viernes, 24 de julio de 2015

Opinión personal (43): El Eneagrama: Eneatipo VIII. (11º de 13).

   
   
Eneatipo VIII.
Eneatipo VIII: “Lujuria y carácter sádico” en expresión de Naranjo; “El Desafiador” en la de Riso y Hudson; “El Jefe” para Palmer; “El Cabecilla” en la denominación de Goldberg y “Carácter lujurioso” en la de Durán y Catalán.
Con la palabra “lujuria” se pretende indicar una pasión por el exceso y sin duda en el “lujurioso” encontramos esa pasión por el exceso con la que disimula una falta de vida interior.
En general la actitud del Ocho ante la vida es la de una persona fuerte, sólida y, en muchas ocasiones, dura. Curiosamente Naranjo (2008) señala como el Ocho está en “vecindad” con el indolente Nueve lo que sugiere una secreta afinidad hacia esta pasión, “puede entenderse el aspecto indolente del lujurioso no sólo como un sentimiento de “no estar lo bastante vivo excepto por sobre-estimulación”, sino también como una concomitante evitación de la interioridad” (p. 137).
Continúa con una contraposición al eneatipo IV que me parece lo suficientemente clarificadora como para reseñarla aquí:
“Opuesta a la envidia en el eneagrama, se puede decir que la lujuria constituye el polo superior de un eje sadomasoquista. Las dos personalidades, VIII y IV, son en cierto modo opuestas (como sugieren estos términos), aunque también son similares en algunos aspectos, como la sed de intensidad. De igual modo, así como el carácter masoquista es sádico en algunos aspectos, hay también un aspecto masoquista en el carácter de la lujuria; y mientras el carácter sádico es activo, la actitud masoquista es emocional: el primero se lanza sin culpa hacia la satisfacción de su necesidad; el último anhela por su necesidad y se siente culpable por ella” (p. 137).

En los antecedentes de la literatura científica que utiliza (ver páginas., 138 a 150), Naranjo (2008) reseña las aportaciones de Schneider, Millon, Cleckley, Reich, Fromm,
Sheldon y otros investigadores, pero él acaba reconociendo como más adecuadas a este eneatipo las descripciones de Karen Horney (quien ya en 1948 proponía cambiar el término “sádico” por el de una interpretación psico-dinámica de la “vengatividad abiertamente agresiva”).  En la descripción que ésta psicóloga hace del tipo mencionado podemos ver una buena descripción de algunas pautas del Ocho, así:
“Es como si la persona pensara que, así como en el pasado le tocó a ella sufrir humillaciones y limitaciones de manos de unos padres tiránicos o descuidados, así ahora la corresponde volver las cosas del revés y darse a sí misma placer, aún a costa del sufrimiento de los demás.”
“Vive convencido de que en el fondo todo el mundo es malo y retorcido, que los gestos amistosos son hipócritas, que no es sino indicio de sabiduría mirar a todos los demás con recelo, a menos que el otro demuestre lo contrario”.
“En su comportamiento con los demás es abiertamente arrogante, y a menudo grosero y ofensivo, aunque alguna vez esto puede venir cubierto bajo una capa de educada cortesía. De forma sutil o burda, dándose o no cuenta de ello, humilla a los demás y los explota” (p. 143 y p.144).


