martes, 7 de julio de 2015

Intérpretes (24): Khatia Buniatishvili (Georgia, 1987)


Khatia Buniatishvili, pianista precoz, empezó a dar conciertos a los diez años.
Desde entonces, en su carrera musical no ha hecho más que cosechar éxitos interpretativos y discográficos.






(Entrada revisada a 04-05-18).
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Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto:  Javier Nebot

Opinión personal (35): El Eneagrama. Las pasiones y las fijaciones. (3º de 13)

Las pasiones: el núcleo dinámico de la neurosis.
La palabra “pasión” ha tenido durante mucho tiempo unas connotaciones negativas. 
Se consideraba que las personas eran “víctimas” de las mismas y por lo tanto se procuraba “dominarlas”. Desarrollar las virtudes que las controlasen parecía ser el objetivo principal de toda educación moral. No podemos olvidar que el eneagrama procede de una tradición espiritual en la que el perfeccionamiento de uno mismo pasaba –ineludiblemente- por el reconocimiento de aquellos rasgos de la personalidad que pudieran entorpecer dicho desarrollo. En este sentido, identificar los principales impulsos y darles nombre era una parte importante del trabajo a realizar. En el eneagrama de las pasiones se atribuye a cada eneatipo una pasión concreta que caracteriza la motivación base de su carácter. (1)
Así en el eneatipo I la pasión predominante seria la “cólera” (Ira); en el eneatipo II el “orgullo” (Soberbia); en el enatipo III la “vanidad”; en el IV la “envidia”; en el V, la
“avaricia”; en el VI la “cobardía” (Miedo); en el VII la “gula”; en el VIII, la “lujuria”; y en el IX la “pereza”. (2)
Pangrazzi (2007) señala que la tendencia original del eneagrama, consistente en identificar las personalidades partiendo de las “connotaciones negativas”, puede ser actualmente obviada haciendo hincapié en otros aspectos más positivos. Parece que este “negativismo” encuentra hoy en día cierto “rechazo” dentro de algunas corrientes psicológicas basadas en resaltar las valoraciones “positivas” del individuo y sobre todo en el público en general al que suele resultar chocante reconocerse en descripciones negativas cuando no patológicas.. No estoy totalmente de acuerdo con tales planteamientos. El origen del sistema que utilizamos está precisamente en ser consciente de la deficiencias o de los aspectos que nos alejan de la plenitud. Personalmente me sitúo mucho más cerca de Naranjo y aquéllos otros autores que continúan la tradición a través de los planteamientos formulados por Ichazo. Hace unos pocos días tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un nuevo libro escrito por David Barba sobre el eneagrama y este autor convenía en partir de un planteamiento que erradicase los "paños calientes" que tanto gustan a los autores norteamericanos amigos de lo light. Rebajar pretensiones o diluir contenidos, aunque sean semánticos, está lejos de las verdaderas aspiraciones del eneagrama que implica un trabajo personal serio, duro y, a veces, complejo.
No se trata de contentar con palabras amables al ego, se trata de enfocar los cambios con valentía y esfuerzo si realmente queremos observar un progreso y no caer en un fatuo auto-engaño.
Como he indicado antes, los puntos secuenciales 1-4-2-8-5-7-1-9-6-3 señalan interrelaciones de diferente tipo y una de esas interrelaciones sería la que muestra cómo cada pasión se fundamenta en la anterior. Hay sin duda una coherencia interna y Naranjo (2008) lo describe muy acertadamente:
“Tomemos el caso del orgullo: es fácil ver que, así como la expresión del orgullo supone un intento por parte del individuo de compensar la inseguridad de su propia valía, la gente orgullosa, como grupo, tiene en común una represión y una sobre-compensación del sentido de inferioridad y de carencia que son predominantes en la envidia. En la envidia, a su vez, podemos hablar de una ira que se ha vuelto hacia adentro en un acto de autodestrucción psicológica. En el caso del carácter iracundo y disciplinado podemos ver un intento de apartarse de la actitud oral-receptiva, mimada o autoindulgente de la gula. El eneatipo VII, por su parte, con su capacidad expresiva, persuasión y encanto, parece muy opuesto a la torpeza lacónica del eneatipo V y, sin embargo, se puede considerar que surgió de ésta, como sobrecompensación de la deficiencia con la falsa abundancia” (p. 27)
Aunque en la descripción de cada uno de los tipos hablaremos sobre las pasiones que los conforman quisiera hacer aquí una breve descripción de las 9 pasiones.
1. Ira (Eneatipo I): Se la considera más como una “oposición interior” ante la realidad que como una irritación explosiva. La mayor parte de los autores consultados coinciden en que parece claro que se trata de algo más ligado al resentimiento (las cosas no son como debieran y eso irrita), caldo de cultivo soterrado, que más tarde o más temprano, podría desembocar en manifestaciones extemporáneas. Riso y Hudson (2011) señalan cómo “la pasión de la ira provoca una insatisfacción crónica con uno mismo y con la realidad. Nos hace pensar que la realidad no es de la forma que debiera ser” (p. 96). A partir de ese sentido la rabia del Uno tiene un punto de implacabilidad, de frialdad ya que está basada en la absoluta certeza de tener razón y es por tanto una rabia “justiciera”.
2 . Orgullo (Eneatipo II): Riso y Hudson (2011) lo equiparan a la vanagloria, al sentirse orgulloso de la propia bondad, “es una “bondad” que reclama tanta atención para sí misma que la persona va a ser admirada por no ser egoísta, elogiada por su humildad, recompensada por sus sacrificios, compensada por su generosidad”. (p. 69) Curiosamente el orgullo tiene importantes matices de ira que impiden ver al otro y contribuyen a la auto justificación cara a manipularlo.
Sin duda implica –como señalan Durán y Catalán (2010)- “una inflación del ego”. (p. 59)
3. Vanidad (Eneatipo III): Es una pasión por la buena imagen, por parecer mejor de lo que se es. Hasta cierto punto está vinculada a la arrogancia, a la presunción. Riso y Hudson (2011) prefieren hablar de engaño (falsedad) como rasgo constitutivo de la pasión del eneatipo III dejando el término “vanidad” como la característica propia de la fijación de dicho eneatipo. En cualquier caso parece evidente que en el Tres hay una falta de autenticidad: podríamos decir que se da una sustitución del verdadero yo por otro falso pero mejor adaptado a lo que se espera en su ambiente.
4. Envidia (Eneatipo IV): Personalmente considero que tiene un matiz más amplio que el habitual. Sin duda es un sentimiento de carencia, de que hay una falta (aunque muchas veces no se sepa de qué) y que anhela saciarse con algo que está fuera de uno mismo. Durán y Catalán (2011) señalan un matiz que me parece relevante: “la carencia mira hacia afuera y contiene un sentimiento expreso de añoranza. El sentimiento carencial lleva a estar exigiendo, reclamando, o quejándose de lo que falta. La sensación es que los otros tienen más y la tendencia es a encontrar malo lo que está dentro y bueno lo que está fuera”. (p. 63)
5) Avaricia (Eneatipo V): Hay en la avaricia una contención, un apropiarse para sí que se materializa en una retirada, muy diferente de la actitud que pueden demostrar la lujuria, la gula, la envidia, sin duda más volcadas en llenarse de lo exterior. Durán y Catalán (2010) resaltan como “el aspecto resignado deriva de la profunda desconfianza en recibir nada desde fuera. Se retiran del mundo porque el mundo no es bueno, partiendo de una actitud de suspicacia, esquizoide, muy introvertida y volcada hacia uno mismo”. (p.65)
6) Cobardía (Eneatipo VI): El miedo es la emoción que surge cuando no encontramos suficiente apoyo y consideramos que algo nos amenaza. Como bien dicen Riso y Hudson (2011) “el miedo es una respuesta a ese no saber qué va a suceder. Siempre que nos sentimos inseguros de nuestro destino y sin apoyo tenemos miedo” (p.82). El miedo implica aferrarse en demasía a cosas o personas y su posible pérdida provoca ansiedad. “El miedo nos hace necesitar demasiadas seguridades, para no equivocarnos, y también conlleva una tendencia a quererlo todo como una manera de no errar, una grave dificultad a la hora de tomar decisiones”. (Durán y Catalán., 2010. p. 67). (3)
7) Gula (Eneatipo VII): Evidentemente es algo más amplio que el mero interés por la comida. Implica un sentido hedonista ante todos los placeres, un insaciable deseo de llenarse de experiencias. “Desde un nivel psicológico y espiritual, es creer que todas las cosas buenas y deseables existen fuera de uno, por eso necesita apropiarse de ellas. La gula surge de un profundo sentimiento de vacío interno que el ego intenta eliminar”. (Riso y Hudson 2011. p. 85).
8) Lujuria (Eneatipo VIII): También en este caso el significado es más abarcador que el mero ansía sexual. Refleja una tendencia a la intensidad, una necesidad de dominio y expansión. Como bien señalan Durán y Catalán (2010), el VIII “para mantener una posición de poder y seguridad, ha de demostrar su fuerza, con un orgullo implícito y una tendencia al desdén, a menospreciar a los otros”. (p.70)
9) Pereza (Eneatipo IX): No es el equivalente a la “vaguería”, más bien se trata de un deseo de no dejarse afectar por las circunstancias. Una evitación del conflicto que implica cierta falta de exteriorización de sentimientos. El Nueve se siente atrapado entre sentimientos antagónicos, entre el deseo de rebelarse y el de obedecer, pero no parece que los Nueve estén dispuestos al consumo de energía que implica muchas veces enfrentarse a la realidad.
Naranjo (2008) concluye que “en contraste con la visión de los teólogos cristianos –que establecían una jerarquía de gravedad en los pecados capitales- y, también, en contraste con la psicología contemporánea –que interpreta que los caracteres en los que estos diversos estados mentales están más marcados no sólo surgen de diferentes etapas del desarrollo, sino que unos revisten más o menos gravedad o nivel patológico que otros- , está visión del Cuarto Camino afirma que las pasiones son equivalentes, tanto en términos ético-patológicos como de pronóstico” (p. 28).

