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martes, 17 de abril de 2018

Micro-desahogos (4): "Elijo vivir" (R. Kipling)

El poema de Kipling refleja a la perfección sueños, deseos y aspiraciones que resulta muy fácil hacer propias.
En general suelo desconfiar de la poesía porque en demasiadas ocasiones -salvo en la de muy alta calidad- me suena a almíbar que empalaga, a impostura que disfraza la realidad o a pretensión de elitismo excesivo y vano. No toda, desde luego (insisto). 
Cuando el (o la) poeta es capaz de convertir con sus palabras lo inaprensible en cercano, cuando no camufla sino que descubre, cuando con un simple verso toca lo más profundo del alma (y no la sensiblería precisamente), entonces si, ¡bienvenida sea!
Este poema de Kipling tiene la  extraordinaria virtud de ser toda una proclama existencial.
Proclama que va más allá de filosofías y psicologías de diverso pelaje y, sobre todo, de ideologías con pretensiones pero suelen tener el alcance demasiado raso. Es capaz de transmitir de manera sencilla y cercana varias de las claves esenciales para disfrutar de la vida. 
Elegí la vida.
No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.
No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.
No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.
No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.
No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.
No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.
Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.
Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.
No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.
Rudyard Kipling

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