En otros autores se hace hincapié en aspectos como su “fortaleza” y en cómo su energía se dirige siempre hacia la acción. Gracias a ello se suelen esforzar en mejorar su entorno y gracias también a su claridad de ideas son capaces de liderar a los demás en tareas de todo tipo demostrando que son naturalmente líderes.
Riso y Hudson (2011), enumeran las características del Ocho en los tres grados o niveles que ya hemos podido observar al hablar de otros eneatipos anteriormente, así, en el nivel “sano” del Ocho, destacan su asertividad y seguridad en sí mismos; enfocados hacia la acción aman los desafíos procurando tomar siempre la iniciativa para conseguir que las cosas sucedan. Para ello se muestran “decididos, autoritarios y dominantes”. “En su mejor estado se vuelven compasivos y magnánimos, misericordiosos e indulgentes, se dominan a sí mismos, guían a los demás y satisfacen sus necesidades con su fuerza” (p. 152).
En los niveles medios las preocupaciones que los absorben giran en torno a la auto-suficiencia, ya que la independencia económica es algo primordial para ellos.
Estos autores señalan también cómo los Ocho medios “son grandes trabajadores amantes de los negocios, astutos, compiten para encontrar ventajas para sí mismos y sus seres queridos” (p. 152). ”Exigen lealtad e imponen su “manera” en todas las cosas. No ven a los demás como iguales, ni los tratan con respecto. Pueden volverse mandones, dando órdenes a todos los de alrededor, mientras desafían a cualquiera que se atreva a decirles lo que tienen que hacer” (p.153).

En este sentido todos los autores que he consultado inciden en que el Ocho podría ser clasificado como “castigador”, demostrándolo en actitudes de todo tipo y grado que van desde el simple sarcasmo humorístico a posturas más humillantes o confrontativas. Naranjo (2008) señala también la importancia de la rebeldía en este eneatipo tanto o más incluso que en el Siete. Hay una fuerte oposición a la autoridad porque él la vive como un límite cuando no como una cortapisa a la hora de ejecutar sus planes. En este sentido Pangrazzi (2007), cuando refiere los antecedentes
familiares del Ocho, considera que proceden de familias dominadas por personas que han ejercido gran control sobre ellos, “para sobrevivir han decidido fiarse de sí mismos e incluso hacer frente a la presencia de un padre autoritario que ha provocado repetidos conflictos” (p. 64) y de esta forma han asumido como criterio director de su vida el lema “Sólo estaré bien si soy fuerte”.
Entre los descriptores más habituales para el Ocho encontramos los siguientes: fuer-tes, luchadores, impulsivos, vigorosos, bruscos, dominantes, arrogantes, líderes, rebel-des, impacientes, asertivos, mandones, insolentes, paladines, patriarcales.
Por último señalar que los Ocho son muy territoriales, “soberanos de sus dominios” en donde ejercen su poder con total libertad y en donde dejan claro a los demás cuáles son los límites.
-Dirección de “desintegración”, el V: Cuando el Ocho se estresa se mueve hacia pautas de comportamiento propias del Cinco medio o, si la presión es muy alta, del Cinco insano, volviéndose vengativos contra todo aquel que considera que no le muestra respeto o le desafía.
Tienden a aislarse, renunciando a mostrarse activos ya que sus niveles de energía bajan considerablemente y acaban dirigiendo su malestar contra sí mismos. Como bien describen Riso y Hudson (2011) “cuando los Ocho se sienten sobrepasados por los desafíos que han asumido se vuelven más introvertidos, se repliegan emocionalmente y se retiran para crear estrategias y evaluar mejor un nuevo punto de acción” (p.155).
-Dirección de “integración”, el II: Cuando los Ocho se sienten plenos y felices se desplazan hacia el Dos y optan por aplicar su poder y sus capacidades en defender a aquellas personas que consideran que están bajo su protección. Desarrollan así actitudes de protectores y sustentadores y además sus metas convergen con las de aquellas personas que están protegiendo. Se vuelven mucho más respetuosos con las sensibilidades de los demás y se muestran confiados y cariñosos. Surgen sentimientos  de sana compasión que antes ocultaba por medio a parecer menos fuerte o duro.
Riso y Hudson (2011) resaltan también cómo los Ocho que van al Dos “se vuelven personas tiernas, generosas, preocupadas personalmente del bienestar de los demás”, además los Ocho integrados “descubren que son capaces de expresar sus sentimientos más libremente a los demás de forma simple y sincera. Son más capaces de cuidar y de aceptar ser cuidados sin creer que eso les debilitará” (p. 156).

