lunes, 12 de abril de 2021

Opinión personal (84): El siglo XVIII y su cultura en el cine (13). Barry Lyndon.

-“Barry Lyndon” supuso, tal y como he mencionado anteriormente, un verdadero hito (como lo fue también, en otro género, "2001, una odisea del espacio"). El tema de la película es, en sí mismo, bastante banal. Se trata de la adaptación de una novela de William M. Tackeray, La suerte de Barry Lyndon que, poco después, pasaría a llamarse Las memorias de Barry Lyndon (1844). 

En ella, su autor (un ciudadano británico nacido en Calcuta aunque educado en la metrópoli) nos cuenta, de forma desinhibida y con cierta ironía, la peculiar y animada vida de un pícaro irlandés (amores, duelos, guerras, espionajes etc.). Como en otras historias de pícaros, parece que la fortuna, al menos al principio, está del lado del protagonista ya que éste acaba convirtiéndose en señor de Lyndon, accediendo a la pequeña nobleza pero, finalmente, la historia no acaba demasiado bien. 

Tanto la novela como el film muestran la decadencia moral y social de la época. Ahora bien, la plasmación cinematográfica del siglo XVIII elaborada por Kubrick es realmente exquisita, con una fotografía tan espléndida que logra deslumbrar al espectador. Es verdad que el director inglés no siguió con demasiada fidelidad el relato de Tackeray, añadiendo y transformando la historia a su antojo pero, quizás precisamente por ello, el film respira genialidad, la genialidad de un creador que, partiendo de un punto de arranque mediocre, consigue una absoluta obra maestra. 

Ver la película es trasladarse como por arte de magia al ambiente del settechento; ver algunas de sus escenas es tener la impresión de observar en vivo y en directo lo que pintores como Reynolds, Gainsborough o La Tour plasmaron en sus lienzos. 


No cabe duda de que hay un gran esfuerzo técnico detrás de los logros estéticos de esta película, pero -¡a Dios gracias!- esos alardes se ocultan al espectador que solo se ocupa de sumergirse en lo que ve, sin que se le traslade esa necesidad -tan urgente en muchas películas de hoy en día- de sentir admiración por los alardes de diseño a golpe de ordenador. En el film de Kubric el dominio técnico queda oculto tras la belleza poética y escénica de prácticamente todas sus escenas. ¡Cómo no sentir admiración por un film que nos muestra el siglo de las luces con un dominio tan absoluto de la luz, de los claroscuros y de las sombras!. 

 Y si la fotografía y la puesta en escena merecen las alabanzas emitidas, no menos la merecen la banda sonora. Para Kubrik la música fue siempre un factor esencial de sus películas. Para él no se trata solo de una cuestión ambiental o decorativa. La música se convierte en sus manos un personaje activo de la acción y en un compañero inseparable de los personajes. En Barry Lyndon, la zarabanda de Handel y el concierto para dos clavecines y orquesta de Bach, por poner solo dos ejemplos, son elementos insustituibles de la densidad dramática de la historia. 

Como era de esperar no todo fueron alabanzas para esta película porque los sectores más radicales de la crítica consideraron que Kubrick, después de haber hecho un film tan polémico y crítico como “La naranja mecánica”, se “vendió” al hacer un film meramente esteticista y con poca carga critica (que la tiene porque arremete contra una sociedad que, borracha de Ilustración, apreciaba –aparentemente- la cabeza y rechazaba el corazón pero claro, para gusto, los colores). 

Se le exigía un mayor compromiso ideológico como si éste tuviese que ir siempre de la mano de una determinada óptica política o de una ideología muy concreta, pero Kubrick optó por una película menos intelectual o revolucionaria de manual (en las antípodas de Passolini, por poner un ejemplo) y prefirió dejarnos una película realmente excepcional que, con toda seguridad, sobrevivirá mejor en el tiempo que muchos de los panfletos políticos filmados en los setenta.


-continuará-

Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
Texto: Javier Nebot

martes, 6 de abril de 2021

Lugares (60). Tour por Gran Bretaña. Cambridge (3). Museo Fitzwilliam (2º de 2).