 Las fijaciones: estilos de distorsión cognitiva.
Se llama “fijación” a aquella perturbación cognitiva a la que nos quedamos enganchados. “Las fijaciones son los errores cognitivos que van asociados a las pasiones y que llevan a interpretar el mundo y las relaciones desde una óptica peculiar. Son ideas establecidas en el momento de la constitución del carácter, o sea, en la infancia, bajo la presión de la pasión y sin las herramientas intelectuales de la edad adulta y que se mantienen luego como verdades incontrovertibles en lo profundo de nuestro ser”. (Durán y Catalán, 2010. p. 73). 
En su determinación terminológica no parece darse excesivo acuerdo. Claudio Naranjo (2008) señala que “Ichazo definió las fijaciones
como defectos cognitivos específicos o facetas del sistema ilusorio del ego, pero los nombres que les dio reflejan a veces la misma noción que la pasión dominante, o bien características asociadas que no aciertan a encajar con su propia definición”. (p. 29)
Y continua:
“puede observarse aquí que la referencia al resentimiento del punto I es casi redundante con “ira” y que, en el caso del punto II, la adulación/halago se refiere principalmente a “auto adulación”, que es inseparable del auto engrandecimiento del orgullo. En el caso del punto III, Ichazo propuso palabras con sentidos significativa- mente diferentes para los aspectos emocionales y cognitivos del carácter, y yo estoy en desacuerdo con el hecho de que atribuyera el desasosiego de la persecución del éxito al campo de la fijación y el engaño al campo emocional de las pasiones”. (p.30)
Otros autores también modifican o expresan la terminología adaptándola a diferentes matices pero, personalmente, no me parece que haya diferencias tan sustanciales como parece indicar el planteamiento de Claudio Naranjo.
Quisiera citar de nuevo a Durán y Catalán (2010) porque inciden en un aspecto que me parece sustancial dentro de la concepción del eneagrama como herramienta de auto-conocimiento. “Desde el punto de vista de Scheller, lo que enferma no son los procesos psíquicos ni las vivencias, sino la manera en que estas vivencias son
interpretadas y juzgadas y los errores y engaños perceptivos. 
La terapia para él tiene como intención última liberarnos de los autoengaños, poder mirar nuestra vida de la forma más clara posible” (p. 75).
El ejemplo popular de las “gafas de color” refleja bien esta realidad: según el “cristal-distorsión” con que miramos interpretamos la realidad de una forma u otra. Se crea una “ilusión específica”.
-La fijación del I: Resentimiento aunque otros autores hablan de Perfeccionismo. ¿Cómo vincularlo? Todos coinciden en que el Uno ve el mundo desde su imperfección y se ve en la “obligación” de acortar ese distancia, tarea que sin duda produce un más que latente resquemor porque la vida no es como debiera y le resulta difícil de aceptar. Para el uno el deber es más importante que el placer ya que piensa que hay algo “objetivamente” bueno a lo que hay que tender aunque eso no se dé en la realidad que observa. El Uno ve cierta impostura en aquellos que anteponen el placer y considera que de alguna forma están haciendo trampas (Palmer 2007). Este planteamiento le lleva a un perfeccionismo en cuanto a su acción y a un resentimiento respecto a los demás (ya que consideran que no juegan “limpio”).

-La fijación del II: Halago, Adulación. Hay un convencimiento de que uno es “especial” y tiene derecho a una posición de privilegio. Sin duda –como en prácticamente todas las fijaciones- el sujeto no es consciente de ello pero esa auto imagen “hinchada” pero, -como bien decía San Agustín- lo hinchado parece grande pero no está sano y, por lo tanto, requiere de constante confirmación por parte de los demás. Para conseguirlo recurren a la adulación, a satisfacer las necesidades de los otros con lo que consiguen sentirse bien con ellos mismos y obtener el feedback que desean.

-La fijación del III: Desasosiego /Vanidad/ Apariencia. Quizás sea uno de los eneatipos en los que hay más variedad a la hora de expresar su fijación. La idea básica, en cualquier caso, es que el Tres vive su vida pendiente de su auto-imagen de prestigio o éxito y a través de ella procede a su propia valoración y a la de los demás. El Tres se creé realmente su “falsedad”. Naranjo (2008) señala que para el eneatipo III “es común sentir que el mundo es un teatro donde todos fingen. Desde luego, fingir es la única manera de tener éxito. De ello se deriva que los sentimientos verdaderos no deben expresarse” (p.33).

