miércoles, 2 de junio de 2021

Cine (17). Cine y música clásica (3): 2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968).

 Como la mayoría de las películas de Stanley Kubrick (1928-1999), ésta que nos ocupa se convirtió en película de culto. El guion fue escrito por el propio Kubrick y por el novelista británico Arthur Charles Clarke (1917-2008), autor del relato en la que se basa el film y que fue escrito en 1948 (“El centinela”).

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La trama de la película es bien conocida por todos. 
Se centra en un equipo de astronautas que trata de seguir las señales de radio emitidas por un extraño monolito que ha aparecido de repente en la luna y que, evidentemente, parece ser obra de una civilización extraterrestre. 
La película está protagonizada por los actores norteamericanos Keir Dullea, Gary Lockwood y William Sylvester. Además tenemos que señalar, ya que su personaje adquiere notable relevancia en la historia, a Douglas Rain que fue el actor encargado de ponerle voz al ordenador Hal 9000 (acrónimo en ingles de “Heuristically Programmed Algorithmic Computer”), una super-computadora -con ansia de protagonismo- encargada de controlar funciones vitales de la nave especial Discovery. 
Su comportamiento, como podrán observar si ven la película, irá cambiando a lo largo de la misma.
La película empieza con unas notas largas de trompeta, alternadas con secos golpes de timbales: es el comienzo del célebre poema sinfónico “Así habló Zaratustra” Op.30, compuesto en 1896 por el compositor alemán Richard Strauss (1864-1949) e inspirado en la obra homónima del filósofo también alemán, Friedrich Nietsche (1844-1900), el cual la publicó entre 1883 y 1885, con el título: “Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para ninguno”.  
 La obra de Strauss fue estrenada en Frankfurt (Alemania), el 27 de noviembre de 1896. 
Dura alrededor de 40 minutos, pero en la película, al principio, se escucha el comienzo de la obra, el Preludio, conocido como “Amanecer”. Mientras  escuchamos la música vemos como un primate da golpes con furia en la tierra con un hueso y va tomando conciencia del poder de destrucción (y de innovación) de su gesto, para dar luego un salto evolutivo monumental. 
A lo largo del largometraje, esta obra se escucha un par de veces más. 
Realmente, se trata de una esas obras obras clásicas que ha entrado en el imaginario colectivo por su vinculación a unas imágenes cinematográficas que dejaron boquiabiertos en su momento a todos los espectadores. 
En la película de Kubrick también podemos escuchar “El bello Danubio azul”, Op.314, un vals compuesto por otro Strauss, que no tiene nada que ver con el anteriormente citado. 
Se trata del compositor austriaco Johann Strauss hijo (1825-1899).
 Este vals, compuesto en 1866, está considerado como una de las piezas más populares de la música clásica, gracias a su constante repetición en el tradicional concierto de Año Nuevo, que todos, mal que bien, solemos ver para inaugurar el año, incluso aunque no seamos especialmente forofos de este tipo de eventos y ritos. 
Se estrenó en la sala Diana de Viena, el 13 de febrero de 1867, bajo la dirección de Rudolf Weinburm y, lo que son las cosas, pasó casi inadvertido. 
Ese mismo años, el propio Strauss, dirigió la obra -aunque sin coros. en la Exposición Universal de París y, rápidamente, se convirtió en todo un hit que, merecidamente, sigue recibiendo el aplauso e interés del público hoy en día.
Para finalizar, señalar que en la banda sonora de este film también podemos escuchar fragmentos de varias composiciones de György Ligeti (Rumania, 1923- Austria, 2006): Atmospheres (1961), Lux Aeterna (1966), Requiem (1963) y Adventures (1962). Obras contemporáneas y "difíciles" en su momento y que, medio siglo después, siguen siéndolo también (aunque estas obras asociadas a las imágenes resultan más fáciles de escuchar).


Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
 Javier Nebot

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