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martes, 7 de julio de 2015

Opinión personal (35): El Eneagrama. Las pasiones y las fijaciones. (3º de 13)

Las pasiones: el núcleo dinámico de la neurosis.
La palabra “pasión” ha tenido durante mucho tiempo unas connotaciones negativas. 
Se consideraba que las personas eran “víctimas” de las mismas y por lo tanto se procuraba “dominarlas”. Desarrollar las virtudes que las controlasen parecía ser el objetivo principal de toda educación moral. No podemos olvidar que el eneagrama procede de una tradición espiritual en la que el perfeccionamiento de uno mismo pasaba –ineludiblemente- por el reconocimiento de aquellos rasgos de la personalidad que pudieran entorpecer dicho desarrollo. En este sentido, identificar los principales impulsos y darles nombre era una parte importante del trabajo a realizar. En el eneagrama de las pasiones se atribuye a cada eneatipo una pasión concreta que caracteriza la motivación base de su carácter. (1)
Así en el eneatipo I la pasión predominante seria la “cólera” (Ira); en el eneatipo II el “orgullo” (Soberbia); en el enatipo III la “vanidad”; en el IV la “envidia”; en el V, la
avaricia”; en el VI la “cobardía” (Miedo); en el VII la “gula”; en el VIII, la “lujuria”; y en el IX la “pereza”. (2)