-La fijación del IV: Melancolía. Hay en el Cuatro cierta tendencia a la “victimización” debido a su percepción de que el mundo “le debe algo”. Riso y Hudson (2011) hablan de “fantasear” y Durán y Catalán (2010) de “compensación” pero me parece que, en el fondo, hablan de lo mismo: hay una visión “dolorosa” de la realidad que le hace sentirse “especial”. Por ello el Cuatro opta por una inconsciente idealización del sufrimiento.

-La fijación del V: Mezquindad, tacañería. En este caso estoy más de acuerdo con Durán y Catalán (2010) que hablan de “aislamiento”. Como actitud general me parece más determinante que la mezquindad/tacañería que –en nuestro lenguaje actual- son mucho más restrictivas. La perspectiva del Cinco implica un convencimiento de que es mucho mejor “arreglárselas solo”. Es verdad que esa auto-suficiencia puede adquirir los matices de la tacañería en su afán de aferrarse a conocimientos y recursos con los que quiere asegurarse una autosuficiencia. La desconfianza
que procede de su pasión impregna la percepción de la realidad. Los mismos autores (2010) señalan que en el Cinco “hay una hipersensibilidad a la invasión, tanto física (su tiempo, su espacio) como emocional. Su aislamiento no es necesariamente físico, a menudo es una actitud de estar en otro mundo” (p. 86).

-La fijación del VI: Cobardía /duda. El Seis busca seguridad pero en el proceso se pierde en la ansiedad de dicha búsqueda. Riso y Hudson (2011) señalan que “la cobardía es una falta de confianza en nuestra capacidad de saber, de recibir orientación interna” (p.84). Tienen mucho miedo al riesgo, a equivocarse y a las consecuencias de esa posible equivocación. Como consecuencia de ello Naranjo (2008) dice que “es básico para todos los subtipos del Seis el sentimiento de que hay que desconfiar de la gente y cuestionar las intuiciones y los deseos propios. Sobrevaloran la autoridad, aunque no necesariamente la perciben como buena: suele ser, de modo ambivalente, a la vez buena y mala” (p. 34).

-La fijación del VII: Planificación. Lo que Ichazo denominó “ego plan” (aunque Naranjo (2008) refiere que la primera vez que escuchó a Ichazo enseñar el Proto-análisis este se refería a la fijación del VII como “charlatanería” y sólo modificó la expresión al dirigirse a estudiosos de habla inglesa), se ha ido reconociendo como la tendencia a hacer planes que suele llenar la mente del Siete. Hay bastante auto indulgencia en esa planificación futura de expectativas “felices”. La perspectiva “optimista” del siete sería como el opuesto a la “pesimista” del cuatro. Pero ese optimismo le puede llevar al Siete a vivir en un mundo falto de realidad, imaginario, en donde no hay límites a su “sed” de felicidad. Durán y Catalán (2010) señalan que “se pone el esfuerzo en imaginar, tarea gratificante por sí misma y no en la realización, que conlleva inevitables frustraciones” (p. 89)

-La fijación del VIII: Venganza. Otra palabra que a los oídos actuales suena con una carga extra de negatividad. Acaso sea algo excesivo el planteamiento de Naranjo (2008) : ”La visión del mundo del VIII es la de una batalla donde los fuertes ganan y los débiles pierden. El VIII exalta la fuerza y desdeña la debilidad, sobrevalora el apañárselas por cuenta propia y desprecia la necesidad. Siente que está bien causar sufrimiento cuando uno busca la satisfacción, pues persiste el rencor por el tiempo en el que le tocó sufrir para satisfacción de otros” (p. 35). 
Pero sí parece evidente que los Ocho quieren ejercer dominio sobre la realidad y sobre los demás lo que de alguna forma les confiere seguridad. Sin duda para ello hay que ser fuerte y, en muchas ocasiones, negar la adversidad o el dolor. Como señalan Riso y Hudson: “Si me haces daño, me vengaré” (p. 90).

-La fijación del IX: Indolencia. La tendencia sobre-adaptada del Nueve refleja su afán por evitar los conflictos. Durán y Catalán (2010) hablan de “escepticismo” pero a mí no me parece que sea el matiz más acertado para la actitud general del Nueve porque hay una cierta auto-anulación en este eneatipo que no veo en el escepticismo. El Nueve no se cree capaz de modificar la realidad (como ya vimos al hablar de su “pasión”, la pereza) y, bajo una capa de sencillez y adaptabilidad, opta por no luchar y conformarse con lo que hay. Ahora bien, esa renuncia le puede ayudar evitar enfrentamientos pero, como no le gusta que intenten cambiarle, se produce en él una soterrada rabia que maneja con dificultad a pesar de su “indolente” exteriorización.
-Continuará-
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Texto: Javier Nebot
Notas:
(1) Helen Palmer (“El eneagrama”, La liebre de Marzo, 2007) ofrece una descripción breve y enjundiosa de las pasiones que cito como complemento:
“El eneagrama identifica nueve Rasgos característicos de la vida emocional. Son paralelos a los siete pecados capitales cristianos, con el añadido del engaño y del miedo en los puntos tres y seis. Estos hábitos emocionales se desarrollaron durante la triste caída en el mundo material. También podrían denominarse las pasiones de la sombre emocional, derivadas de la necesidad de manejar la vida familiar durante la infancia. Si un niño se desarrolla bien, las pasiones no son un factor principal, y se presentan como meras tendencias. Pero si la situación psicológica es grave, entonces uno de los asuntos de la sombra se convierte en una preocupación obsesiva; la capacidad para la auto-observación se debilita y no logramos avanzar en otras actividades. La esperanza está puesta en que al localizar nuestro Rasgo Principal podamos aprender a observar los distintos modos en que el hábito ha tomado el control de nuestras vidas”. ( p. 33 ).

(2) Sin duda la influencia del cristianismo y de la elaborada descripción que de las pasiones hizo Santo Tomás tiene aquí su peso. Los llamados vicios (o “pecados capitales” por la gravedad que implicaban) eran los primeros aspectos a reconducir en persona que quisiera librarse de la esclavitud que ocasionaban. Pangrazzi (Santander 2007) refiere que Gurdjieff consideraba la pasión como el “rasgo característico” o el “defecto principal” de cada tipo; pero que sugería que el defecto –si es sabiamente integrado- puede considerarse un punto fuerte de la persona.

