En el panorama actual de la pintura figurativa británica, Steven Higginson se ha abierto paso con una propuesta que rehúye el artificio y apuesta por una mirada directa, franca y honesta sobre el rostro humano. No parece ser un artista de grandes gestos ni de teorías altisonantes: su terreno es la realidad de la piel y la forma en la luz la luz la ilumina.
Higginson nació en 1982 en Dumfries, al sur de Escocia. Allí creció lejos de cualquier
aura académica o institucional. Su formación, como suele suceder en tantos pintores
contemporáneos, fue en gran parte autodidacta, alimentada por una práctica
constante desde la adolescencia. Sus primeros dibujos no salieron de museos u
obras de arte, sino de portadas de discos y libros musicales, lo cual resulta
un detalle revelador para lo que posteriormente sería su trayectoria: desde el
inicio, su relación con la imagen fue íntima, cotidiana, casi doméstica.
Ese impulso temprano de dibujar lo cercano, lo que se
tiene a mano, marcaría claramente su trayectoria posterior.
Inicio | El retratista escocés Steven Higginson
El salto a la escena internacional llegó con un hito
concreto: su selección en el prestigioso BP Portrait Award en 2019 y 2020, uno
de los certámenes más relevantes del retrato contemporáneo. Sus obras fueron
expuestas tanto en la National Portrait Gallery de Londres como en la de
Edimburgo, consolidando su nombre fuera del ámbito local .
Premio BP Portrait 2020 - National Portrait Gallery
A diferencia de otros artistas contemporáneos, Higginson no ha renunciado al retrato por encargo, una práctica tradicional que él ha sabido actualizar. Trabaja frecuentemente a partir de fotografías, pero su objetivo no es reproducirlas, sino traducirlas en pintura: darles densidad, tiempo, presencia. La lista de precios de los mismos aparece detallada en su página web.
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