Pangrazzi (2007) señala que la tendencia original del eneagrama, consistente en identificar las personalidades partiendo de las “connotaciones negativas”, puede ser actualmente obviada haciendo hincapié en otros aspectos más positivos. Parece que este “negativismo” encuentra hoy en día cierto “rechazo” dentro de algunas corrientes psicológicas basadas en resaltar las valoraciones “positivas” del individuo y sobre todo en el público en general al que suele resultar chocante reconocerse en descripciones negativas cuando no patológicas.. No estoy totalmente de acuerdo con tales planteamientos. El origen del sistema que utilizamos está precisamente en ser consciente de la deficiencias o de los aspectos que nos alejan de la plenitud. Personalmente me sitúo mucho más cerca de Naranjo y aquéllos otros autores que continúan la tradición a través de los planteamientos formulados por Ichazo. Hace unos pocos días tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un nuevo libro escrito por David Barba sobre el eneagrama y este autor convenía en partir de un planteamiento que erradicase los "paños calientes" que tanto gustan a los autores norteamericanos amigos de lo light. Rebajar pretensiones o diluir contenidos, aunque sean semánticos, está lejos de las verdaderas aspiraciones del eneagrama que implica un trabajo personal serio, duro y, a veces, complejo.
No se trata de contentar con palabras amables al ego, se trata de enfocar los cambios con valentía y esfuerzo si realmente queremos observar un progreso y no caer en un fatuo auto-engaño.
Como he indicado antes, los puntos secuenciales 1-4-2-8-5-7-1-9-6-3 señalan interrelaciones de diferente tipo y una de esas interrelaciones sería la que muestra cómo cada pasión se fundamenta en la anterior. Hay sin duda una coherencia interna y Naranjo (2008) lo describe muy acertadamente:
Tomemos el caso del orgullo: es fácil ver que, así como la expresión del orgullo supone un intento por parte del individuo de compensar la inseguridad de su propia valía, la gente orgullosa, como grupo, tiene en común una represión y una sobre-compensación del sentido de inferioridad y de carencia que son predominantes en la envidia. En la envidia, a su vez, podemos hablar de una ira que se ha vuelto hacia adentro en un acto de autodestrucción psicológica. En el caso del carácter iracundo y disciplinado podemos ver un intento de apartarse de la actitud oral-receptiva, mimada o autoindulgente de la gula. El eneatipo VII, por su parte, con su capacidad expresiva, persuasión y encanto, parece muy opuesto a la torpeza lacónica del eneatipo V y, sin embargo, se puede considerar que surgió de ésta, como sobrecompensación de la deficiencia con la falsa abundancia” (p. 27)
Aunque en la descripción de cada uno de los tipos hablaremos sobre las pasiones que los conforman quisiera hacer aquí una breve descripción de las 9 pasiones.
1. Ira (Eneatipo I): Se la considera más como una “oposición interior” ante la realidad que como una irritación explosiva. La mayor parte de los autores consultados coinciden en que parece claro que se trata de algo más ligado al resentimiento (las cosas no son como debieran y eso irrita), caldo de cultivo soterrado, que más tarde o más temprano, podría desembocar en manifestaciones extemporáneas. Riso y Hudson (2011) señalan cómo “la pasión de la ira provoca una insatisfacción crónica con uno mismo y con la realidad. Nos hace pensar que la realidad no es de la forma que debiera ser” (p. 96). A partir de ese sentido la rabia del Uno tiene un punto de implacabilidad, de frialdad ya que está basada en la absoluta certeza de tener razón y es por tanto una rabia “justiciera”.
. Orgullo (Eneatipo II): Riso y Hudson (2011) lo equiparan a la vanagloria, al sentirse orgulloso de la propia bondad,es una “bondad” que reclama tanta atención para sí misma que la persona va a ser admirada por no ser egoísta, elogiada por su humildad, recompensada por sus sacrificios, compensada por su generosidad”. (p. 69) Curiosamente el orgullo tiene importantes matices de ira que impiden ver al otro y contribuyen a la auto justificación cara a manipularlo.
Sin duda implica –como señalan Durán y Catalán (2010)- “una inflación del ego”. (p. 59)
3. Vanidad (Eneatipo III): Es una pasión por la buena imagen, por parecer mejor de lo que se es. Hasta cierto punto está vinculada a la arrogancia, a la presunción. Riso y Hudson (2011) prefieren hablar de engaño (falsedad) como rasgo constitutivo de la pasión del eneatipo III dejando el término “vanidad” como la característica propia de la fijación de dicho eneatipo. En cualquier caso parece evidente que en el Tres hay una falta de autenticidad: podríamos decir que se da una sustitución del verdadero yo por otro falso pero mejor adaptado a lo que se espera en su ambiente.
4. Envidia (Eneatipo IV): Personalmente considero que tiene un matiz más amplio que el habitual. Sin duda es un sentimiento de carencia, de que hay una falta (aunque muchas veces no se sepa de qué) y que anhela saciarse con algo que está fuera de uno mismo. Durán y Catalán (2011) señalan un matiz que me parece relevante: “la carencia mira hacia afuera y contiene un sentimiento expreso de añoranza. El sentimiento carencial lleva a estar exigiendo, reclamando, o quejándose de lo que falta. La sensación es que los otros tienen más y la tendencia es a encontrar malo lo que está dentro y bueno lo que está fuera”. (p. 63)
5) Avaricia (Eneatipo V): Hay en la avaricia una contención, un apropiarse para sí que se materializa en una retirada, muy diferente de la actitud que pueden demostrar la lujuria, la gula, la envidia, sin duda más volcadas en llenarse de lo exterior. Durán y Catalán (2010) resaltan como “el aspecto resignado deriva de la profunda desconfianza en recibir nada desde fuera. Se retiran del mundo porque el mundo no es bueno, partiendo de una actitud de suspicacia, esquizoide, muy introvertida y volcada hacia uno mismo”. (p.65)
6) Cobardía (Eneatipo VI): El miedo es la emoción que surge cuando no encontramos suficiente apoyo y consideramos que algo nos amenaza. Como bien dicen Riso y Hudson (2011) “el miedo es una respuesta a ese no saber qué va a suceder. Siempre que nos sentimos inseguros de nuestro destino y sin apoyo tenemos miedo” (p.82). El miedo implica aferrarse en demasía a cosas o personas y su posible pérdida provoca ansiedad. “El miedo nos hace necesitar demasiadas seguridades, para no equivocarnos, y también conlleva una tendencia a quererlo todo como una manera de no errar, una grave dificultad a la hora de tomar decisiones”. (Durán y Catalán., 2010. p. 67). (3)
7) Gula (Eneatipo VII): Evidentemente es algo más amplio que el mero interés por la comida. Implica un sentido hedonista ante todos los placeres, un insaciable deseo de llenarse de experiencias. “Desde un nivel psicológico y espiritual, es creer que todas las cosas buenas y deseables existen fuera de uno, por eso necesita apropiarse de ellas. La gula surge de un profundo sentimiento de vacío interno que el ego intenta eliminar”. (Riso y Hudson 2011. p. 85).
8) Lujuria (Eneatipo VIII): También en este caso el significado es más abarcador que el mero ansía sexual. Refleja una tendencia a la intensidad, una necesidad de dominio y expansión. Como bien señalan Durán y Catalán (2010), el VIII “para mantener una posición de poder y seguridad, ha de demostrar su fuerza, con un orgullo implícito y una tendencia al desdén, a menospreciar a los otros”. (p.70)
9) Pereza (Eneatipo IX): No es el equivalente a la “vaguería”, más bien se trata de un deseo de no dejarse afectar por las circunstancias. Una evitación del conflicto que implica cierta falta de exteriorización de sentimientos. El Nueve se siente atrapado entre sentimientos antagónicos, entre el deseo de rebelarse y el de obedecer, pero no parece que los Nueve estén dispuestos al consumo de energía que implica muchas veces enfrentarse a la realidad.
Naranjo (2008) concluye que “en contraste con la visión de los teólogos cristianos –que establecían una jerarquía de gravedad en los pecados capitales- y, también, en contraste con la psicología contemporánea –que interpreta que los caracteres en los que estos diversos estados mentales están más marcados no sólo surgen de diferentes etapas del desarrollo, sino que unos revisten más o menos gravedad o nivel patológico que otros- , está visión del Cuarto Camino afirma que las pasiones son equivalentes, tanto en términos ético-patológicos como de pronóstico” (p. 28).

