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jueves, 18 de agosto de 2016

Momentos de cine (73): "Tres colores: Azul" (Krzysztof Kieslowski, 1993)

"Azul" (1993) fue la primera película de la aclamada trilogía sobre los Tres colores dirigida por Krzysztof Kieslowski (muerto prematuramente por un infarto, en 1996, a los 54 años de edad). 
La película narra la historia de Julie quien, en un accidente de coche, pierde a su marido -Patrice- y a su hija -Anna-. Para superar su duelo la protagonista (encarnada por una sobresaliente Juliette Binoche) decide reconstruir su vida  desde cero, en solitario y aislándose en lo posible de su pasado. Claro que el pasado siempre tiene sus particulares cantos de sirena y no suele "soltar presa". De ello se encargará (entre otros "cantos") Olivier, antiguo ayudante de su marido -y también enamorado de Julie- que acabará convenciéndola para que finalice la obra musical que estaba componiendo Patrice antes de su muerte:  el "Concierto para Europa".
Director: Kryzysztof Kieslowski.
Intérpretes: Juliette Binoche, Benoit Regent, Florence Pernel, Charlotte Véry.
Música: Zbigniev Preisner.
Duración: 98´.
Fotografía: Slawomir Idziak.



La trilogía de los tres colores -a imitación de los desplegados en la bandera francesa y de los valores que representa- supuso un desafío a los intentos -¿o éxitos?- de pensamiento reduccionista imperantes en Europa. En las tres películas que la conforman Kieslowski insistió en demostrarnos que la libertad absoluta no existe (¿alguien pensó alguna vez -sinceramente- que sí?), que se trata más bien de una ensoñación a perseguir; que la igualdad no es más que una nueva quimera (muerto dios y glorificado el materialismo más absoluto la igualdad se ha convertido en un adorno verbal propio de todo discurso que se precie, sea éste de derechas o de izquierdas) y que la fraternidad resulta poco menos que imposible cuando no hay manera de entablar un verdadero dialogo con nadie y existe una tendencia -por lo visto irrefrenable- a secuestrar las ideas en beneficio del colectivo de cada cual (tan fundamentalista el políticamente "correcto" como el "incorrecto").
 En Azul, la muerte y la pérdida que conlleva sirven de catalizador para la transformación. Una escena tan sencilla- pero potente- como  aquella en la que Julie hace sangrar sus nudillos contra la pared y continua a pesar del dolor, nos da una clara pista de que éste puede ser, en muchas ocasiones, el precio necesario para una catarsis.



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