Actividades culturales que para mí otorgan al ocio un plus de interés. Arte, música, cine, fotografía…también algunos artículos y reflexiones. Todo ello con un particular afán de contribuir a la difusión cultural en todos los ámbitos. Una de las secciones, "La obra provocadora", es para adultos.
domingo, 5 de febrero de 2017
Pintores de hoy (103): Daniel Merriam (USA, 1963).
viernes, 3 de febrero de 2017
Opinión personal (62): Breve introducción al gnosticismo cristiano (2 de 4).
Sin embargo, en el seno de un cristianismo que se extendía con bastante rapidez (y que aspiraba a crecer aún más), las visiones e interpretaciones respecto a la figura de Jesús y su mensaje, -así como la forma relacionarse con él- que no casasen a la perfección con lo decidido de antemano por la jerarquía eclesiástica, no eran, precisamente, lo que se dice “bien vistas”.
La beligerancia al respecto fue, como ya he tenido oportunidad de señalar anteriormente, clara y contundente y los intentos y esfuerzos por clarificar y separar la verdadera gnosis de adulteraciones peligrosas y pretensiones vanas, marcaron determinantemente lo que se debía considerar ortodoxo y lo que era, sin más, aspiraciones infundadas o errores que había que erradicar.
Claro que, como bien sabemos, no todos los movimientos fueron tan fácilmente “absorbibles” ni domesticables: las exigencias elitistas de los gnósticos y sus planteamientos teológicos encontraron un rechazo frontal por parte de la ortodoxia. Su sentido de la “gnosis” chocaba claramente con el que mantenían los ortodoxos. Veamos por qué.
Para los gnósticos, sin embargo, iniciar un proceso de crecimiento personal que implicaba una profunda exploración de la psique se convirtió en un requisito imprescindible de su búsqueda religiosa y lo reflejaron en la mayoría de sus textos (claro que para ello, evidentemente, no utilizaron ni las expresiones ni las herramientas psicológicas de las que disponemos hoy en día, impensables de todo punto en su época: Crearon con ese fin una muy compleja mitología de corte dualista en la que el Anthropos era el arquetipo del ser humano (20)). Culdaut (1996) abunda en este planteamiento insistiendo en la tesis gnóstica de que la “chispa divina” está, necesariamente, en el interior de uno y no fuera: “La gnosis reveladora consiste en tomar conciencia de esta situación: hará que el gnóstico sitúe el mundo en el sitio que le corresponde (de acuerdo con el pensamiento gnóstico): como una obra del Demiurgo. Todos los mitos gnósticos no hacen sino dar cuenta de la posibilidad de un conocimiento intelectual, de una sabiduría revelada de significación religiosa. El Evangelio de Felipe, dice: “Aquél que tiene el conocimiento de la verdad es libre. El que la desconoce, es esclavo”, NHC113,77. Para H.C. Puech, se trata del “hecho de un yo en búsqueda de un sí” (Puech, 1978). El gnóstico aprenderá mediante la gnosis su origen y su destino” (3).
La preocupación por definir y encuadrar a Jesús el Maestro aparece tanto en los evangelios sinópticos como en los gnósticos (Libros de Tomás el Contendiente, Diálogo del Salvador, Testimonio de la Verdad) pero en estos últimos se deriva hacia el propio discípulo la responsabilidad de conocerse profundamente a sí mismo para acceder al descubrimiento de lo que ni el propio Jesús era capaz de enseñar. La meditación y el trabajo con la propia mente se convierten de esta forma en las guías fundamentales.
Este acendrado subjetivismo les alejaba enormemente de la tradición ortodoxa que ubicaba el proceso de salvación en una determinada lectura de la historia y daban a la figura de Jesús un peso extraordinario no solo por sus enseñanzas sino por la significación que otorgaban a su encarnación histórica. El encaje adecuado de las lecturas proféticas implicaba, necesariamente, mantener una visión de la historia y del peso y significado de ésta en el proceso de salvación del ser humano que para nada compartían los gnósticos: “Sus discípulos le dijeron: “Veinticuatro profetas hablaron en Israel y todos ellos hablaban en ti”. Él les dijo: “Habéis ignorado al que vive en vuestra presencia y habéis hablado solo de los muertos” (Ev. De Tomás 42, 13-13).
La imperiosa necesidad de los gnósticos de interiorizar el lenguaje y la realidad experiencial religiosa como algo cualitativamente transformador se convertía en la práctica en una imposibilidad de asumir la externalización de esa experiencia que era un requisito clave que exigía la Iglesia ortodoxa al auto-proclamarse, a través de sus jerarquías, como la autoridad última al respecto.
Los gnósticos iban más allá de la mera ritualización de la vida (sin desconocer la importancia de ésta), buscaban en el auto-conocimiento interior la clave para comprender las verdades universales (quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos). Según el libro de Tomás el contendiente (138, 16-18) “quienquiera que no se haya conocido a sí mismo no ha conocido nada, pero aquél que se haya conocido a sí mismo al mismo tiempo ya ha adquirido conocimiento de las profundidades de todas las cosas” (cit. por Pagels 1982, p.187).
Curiosamente y a pesar de insistir constantemente en las más diversas fuentes y textos en esa convicción esencial -quien profundice en sí acabará descubriendo la realidad divina- no se encuentran apenas, más allá de algunos aforismos, indicaciones sobre lo que hay que hacer para recorrer ese camino. Parece que el “cómo” queda reservado para uno mismo o para consejos y pautas iniciáticas que no han trascendído ni para nosotros ni para sus coetáneos.
Las posibles respuestas “crípticas” fueron objeto de críticas.