 Las fijaciones: estilos de distorsión cognitiva.
Se llama “fijación” a aquella perturbación cognitiva a la que nos quedamos enganchados. “Las fijaciones son los errores cognitivos que van asociados a las pasiones y que llevan a interpretar el mundo y las relaciones desde una óptica peculiar. Son ideas establecidas en el momento de la constitución del carácter, o sea, en la infancia, bajo la presión de la pasión y sin las herramientas intelectuales de la edad adulta y que se mantienen luego como verdades incontrovertibles en lo profundo de nuestro ser”. (Durán y Catalán, 2010. p. 73). 
En su determinación terminológica no parece darse excesivo acuerdo. Claudio Naranjo (2008) señala que “Ichazo definió las fijaciones
como defectos cognitivos específicos o facetas del sistema ilusorio del ego, pero los nombres que les dio reflejan a veces la misma noción que la pasión dominante, o bien características asociadas que no aciertan a encajar con su propia definición”. (p. 29)


Y continúa:
puede observarse aquí que la referencia al resentimiento del punto I es casi redundante con “ira” y que, en el caso del punto II, la adulación/halago se refiere principalmente a “auto adulación”, que es inseparable del auto engrandecimiento del orgullo. En el caso del punto III, Ichazo propuso palabras con sentidos significativa- mente diferentes para los aspectos emocionales y cognitivos del carácter, y yo estoy en desacuerdo con el hecho de que atribuyera el desasosiego de la persecución del éxito al campo de la fijación y el engaño al campo emocional de las pasiones”. (p.30)
Otros autores también modifican o expresan la terminología adaptándola a diferentes matices pero, personalmente, no me parece que haya diferencias tan sustanciales como parece indicar el planteamiento de Claudio Naranjo.
Quisiera citar de nuevo a Durán y Catalán (2010) porque inciden en un aspecto que me parece sustancial dentro de la concepción del eneagrama como herramienta de auto-conocimiento. “Desde el punto de vista de Scheller, lo que enferma no son los procesos psíquicos ni las vivencias, sino la manera en que estas vivencias son
interpretadas y juzgadas y los errores y engaños perceptivos
La terapia para él tiene como intención última liberarnos de los autoengaños, poder mirar nuestra vida de la forma más clara posible” (p. 75).
El ejemplo popular de las “gafas de color” refleja bien esta realidad: según el “cristal-distorsión” con que miramos interpretamos la realidad de una forma u otra. Se crea una “ilusión específica”.
-La fijación del I: Resentimiento aunque otros autores hablan de Perfeccionismo. ¿Cómo vincularlo? Todos coinciden en que el Uno ve el mundo desde su imperfección y se ve en la “obligación” de acortar ese distancia, tarea que sin duda produce un más que latente resquemor porque la vida no es como debiera y le resulta difícil de aceptar. Para el uno el deber es más importante que el placer ya que piensa que hay algo “objetivamente” bueno a lo que hay que tender aunque eso no se dé en la realidad que observa. El Uno ve cierta impostura en aquellos que anteponen el placer y considera que de alguna forma están haciendo trampas (Palmer 2007). Este planteamiento le lleva a un perfeccionismo en cuanto a su acción y a un resentimiento respecto a los demás (ya que consideran que no juegan “limpio”).

