sábado, 1 de junio de 2013

Opinión personal (3): Las "vampiresas" de cine. (3º de 8)

3ª parte: Vampiresas de cine.
Si el origen de la mujer “devoradora” tiene, como hemos podido ver en los post anteriores, una acrisolada historia, el de la “mujer fatal” se remonta tan sólo a un par de siglos ya que fue en el romanticismo donde su figura se recreó adoptando los parámetros con los que ha llegado hasta nosotros.
La dolorosa sensación de fracaso o de la triste imposibilidad del amor, tan propia de ese periodo, fue el germen de donde nació un tipo de mujer que, poco a poco, fue adquiriendo el carácter sinuoso y sofisticado con que el cine de los 30 y los 40 revistió a las “vamp”.
El calificativo de vampiresa nació en el cine basado en el poema de KiplingThe vampire”, que fue llevado a la pantalla en los primeros años del cine mudo. Desde entonces la cinematografía ha ido mostrando sugerentes variaciones hasta la magnífica eclosión que se produjo con la proliferación del cine negro de los años cuarenta del pasado siglo. En los vertiginosos inicios del cine se recurrió de forma constante a beber de las pautas teatrales y literarias de la época. Del melodrama del XIX se tomaron prototipos muy definidos que facilitaban la identificación por parte del incipiente público cinematográfico.
En el caso de los estereotipos femeninos la polarización fue obvia: La jovencita de aspecto angelical y puro, inocente, siempre cándida (y presumiblemente virgen), verdadero dechado de virtudes (y, con los ojos actuales, algo más que ñoña) frente a “la mala”: la mujer fatal, la que es capaz de arrastrar al hombre al mal camino, a la perdición. 
Hermosa, muchas veces perversa, siempre pecadora y lasciva, i-n-s-a-c-i-a-b-l-e, era capaz de arrebatar a la dulce novia o a la fiel y candorosa esposa  su hombre” (ya se sabe que en la guerra y en el amor todo vale y aquí la solidaridad de género suele obviarse: la pasión manda).
Si en los inicios del cine la “devoradora de hombres” tuvo gran éxito, con el paso del tiempo y la maduración de los personajes se impusieron cambios que ampliaron el registro de las “malas mujeres” dando lugar a toda una galería de seductoras que, si bien mantenían la fascinación de lo prohibido y muchas veces arrebatan el “héroe” a la sacrificada y fiel “heroína” (reencarnaciones -aburridas- de Penélope), casi siempre pagaban por ello cuando no se sometían a una particular catarsis que las reciclaba hacia el buen camino.


La mujer fatal” solía irrumpir en la vida de hombres inocentes o débiles y trastocaba todo su entorno. Encuentros casuales, incluso a veces involuntarios, daban pie para tejer la red que les convertiría en víctimas de la dama. Miradas cautivadoras, sensualidad, muchas dosis de sofisticación, constituían los hilos con que serían atrapados hacia un paraíso que en ocasiones incluso era solo intuido (aunque casi siempre carnal y viciosillo). 
Son muchas las películas que han contribuido a inmortalizar el mito de la mujer fatal y ello implica, necesariamente, que tengamos que hacer una escueta selección.
Entre las actrices paradigmáticas he seleccionado a: Theda Bara, Margaret Livingston, Louise Brooks, Marlene Dietrich, Bárbara Stanwick, Mary Astor, Ava Gadner, Lana Turner, Rita Hayworth, siendo penosamente consciente de omisiones memorables....pero ¡¡un blog, es un blog!!  y, por definición, necesariamente limitado.