(3) Marina, J. Antonio. “El laberinto sentimental” Anagrama. 2009) especifica:
”Todos sentimos miedo.Es un sentimiento que nos advierte que nuestra vida, nuestro bienestar, las personas a las que amamos, nuestros proyectos, están en peligro. Es decir que nuestras posesiones o nuestros amores pueden sufrir un daño, y yo con ellos. Sentimos miedo en diferentes ocasiones, pero no todos en las mismas, ni con la misma intensidad, ni con idéntica frecuencia. Hay personas tímidas o miedosas o pusilánimes a las que cualquier cosa asusta”. (p. 83)
Sin duda esto es así pero en el eneatipo VI esto constituye el rasgo en el predominante de su carácter, por encima de otras características, y afecta a toda su estructura relacional.

domingo, 5 de julio de 2015

Opinión personal (34): El eneagrama. Exposición general del sistema de enatipos. (2º de 13)

Exposición general del sistema de eneatipos.
El eneagrama desarrolla, como intuición base para el perfeccionamiento del individuo, una teoría en la cual la personalidad aparece como una “oscuridad óntica” (una falta de “ser”). Se trata entonces de conocer las diferentes formas en que cada uno expresa su ser y avanzar en un auto-conocimiento que evite y supere la “degradación de la conciencia”. (1)
Este planteamiento no es algo totalmente nuevo. Son muchas las tradiciones de sabiduría que de alguna forma han expresado esa sospecha de que el ser humano puede sentirse más “completo”, de que le falta algo “esencial” que casi siempre se vive como “pérdida”. De hecho parece bastante más que probable que de ese sentimiento o intuición de “falta” surja la percepción de lo religioso (2).
Coincido con Naranjo (2008) en que los relatos míticos de “caída” o “expulsión de un paraíso” –que se dan en diferentes culturas- reflejan muy bien esas vivencias de carencia y el subsiguiente deseo de obtener una plenitud. Casi todas las tradiciones religiosas han ahondado en ello y son constantes sus referencias a “estar dormidos” y a la necesidad subsiguiente de que debemos “despertar”, o, también, a como la “luz” acabará venciendo a la “oscuridad”: Significaciones claves en una simbología poderosa que se dan tanto en la religión convencional como en la mística.

Siendo el eneagrama un camino de perfeccionamiento personal (aunque no olvide lo espiritual) elabora dichas intuiciones de carencia con un sentido quizás no tan trascendente –al menos en la actualidad (3)- y las enfoca hacia procesos de autoconciencia. En principio, no pretende competir con las religiones a pesar de que el sentido último de ambos pueda parecer coincidente. Cuando el eneagrama habla de “pérdida de ser” quiere significar que la energía psicológica –el espíritu- no fluye por los canales óptimos si no que, más bien, opta por caminos de adaptación en su deseo de completar algo que siente como deficitario.
Hay, por lo tanto, una clara percepción de carencia y ante ella cada personalidad desarrolla unos mecanismos de adaptación propios. Las formas de explicar ese posible vacío, ese anhelo de plenitud y los modos en que resolvemos esa ansiedad esencial, son bastante diferentes según la tradición en la que estemos. El eneagrama plantea nueve propuestas, nueve maneras básicas de ver el mundo. Nueve “patrones” en la terminología de Riso y Hudson (2011).

A su vez la psicología intenta –creo que en la actualidad con éxito- “unificar”, aclarar y elaborar un discurso propio con pretensión de objetividad científica. Evidentemente explica con palabras diferentes esa “falta de ser”, identificándola en determinadas ocasiones con procesos de neurosis (Quiero señalar que el DSM IV –“biblia” de diagnosis norteamericana- muestra, desde mi punto de vista, una preocupante tendencia a la patologización de casi todas las conductas pero parece ser la “biblia” de los psicólogos y psiquiatras y es imperativo tenerlo en cuenta. Actualmente está vigente el DSMV, pero, en lo básico no cambian las referencias citadas en estos post)
Naranjo señala que Freud, en su visión de la neurosis, constató una interferencia de la vida instintiva. . Aunque hoy día se cuestionan algunos aspectos de la teoría de la libido todavía son muchos los psicoanalistas que siguen estando de acuerdo en que “el origen de la neurosis debe buscarse en un maternaje imperfecto” (Naranjo 2008. p.3).
Pero, sin duda, no se trata sólo eso, ya que parece evidente que la neurosis se va transmitiendo a través de la cultura y de los procesos de parentalización (en ese extremo sí parece darse un mayor acuerdo) e igualmente evidente que no hay una sola causa para ello. Se parte de la tesis –que todos podemos comprobar experimentalmente- de que el niño, ante la falta de aquello que necesita, va probando y adaptándose de la forma en que considera más válida a sus circunstancias. (4)
“Podemos decir que el individuo ya no es libre de aplicar o no los resultados de su nuevo aprendizaje, sino que “ha puesto el automático”, acudiendo a una determinada respuesta sin “consultar” la totalidad de su mente o considerando la situación creativamente en el presente. Es esa fijación de respuestas obsoletas y la pérdida de la capacidad de responder creativamente en el presente lo que más caracteriza el funcionamiento psico-patológico” (Naranjo, 2008. p .6 ).
A la persistencia de esa estrategia de adaptación, que supone necesariamente una “rigidización” de la conducta, es a lo que unos llaman ego y otros personalidad o carácter: patrones reconocibles que han sido estudiados de diferentes maneras u ópticas.
Nuestro autor prefiere hablar de “carácter” (5) indicando que esta palabra, que procede del griego “charaxo” y significa “grabar”, hace referencia a lo que es constante en una persona porque ha sido “grabado” en uno. Y continúa:
“Podemos describir el carácter como un compuesto de rasgos, entendiendo que cada uno de ellos apareció bien como una identificación con un rasgo de los padres o bien, por el contrario, por un deseo de NO ser como los padres en ese aspecto en particular”. “Pero el carácter es más que un conjunto caótico de rasgos: es una compleja estructura que podría representarse en forma de árbol, en el que los distintos comportamientos son aspectos de comportamientos más generales” (p.7).
Como he señalado antes, para Naranjo el núcleo fundamental de todo carácter tiene una doble naturaleza: un aspecto motivacional (el impulso que nos mueve) en
interacción con un prejuicio cognitivo (una forma preconcebida de ver las cosas, unas “gafas” de color determinado). Es decir una “pasión” asociada a una “fijación”. Dentro del sistema Eneagramático, los nueve tipos que se describen son, precisamente, cristalizaciones de diferentes “pasiones” en su interactuación con las sub-siguientes fijaciones. Sobre ésta estructura desarrolla una detallada descripción de los posibles caracteres.

Es importante, además, tener en cuenta que, a diferencia de otras teorías del comportamiento humano, el eneagrama reconoce en el comportamiento –coincidiendo hasta cierto punto con el psicoanálisis- tres instintos y fines básicos: la supervivencia, el placer y la relación (6).
Estos, a su vez, se interrelacionan con los tres “centros” que se dan -con diferente nivel de predominancia- en cada ser humano: el intelectual, el emocional y el instintivo.
Gurdijieff consideraba esos centros como tres contradictorios “yoes” y esos “yoes” se hacían cargo de la persona en diferentes momentos según predominase uno u otro. Sostenía que si el individuo se aferraba a la idea de ser solo “uno” no podría interpretar las diferentes pulsiones que experimentase y le sería imposible tratar de ponerlas en armonía para conseguir la situación de equilibrio.
Freud también hablaba de un yo físico, un yo emocional y un yo intelectual. Estos aspectos han sido también concienciados, hasta cierto punto, en el lenguaje común tal y como podemos ver cuando hablamos de que en “aquel” predomina la “cabeza”, en el otro el “corazón” y en el de más allá las “vísceras”. Sin duda un claro ejemplo de cómo, en algunas ocasiones, se llega a conclusiones similares aunque los procedimientos para ello hayan sido muy diferentes.