-La fijación del II: Halago, Adulación. Hay un convencimiento de que uno es “especial” y tiene derecho a una posición de privilegio. Sin duda –como en prácticamente todas las fijaciones- el sujeto no es consciente de ello pero esa auto imagen “hinchada” pero, -como bien decía San Agustín- lo hinchado parece grande pero no está sano y, por lo tanto, requiere de constante confirmación por parte de los demás. Para conseguirlo recurren a la adulación, a satisfacer las necesidades de los otros con lo que consiguen sentirse bien con ellos mismos y obtener el feedback que desean.

-La fijación del III: Desasosiego /Vanidad/ Apariencia. Quizás sea uno de los eneatipos en los que hay más variedad a la hora de expresar su fijación. La idea básica, en cualquier caso, es que el Tres vive su vida pendiente de su auto-imagen de prestigio o éxito y a través de ella procede a su propia valoración y a la de los demás. El Tres se creé realmente su “falsedad”. Naranjo (2008) señala que para el eneatipo III “es común sentir que el mundo es un teatro donde todos fingen. Desde luego, fingir es la única manera de tener éxito. De ello se deriva que los sentimientos verdaderos no deben expresarse” (p.33).

-La fijación del IV: Melancolía. Hay en el Cuatro cierta tendencia a la “victimización” debido a su percepción de que el mundo “le debe algo”. Riso y Hudson (2011) hablan de “fantasear” y Durán y Catalán (2010) de “compensación” pero me parece que, en el fondo, hablan de lo mismo: hay una visión “dolorosa” de la realidad que le hace sentirse “especial”. Por ello el Cuatro opta por una inconsciente idealización del sufrimiento.

-La fijación del V: Mezquindad, tacañería. En este caso estoy más de acuerdo con Durán y Catalán (2010) que hablan de “aislamiento”. Como actitud general me parece más determinante que la mezquindad/tacañería que –en nuestro lenguaje actual- son mucho más restrictivas. La perspectiva del Cinco implica un convencimiento de que es mucho mejor “arreglárselas solo”. Es verdad que esa auto-suficiencia puede adquirir los matices de la tacañería en su afán de aferrarse a conocimientos y recursos con los que quiere asegurarse una autosuficiencia. La desconfianza
que procede de su pasión impregna la percepción de la realidad. Los mismos autores (2010) señalan que en el Cinco “hay una hipersensibilidad a la invasión, tanto física (su tiempo, su espacio) como emocional. Su aislamiento no es necesariamente físico, a menudo es una actitud de estar en otro mundo” (p. 86).

-La fijación del VI: Cobardía /duda. El Seis busca seguridad pero en el proceso se pierde en la ansiedad de dicha búsqueda. Riso y Hudson (2011) señalan que “la cobardía es una falta de confianza en nuestra capacidad de saber, de recibir orientación interna” (p.84). Tienen mucho miedo al riesgo, a equivocarse y a las consecuencias de esa posible equivocación. Como consecuencia de ello Naranjo (2008) dice que “es básico para todos los subtipos del Seis el sentimiento de que hay que desconfiar de la gente y cuestionar las intuiciones y los deseos propios. Sobrevaloran la autoridad, aunque no necesariamente la perciben como buena: suele ser, de modo ambivalente, a la vez buena y mala” (p. 34).

-La fijación del VII: Planificación. Lo que Ichazo denominó “ego plan” (aunque Naranjo (2008) refiere que la primera vez que escuchó a Ichazo enseñar el Proto-análisis este se refería a la fijación del VII como charlatanería” y sólo modificó la expresión al dirigirse a estudiosos de habla inglesa), se ha ido reconociendo como la tendencia a hacer planes que suele llenar la mente del Siete. Hay bastante auto indulgencia en esa planificación futura de expectativas “felices”. La perspectiva “optimista” del siete sería como el opuesto a la “pesimista” del cuatro. Pero ese optimismo le puede llevar al Siete a vivir en un mundo falto de realidad, imaginario, en donde no hay límites a su “sed” de felicidad. Durán y Catalán (2010) señalan que “se pone el esfuerzo en imaginar, tarea gratificante por sí misma y no en la realización, que conlleva inevitables frustraciones” (p. 89)

-La fijación del VIII: Venganza. Otra palabra que a los oídos actuales suena con una carga extra de negatividad. Acaso sea algo excesivo el planteamiento de Naranjo (2008) : ”La visión del mundo del VIII es la de una batalla donde los fuertes ganan y los débiles pierden. El VIII exalta la fuerza y desdeña la debilidad, sobrevalora el apañárselas por cuenta propia y desprecia la necesidad. Siente que está bien causar sufrimiento cuando uno busca la satisfacción, pues persiste el rencor por el tiempo en el que le tocó sufrir para satisfacción de otros” (p. 35). 
Pero sí parece evidente que los Ocho quieren ejercer dominio sobre la realidad y sobre los demás lo que de alguna forma les confiere seguridad. Sin duda para ello hay que ser fuerte y, en muchas ocasiones, negar la adversidad o el dolor. Como señalan Riso y Hudson: “Si me haces daño, me vengaré” (p. 90).

-La fijación del IX: Indolencia. La tendencia sobre-adaptada del Nueve refleja su afán por evitar los conflictos. Durán y Catalán (2010) hablan de “escepticismo” pero a mí no me parece que sea el matiz más acertado para la actitud general del Nueve porque hay una cierta auto-anulación en este eneatipo que no veo en el escepticismo. El Nueve no se cree capaz de modificar la realidad (como ya vimos al hablar de su “pasión”, la pereza) y, bajo una capa de sencillez y adaptabilidad, opta por no luchar y conformarse con lo que hay. Ahora bien, esa renuncia le puede ayudar evitar enfrentamientos pero, como no le gusta que intenten cambiarle, se produce en él una soterrada rabia que maneja con dificultad a pesar de su “indolente” exteriorización.


-Continuará-
Texto: Javier Nebot
Notas:
(1) Helen Palmer (“El eneagrama”, La liebre de Marzo, 2007) ofrece una descripción breve y enjundiosa de las pasiones que cito como complemento:
El eneagrama identifica nueve Rasgos característicos de la vida emocional. Son paralelos a los siete pecados capitales cristianos, con el añadido del engaño y del miedo en los puntos tres y seis. Estos hábitos emocionales se desarrollaron durante la triste caída en el mundo material. También podrían denominarse las pasiones de la sombre emocional, derivadas de la necesidad de manejar la vida familiar durante la infancia. Si un niño se desarrolla bien, las pasiones no son un factor principal, y se presentan como meras tendencias. Pero si la situación psicológica es grave, entonces uno de los asuntos de la sombra se convierte en una preocupación obsesiva; la capacidad para la auto-observación se debilita y no logramos avanzar en otras actividades. La esperanza está puesta en que al localizar nuestro Rasgo Principal podamos aprender a observar los distintos modos en que el hábito ha tomado el control de nuestras vidas”. ( p. 33 ).

(2) Sin duda la influencia del cristianismo y de la elaborada descripción que de las pasiones hizo Santo Tomás tiene aquí su peso. Los llamados vicios (o “pecados capitales” por la gravedad que implicaban) eran los primeros aspectos a reconducir en persona que quisiera librarse de la esclavitud que ocasionaban. Pangrazzi (Santander 2007) refiere que Gurdjieff consideraba la pasión como el “rasgo característico” o el “defecto principal” de cada tipo; pero que sugería que el defecto –si es sabiamente integrado- puede considerarse un punto fuerte de la persona.

(3) Marina, J. Antonio. “El laberinto sentimental” Anagrama. 2009) especifica:
Todos sentimos miedo.Es un sentimiento que nos advierte que nuestra vida, nuestro bienestar, las personas a las que amamos, nuestros proyectos, están en peligro. Es decir que nuestras posesiones o nuestros amores pueden sufrir un daño, y yo con ellos. Sentimos miedo en diferentes ocasiones, pero no todos en las mismas, ni con la misma intensidad, ni con idéntica frecuencia. Hay personas tímidas o miedosas o pusilánimes a las que cualquier cosa asusta”. (p. 83)
Sin duda esto es así pero en el eneatipo VI esto constituye el rasgo en el predominante de su carácter, por encima de otras características, y afecta a toda su estructura relacional.

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