 Museo Fitzwilliam (continuación)

The Fitzwilliam Museum | (cam.ac.uk)

(1) The Fitzwilliam Museum, Cambridge | Facebook

El Museo Fitzwilliam dispone de 31 salas o galerías, repartidas en dos plantas, para la exposición de su colección de obras de arte. La relación general de lo mostrado en algunas de ellas puede darnos una idea de la amplitud del espectro artístico en el que se mueve este museo: Así, en la galería 1 se muestra arte europeo de los siglos XIX y XX. En las galerías 2 y 3 se exhibe arte británico, en la galería 4 pintura francesa, en la galería 5 cuadros impresionistas; dando un gran salto temporal en la 6 podemos disfrutar de arte italiano del Renacimiento y en la sala 7 arte italiano de los siglos XVI a XVIII. 

La galería 9 da cuenta de diversas obras de arte español y de pintura flamenca. La galería 10, conocida como el Octógono, da paso a la 11 y en ella se muestran tanto piezas de la colección permanente como piezas de colecciones temporales. En la galería 11 podemos disfrutar de nuevo de arte del siglo XX. En la sala 15 obras de pintores holandeses, en la 16 dibujos, grabados y acuarelas, en la galería 17 una gran muestra de pintura floral. Dando otro gran salto estilístico podemos ver obras de arte coreano en la sala 29 y porcelana japonesa en la sala 26 y dando un extraordinario salto temporal podemos admirar piezas del antiguo Egipto en las salas 19 y 20 y no muy lejos, en la 21, obras de arte de la antigua Grecia y Roma. También podemos encontrar en otras salas buenos ejemplos de arte islámico, antigüedades diversas o artesanía medieval, incluidas armaduras.

En definitiva, un museo pequeño, pero con una colección sumamente interesante y variada de obras de arte.


Los nombres de los creadores que se muestran son también, en lógica correspondencia con la variedad de las colecciones, sumamente diversos: Stanley Spencer, Walter Sickert, Henri Matisse, Pierre Bonnard, John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti, Lawrence Alma Tadema, John Constable, Joseph W.M. Turner, Alfred Gilbert, Ford Maddox Brown, Cornelis van Cleve, William Blake, Anthony van Dyck, William Hogarth, George Stubs, Claude Lorrain, Henri Fantin-Latour, Delaccroix, Géricault, Pisarro, Sisley, Degas, Renoir, Seurat, Monet, Vittore Crivelli, Domenico Veneciano, Boticelli, Ghirlandaio.........

Estudio Daum. Nancy Francia. 
Vasos de cristal decorados con geranios, de principios del siglo XX.

Vaso de cristal de Estudio Daum (fundado en 1878).
Nancy. Francia
Vaso de cristal de Estudio Daum (fundado en 1878).
Nancy. Francia

Vasos de cristal iridiscente de principios del siglo XX,  realizados en Joh. Loezt Witwe Glass Factoria.
Moderna Rejtejn, República Checa (Bohemia).
Jarrón  de Joh. Loezt Witwe Glass Factoria.
Moderna Rejtejn, República Checa (Bohemia)
Vaso de cristal decorado con un paisaje realizado en Daum Studio, Nancy (Francia), de principios del siglo XX.
"The winkle gatherer", estatua en bronce de Jean-Baptiste Carpeaux (1827-1875)

"The return from the fields" (1886). Pierre-August Renoir (1841-1919).

"The rock needle and Porte d´Aval Etrétat" (1885). Claude Monet (1840-1926).

"The gust of wind" (1872). Pierre-August Renoir (1841-1919).

"Study for a sunday on the island of La Grand Jatte: couple walking" (1884-1886).
Georges-Pierre Seurat (1859-1891).

"Still life with apples" (1877). Paul Cézanne (1839-1906).


"La visitación" Pintura española del siglo XV, sobre alabastro.

"Anunciación" parte del un retablo de la Catedral de Pisa. Spinello Aretino (1350/52-1410).

"Anunciación". Martino di Bartolomeo (activo entre 1389 y 1434).

"Virgen adorando al niño" Francesco Boteccini (1446/47-1498).

"Simón, el mago, ofreciendo dinero a San Pedro para obtener los poderes del Espíritu Santo".
Liberale di Jacomo, llamado Liberale de Verona (!445-1527/29).

"Natividad" Domenico Ghirlandaio (1448/49-1494) y su escuela.




"La historia de Cupido y Psique" Jacopo del Sellaio (1441/42-1493).

"Virgen y Niño" (1515). Estudio de Pietro Perugino.


"Venus coronada por Cupido, con un tocador de laud" (1555). Tiziano (1488-1576).