-Consejos para el Ocho: Para este eneatipo, optar por una comunicación más franca y sincera es determinante porque conseguirá que los demás le vean como una per-ona más autentica y cercana y menos competitiva.
Helen Palmer (2007) sugiere que los Ocho pueden ayudarse a sí mismos al:
“-Solicitar definiciones claras en una relación. Observar que las discusiones son una forma de desarrollar la confianza.
-Tratar de examinar la acumulación de circunstancias que crean relaciones antagonistas. Percibir cuando exista el deseo de controlar o de crear dificultades.
-Darse cuenta de que el sentimiento de aburrimiento es una máscara que oculta otras emociones.
-Tratar de ver que la lógica del comportamiento de los demás es igualmente válida. Notar que los demás son consistentes, desde un punto de vista distinto.
-Intentar desviar la atención del estilo “mi manera contra la tuya” hasta reconocer los múltiples matices de opinión intermedios.
-Observar cómo la preocupación por la justicia y la protección de las personas puede polarizar a los demás entre amigos y enemigos” (p. 268)
-continuará-
Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto:  Javier Nebot

miércoles, 22 de julio de 2015

Pintores de hoy (65): Riccardo Mannelli.

Riccardo Mannelli es un artista e ilustrador italiano (Pistoia, 1955) que destaca por su perfecto dominio del dibujo (de precisión quirúrgica) y la libertad de sus imágenes de realismo casi fotográfico y poco dado a idealizaciones (aunque sea capaz de transmitir cercanía y calor).
No se trata de mostrar sexo, se trata de mostrar vida!









































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martes, 21 de julio de 2015

Opinión personal (42): El Eneagrama: Eneatipo VII. (10º de 13)

El Eneatipo VII
Eneatipo VII: “Gula y personalidad narcisista” para Claudio Naranjo; “Entusiasta” en expresión Riso y Hudson; “Optimista” para Pangrazzi; “Carácter goloso” en la denominación de Durán y Catalán; “El epicúreo” en la concepción de Palmer y el “Visionario” en la de M. J. Goldberg.

Naranjo (2008) considera que “si entendemos la gula más ampliamente, en el sentido de una pasión por el placer, podemos decir que ésta es, definitivamente, un pecado capital, en la medida en que implica una desviación del potencial del individuo para la auto-actualización. El hedonismo es una atadura para la psique y supone (mediante la confusión) un obstáculo en la búsqueda del “summum bonum” y una trampa” (p.163).
Entre las descripciones que refiere de la literatura científica, (2008, págs. 164 a 173), acaba identificando este eneatipo con la denominación de “personalidad narcisista” propia del DSM IV puntualizando que ésta se corresponde más a las pautas descritas por Freud que a las utiliza Kernberg cuando habla del “desorden narcisista de personalidad”. Me parece interesante también mencionar algunas de las referencias que hace comparando este carácter con otros biotipos utilizados por la homeopatía, así:
“Es un hecho que los eneatipos IV y V parecen más enfermos que los caracteres felices –eneatipos VII, III, II y IX-. No obstante, sea o no patológica, la pauta del eneatipo VII ha sido reconocida por la práctica homeopática al describir la figura del disfrutón egoísta, amante de las explicaciones y las generalizaciones. En el “Matière Medicale Homeopatique” encuentro la descripción: “comportamiento cíclico, euforia, imaginación, irritabilidad, egoísmo”. A continuación explica el “comportamiento cíclico” como una alternancia de fases de euforia (sociable, optimista, charlatán) y de depresión. Ambas se describen como sigue: “Ilusiones de belleza, éxito y grandeza. Megalomanía. Ilusión de tener una inteligencia superior: sistemas, técnicas, síntesis, inventos, imaginación exuberante pero teóricamente errónea”. También son relevantes para el eneatipo VII los extractos del Cannabis Indica respecto de la cual en “Matière Medicale Homeopatique” se dice: “Hiperideación, euforia con locuacidad, alteración del sentido del tiempo y del espacio” “. (p. 171 y 172).