Entre las películas emblemáticas:Cleopatra", “Amanecer”, “La caja de Pandora”, “El ángel azul”, “Perdición”, “El halcón maltés”, ”Forajidos”, “El cartero siempre llama dos veces”, “Gilda”.......
                  Los inicios: Theda Bara, Margaret Livingston y Louise Brooks.
Theda Bara, verdadero arquetipo de mujer fatal cultivó -muy conscientemente- una imagen propia coincidente con los personajes que interpretaba en la pantalla. 
Los propagandistas de la época la llamaron “la mujer más perversa del mundo”, “el ángel del mal”.
En la pantalla muda dio vida a todo tipo de mujeres fuertes: Cleopatra, Safo, Salomé, Carmen, Margarita Gautier: todas grandes “pecadoras”, paradigmas de lascivia y sensualidad y con cierto grado de la “perversidad” que le dio fama.
Theodosia Burr Goodmann nació a mediados de la década de 1880. Empezó relativamente tarde en el cine ya que su primer papel como extra fue en 1914 (The Stain, estrenada en 1915). El triunfo le llego con la película de Frank Powell “A fool there was” (1915).
A partir de ahí se inició el proceso de convertir a Theo en una gran estrella que sería rebautizada como Theda Bara creándole toda una biografía espectacular que hizo furor en los aficionados de la época (hija de una concubina egipcia y su amante, un artista francés, que incluso tenía algunos poderes mágicos  con los que con sólo mirar a los ojos a un hombre este caía rendido a sus pies).
La película que la catapultaría a la fama absoluta fue Cleopatra"
de J. Gordon Edward en 1917
Sus personajes fueron, hasta cierto punto, el contraste y la reacción a las delicadas heroínas que promocionó Griffith: Mary Pickford, las hermanas Gish.

Theda Bara realizó infinidad de películas con personajes que escenificaban diferentes tipos de mujeres fatales hasta que su productora consideró que el filón estaba agotado y la despidió en 1919. Dos años después se retiro definitivamente del mundo del cine. Murió en 1955, a los 65 años de edad, en Los Ángeles de un cáncer abdominal.
Sin duda Theda Bara, a pesar de la brevedad de su paso por el cine, fue la base en la que se inspiraron innumerables actrices posteriores. 
Si las “vamp” mostraban parte de su seducción hablando, las “devoradoras” del cine mudo lo hacían a través de la acción. Algunos estudiosos del cine consideran que la "mujer de ciudad" de la  gran película de MurnauSunrise” ( Amanecer, 1927) fue uno de los ejemplos más relevantes de verdadera “vampiresa” dentro del cine de la época, en el que florecían las grandes ingenuas. 
La protagonista “malvada”, Margaret Livingston, competía con la “buena esposa”(Janet Gaynor), en un duelo magistral. 
Con esta película Murnau iniciaba su bautismo de fuego en Hollywood. El entusiasmo de William Fox por el trabajo previo de este director fue tal que le permitió un grado de libertad artística raras veces visto en el cine. Desde luego Murnau no desaprovechó la oportunidad y consiguió, con su resultado, la ovación prácticamente unánime de la crítica del momento (y posterior). Con la ayuda de Carl Meyer –su guionista favorito- adaptó la novela “Pasaporte a Tilsit” (popular en su momento) dando más importancia a los trazos psicológicos de los personajes que al desarrollo de la trama. El matrimonio protagonista fue encarnado por George O'Brien y Janet Gaynor


El primero se manejaba bien mostrando una amplia gama de emociones que iban desde la pasión más exaltada por la “mujer de la ciudad” a la pena y el arrepentimiento más absoluto por haber intentado matar a su mujer y la Gaynor bordaba su papel de perfecta esposa, mujer abnegada y comprensiva, dechado de virtudes domésticas. 
En el lado opuesto estaba Margaret Livingston quien seducía y arrastraba al marido hasta el extremo de convencerle de que asesine a su mujer (meta final de muchas “fatales”: deshacerse de su pareja a través del amante o convencer a este que se deshaga de la suya, como en este caso).
El virtuosismo de Murnau con la cámara fue y es asombroso, utilizando muchos travellings innovadores para la época e incluyendo alguno que anticipaba el uso de la cámara subjetiva mostrando a través de ésta la visión del personaje. 
La película fue recompensada con un Oscar a la Mejor Calidad Artística
También Janet Gaynor y los directores de fotografía obtuvieron un merecido galardón.
Margaret Livingston hizo su debut en el cine en 1916. Su carrera fue bastante prolongada ya que sobrevivió a la criba que se produjo con los inicios del sonoro en 1927.
Durante la época muda participo en una cincuentena de películas y ya con el sonoro actuó en alrededor de veinte más, retirándose en 1934 (Su última participación fue en “Social Register”).
De vez en cuando doblaba voces para otras actrices, entre ellas Louise Brooks
Murió en 1984, con 89 años.

