fondo, está desesperada no solo porque ama a su marido y este está del todo ausente y resabiado contra ella, sino porque necesita sea como sea concebir hijos para competir -de cara a la herencia- con sus cuñados Gooper y Mae que, aunque son un verdadero antídoto para la lujuria, conciben hijos como si fuesen conejos y ya tienen toda una prole de  pequeños "monstruos sin cuello", como los llama ella.
A partir de ahí, un sinfín de diálogos, discusiones, recriminaciones y confesiones constituirán un cocktail sumamente explosivo al que la tormenta, el calor del verano y las ganas de agitarlo por parte de todos los protagonistas acabarán haciendo estallar.


T. Williams fue cortejado desde muy pronto por Hollywood.
Se han llevado a la pantalla por lo menos quince adaptaciones de sus obras (entre ellas El zoo de cristal y Un tranvía llamado deseo) y todas se han valido de los elementos escandalosos existentes en ellas, aunque a veces -los años cincuenta y sesenta fueron muy prudentes- se optará por suavizarlos como es el caso de este film (en el que se ocultan las referencias a la homosexualidad latente y culpable del protagonista, cosa que irritó mucho a Williams) y de otros muchos (En el Tranvía no se mencionaba la homosexualidad del marido de Blanche Dubois, la afición de ésta por los menores de edad o su violación a manos de su cuñado y en Dulce pájaro de juventud  se omitía toda referencia a la gonorrea y a la castración, por poner algunos ejemplos.)

La gata sobre el tejado de zinc experimentó sucesivos cambios tanto por parte de su autor -que no acababa de verla perfecta - como por parte de Brooks y su guionista que cuando filmaron la película realizaron algunas supresiones e incluso reescribieron algunas escenas para darle mejor lectura cinematográfica.
En cualquier caso, por lo que dicen los expertos, si el personaje de la gata ganó con los cambios tanto en el teatro como en el cine, el de Brick continuó teniendo cierta opacidad.
La Gata resultó la película más taquillera de todas las películas basadas en obras de Tenessee  Williams, lo que constituyó para él un gran espaldarazo a muchos niveles (y además hizo que se embolsase la muy meritoria cifra para la época de un millón de dólares por los derechos sobre la misma)

Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
 Javier Nebot

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