Sergei Eduardovich Bortkiewicz es una de las figuras más singulares y -como la gran mayoría de los músicos referenciados en esta sección- olvidadas injustamente durante décadas de la música europea de la primera mitad del siglo XX.
Lejos de ser un epígono menor, Bortkiewicz representa una corriente subterránea de continuidad lírica, comparable -en espíritu, aunque no necesariamente en estilo- a figuras como Medtner o, más tarde, Finzi (a quien ya vimos en la entrada anterior de esta sección) : compositores para quienes la música seguía siendo un lugar de memoria, identidad y refugio moral.
Ocio Inteligente: para vivir mejor: Clásicos NO populares (11): Gerald Raphael Finzi (1901-1956).
Bortkiewicz nació en 1877 en Járkov, ciudad hoy tristemente famosa por la guerra que la asola y que en aquella época era parte del Imperio ruso (hoy Ucrania). Tuvo la suerte de nacer en el seno de una familia acomodada de terratenientes. Claro que este origen marcaría profunda y negativamente su destino: la Revolución rusa, tiempo después, eliminó de forma radical el sistema vigente y supondría la pérdida de la propiedad familiar. Esa circunstancia generó una herida material y simbólica en él que nunca se cerraría del todo.
Tras una formación inicial en su ciudad natal, ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo, donde estudió piano con Karl van Ark y composición con Anatoly Lyadov.
A diferencia de otros alumnos fascinados por las nuevas corrientes,
Bortkiewicz absorbió sobre todo la tradición romántica alemana y rusa,
con especial devoción por Chopin, Liszt, Schumann y Tchaikovsky. Más
tarde completó estudios en Leipzig, reforzando su vínculo con la gran
herencia germánica.
En los años previos a la Primera Guerra Mundial, Bortkiewicz comenzó a darse a conocer como pianista-compositor.
Sus primeras obras para piano y sus conciertos fueron bien recibidos, especialmente en los círculos centroeuropeos. Su música, intensamente melódica, técnicamente exigente pero comunicativa, encontró intérpretes y público con relativa facilidad. Se estableció en Berlín, que entonces era uno de los grandes epicentros musicales de Europa. Todo parecía indicar una carrera sólida: publicaciones, estrenos, giras. Pero la historia, una vez más y como suele pasar más veces de lo que nos gustaría, tenía otros planes.
La Primera
Guerra Mundial, como bien sabemos, fue un cataclismo inconmensurable que trastocó la vida de millones de personas. A él no le quedó otra que abandonar Alemania por su condición de súbdito
ruso. Regresó a Járkov, y allí pronto se vio atrapado en el caos de la Revolución
rusa y la guerra civil. La familia, como he mencionado anteriormente, perdió todos sus bienes; la violencia, el
hambre y la inseguridad se convirtieron en experiencia cotidiana. Bortkiewicz
logró huir, junto a su esposa, tras un periplo extremadamente duro que incluyó internamientos,
pobreza extrema y enfermedades.
Finalmente
se estableció en Viena, ciudad que sería su hogar definitivo, aunque
nunca dejó de sentirse un exiliado permanente. Viena, empobrecida tras
la guerra, no ofrecía grandes oportunidades, pero sí un clima cultural donde
aún sobrevivía la veneración por el romanticismo.
Durante las
décadas de 1920 y 1930, Bortkiewicz trabajó mucho, compoiendo la mayor parte de su obra madura:
conciertos, sonatas, ciclos pianísticos, canciones y música orquestal. Lamentablemente -para lo que era la tendencia compositiva del momento-, su estilo —abiertamente tonal, lírico, emocional— chocaba con el clima
estético dominante, marcado por el modernismo, el neoclasicismo y las
vanguardias.
Lejos de adaptarse, Bortkiewicz eligió la coherencia interior. Su música habla de nostalgia por un mundo irremediablemente perdido, opta por un dramatismo muy romántico y por un lirismo potente pero melancólico.
Esta postura "conservacionista" y anclada en el pasado supuso pagar un alto precio: paulatinamente se le condenó al ostracismo, siendo marginado por las instituciones y los programadores de conciertos, aunque conservó un círculo fiel de intérpretes y oyentes. La Segunda Guerra Mundial agravó más si cabe su situación. Viena sufrió grandes bombardeos; muchas de sus partituras se perdieron.
Bortkiewicz vivió sus últimos años en condiciones muy precarias, con problemas de salud y escaso reconocimiento público. Murió en 1952, prácticamente olvidado, enterrado en una tumba modesta.
Afortunadamente fue "redescubierto" y hoy se pone valor su figura y sus obras.
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Obras principales.
1. Concierto para piano n.º 1, op. 16
Obra
temprana y brillante, heredera directa de Tchaikovsky y Rachmaninov.
Virtuosismo y lirismo equilibrados.
Bortkiewicz - Piano Concerto No. 1, Op. 16 (Shadrina, Sukach) [Christmas Special No. 4]
Bortkiewicz - Piano Concerto No. 1, Op. 16 [Chihiro Ishioka]
Bortkiewicz: Piano Concerto No. 1 in B-Flat Major, Op. 16: I. Lento – Allegro deciso
2. Concierto para piano n.º 2, op. 28
Más oscuro y
dramático; refleja ya la experiencia del exilio. Una de sus obras más
interpretadas hoy.
Sergei Bortkiewicz - Piano Concerto No. 2, Op. 28 (audio + sheet music)
Obra tardía,
introspectiva, de gran densidad emocional.
Sergei Bortkiewicz : Piano Sonata no. 2 in C-sharp minor, Op. 60 (performed by Jouni Somero)
4. Seis preludios, op. 13
Ciclo
pianístico muy representativo de su estilo: cantabilidad, melancolía y nobleza
expresiva.
Sergei Bortkiewicz 3 Pieces Op. 6, No. 1 Prelude Piano Tutorial
5. Russian Dances, op. 18
Evocación
nostálgica de su tierra natal, con ritmos populares estilizados.
Russian Melodies & Dances, Op. 31: I. Molto sostenuto e tranquillo
6. Lyrica Nova, op. 59
Conjunto de
piezas breves para piano, de tono íntimo y meditativo.
Sergei Bortkiewicz - Lyrica Nova, Op. 59
Sergei Bortkiewicz - Lyrica Nova, Op.597. Sinfonía n.º 1, op. 52
Obra poco
conocida pero ambiciosa, escrita ya en Viena, de carácter elegíaco.
Sergei Bortkiewicz Symphony No.1 in D major "From my Homeland", Op. 52
8. Elegía para violonchelo y orquesta, op. 46
Una de sus
páginas más conmovedoras; lamento contenido y profundamente humano.
Sergei Bortkiewicz - Elegie for Cello and Piano, Op.46 (Benesch, Valenzi) (1931)
9. Ballade para piano, op. 42
Narrativa,
apasionada, con una estructura amplia y dramática.
Sergei Bortkiewicz - Ballade Op. 42 (LATE HALLOWEEN TRIBUTE)
4 Pieces for Piano: No. 1. Ballade
10. Canciones (Lieder), opp. 2, 4 y 22
Menos difundidas, pero esenciales para comprender su sensibilidad lírica y su relación con el texto.












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