Louis Brooks, nacida en 1906, y en sus inicios bailarina (llegó a trabajar con Martha Graham  y en el Ziegfeld Follies), fue una de las caras más populares del cine mudo, aunque su carrera se prolongó hasta casi el final de los años treinta.  Siendo actriz norteamericana llama la atención que su fama se deba fundamentalmente a tres películas rodadas en Europa: Dos en Alemania bajo la dirección de Georg Whilhem Pabst  (“La caja de Pandora”  (1928) y “Tres páginas de un diario” (1929)) y una en Francia (“Prix de Beaute” (1930), dirigida por Augusto Genina). 
Las tres películas pasaron hasta cierto punto desapercibidas para el gran público debido a que en ese momento el cine sonoro empezaba a hacer su irrupción y a que fueron fuertemente censuradas debido al tratamiento demasiado explícito de la sexualidad (incluida, entre otras cosas, alguna insinuación lesbiana).
Para muchos la Brooks fue la “mujer fatal” por excelencia, precisamente por resultar la menos siniestra y amanerada.   Aunque en  "La caja de Pandora" convierte en víctimas suyas a todos los hombres con los que se relaciona, no lo hace con juego sucio o de manera taimada, como sí harán muchas de las sinuosas “vamp” de los cuarenta.



El argumento narra las peripecias de Lulú, chica de “espíritu libre” que trabaja de artista y que vive a costa de los hombres que caen bajo su embrujo; de hecho, mantiene una relación con el Dr.Schön, con el que se casa, y juguetea también con su hijo. 
En una discusión por celos mata a su marido y huye de la justicia ayudada por un antiguo chulo y el hijo de Dr. Schön que sigue enamorado de ella. Como no podía ser menos en la lógica de la época, su incontenible sensualidad sólo puede llevarla a la destrucción y después de diversas peripecias muere asesinada (por Jack el destripador, ¡sin duda una muerte con clase!).


Su retorno a Hollywood  después del periplo europeo, a comienzos de los años treinta, no pudo revitalizar su carrera y tras algunas películas (entre ellas un western al lado de un joven John Wayne que fue su último papel cinematográfico) se retiró definitivamente de la pantalla en 1938 para fundar -sin éxito- una escuela de baile.
Con posterioridad se dedicó a escribir y publicó una autobiografía titulada "Lulú en Hollywood".
Su figura y labor fue reconocida posteriormente con el “redescubrimiento” de los cinéfilos franceses que la proclamaron un  verdadero icono del cine mudo.
Louise Brooks, que tuvo problemas con el alcohol durante toda su vida, murió el 8 de Agosto de 1985, de un ataque al corazón.
Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto: Javier Nebot (Junio 2013)
Revisado el 5 de enero del 2019.
-continuará-

sábado, 18 de mayo de 2013

Opinión personal (2): Las primeras "fatales": De Lilith y Eva a Venus y Pandora. (2º de 8)

     2ª parte: Las primeras “fatales”: De Lilith y Eva a Venus y Pandora.
Los arquetipos femeninos que han ejemplificado el miedo del hombre al caos que significa una mujer no sometida son realmente muy antiguos (varios miles de años en su mayoría). 
Dentro de nuestra tradición judeo-cristiana podemos referirnos a dos fundamentalmente: Lilith y Eva. Ambas han dado pie a toda una serie de tipologías de mujer por lo que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que se han ido “reencarnando” de muy diferentes formas hasta prácticamente hoy en día.
A Lilith muchos estudios le reconocen un origen mesopotámico, aunque pronto fue incorporada a través del folclore judío a nuestra particular constelación de mitos.
La tradición la considera la primera mujer de Adán y, al igual que éste, el polvo y la mano de Dios fueron su origen. De igual a igual. Según la tradición, Lilith, consciente de esta igualdad no quiso someterse a las exigencias de Adán y ni corta ni perezosa dio portazo al Paraíso optando por unirse a todos los diablillos que, según parece ser, abundaban en aquella época por las cercanías del Mar Muerto, compartiendo con ellos todo tipo de "sutilezas".
Los judíos exiliados en Babilonia pronto se hicieron eco de esta historia y se la llevaron a su tierra de origen desarrollando la creencia en esta criatura maligna. 
Sin duda Lilith ha tenido gran importancia en la configuración arquetípica de la mujer fatal ya que de alguna manera significa la rebelión contra el hombre y contra todo orden aunque éste tenga apariencia de “paraíso”.
Lilith, concupiscente, se entrega sin freno a los demonios teniendo multitud de hijos, los lilim
Parece ser que cuando los ángeles intentaron “recuperarla” ella, independiente, se negó (segunda osadía: no solo se enfrenta al hombre sino también a Dios) y el cielo la castigó haciendo que muriesen cien de sus hijos cada día. 
Desde entonces, según la tradición judía medieval, ella trata de vengarse matando a los niños menores de ocho días (incircuncisos) y pululando entre las sábanas rastreando posibles restos de semen con los que poder procrear más. La figura y leyenda de Lilith y sobre todo su rebelión contra Adán ha llevado a algunas feministas a convertirla en un verdadero símbolo de la liberación sexual y de la lucha contra el hombre. Ella escenifica a la mujer que rompe el orden establecido y amenaza una institución esencial del  hoy denostado patriarcado: la familia.

