lunes, 19 de enero de 2026

Micro-desahogos (27): Arte, "visibilidad" e intereses ideológicos.

 Desde que tengo memoria siempre me ha interesado, de una manera u otra, el arte y todo lo relacionado con él. 

Siendo yo muy pequeño mis padres ya procuraban imbuirme el gusto por la pintura, el interés por la música o la pasión por la historia. Cada seis de enero, los "Reyes" eran, en muchas ocasiones, muy tendenciosos y beligerantes en este sentido (¡cosa que agradezco a años vistas!). 

A medida que iba creciendo, encontré en esas incipientes aficiones, junto con el cine y la televisión (a través de la cual me vi mogollón de cine clásico y series hoy muy "vintage" pero tan emblemáticas como Star Trek, por poner solo un ejemplo), un buen refugio para mis entretenimientos e imaginaciones.


Me creé, por así decirlo, una especie de "vat-cueva" personal en la que disfrutaba de todo aquello que me gustaba sin intromisiones de ningún tipo (al ser el único hijo varón tuve la suerte de tener siempre "una habitación propia").
Se mezcló allí mi fascinación por las cosas bellas, el entretenimiento -intenso- que me producía leer historias reales o ficticias y, también, mi particular sensibilidad para "evadirme" con todo ello y soñar mundos que, desde luego y como pasa lógicamente con la gran mayoría de los niños, estaban bastante lejos de la realidad cotidiana, pero que alimentaban mi deseo de conocer y aprender.

Todas esas aficiones, afortunadamente, han perdurado con el tiempo y son, hoy, una parte muy importante de mi forma de vivir, entender y valorar el mundo.


Muy probablemente, por todos los motivos antes mencionados, mantengo, ya con una edad provecta, este blog en el que estoy escribiendo estas líneas de reflexión y otros de dedicados a la difusión artística: es una forma más actual (aunque empiece a quedar desfasada por los avances tan rápidos que se están produciendo)  y asequible de crear mi particular "Gabinete de curiosidades", mis "Galerías" personales y mis reflexiones escritas (1).

Desde luego, para mantener y desarrollar ("cultivar" se decía antaño) estos intereses, he leído -mucho-, estudiado -bastante-, escuchado -a tope- y viajado -lo máximo que he podido permitirme-, porque si no, como todo lo que no se cuida, surge el cansancio, la herrumbre  en forma de pereza o desinterés y, finalmente, el abandono.

Parte de ese estudio, de ese afán de saber, ha implicado asistir a muchos cursos de extensión universitaria (algo, en general, recomendable) (2). 

En algunos de ellos he aprendido mucho, ciertamente; en otros he recordado aspectos y conocimientos que estaba olvidando y en otros, que se le va a hacer, he bostezado de puro aburrimiento
Y el aburrimiento, en mi caso, se ha producido tanto por lo general y básico de lo expuesto en ocasiones (el nivel universitario debería superar según que mínimos para considerarse tal), como por los intentos de exponer la Historia del Arte, o la Historia en general, o el asunto a tratar, desde prismas ideológicos muy concretos y a veces, desde mi punto de vista, excesivamente miopes y muy intencionadamente dirigistas.

Uno, ingenuo, siempre ha pensado que el ámbito universitario, mucho más que el escolar por su propia idiosincrasia, es el espacio de la amplitud de miras, del cuestionamiento poliédrico, de la reflexión sin cortapisas...pero no, muchas veces no es así.

Responsabilidad, en parte, mía, claro, por asistir a estos cursos esperando un tipo de clases que al ser dirigidas a un público amplio y muy variopinto, no pueden plantearse siempre, por lo que se ve y salvo maravillosas excepciones, en los parámetros de indagación intelectual que he mencionado en el párrafo anterior. 

En cualquier caso, y al menos hasta hace muy poco inasequible al desaliento, no pierdo la esperanza y sigo tanteando espacios y ámbitos que partan en sus enseñanzas libres de clichés, ideologizaciones extremas y anhelen un debate amplio, sin cortapisas ni castraciones mentales. 

Para eso seguiré indagando, pero ahora, en este momento y en la experiencia concreta de las últimas clases que he asistido, el panorama es -insisto, siempre desde mi particular punto de vista- bastante desolador.
Y quiero "desahogarme" aquí sobre el por qué de ello (que para eso es esta sección).

Hace unos meses terminé un curso sobre "Mujeres en el arte" y ahora acabo de terminar otro sobre "Mujeres en el cine, una perspectiva feminista". 

Ambos me han puesto algo nervioso, alterado, no tanto por el tema tratado que a priori, como bien saben los que tienen la amabilidad de seguir  mis secciones de pintura de este blog o en el "Desde el Renacimiento hasta nuestros días", me interesa mucho (3).

Ha sido más bien la perspectiva sesgada, parcial y constantemente victimista, la que me ha producido cierto malestar e irritación. 