De forma general todos los autores consultados describen al Siete como un tipo en el que predominan actitudes extrovertidas, comunicativas, centrados en las experiencias placenteras y poco predispuestos a soportar esfuerzos o contrariedades que les incomoden. “La actitud positiva caracteriza su forma de ser y en general contagian su exuberancia, su vitalidad y su alegría en los ambientes que viven y trabajan” (Pangrazzi 2007; p. 61).
Son personas a las que les encanta experimentar situaciones nuevas que les saquen de los límites de la rutina ya que para ellos la variedad es un auténtico valor;
por eso suelen ser amantes de los viajes, aficionados a cantar, a la buena comida, y a todo tipo de experiencias que les resulten estimulantes.
Pangrazzi (2007) dice que le “recuerdan el comportamiento del niño, porque les gusta el juego, se apasionan por cuánto hay de interesante en cada persona o situación, viven la experiencia de la sorpresa y la admiración y manifiestan su agradecimiento por los dones recibidos y las experiencias vividas” (p. 61)
Esta búsqueda de experiencias les lleva a los Siete de un presente poco satisfactorio a un futuro lleno de posibilidades y para crear un puente entre ellos utilizan un rasgo fundamental: planifican. Ofrecen lo mejor de sí a la hora de programar el futuro ya que realmente disfrutan soñando con sus proyectos pero, en general, les cuesta bastante más llevarlos a la práctica porque, cuando surgen complicaciones o les resulta pesado, prefieren confiárselo a otro y buscar nuevos proyectos con lo que ilusionarse.
Böschemeyer (2006) los describe con trazos coloristas: “se les reconoce fácilmente por su ropa de colores vivos”, “todo lo que encuentran en el camino les apasiona”, “contagian sus ganas de vivir”, “el optimista adulto conserva muchos aspectos de su niñez, por ello atrae tanto a los niños” (p. 156).

Por su parte Riso y Hudson (2011) puntualizan las características de este carácter según el grado de madurez del individuo concreto, destacando en los “sanos” su espíritu libre y entusiasta, su espontaneidad y su curiosidad, la gran capacidad para hacer cosas ya que suelen ser “multi-talentosos”, versátiles. En cuanto a los individuos “medios”, señalan que los siete pueden perderse un poco en su afán de encontrar cosas y experiencias que les satisfagan, volviéndose “ávidos consumidores” y “buscadores de sensaciones”. En este nivel, los siete tienen dificultad para negarse a sí mismos cualquier cosa, por lo que “crece su hiperactividad, y se lanzan a una actividad incesante, haciendo y diciendo cualquier cosa que se les pasa por la cabeza. Se vuelven dispersos y distraídos: su mente funciona tan rápido que tienen dificultad para mantener su concentración” (p. 145). 
También indican que “los Siete no suelen causar daño a los demás de forma intencionada, pero tampoco les agrada ver los efectos dañinos que producen a otros; pueden ser egocéntricos, insensibles, exigentes e impacientes, poco dispuestos a corresponder con reciprocidad a otros. Niegan la culpa o responsabilidad por los problemas que crean” (p.146); Riso y Hudson (2011) terminan considerando los comportamientos “insanos” de este eneatipo que, en este nivel, se vuelven exigentes a la hora de reclamar todo aquello que creen necesitar y suelen tener cambios de humor imprevisibles. “Los Siete insanos pueden hastiarse y ser crueles con los demás, insultando, entrando en rabias y berrinches, resultándoles de extrema dificultad controlarse” (p. 146).