La casi coetánea de Lilith, Eva, aparece en la Biblia como la madre de todos los vivientes lo que de alguna forma implica algo más de “respetabilidad: ella, a pesar de todo, se mantuvo al lado de Adán y compartieron las consecuencias de su “caída”. Más compañera y menos adversaria.

No es este el lugar para introducirnos en la ética sexofóbica de la tradición judeo-cristiana, pero no podemos obviar la carga de responsabilidad asumida por Eva como incitadora al pecado, al Mal. Como bien señala Erika de Bornay en su interesante libro Las hijas de Lilith : “la insistencia (de los padres de la iglesia) en la maldad intrínseca del goce sexual, este desprecio sin paliativos por la carne, necesitó de la figura de un “impulsor”, un “culpable”, de un ser proclive al pecado, que no fuera aquel hombre creado a “semejanza de Dios”. Se  necesitaba de “otro”, que, por la lógica de las filosofías patrísticas, iba a ser “otra”: Eva, la mujer. Es en ella en quien los Padres de la Iglesia encarnarán todas las tentaciones del mundo terrenal, del sexo y del demonio. Y ello, a pesar de que en el Antiguo Testamento el hombre reconoce a la mujer como a su igual (p 33)
Esta carga ha durado siglos pero resultaba evidente que no se podía demonizar a todo el género femenino so pena de extinción por lo que, en contraposición, se desarrollaron y magnificaron otras figuras que incorporasen el arquetipo contrario: la madre y esposa fiel que mantiene viva la llama del hogar, siempre abnegada y obediente. La Virgen María  accedió así a ser icono referencial de  y para las “buenas mujeres” (junto con la subsiguiente retahíla se santas virtuosas).


Dicotomía esencial entre virtud y pecado, entre orden y caos. 
Hay una supuesta maldad intrínseca en la mujer que solo un exceso de virtud parece paliar de ahí quizá la extrema polarización de los estereotipos.
Si el pecado del hombre era el orgullo, el vicio esencial de la mujer lo constituía la lujuria y esta ha sido precisamente una de las características más relevantes de las vampiresas modernas: el dominio sobre el varón se ejercía a través del sexo.
Imposible ocultar las dosis de misoginia que se esconde en la demonización de la sexualidad aunque, como bien señala Román Gubern (Espejos de fantasmas) :
descontando todo cuanto de prejuicio ideológico machista tenga el mito de la "femme fatale", devoradora de hombres y fantasma castrador para los varones occidentales, añadamos que la historia ha producido realmente mujeres que poco tenían que envidiar a Don Juan, desde la emperatriz romana Mesalina, un notorio caso de neurosis sexual que lucía un collar con 21 falos –número ideal de “caricias” que gustaba recibir en una noche- a Catalina de Rusia que adoraba a los jóvenes soldados de su guardia”. 
En la cultura grecolatina también se ha dado una dicotomía similar aunque, al menos desde mi punto de vista, con matices menos negativos.

Jordi Balló  y Xavier Pérez presentan, en su obra "La semilla inmortal(Barcelona 2012) una detallada relación de argumentos y estereotipos asumidos por nuestra cultura y cuya tradición se remonta a la Ilíada y a la Odisea cuando no a la misma Teogonía de Hesiodo. 
Aunque su análisis excede los límites aquí previstos y va más allá de la figura de la mujer fatal reseñan cabalmente la importancia de Helena de Troya, de Dido, de Pandora, Nausíaca y otras muchas en la memoria histórica que hemos recibido y de la cual el cine ha hecho un amplio uso. 
El prototipo clave es sin dudarlo, Venus, la diosa del amor, personificación de una belleza y una seducción a la que muy pocos hombres –y dioses- podían resistirse y su antagonista estaría representada por Penélope (también por Hera) personificación de la lealtad a la figura masculina (esposo) y sobre todo al hogar como centro de la familia.