Los caracteres.
Dentro del proceso de perfeccionamiento que desarrolla el eneagrama, adquiere importancia capital identificar el propio “rasgo principal”, la característica determinante de la personalidad (7). Es evidente que el número de “rasgos principales” no es ilimitado y por lo tanto podemos hablar de unas determinadas configuraciones psicológicas o tipos de personalidad. Como ya he referido antes la mezcla de rasgos basadas en un particular modo de distorsionar la realidad y en un peculiar modo de motivación o pasión es lo que constituye el carácter (8).
Por poner un ejemplo gráfico, podemos comparar el carácter con un diamante en bruto del que se van obteniendo diferentes brillos según predominen unas u otras facetas.
El eneagrama expone primariamente NUEVE tipos de “diamante” o nueve “rostros del alma” (en claro contraste con otros tipos de caracterologías: Sheldon tres, Hipócrates cuatro, los cinco tipos bio-energéticos de A. Lowen etc.)
Cada tipo puede presentar diferentes variantes como luego veremos en función de que predominen con mayor o menor intensidad algunos de los impulsos primarios antes referidos o en función del particular grado de desarrollo del individuo. (9)
Naranjo señala cómo la psicología tradicional también ha aspirado a una clasificación convincente y así el DSM IV ( “contempla tres grupos fundamentales: el grupo
esquizoide, con clara orientación al pensamiento (eneatipos V, VI y VII); el grupo histeroide con una orientación hacia el sentimiento (eneatipos II, III y IV) y otros de tipo corporal que, en cuanto a constitución, son los menos ectomórficos y están orientados predominantemente hacia la acción (eneatipos VIII, IX y I).” (Naranjo 2008 p. 15).
Sin duda va en perfecta línea con el planteamiento de los “tres centros” o “yoes” de Gurdjieff que he expuesto más arriba y que otros autores como Michael Goldberg (2002), Arnaldo Pangrazzi (2007), o Riso/Hudson (2011) denominan “triadas” (grupo mental o centro del pensamiento (V, VI y VII); grupo emocional o centro de los senti-mientos (II, III y IV) y Grupo de la voluntad o centro de la acción (VIII, IX y I)).(10)
El hecho de que el eneagrama ubique los diferentes caracteres en un círculo no es algo baladí: su propia configuración de líneas internas, que van en una determinada dirección, implica un dinamismo y una interrelación que determinará pautas y características de desarrollo para cada eneatipo como veremos a la hora de describirlos individualmente. Tanto la teoría de las “alas” o de “vecindad” (influencia de los eneatipos anterior y posterior) como la dinámica de la llamada “ley del siete” en vinculación con la “ley del tres” son reflejo de esa particularísima psico-dinámica que impregna toda la sabiduría del eneagrama  (La “ley del tres” se refleja en el eneagrama a través del perfecto triángulo equilátero que componen los tipos 9, 3 y 6 (1i); la “ley del siete” configura a los demás números en un orden concreto resultante de dividir uno por siete de donde sale la secuencia 1, 4, 2, 8, 5, 7 y 1; en ese sentido esa secuencia, a la que añadiríamos la de 9, 6, 3 plasmaría una dirección que comúnmente se denomina como de “desintegración” y, si la secuencia se invierte -1, 7, 5, 8, 2, 4,1, 9, 3, 6, nos encontraríamos con la dirección de “integración”).
Naranjo (2008) divide también el círculo en dos mitades simétricas a partir del punto nueve: “En conjunto, podemos hablar de un lado derecho y un lado izquierdo del eneagrama, en simetría a partir del punto IX. Vemos que el lado derecho es más social y el izquierdo más antisocial; o, dicho de otro modo, hay más seducción en el derecho y más rebeldía en el izquierdo. No me cabe duda de que, al menos en el mundo occidental, existe un predominio de hombres a la izquierda y de mujeres a la derecha" (p.23)
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Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.

En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto: Javier Nebot.
(continuará)

Notas:
(1) Como medio para “navegar” dentro de esa “falta de ser” todos los autores consultados para este artículo coinciden en considerar el eneagrama como un “mapa”, un descriptor de nuestra mente, que puede constituirse una herramienta clave para transitar hacia el camino del auto-conocimiento. Ahora bien, como dicen los amantes de la PNL: el mapa NO es el territorio. No podemos confundir un patrón general con un individuo particular. Nos podemos reconocer en el patrón pero NO somos dicho patrón. Parece una obviedad pero uno de los posibles errores de los que se acaban de iniciar en el eneagrama es, precisamente, la categorización simple de propios y extraños, utilizándolo como un “corsé” categórico, en vez de cómo algo dinámico inmerso en sutiles pautas de profundización.

(2) El cristianismo lo traduce en un anhelo de Dios. El hinduismo y buena parte del budismo lo expresan en una potente intuición de que toda realidad tiene mucho de “maya”, de ilusión y que lo que percibimos como real realmente es un “no es”. Son muchos los maestros que hablan de los tránsitos de la oscuridad a la luz como de algo imprescindible para el desarrollo del individuo y su toma de conciencia hacia la trascendencia. Dentro de nuestra tradición más cercana no puedo por menos que mencionar a un maestro como Antonio Blay basa sus enseñanzas en un proceso de auto concienciación que pretende, precisamente, superar esa “falta de ser” (Blay, Antonio. “La personalidad creadora”. 1992). También ahondando en este sentido me parecen muy relevantes las aportaciones de Willigis Jäger (“La Ola no es el Mar”. 2010), discípulo destacado de Karl Graff Dürckheim.

(3) Tengo que reconocer mi desconocimiento actual sobre el grado de vigencia de los grupos creados por Gurdjieff y los seguidores del “Cuarto Camino” que sí parecían seguir unas pautas que podríamos considerar “religiosas”. De hecho la expresión “Cuarto Camino” se popularizó para describir el nuevo enfoque de Gurdjieff que combinaba las tres formas previamente conocidas de desarrollo espiritual: la devoción (equivalente al “Bakthi” de los hindúes), el conocimiento (el equivalente al “Jnana”) y la austeridad física o ascetismo (tan popular entre los Padres del desierto y muchas órdenes religiosas posteriores y equivalente al Raja Yoga de la mencionada tradición hindú)

(4) Riso y Hudson (2011). Exponen este párrafo que me parece clarificador: “Visto desde esa perspectiva, podemos observar también que esos obstáculos se remontan a muchas generaciones atrás. Nuestros padres, sin darse cuenta, nos enviaron “mensajes” cuando éramos niños para que escondiésemos lo que éramos. Poco a poco, llegamos a creer que no era seguro tener o mostrar una o algunas partes de nosotros mismos. No importa la buena intención de nuestros padres, el caso es que, hasta cierto punto, todos hemos sucumbido al proceso de esconder y ocultar nuestra verdadera naturaleza esencial”. (p. 38).

