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martes, 29 de septiembre de 2015

Opinión personal (49): Vampiresas de cine (7º):

El cartero siempre llama dos veces” (1946, Tay Garnett)  es –al igual que en “Perdición”, que hemos comentado en el post anterior- un relato de James M. Cain, uno de los escritores del género negro que más novelas vendían por aquellos años  en Estados Unidos (aunque no era muy valorado por algunos de sus colegas; el mismísimo R. Chandler, que adaptó Perdición, no le dolian prendas al decir de Cain que "Todo lo que toca huele como a macho cabrío").
La novela tardó en adaptarse al cine porque la censura de la época puso muchas trabas (no olvidemos que todavía estaba en vigor el conocido “código Hays”), lo que hizo que las adaptaciones europeas de la misma llegasen a la pantalla antes que la versión norteamericana.  
Gregorio Belinchón (1) señala como la versión francesa de Pierre Chenal (“Le dernier tournant”) se estrenó sin demasiado éxito en 1939; todo lo contrario  de lo que sucedió con la versión italiana que realizó con Visconti, con el título de “Obsesión,  que hoy día todos reconocen como uno de los mejores films del aristocrático director italiano.
Cuando la MGM obtuvo por fin el visto bueno pidió prestado a la Warner a John Garfield (actor que poco después moriría de un infarto seguramente propiciado por los hostigamientos a los que fue sometido por parte del Comité de actividades anti-norteamericanas, que tantos estragos hizo en la posguerra) y contrató para el personaje femenino a Lana Turner que por aquel entonces estaba en la plenitud de su belleza, belleza que aportó a su personaje dándole una rotunda -y necesaria- carnalidad


Hay críticos que opinan que esta película, si no se hubiese hecho posteriormente la tórrida versión de Rafelson, hubiese pasado a la vitrina de los buenos títulos de su década pero no hubiese obtenido la revalorización de la que actualmente goza. Tengo mis dudas al respecto ya que una visión actual permite reconocerla como un excelente ejemplo de cine negro (hay sexo, engaños, “femme fatale”, tipos duros… en fin: los ingredientes necesarios para un buen film y sin duda fueron bien “mezclados” y aderezados con un guión interesante); cierto es que ver a  Jessica Lange metida “en harina” tiene su aquel (uno de los mejores sexi-rebozados de la historia).... pero las torneadas piernas de la Turner (amén de otros innegables encantos)  no le van en absoluto a la zaga y creo que ambas pueden compartir los laureles de “vamps” de la historia del cine. 


El ya mencionado  Belinchón (2) señala en su estudio que cuando el personaje interpretado por Garfield acepta el trabajo que ofrece el anuncio -“Man wanted” (se necesita empleado, pero que en inglés tiene el doble significado de ”Se necesita hombre”)- acepta ser seducido por la rubia que vive allí: “El plano es espectacular: un lápiz de labios rueda por el suelo –menudo detonante fetichista- y Frank, que así se llama el vagabundo, lo recoge y eleva la vista para observar a su dueña. Desde los zapatos, subiendo por sus impresionantes piernas, hasta su mirada seductora”. 


  La historia se desarrolla gradualmente y la toma de conciencia de que su amor sin dinero no sobreviviría (lo de contigo pan y cebolla no funciona con las vamp) les hace desear la muerte del marido de Cora por lo que el asesinato surge como casi inevitable.
La película tiene un excelente ritmo en toda esta primera parte que culmina con el asesinato de Nick, aunque, lamentablemente, a partir de ahí el ritmo va decreciendo y el relato de la trama judicial posterior resulta algo confuso y pesado lo que le quita cierta brillantez al film que finaliza –dentro de la lógica que ya hemos expuesto anteriormente- con una nuevo accidente en el que fallece Cora (la mujer transgresora) y por el que su amante, aunque inocente esta vez, será condenado por asesinato: una pasión hasta cierto punto “subversiva” debía ser siempre condenada a los ojos morales de la época. 
Cuentan los cronistas de cotilleos cinematográficos que Lana Turner ejerció sus dotes de seducción más allá de los platós con John Garfield aunque el asunto no fue a más y acabaron su breve relación con una acuerdo amistoso y sin que la esposa de Garfield se enterase del romance (a menos mientras duró este). 


La actriz, que nunca fue un prodigio de expresividad, logró transmitir al personaje de Cora Smith, la energía y vitalidad sexual de la que ella hacia constante gala en su vida privada. Sus andares felinos, su mirada que parecía transmitir una constante lascivia, resultaron perfectos para crear un ambiente sexual con la mera insinuación del deseo. 
La película disfruto de éxito en su estreno y las críticas fueron sumamente positivas. 


Lana Turner nació en Idaho en 1920. En 1929 su padre fue asesinado por lo que la familia decidió trasladarse a California en donde un periodista la “descubrió” siendo muy joven. Su carrera se consolidaría especialmente durante la década los cuarenta en la que títulos como el que nos ocupa le otorgaron fama y prestigio. En su vida privada los escándalos fueron constantes hasta el extremo de verse implicada realmente en un asesinato cuando su hija adolescente mató a su amante, el gánster Joe Stampanato. A partir de ahí –y aunque el veredicto fue el mejor posible (homicidio justificado)- la actriz encontró alivio en el alcohol aunque todavía protagonizó algunos films estimables como el melodrama de Douglas Sirk “Imitación a la vida” (1959).
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/turner_lana.htm
http://www.mujeresenlahistoria.com/2015/03/la-actriz-perdida-lana-turner-1921-1995.html
https://www.youtube.com/watch?v=ZJKS9S3KA7w

https://www.youtube.com/watch?v=W3Be8lPk2O8&list=PLggA3g9NkDDE5j-zcNVXNfaUEMYumXPu4
-continuará-
Autor: Javier Nebot, Sept. 2015.

Notas:
(1) Gregorio Belinchón firma el estudio de presentación que incluye el DVD de la película dentro de la coleccción “CINE DE ORO” de EL PAIS.  
(2) Óp. Cit. P. 16.  

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