sábado, 31 de octubre de 2026

Personalidades (016): Freya Stark (1893-1993)

 Freya Stark (1893-1993): una nómada apasionada por Oriente 


 Freya Stark fue una exploradora, fotógrafa y escritora de viajes británica, vinculada estrechamente a Italia, que alcanzó notoriedad por sus expediciones por Oriente Medio. 

 Está considerada una de las primeras occidentales no árabes que recorrieron el sur del desierto arábigo. Sus periplos y aventuras aparecen recogidos en numerosos libros, aunque hay dos particularmente interesantes para aproximarse a su figura: "Las damas de Oriente. Grandes viajeras por los países árabes", de Cristina Morató, y "La nómada apasionada. Historia de Freya Stark, la última gran viajera", de Jane Fletcher Geniesse. 


 Sus biógrafos mencionan que su interés por los viajes y por todo lo oriental nació cuando, con tan solo nueve años, leyó un ejemplar de Las mil y una noches. Aquella fascinación infantil se mantuvo durante casi toda su vida y no se quedó en mero disfrute imaginativo: nuestra dama se movió -¡y mucho!- por todos aquellos países de cuento (aunque la realidad de esos territorios distaba mucho de ser de fantasía), y lo hizo con una libertad y un empeño que todavía hoy causan admiración y sorpresa. 

 Nació en París en 1893, hija de dos artistas británicos, y murió, cien años después, en Asolo, Italia. Su infancia transcurrió entre distintos países y ambientes artísticos. 

A los doce años sufrió un grave accidente en una fábrica de alfombras cerca de Génova, que le dejó secuelas físicas. Más tarde estudió Historia en Londres y aprendió árabe y persa, idiomas que resultarían fundamentales para sus futuras expediciones. 

Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como enfermera voluntaria en el frente italiano. Aunque viajó durante buena parte de su existencia, sus aventuras más conocidas se desarrollaron fundamentalmente entre las décadas de 1920 y 1930. Alcanzó fama por sus recorridos por Siria, Arabia e Irán, aunque también visitó Afganistán, Turquía, Grecia y otros muchos países. 

Freya Stark - Wikipedia, la enciclopedia libre

Freya Stark, la dama del desierto

En 1929 se aventuró por la región siria del Jabal Druze, desafiando las restricciones impuestas por las autoridades francesas. En 1930 y 1931 exploró territorios persas, entre ellos la región de Alamut, conocida por sus antiguas fortalezas y su vinculación histórica con los llamados Asesinos. De hecho, descubrió el castillo de Lamiaser, en el valle de Shahrud, una de las dos fortalezas de la famosa secta, que había resistido a la invasión mongola.

También se interesó por los bronces de Luristán y otros vestigios arqueológicos. Visitar aquellas zonas en esos años no era precisamente lo que se dice un "viaje turístico". Abundaban los bandidos, el contrabando y el saqueo, y no es que esos territorios estuvieran precisamente muy controlados por las fuerzas del orden o protegidos por alguna autoridad capaz de garantizar la seguridad de los viajeros. Stark hablaba árabe y persa con fluidez pero, obviamente, no dejaba de estar a merced de la buena voluntad de los guías que contrataba para sus exploraciones. Tenía que negociar constantemente con sus acompañantes y convencer a los jefes locales para que le permitieran pasar una noche en alguna casa o acceder a aquellos lugares donde sospechaba que podían encontrarse restos arqueológicos de interés. 

Las mil y una noches de Freya Stark | Traveler

En 1935 emprendió otra de sus grandes aventuras: un viaje por el Hadramaut, en el actual Yemen, convirtiéndose en la primera mujer occidental que exploró aquella región. De aquella experiencia surgirían algunos de sus libros más conocidos, entre ellos The Southern Gates of Arabia y A Winter in Arabia. 


 A diferencia de otras grandes viajeras del siglo XIX o de comienzos del XX, Freya Stark se desplazaba con sencillez, sin grandes equipajes ni demasiadas comodidades. Renunció a los lujos habituales de las expediciones y evitó, en la medida de lo posible, los ágapes y las fiestas con las autoridades locales. Se adaptaba como mejor podía a los países que visitaba, comía y dormía donde era posible y procuraba establecer contacto directo con las gentes que encontraba en sus recorridos. 

Freya Stark: The Woman Who Defied Middle Eastern Deserts

Freya Stark: En busca de la ruta del incienso

 Es verdad que, con esa mentalidad culpabilizadora con la que a veces contemplamos el pasado en occidente, algunos de sus comportamientos podrían ser calificados hoy de "expolio artístico". No obstante, conviene situarlos en su contexto histórico, sin que eso signifique que quiera justificar automáticamente cualquier actuación. Por otra parte, reconozcámoslo, sus hallazgos arqueológicos no fueron precisamente de primer nivel. Resultan bastante más interesantes sus observaciones, sus descripciones de los paisajes y sus encuentros con las gentes de aquellos lugares. 

Su verdadero mérito estuvo probablemente más en la literatura y la antropología que en la arqueología propiamente dicha. Freya Stark escribió más de veinte libros, entre relatos de viajes, ensayos y obras autobiográficas. Su estilo, lleno de curiosidad, ironía y capacidad de observación, permite acercarse a unas sociedades que para muchos lectores europeos de su tiempo eran prácticamente desconocidas. En Los valles de los asesinos (Altaïr Viajes, Península, 2001), quizá su obra más conocida, encontramos una magnífica muestra de esa combinación de aventura, observación y literatura. 

(Lamentablemente, buena parte de su producción no resulta fácil de conseguir, especialmente para quienes no dominamos el inglés y mucho menos otras lenguas en las que se han publicado algunos de sus trabajos9. 

Durante la Segunda Guerra Mundial el gobierno británico la contrató, al estilo de Lawrence de Arabia en PGM, para recabar información y reclutar árabes para la causa aliada.

Terminada la guerra regresó a Italia y se casó con un diplomático...pero las rutinas de la vida conyugal no parece que le satisficiesen demasiado y a los cuatro años abandonó a su cónyuge y se fue de nuevo a recorrer mundo. En esta ocasión a Turquía con intención de seguir las huellas del gran Alejandro Magno.


Cumplió los ochenta años cuando estaba haciendo una ruta por China, India y Asia central.

Fue nombrada Dame del Imperio Británico en 1972.

La longeva viajera pasó sus últimos años en Asolo, aquel pequeño municipio italiano que había formado parte de su vida desde la infancia. 

Allí murió el 9 de mayo de 1993, a los cien años. 

Había recorrido medio mundo, había conocido territorios remotos y había vivido experiencias que muchas personas ni siquiera se habrían atrevido a imaginar. Aunque quizás lo más admirable de Freya Stark no fue tanto los miles de kilómetros que recorrió ni los lugares que descubrió, sino esa curiosidad inagotable que la acompañó durante toda su existencia (y que, muy probablemente, le "ayudó" a llegar a centenaria). 





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