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viernes, 29 de diciembre de 2017

Micro-desahogos (2): Rescoldos.

"Creí mi hogar apagado, y revolví la ceniza........Me quemé la mano"
Antonio Machado.
Increíble la sutileza de este poema que, en una sola frase, condensa una profunda y sabia constatación: Son muchas las ocasiones, privadas y públicas en las que, ante la ausencia de llama visible, creemos que todo está perfectamente en su sitio, en calma......y, sin embargo, cuando removemos ligeramente, ¡resulta que nos abrasamos!
En el terreno personal basta con ahondar un poco para encontrarse con heridas mal cicatrizadas (o directamente abiertas), con densos resquemores por ofensas que creíamos superadas hace tiempo o con duelos muy mal gestionados. Tomar conciencia de ello suele gustar muy poco porque parece un ataque frontal a nuestra propia auto-imagen y eso, en estos tiempos de narcisismo galopante y folclórico en los que vivimos, no encaja nada bien para consolidar la tan cacareada "auto-estima".
En el terreno social y político el drama es incluso mayor porque la negación de la realidad (ya sea en plan "síndrome de Pollyanna" o  en plan no me quito mis gafas negras ni aunque me aspen) trae  consecuencias penosas para un número enorme personas.
¡Y a pesar de ello el cinismo del discurso político tiene, en muchas ocasiones, increíbles réditos que rentabilizan con astucia y descaro maquiavélicos los interesados en erigirse como los líderes del rebaño!
Hasta que nos quememos todos, claro.
Si en el terreno personal mantener los rescoldos siempre tiene un precio (y sé muy bien de lo que hablo), hacerlo en el terreno socio-político me parece demencial.
Lo que debería ser el espacio para la gestión excelente y para los resultados inteligentes vinculados a una vida social expansiva y creadora de posibilidades (¡cuantos políticos deberían leer a M. Nussbaum!) se convierte -muchas veces- en un horrendo fuelle que aviva fuegos soterrados en un afán de quemar todo el bosque para, en teoría, construir otro nuevo aunque, lamentablemente, no siempre resulta así......
Lo que hacen muchos políticos, no sé si consciente o inconscientemente, me suena más a aquella resentida proclama de "Si yo no tengo nada, que nadie tenga más" que a una madura búsqueda de soluciones. Una pena.
Texto: Javier Nebot.

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