Pagels menciona la irritación de Plotino ante el hecho de que los gnósticos no tuvieran ningún programa de enseñanza: “Dicen solamente: “Mirad a Dios” ¡pero no dicen a nadie dónde o cómo hay que mirar!” (10)
La realidad –como siempre- debió de ser bastante más compleja y, de hecho, algunos de los documentos descubiertos en Nag Hammadi, si describen algunas técnicas de disciplina espiritual que implican un programa concienzudamente ascético, similar al de otras tradiciones religiosas o al llevado a cabo en diversos monasterios de la tradición ortodoxa: Eliminación de los deseos físicos, reducción del caos mental a través de la meditación y el silencio, reflexión y estudio de las cuestiones religiosas, atención siempre en alerta…(11).
Hay, desde luego, una diligencia esforzada en ese afán de experimentar “de primera mano” el conocimiento divino aunque la gnosis entraña, también, reconocer los límites del conocimiento humano y aceptar –como también indica el Allogenes, uno de los textos gnósticos más curiosos y extraños- que uno no puede alcanzar el pleno conocimiento divino. En lugar de ello, como señala de nuevo Pagels, “el iniciado debe contentarse con oír hablar de Dios “de acuerdo con la capacidad proporcionada por una revelación primaria”“(12)
Hay que reconocer, a pesar de las pautas escritas en los textos mencionados, que los gnósticos, tal y como se quejaban Plotino y Tertuliano, no fueron muy dados a hacer “partícipes” a otros de sus instrucciones y procuraban mantenerlas más o menos en secreto, dejándolas para los iniciados que fuesen finalmente considerados aptos (a los que se exigía un proceso largo –más de cinco años-, disciplinado y difícil de formación previa). No hay, pues, constancia de los pormenores de esa formación “práctica” salvo aquellos que ya he mencionado ya que se recogen en los tres o cuatro textos que han sobrevivido hasta hoy.
Como no podía ser menos, las posibilidades de descubrir la “chispa divina” dentro de uno mismo atrajeron a muchos –a demasiados según la Iglesia “oficial”- , pero el miedo a la pérdida o contaminación de creyentes y fieles quizás no estaba excesivamente justificado porque los métodos de iniciación del gnosticismo tendían a ser un filtro claro y un freno manifiesto para la mayoría. El elitismo que lógicamente se destilaba de sus planteamientos hacía del todo imposible que el gnosticismo pudiese llegar a ser nunca una religión de masas (aspiración que sí tenía clara la iglesia católica ortodoxa).
Probablemente la diferente (por no decir contraria) concepción de la gnosis, fuese el núcleo principal de fricción con los gnósticos, pero no fue, desde luego, el único. Como ya he señalado al final del epígrafe 1 otros temas de importancia doctrinal fueron motivo de agrias discrepancias.
Debido a los límites lógicos de de este breve planteamiento propio de un blog no puedo entrar a considerar el dualismo gnóstico aun reconociendo su importancia doctrinal (para Hans Jonas era un elemento esencial del gnosticismo). Baste apuntar, como señala Culdaut “que el dualismo gnóstico no concierne a los primeros principios, sino que es un dualismo de raíz monista que lo refiere todo al Dios desconocido. Al igual que la reflexión patrística, el pensamiento gnóstico está atravesado de parte a parte por la cuestión de lo uno y lo múltiple, de la unidad y también tanto éste como aquélla están influidos por la idea de origen platónico, según la cual la verdad es una y el error múltiple” (13). Tampoco puedo resumir aquí, como ya he reconocido anteriormente, la complejidad de su mitología, que sería sin duda interesante conocer, pero creo que no es determinante para lo que pretendo con estos posts (ver la conexión religión/política y su importancia para la implementación social de una determinada cosmovisión). Expondré pues, a continuación, la visión diferente que de la autoridad tenían unos y otros y por ende, el papel de la mujer y, por último el opuesto posicionamiento respecto al martirio que para los ortodoxos fue garantía absoluta de la calidad de su fe y para los gnósticos un absurdo derramamiento de sangre.
Considero que todos estos temas pueden tener resonancia en nuestros tiempos independientemente de lo que uno considere o no como válido. Los teólogos actuales cuestionan cada vez más el papel y la forma de entender la autoridad en la estructura eclesial, las mujeres reivindican mayores cotas de participación y responsabilidad y los tiempos líquidos en los que vivimos obligan a posicionarse sobre muy diferentes temas, queramos o no. Creo que resultará interesante ver, aunque sea de una manera breve, las consecuencias políticas de algunos posicionamientos teológicos y cómo estas consecuencias han configurado, durante siglos, la historia y nuestra manera de entenderla.
-continuará-
miércoles, 1 de febrero de 2017
La obra provocadora/Sección de adultos (30): Hermann Nitsch (Viena, 1938-)
Esta sección debe considerarse propia de mentalidades ADULTAS y formadas pero, si con todo, le molesta la exhibición del cuerpo humano desnudo o en situaciones de erotismo explícito, por favor, opte por mirar otras secciones de las muchas que hay en este blog y que pueden ser más adecuadas a sus intereses personales.
Como es casi imposible medir el nivel de sensibilidad o estupidez de cada individuo, prefiero ir a lo seguro y clasificar este sitio como adecuado solo para adultos.
Aunque ese término es todavía etéreo y nebuloso para mí, la advertencia deja claro que la responsabilidad sigue siendo del espectador.
- Por la propia idiosincrasia de esta sección se muestran aquí, en muchas ocasiones, materiales sensibles, por lo tanto, si eres menor de edad o te desagrada ver este tipo imágenes, por favor, cierra la ventana.


































