(5). Aunque a los efectos que nos ocupa optó por seguir fundamentalmente las pautas de Claudio Naranjo, considero que Durán y Catalán (2010) establecen interesantes precisiones terminológicas, especialmente clarificadoras para aquellos que no somos psicólogos:
“Aunque “carácter” y “personalidad” se emplean a menudo como sinónimos en la literatura psicológica actual, nos parece importante establecer la distinción terminológica que vamos a manejar en este estudio. Vamos a distinguir carácter frente a personalidad y también frente a temperamento, aunque éste no sea un término que vayamos a emplear. Por “temperamento” entendemos las características genéticas, cuasi físicas, energéticas, el substrato biológico del que emerge la personalidad y que hace referencia al tono vital: flemático, sanguíneo, asténico, atlético….Por “personalidad” entendemos las cualidades personales que sobre ese substrato biológico se han ido construyendo con la aportación de la “urdimbre primigenia”, de las circunstancias vitales que nos han tocado y de la especial manera de reaccionar ante ellas, determinadas por nuestro temperamento. En cuanto al “carácter” nos quedamos más con los aspectos estrictamente reactivos a las experiencias vitales que llegan a constituir una coraza defensiva, cuya función en origen es proteger la esencia de nuestro yo”. (p. 19 y 20)

(6) No parece haber excesivo acuerdo entre las diferentes escuelas psicológicas sobre la importancia de la noción de instinto en la interpretación de la conducta humana. Naranjo apoya la visión psicoanalítica de neurosis como perturbación del instinto.

(7) El término “rasgo principal” parece que fue utilizado por primera vez por el discípulo de Gurdjieff, Ouspensky.

(8) El eneagrama, pero también otras sabidurías asumen que el verdadero “ser” y la personalidad NO son lo mismo: se pretende conectar con la “esencia” primordial que –se supone- nos reconectará con lo mejor de nosotros mismos cuando y, quizás, nos encaminé directamente hacia la experiencia de lo absoluto, culmen de todo camino espiritual o religioso.

(9) En manuales avanzados se describen 27 subtipos. También se profundiza en los diferentes niveles de desarrollo según el grado de madurez o de patología en el que se encuentre el individuo en concreto. En este sentido el libro de Don Riso y Russ Hudson “Tipos de personalidad” (Palmyra. Madrid 2012) es sin duda de los más completos y clarificadores.

(10) Arnaldo Pangrazzi en su libro “El Enneagrama: un viaje hacia la libertad” (Sal Terrae. Santander 2007) expone de forma muy resumida pero clara lo que considera características de los tres centros Así:
“Centro instintivo o de las vísceras (8-9-1): Órgano simbólico: el aparato digestivo. Tema principal: la supervivencia, la auto conservación, la seguridad. Preocupación: el poder y la justicia. Funciones privilegiadas: el movimiento, la acción, la sexualidad, la necesidad de control, la llamada a los valores, a las convicciones y a la fuerza de voluntad de la que brota la acción. Programación de la vida: Práctica. Filtro importante de la realidad: el oído. Palabra clave: la acción (la vida vista como desafío). Tiempo de referencia: el pasado, del que se alimenta la memoria histórica, que ilumina y guía la acción. Verbo: “hacer”, “crear”.
Centro emotivo o del corazón (2-3-4): Órgano simbólico: el corazón. Tema principal: “los demás”, o las relaciones interpersonales. Preocupación: la imagen y el prestigio. Funciones privilegiadas: los sentimientos, las necesidades relacionales, la atención a los mensajes y a la comunicación verbal y no verbal de los interlocutores. Programación de la vida: relacional. Filtro importante de la realidad: el gusto y el tacto (permiten establecer relaciones. Palabra clave: el proceso interactivo (la vida vista como un compromiso). Tiempo de referencia: el presente, como oportunidad concreta de encuentro, el intercambio y la confrontación. Verbo: “sentir”.
Centro intelectivo o de la cabeza (5-6-7): Órgano simbólico: el cerebro. Tema principal: Tener una visión global de las cosas para afrontarlas objetivamente. Preocupación: el temor a equivocarse. Funciones privilegiadas: el análisis, la síntesis, el uso de la fantasía y de la imaginación para dilatar horizontes, la elaboración de planes y estrategias, la objetividad y el procedimiento lógico, la capacidad de decisión. Programación de la vida: hipotética o ideal. Filtro importante de la realidad: el ojo, para observar, recoger datos e informaciones con vistas a una decisión más sabia. Palabra clave: el conocimiento. Tiempo de referencia: el futuro. Verbo: “pensar”.
Es importante recordar que los tres centros están presentes en cada persona, pues no se puede vivir sin cabeza, sin corazón o sin aparato digestivo. Cada centro hace su aportación y ofrece una perspectiva para la integración de las potencialidades humanas”. (p. 32 y 33).

(11) La “Ley de Tres” refiere a un principio cósmico, aceptado por muchas tradiciones de sabiduría (a través de su plasmación en “trinidades”), en el cual se distinguen tres fuerzas en perfecta vinculación: la fuerza positiva o creativa, la fuerza negativa o destructora, y una fuerza neutralizadora.

sábado, 4 de julio de 2015

Opinión personal (33): Introducción al ENEAGRAMA. (1ºde 13)

El ENEAGRAMA
Hace ya muchos años, una de las personas que trabajaba conmigo (una brillante joven que actualmente es médico), al verme siempre desbordado y estresado por el trabajo -debido a las complicadas relaciones laborales que el mismo implicaba-, me recomendó un libro que, según ella, me ayudaría a manejar mejor las situaciones de tensión.
A pesar de mi natural escepticismo, lo compré aunque no lo leí hasta mucho tiempo después y, cuando lo hice, me descubrió una curiosa forma de entender la personalidad, presentándola no solo como un arquetipo teórico con el que identificarse sino, también, como una interesante herramienta de conocimiento propio y de los demás. 
Desde entonces reconozco que me ha ayudado a comprenderme un poco mejor. 
También me ha facilitado el comunicarme con los demás, procurando tener en cuenta sus diferentes puntos de vista y reconociendo -en la medida de mis posibilidades- su particular realidad y su personal manera de entender la vida y las relaciones. Todo, en lo posible, desde posiciones menos auto-proyectadas.
 El libro, a todas luces recomendable aunque no precisamente de fácil lectura, era “Carácter y Neurosis” de Claudio Naranjo y fue mi primer contacto con las teorías psicológicas del Eneagrama.
 