Las profesoras de ambas asignaturas, ambas dotadas sin duda en muchos aspectos, optaron en sus clases por hacer una exposición desde la carencia, más que desde la realidad de muchas las mujeres referenciadas en estos cursos y han expuesto, siempre desde mi punto de vista, una visión histórica lastrada por la visión de un feminismo bastante reduccionista. 

Personalmente, estoy seguro de que otra mirada es posible porque, a pesar de las posibles trabas sociales y de las dificultades estructurales existentes en otras épocas, muchas mujeres destacaron extraordinariamente en su época por méritos propios.

Ejemplos hay muchos de "triunfos" femeninos a pesar de las posibles circunstancias adversas: Sofonisba Anguissola (1532-1625), pintora de éxito en la corte de Felipe II; Artemisia Gentileschi (1593-1653), admitida con honores en la Accademia di Arte del Disegno de Florencia; Judith Leyster (1609-1660) primera mujer en ser admitida en el Gremio de San Lucas de Haarlem y que dirigió su propio taller con aprendices masculinos; Angelica Kauffman (1741-1807), una verdadera superestrella en su momento y que fue miembro fundador de la Royal Academy of Arts; Élizabeth Vigée Le Brun, retratista oficial de la reina María Antonieta y miembro de la Real Academia de Pintura y escultura de Francia...etc. Y estos no son casos excepcionales aislados, sino ejemplos de trayectorias posibles dentro de contextos concretos.

Guste o no a determinadas ideologías de hoy en día, la realidad, siempre ha sido y es compleja y muy diversa en los diferentes contextos. No fue ni tan unilateral ni, mucho menos tan simple como algunas veces nos la cuentan y está lejos de ser un cómic de malos, muy malos y buenas, muy buenas. 

En cualquier caso, no quiero negar aquí que la  llamada "superestructura" social que se impone muchas veces de forma sutil y poderosa a todos los individuos, hombres y mujeres, marcó y marca papeles, comportamientos, posibilidades...e imposibilidades. Aunque reconocerla no implica reducir o trastocar la realidad.
Todas las civilizaciones se han construido como respuesta a realidades diferentes y en contextos sociales, geográficos, anímicos y espirituales muy distintos. Todas han creado marcos de supervivencia y desarrollo que hoy pueden no gustar pero que fueron como fueron y es mejor saberlo y tenerlo en cuenta que hacer borrón y cuenta nueva o verter una mirada resentida y torpe hacia el pasado.

Releer todo el pasado con los prismas u "orejeras" vitales de los que hoy disponemos porque la historia ha evolucionado en un sentido concreto -afortunadamente-, parece ciego y sobre todo "barato" (por no decir pueril), ya que se elude el necesario esfuerzo de comprensión y empatía. Se pasa del situacionismo lógico y necesario al adanismo absoluto y falso.

Mi crítica NO va, desde luego, dirigida a la recuperación de las figuras femeninas del cine y del arte, algunas de ellas de extraordinaria valía, sino al marco interpretativo único y lamentablemente estrecho desde el que se hace. 

Creo que cultivar el lamento constante por lo que pudo haber sido y no fue, por aquellas personas -hombres y mujeres-  que fueron ninguneadas por la memoria histórica y las realidades de su momento parece, aparte de aburrido, es contraproducente ya produce una reacción visceral de hastío y hartazgo.

Ese -a veces ridículo- afán de visibilidad que hoy, en esta época de rampante narcisismo, parece tener todo el mundo y todo colectivo que se precie y que se alza sobre valores muy cuestionables, era absolutamente impensable en épocas no muy lejanas porque primaban otro tipo de anhelos, intereses y preocupaciones. 
Aplicarlo al pasado es un error y una distorsión.

Para mí, lo reconozco, ha sido una gran decepción escuchar en clases tesis, no muy argumentadas, en favor de interesados sesgos ideológicos, con cierta pretensión de reinventar la historia, no de querer comprenderla o aprender de ella. Eso resulta, a estas alturas, algo pesado y, también algo triste porque en vez de buscar ampliar la mirada se produce un empobrecimiento cognitivo.

Resumiendo:
El problema de fondo de esas clases (y de otras similares en el ámbito actual universitario) no es, evidentemente, la legítima y necesaria recuperación de figuras femeninas olvidadas ni el reconocimiento de las limitaciones estructurales que condicionaron sus trayectorias, sino la imposición de un marco interpretativo único que sustituye la comprensión histórica por un relato moral prefabricado. 

Leer el pasado desde las categorías emocionales, políticas y narcisistas del presente —exigiendo visibilidad, reparación simbólica o conciencia de género allí donde no podían existir como horizonte mental— no amplía el conocimiento, sino que lo empobrece. 

La historia, el arte y el cine pierden así su complejidad humana para convertirse en un repertorio de agravios retrospectivos, tan tranquilizador ideológicamente como intelectualmente estéril. 
Y cuando este empobrecimiento se presenta, además, como dogma incuestionable en el ámbito universitario, el problema deja de ser una cuestión de sensibilidad y pasa a ser una renuncia preocupante a la verdadera tarea del pensamiento: comprender antes que juzgar.

&&&&&&&&&&&&&&&&

Notas.




Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario