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miércoles, 18 de marzo de 2015

Opinión personal (23) : De duelos y sentimientos.

Me siento deprimido. No es una novedad. Ya comenté en algún artículo anterior mi tendencia al desencanto y a vivir en cierta melancolía. No es que yo sea un agonías ni un jeremías, no. Sé disfrutar como el que más. Se trata más bien, según atisbo en mis reflexiones, de una extraña necesidad de sentir la decepciones y las pérdidas como una derrota y eso hace -lamentablemente- que me cueste encajar el que, muchas veces, la vida simplemente es así. Me guste o no, le guste a uno o no. 

El famoso chiste de psicólogos en el que uno le dice a otro que un psicótico es el que cree que dos más dos son cinco y un neurótico el que sabe que dos más dos son cuatro pero no le gusta...se me puede aplicar -con cierta generalidad- a mí. En mi neurosis hay muchas cosas de la vida que no me gustan. Que me duelen demasiado.  Que no las acepto: simplemente me las trago. Ni psicoanálisis ni leches: debe ser la "pasta" de la que estoy hecho.
Uno de los pocos poemas que he sido capaz de memorizar, de Serafis, lo recuerdo porque en pocas palabras atinó de pleno sobre lo que siento (virtud de la poesía):
 "Allí donde se posa la memoria, duele".
Supongo que la memoria (mala) hará su trabajo y, más pronto de lo que, probablemente, uno quisiera y más tarde de lo que seria conveniente, los recuerdos se irán diluyendo.

Llama la atención el que uno de los pocos bienes que un dios compasivo introdujo en la caja de Pandora fue el Olvido. Sus razones tenía y, además, no quería someter a los humanos a la implacabilidad del constante recuerdo......pero hay algo muy triste en el olvido. Lo que ahora son imágenes nítidas con el tiempo serán sombras cada vez más grises y, finalmente, un simple recuerdo intelectualizado.
Sentir la pérdida, sentir la ausencia del ser amado, palpar el hueco de quien falta, hace que uno perciba casi como real al que se va.
Es un triste consuelo, pero si da consuelo.
Supongo que por eso se me enquistan los duelos: que por eso me aferro a recuerdos y a dolores.
Dicen -los bienintencionados- que mejor "soltar", dejar ir.
Sinceramente: Nunca he sido capaz.
Soy consciente de que ese eternizar el dolor le quiebra a uno, pero de nada me valen según que creencias ni según qué vanas esperanzas que a otros parece que si les ofrecen consuelo.

El que se va DESAPARECE. Solo permanece en los recuerdos de unos pocos, en la tristeza y la añoranza de los que le quisieron. En esto tenía mucha razón Proust cuando afirmaba que "los muertos solo viven en la memoria de los vivos".
Y, por descontado, me da igual que se trate de personas que de animales. Si hay "huella" es porque hubo amor y existió un vínculo especial.
Si no la hay es porque no se dio la conexión suficiente, la entremezcla de afectos necesaria como para experimentar que la ausencia implica un cierto tipo de desgarro.
Conozco personas que se despiden de sus seres "queridos" como quien envía un paquete a la Maldivas, vía Seur o Correos: ¡Adiós! ¡Vaya usted con dios....!
No te digo ya si no hay afectos, solo intereses.
En muy poco tiempo se enfría el recuerdo, aparece la sombra que se va tragando totalmente la imagen, la esencia, la huella.....y todo parece que pasa a un extraño territorio de bruma en donde es difícil saber que hay de verdad, de ensoñación, de memoria, de idealización, de negación.

"El tiempo todo lo cura"; "No hay mal que cien años dure" etc. Podemos encontrar mil frases y refranes que constatan la poca perdurabilidad de nuestras percepciones, sean cuales sean.
 Una especie de panta-rei aplicado al andar por casa.
No voy a cuestionar la sabiduría popular -no tengo fuerzas y suele serun esfuerzo baldío- pero sí quisiera mencionar que, como en todas las cuestiones humanas, el grado tiene su importancia.
Hay gente -bendita sea- que es capaz de disfrutar (por poner un ejemplo) con las cosas más simples, como si fuesen setas al sol, hay otros, en cambio, que necesitamos mayores complejidades. 
Hay personas que tienen claro que su principal prioridad es su propio bienestar, otros, sin embargo, estamos más conectados (o atrapados), por otras personas, animales o circunstancias. No sé que es mejor o peor; ni siquiera creo que se pueda aplicar en estos temas de sensibilidades y apreciaciones, criterios morales. Cada uno lo vive de una manera y es su responsabilidad asumir las posibles consecuencias pero ¿no vivimos en un sociedad en la que sentir demasiado solo está bien visto si es viendo una película o jaleando en el fútbol? ¿no estamos construyendo una cultura tan tele-dirigida que a veces no sabemos por qué sentimos según que cosas, o nos sentimos mal cuando nos expresamos de manera diferente a la mayoría?
No sé. En mi articulo sobre las ongs y otras caritativas acciones dejaba clara mi incertidumbre ante muchas cosas  en este sentido y, también, lo difícil que resulta encontrar autenticidad a nivel personal cuando parece que la turboaceleración en la que vivimos llega a tal extremo que algunos superan sus duelos antes  siquiera de haber enterrado al muerto.
¡Tiempos difíciles.!
Texto:  Javier Nebot

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