Pero, también en la cultura clásica, los mitos del amor tienen su parte “oscura” en otras figuras bastante  más enigmáticas y, quizás, atrayentes: la Esfinge, Circe, las Sirenas…..todas ellas unen a la seducción la certeza de un peligro inminente cuando no el de una más que probable destrucción. 






Son las que -con acierto- llama Erika Bornay “las bellas atroces”, tataraabuelísimas de nuestras vampiresas

Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
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 Texto: Javier Nebot (Mayo,2013)

-Continuará-
Entrada revisada a 5 de enero del 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Opinión personal (1): Mujeres fatales/Vamp.(1ª de 8)

             Sobre las "Mujeres fatales" en el cine (1ª parte)
He tenido la oportunidad de participar en un seminario de cine dirigido por la profesora Soledad Pérez en la Universidad de Deusto.
Como finalización del mismo se nos pidió la elaboración de un pequeño trabajo sobre alguno de aquellos aspectos que nos hubiesen parecido relevantes. Quiero compartir con vosotros mis reflexiones y -¡como son muchas!- voy a intentar hacerlo por "entregas", a la vieja usanza.

     MUJERES FATALES

El cine, como inmenso catalizador que es de las fantasías y de los sueños, ha mostrado en las pantallas toda una serie de arquetipos humanos que previamente se habían encargado de inmortalizar la literatura y el arte. Dentro de estos y, sea cual sea el nombre que le asignemos (vampiresa, femme fatale, mujer–araña etc.), podemos encontrar un arquetipo de mujer que ha tenido un extraordinario peso en la producción cinematográfica: el de aquella que seduce al hombre haciendo especial gala de su belleza y de su sexualidad con el fin, más o menos inconsciente, de destruirlo (o, al menos, de apartarle del “buen camino”).




Sin duda el mito de la mujer “peligrosa para el hombre (y por lo tanto para el orden constituido y vigente) ha tenido mucho éxito en nuestra cultura ya que desde los albores de la protohistoria podemos encontrar tradiciones que lo desarrollan y lo potencian. 

Pocas mujeres han pasado a nuestro imaginario colectivo con excepción de las canonizadas como santas - sin hacer gala de una fuerza o una libertad de tal calibre que el hombre, ante ellas, se haya sentido atemorizado. Visto con ojos actuales casi parece que la "mujer fatalhaya sido un eslabón imprescindible en el proceso de la liberación femenina pero es obvio que no siempre fue así y que la dicotomía “buena mujer/mala mujer” ha tenido en Occidente un peso innegable.
Lilith o Eva versus Virgen María; Venus  versus Hera; Circe o Helena versus Penélope

En definitiva mujer que transgrede contra mujer que asume y/o protege el status quo. 
Fueron los franceses los que acuñaron el término de “femme fatale”; los norteamericanos prefirieron el de “spider woman” o mujer araña. El cine popularizo el de vampiresa. De esta manera unos y otros definían a una mujer que tenía en su poder de seducción la fuerza necesaria para destruir a sus “víctimas:  bellezas ambiciosas, con buenas dosis de ambigüedad y con muy pocos escrúpulos.  

La belleza y la sexualidad como arma en la guerra contra el hombre. 

Hollywood se interesó desde sus inicios por estas mujeres que resultaban sumamente atrayentes para el público porque -sin duda- destilaban un magnetismo y un misterio que no siempre se encontraba en la “buena chica” o en la “buena esposa”.
Resulta imposible echar una mirada hacia las principales películas de la historia del cine sin sentirse deslumbrado por algunas de estas mujeres. Entre los miles de personajes de todo tipo que podemos encontrar ellas destacan con una especial aureola de seducción ofreciendo una sutil promesa de adentrarnos en incógnitos caminos que -quizá- nos lleven al “abismo” (deseado o no).
En el cine norteamericano son muchas las actrices que encarnaron a vampiresas célebres: 
Theda Bara,

Greta Garbo
Bárbara Stanwick
Lana Turner, Joan Crawford, Ava Gardner, Bette Davis, Veronica Lake, Rita Hayword…
En el próximo post analizaré algunas de las principales películas y actrices que contribuyeron a cimentar la fama de “la mujer fatal”.

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Texto:  Javier Nebot  (entrada revisada a 04-01-19)

domingo, 28 de abril de 2013

De todo un poco (7): Frase de Hermann Hesse: "No hay más realidad que la que tenemos dentro..."




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