De toda esta exposición podemos considerar también como clave en el Siete, la evitación del sufrimiento que suele traducirse en una cosmovisión en la que no existen el bien y el mal (o que se matizan mucho por su permisividad y auto-indulgencia) ni, por lo tanto, sentimiento de culpa y en donde las obligaciones y los deberes se diluyen cuando estos implican esfuerzo, porque lo prioritario para el Siete es lo que produce disfrute. Durán y catalán (2010) recalcan que “la gula, como intento de llenar el vacío, busca en el exterior lo que percibe como una carencia interior que oculta bajo una falsa abundancia. La necesidad hedonista de experimentar sólo lo
placentero reduce la experiencia vital del individuo. El temor a sufrir es universal, pero la negación del sufrimiento resulta incompatible con la vivencia de la vida” (p. 238).
Un planteamiento así implica, generalmente, una actitud de rebeldía ante las trabas que pueden ofrecerle personas concretas en particular o incluso la sociedad en general. Naranjo (2008) considera que los Siete tienen tendencia a mostrarse muy críticos con los prejuicios convencionales y manifiestan desconfianza hacia cualquier tipo de autoridad ya que “podría decirse que el glotón ha “aprendido” pronto en la vida que no hay ninguna autoridad buena” (p. 175).
Este autor también nos muestra otros matices complementarios de este carácter cuando dice que el Siete, como “el eneatipo II, en la parte opuesta del eneagrama, es eminentemente seductor y tiene una tendencia a complacer, tanto siendo solícito como por una alegría feliz y libre de problemas. Aluden al aspecto afable de este carácter descriptores como “cálido”, “solícito”, “amistoso”, “servicial”, “generoso”.“(p.176)
Dentro de las pautas generadas por la historia familiar Riso y Hudson (2011) opinan que el tipo Siete está desconectado de la madre o la figura materna. “El elemento clave en su desarrollo temprano gira en torno al miedo que sienten a sentir carencia por causa de sus nutridores, llevándoles a sentimientos de frustración crónicos” (p. 148), y por eso los Siete asumen la tarea de nutrirse a sí mismos.
Pangrazzi (2007) considera que la convicción de fondo que bloquea la libertad del Siete se traduce en el lema: “Sólo estaré bien si soy simpático”.

-Dirección de “desintegración”: el I. Cuando los Siete se estresan, ya sea por aumento de las obligaciones y tareas a resolver o porque surjan dificultades que de alguna manera les incomoden, se vuelven muy críticos consigo mismos y con los demás adoptando posturas de un Uno medio, o, incluso, de un Uno insano; en este contexto aumenta su irritabilidad y se revuelven contra aquellos que creen que banalizan sus ideas o sus proyectos. Crece su intolerancia y su convencimiento de que sólo ellos están en posesión de la verdad. Riso y Hudson (2011) consideran que en estas situaciones “intentan ordenar sus asuntos, pero pueden volverse muy rígidos y compulsivos a la hora de hacerlo” y que “cuando adoptan la conducta de los Uno insanos, intentan imponer un orden estricto y arbitrario, convirtiéndose en personas obsesivas, punitivas y rencorosas consigo mismas y con cualquiera que amenace la frágil estructura que han creado” (p.147).

-Dirección de “integración”, el V: El extrovertido Siete inicia un proceso de integración cuando se dirige hacia las actitudes habituales del Cinco sano, ganando en objetividad y en capacidad introspectiva (dedicando por lo tanto tiempo a la reflexión y al silencio). De esta manera aumenta su capacidad de concentración y se enfocan en la consecución de sus proyectos. Aprenden a equilibrar la vida interior con los demás intereses externos. Cómo bien resaltan Riso y Hudson (2011) “Ahondan en sus experiencias más profundamente, llegando al corazón de las cosas, comprendiendo más y, por tanto, disfrutando de la realidad en un nivel más profundo que antes; además son
capaces de hacerlo porque dejan de evitar el lado oscuro de la vida o de su propia psique” (p. 148).
-Consejos para el Siete: Helen Palmer (2007) sugiere que los Siete se pueden ayudar a sí mismos al:
“-Reconocer el apego a la juventud y a la energía;
-Permitirse a sí mismos comprender el valor de la edad y de la madurez;
-Aprender a concentrarse lo suficiente en un asunto doloroso como para determinar que hay un problema;
-Notar que el placer superficial y la falta de profundidad en los compromisos conduce a un deseo compulsivo de lograr más placer y diversión;
-Darse cuenta de que la demostración superficial o prematura de las emociones, reemplaza las reacciones profundas;
-Tratar de observar la diferencia entre la crítica y la auto-evaluación realista” (p.238).
-continuará-
Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto: Javier Nebot