¿Por qué leerlo o leer algo sobre el eneagrama?
Sin duda la psicología es, hoy en día, algo que interesa a muchas personas. 
Actualmente no hay revista o periódico que no incluya algún reportaje o algún artículo con tintes psicológicos o que se acerque a la divulgación de lo que se ha convenido denominar como temas de "auto-ayuda". Tampoco la televisión ha hecho ascos al tema y contribuye, en algunos programas, a la popularización de términos y cuestiones que hasta hace  tan solo unos años eran casi por completo desconocidos, salvo para los profesionales. 
Este interés popular tiene a veces un aspecto mucho más frívolo y marginal que se manifiesta en la devoción que sienten algunos hacia los horóscopos. Estos representan de alguna manera no solo un interés sobre lo que puede llegar a pasarnos sino también sobre cómo vamos a reaccionar ante lo que nos suceda. En este sentido, ese interés por conocernos consigue asemejar, en algunos puntos, sin duda, los signos del zodiaco a los análisis de los perfiles caracterológicos,
Si, el auto-conocimiento nos interesa a casi todos y el conocimiento de los demás también. Aunque es evidente que no todo el mundo opta por hacer una terapia o por “psicologizar” su vida a lo Woody Allen, casi nunca desaprovechamos las oportunidades para conocernos mejor o para ver qué imagen de nosotros nos devuelven los demás. Consciente o inconscientemente todos queremos mejorar nuestra inteligencia emocional.
El Eneagrama, como iremos viendo, constituye un buen medio para ello, más allá de las posibles "rebajas" que algunos amigos de la difusión barata han hecho de él, intentando homologarlo con una numerología esotérica con la que, realmente, no tiene nada que ver.
Es verdad que, como todo lo que se usa en cualquier foro y no siempre con algún profesional por medio, la imagen de juego de salón ha primado en ocasiones sobre su verdadera pretensión.
Personalmente, siempre me ha llamado la atención el que, cuando nos reunimos los amigos o la cuadrilla o cualquier grupo de personas en algún evento distendido, y parece que la conversación “flaquea”, no hay nada como sacar este tipo de temas (entre los que se puede incluir fácilmente el eneagrama) para reactivar el interés y animar a una buena parte de los presentes a hablar de asuntos o cuestiones personales que de otra forma, probablemente, no se hubieran mencionado nunca. ¡Los juegos proyectivos son muy útiles para polemizar sobre las más diversas “intimidades”!.
¿Vanidad? ¿Frivolidad? Quizás, pero también profunda curiosidad.
Las diferencias notorias en la manera de ver las cosas nos hace muchas veces cuestionarnos, preguntarnos.
¿Por qué yo veo las cosas de una manera y mi pareja de otra? ¿Por qué a mí me interesan algunas cosas y a mis amigos las contrarias? ¿Por qué en ocasiones en las que yo sufro otros hacen gala de su imperturbabilidad, o al contrario? ¿Por qué unos viven la crisis como el colmo de las calamidades cuando otros parecen ver en ella un sinfín de oportunidades?
Cuando, en el contexto social antes mencionado, hablo del Eneagrama, suelo encontrarme con que se dan todo tipo de posicionamientos: desde aquel que critica y aborrece el tema, considerándolo todo como pura superchería, hasta el que entra en el terreno con actitud propia del “devoto”, enganchándose con fidelidad a una manera de ver y entender las cosas que parece dar por incuestionable una explicación esotérica a todo lo que sentimos o vivimos.
Pero…. ¿qué es en el fondo el ENEAGRAMA? ¿Un juego, como los antaño tan famosos juegos de roles? ¿Una vertiente exótica y mistérica de la psicología? ¿Una psicología de auto-ayuda?
Desde sus inicios casi secretos, hasta la extrema publicitación de sus técnicas en manos de los divulgadores norteamericanos, el eneagrama ha recorrido un extenso camino.
Estos artículos que voy a publicar en el blog pretenden ser una introducción, una “iniciación”, al mismo; me gustaría dar las suficientes pinceladas como para poder descubrir las posibilidades que tiene para conocerse uno mejor y para aplicar la tan ahora en boga “inteligencia emocional”.

Sin duda las teorías generales de la psicología convencional de la personalidad podrían proporcionar cierta capacidad para entender como actuamos o sentimos, pero comparto con muchos autores el convencimiento de que, con el eneagrama, ampliamos las posibilidades de auto-conocimiento auténtico y un desarrollo personal, probablemente, más profundo.
Con él podremos sacar más brillo a las facetas de nuestro “diamante"


Contextualización y antecedentes del sistema de los eneatipos.
La palabra “enneagrama” es de origen griego y se compone de dos partes: “ennea”, que significa nueve, y “gramma” que significa puntos. El término alude al símbolo caracterizado por una circunferencia con nueve puntos de referencia y que refleja de forma clara las interdependencias entre los diferentes tipos de carácter. (1)
Aunque hay autores que hablan de un origen remoto del eneagrama, transmitido a través de la tradición sufí, y rodean todo lo referente al mismo de cierto halo de esoterismo, he preferido utilizar como base las publicaciones del Dr. Claudio Naranjo que ha sido –en esto concuerdan la mayoría de los autores (2)- uno de los principales introductores del eneagrama en los parámetros psicológicos occidentales.

Naranjo nos cuenta en el mencionado libro Carácter y neurosis (2008) cómo, debido a su interés por profundizar en el estudio del temperamento humano, entró en contacto con diferentes estudiosos del tema. Estudiosos como Sheldon (que mantenía la tesis de que el temperamento humano está íntimamente relacionado con las estructuras corporales que derivan de las tres capas originarias del embrión humano), o Hans Eysenk en Inglaterra y Raymond Cattel en USA (que estaban desarrollando investigaciones separadas sobre la aplicación del análisis factorial al estudio del carácter).
Su búsqueda le llevó también a California donde, en los años sesenta, se estaba trabajando seriamente sobre el “estado alterado” y la “evolución de la conciencia”, sin olvidar la influencia que ejercieron en ese momento en su pensamiento - y que él mismo reconoce sin reparos- pioneros de la talla de Fritz Perls (fundador de la terapia Gestalt) o de su admirada Karen Horney (que trabajaba sobre un concepto más holístico de la neurosis y a la que nuestro autor dedica su libro “Carácter y Neurosis”).
Como también estaba  trabajando a su vez en una línea de profundización propia, persona,l que abarcaba perspectivas no siempre académicas (“mi búsqueda de la verdad nunca había sido totalmente intelectual” (Op. cit. p. xxvii )), Naranjo se marcó un itinerario de investigación que le llevó hacia el sufismo y, de esa manera, entró a formar parte de un grupo de iniciados guiados por Idriesh Shah.
En este contexto, algunos compatriotas suyos le invitaron a conocer a un maestro espiritual que reconocía beber en el “cristianismo esotérico” que Gurdjieff llamaba “El cuarto camino”. Ese maestro fue Oscar Ichazo.
A través de él conoció “una concepción de la personalidad que parecía estar en congruencia con la de Gurdjieff, pero que iba más allá en el detalle”. Se trataba del “proto-análisis”. Como él mismo nos cuenta “ tuve ocasión de descubrir cómo las ideas centrales del proto-análisis, y más específicamente su caracterología eneatípica, me servían como núcleo primero de espontánea cristalización de anteriores comprensiones y de un perfilamiento progresivo de asociaciones entre mis observaciones en curso (a la luz del proto-análisis) y las observaciones clásicas ordinarias de la literatura psicológica” (Op. cit. p. xxxi ).

A partir de entonces Naranjo se ha dedicado a tender puentes entre la óptica esotérica y la psicología académica a pesar del secretismo inicial que exigía Ichazo sobre la presentación de estas ideas psicológicas.
Este secretismo no parece que tampoco fuese especialmente respetado por algunos de los que recibieron las enseñanzas del proto-análisis ya que, hacia finales de los setenta, comenzaron a ofrecerse cursos de Eneagrama e incluso se publicaron en USA varias tesis doctorales referidas al sistema de los eneatipos.
Esto contribuyó a que fuesen apareciendo manuales sobre el Eneagrama y se consiguiese una “popularización” que, si bien ha contribuido a su accesibilidad por parte del público en general, también le ha restado cierta credibilidad en medios más intelectuales. (3)
Entre los principales divulgadores del sistema podemos mencionar a Helen Palmer, Don R. Riso y Russ Hudson en Norteamérica; Arnaldo Pangrazzi y Uwe Böschemeyer en Europa. En España, Durán y Catalán, siguiendo el camino trazado por Naranjo, han publicado obras de interés.
Desde mi punto de vista, tal y como he comentado al principio, el esfuerzo de adaptación hecho por Naranjo entre los elementos originales del proto-análisis de Ichazo y la literatura psicológica referente a la caracterología humana es uno de los más sobresalientes. Creo que lo es porque consigue aunar el espíritu objetivo (científico) de la psicología con los hallazgos del proto-análisis y del eneagrama iniciático de Gurdjieff, que tienen una base más subjetiva e intuitiva y, por lo tanto, para los amantes del rigor académico, mucho más discutible (aunque la experiencia demuestre que la “sabiduría” va, en ocasiones, por caminos diferentes a los que creemos más “fiables”) (4).

Naranjo plasmó por primera vez –de forma general- sus conclusiones sobre el eneagrama en el libro ya mencionado y citado varias veces “Carácter y Neurosis” (1994) y, desde entonces, ha seguido desarrollando su labor de divulgación en diferentes publicaciones y seminarios a la vez que ha  ido formando a infinidad de psicólogos transpersonales (labor que sigue ejerciendo en la actualidad).
Él ha puesto siempre el énfasis en facilitar un proceso de auto-diagnóstico basado en una buena comprensión de las pautas que marca el carácter, dando por supuesto que los posibles atisbos de auto-percepción a los que se puede llegar a través del sistema puedan tener, de por sí, trascendencia terapéutica (toda terapia parte de una concienciación de aquello que vivimos problemáticamente).
De hecho el punto esencial del eneagrama estriba en tomar plena conciencia de uno mismo a través de una constante auto-observación; ésta sería la clave sobre la que construir cualquier trabajo de mejora personal.
La visión general de Naranjo (2008) parte de considerar las distintas estructuras del carácter como “una “especialización del psiquismo” en una de las nueve direcciones posibles según se ponga el énfasis en una u otra de las nueve disposiciones motivacionales que están relacionadas entre sí.”, y que, por tanto, “en el centro del carácter existen –en recíproca relación entre una y otro- una forma de motivación por deficiencia y un error cognitivo” ( Op. cit.p. xxxv ).
Este autor ha prestado también especial atención, debido a su convencimiento de la importancia del dominio cognitivo, al tema de los mecanismos de defensa (esto es, los modos selectivos de mantener la inconsciencia) que, lógicamente, son diferentes en cada uno de los eneatipos.
También señala las conexiones psico-dinámicas entre la “pasión dominante”, o estrategia nuclear y las restantes estructuras del carácter, siendo plenamente consciente de que toda psicopatología se apoya sobre el “esqueleto” de una estructura de carácter y que a todo carácter le anima, precisamente, una motivación “pasional” concreta y diferente en cada uno de los eneatipos.
Coincide con Wilhelm Reich en su afirmación de que el carácter constituye la forma fundamental de defensa y con David Shapiro en considerar la neurosis como una deformación de toda la personalidad y no solo un conflicto entre impulsos y defensas inconscientes. De ahí el título de su primer libro, mencionado anteriormente “Carácter y Neurosis “ (5).

https://www.youtube.com/watch?v=fjbMYdoFsIY
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Texto: Javier Nebot

Notas:
(1) Otros autores, como es el caso de Don Riso dan a “grammos” el significado de de “figura”. Así “enneagramma” sería figura de de nueve puntas. (Riso, Don y Hudson, Russ; “La Sabiduría del Eneagrama”, 2007).
(2) Tanto Helen Palmer, como Don Riso, Russ Hudson, o Arnaldo Pangrazzi reconocen a Claudio Naranjo el co-patronazgo a la hora de traspasar la sabiduría del Eneagrama al ámbito de la psicología moderna.
(3) Pangrazzi (“El Ennegrama: un viaje hacia la libertad”. 2007) refiere un pequeño árbol “genealógico” donde, de un tronco común basado en la Tradición Islámica del misticismo sufí, parten dos ramas: En una de ellas Gurdjieff y sus grupos desarrollan lo que él llamo “el Cuarto Camino”. En la otra Oscar Ichazo establece a través del “Arica Institute” un sincretismo de diferentes procedencias que es el que recibirían sus discípulos entre los cuales se encontraba John Lilly y Claudio Naranjo. De éste bebieron Ochs, Palmer y Speeth y de éstos los jesuitas O´leary y Wagner que a su vez formaron a personalidades como Riso o Roher.
(4) Cuando Gurdjieff presentó el Eneagrama en Occidente coincidió con que, casi a la vez, Freud presentaba su teoría del psicoanálisis. En la actualidad muchas de las cosas a que se refiere el eneagrama no parecen unas novedades sustanciales pero no podemos olvidar que a principios del siglo XX la psicología estaba dando todavía sus primeros pasos como ciencia y llama la atención observar, casi un siglo después, como en muchos aspectos tanto el eneagrama como el psicoanálisis hablan de lo mismo aunque con muy diferentes lenguajes.
Riso y Hudson (“Comprendiendo el eneagrama”. 2011) refieren que el símbolo del eneagrama parece ser realmente mucho más antiguo de lo que son las enseñanzas referidas actualmente por el mismo remontándolo hasta la época de Pitágoras. Insisten –en línea contraria a lo predominante en otros autores- que Gurdjieff NO enseñaba un sistema de tipos asociados con el símbolo ya que centraba sus análisis en la determinación del “rasgo principal” como eje fundamental de diversos procedimientos de perfeccionamiento y no establecía sus conexiones psico-dinámicas. Realmente la verdadera elaboración de lo que conocemos hoy en día como “Eneagrama tradicional” se debe a Oscar Ichazo que consiguió unificar diferentes tradiciones (Judaísmo místico, cristianismo esotérico, el Islam sufí, la filosofía griega antigua etc.) y elaborar una exposición coherente de 108 eneagramas que han llegado hasta nosotros en cuatro exposiciones fundamentales sobre las que gira todo el edificio eneagramático: el eneagrama de las pasiones; el eneagrama de las virtudes, el eneagrama de las fijaciones y el eneagrama de las ideas santas.
Para un nivel introductorio me parece esencial el conocimiento de los eneagramas correspondientes a las pasiones y las fijaciones porque son los que determinan la estructura básica del carácter y pueden ayudarnos a una mejor gestión del mismo; para una mayor profundización en la bibliografía referenciada el lector podrá encontrar información suficiente.
(5) Hay autores que no son tan radicales en ese punto y no consideran como equivalentes carácter y neurosis. En este sentido Carmen Durán y Antonio Catalán en su libro “Eneagrama: los engaños del carácter y sus antídotos” (Debolsillo, 2010), señalan: “El carácter no es neurosis aunque la neurosis pueda apoyarse en fallas caracteriales, en la disfunción de la capacidad de enfrentarse a las dificultades de la vida, utilizando las vías del carácter para la elaboración de síntomas; o el propio carácter pueda neurotizarse cuando se torna inadecuado o conflictivo en la adaptación a una realidad diferente.” (p. 18)
Desde mi punto de vista la consideración de “neurosis” requiere un cierto grado de patología, un mayor nivel de “distorsión” en la apreciación de la realidad. En esa misma línea resuelven en sus obras Don Riso y Russ Hudson (“Comprendiendo el Eneagrama” (2011) y “Tipos de Personalidad” (2012)) al desarrollar la teoría de los niveles dentro de cada tipo y que para mí plasma perfectamente cómo el carácter puede expresar diferentes esos diferentes grados de desarrollo de los que hablamos en función del nivel de madurez del individuo.
Texto: Javier Nebot