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Texto y fotos:  Javier Nebot

jueves, 1 de abril de 2021

Cine (16). Cine y música clásica (2): El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011).

Terrence Malick es un director que suele tener adeptos incondicionales o críticos acérrimos.
Sus planteamientos y sus películas rara vez dejan indiferentes a los espectadores.
El árbol de la vida, estrenada hace ya una década, fue un film de múltiples lecturas -algunas de ellas bastante discutibles- en el que lo cotidiano se funde con lo profundamente filosófico y, (¿necesariamente?) con lo ultramundano.
Sin duda, una pretension tan omni-abarcadora presenta puntos flacos, pero no deja ser una obra que impresiona y que intenta acercar con imágenes increíblemente bellas realidades que tienen muy difícil expresión en el mundo reduccionista e hiper acelerado en el que vivimos.
La banda sonora fue obra del gran compositor francés Alexandre Desplat
Pero en el score abunda la música clásica (en sentido amplio, incluyendo contemporánea).
Podemos señalar como especialmente relevante:

-Funeral Canticle de John Tavener.
(Tavener es un compositor británico, 1944-2013, muy conocido y apreciado por su extensa producción de obras religiosas. Saltó a la fama muy joven, gracias a su Cantata, La ballena (1968). A partir de esta obra, su carrera fue en constante ascenso, recibiendo el aplauso unánime de crítica y de público. 
Su composición The Protecting Veil, grabada por el violoncelista Steven Isserlis, se convirtió un verdadero superventas y Song for Athene fue cantada en el funeral de la princesa Diana. 
Realizó diversas colaboraciones en el cine: aparte de la música que se escucha en el film que nos ocupa, también podemos escuchar obras suyas en Pilgrimagede de Herzog, Hijos de hombres de Cuarón o en La Gran Belleza, del ínclito Sorrentino, en la que podemos escuchar The Lamb).
-Resurrección en Hades, también de John Tavener.

-Sinfonía nº 1 en Re Mayor, de Gustav Mahler (1860-1911).
La primera sinfonía de Mahler -Titán- es hoy, probablemente, una de las composiciones más conocidas y valoradas de este autor, con fama de difícil. 
Esta obra se estrenó en 1889 en Budapest bajo un nombre diferente a como la conocemos hoy, Poema sinfónico en dos partes, pero poco después, Mahler, que trabajó  profundamente sobre ella haciendo diversas modificaciones, volvió a estrenarla en 1893 en Hamburgo, rebautizándola como Titán. 
Fue una obra que, a pesar de su majestuosidad y su belleza melódica, no tuvo ningún éxito en sus primeras audiciones, siendo rechazada tanto por crítica y público.
 Afortunadamente, el tiempo ha hecho justicia y hoy en día es una obra que se interpreta de forma  habitual en las salas de conciertos y, también, como es el caso, sirve de acompañamiento a imágenes cinematográficas excepcionales.

-Lacrimosa 2 de Zbigniew Preisner.
Zbigniew Preisner (Polonia, 1955), es un famoso compositor de bandas sonoras. Conocido sobre todo por sus composiciones para diversas películas de Krzysztof Kieslowski, aunque ha trabajado para diversos cineastas, entre ellos el español Fernando Trueba.


Una de sus obras más destacadas, fuera del ámbito cinematográfico, fue el Requiem por mi amigo, dedicado a la memoria de Kieslowski, una composición que originalmente fue editada por Erato Disques (Warner Classics), pero que posteriormente ha sido relanzada por Sony Polonia.
Preisner ha ido desarrollando una amplia carrera musical y ha recibido infinidad de premios como reconocimiento a su labor artística. Algunas de sus obras, sin ser estrictamente cinematográficas -como es el caso del Lacrimosa que corresponde al Requiem por mi amigo al que me he referido anteriormente- han acabado siendo parte sustancial de las imágenes de una película. 


-Domine Jesu Christe. Requiem Op. 5, de Héctor Berlioz.
Héctor Berlioz fue un compositor francés (1803-1869), de vida y obra prototípicamente romántica (aunque al modo francés). Gracias al interés de su padre (médico) por la música, Héctor estudió desde pequeño flauta y guitarra, aunque -los tiempos y la posición social siempre han tenido su peso- no fue su primera intención dedicarse a la música. Terminado el bachillerato, en 1821, se trasladó a París para estudiar la carrera de medicina en la universidad de dicha ciudad. Claro que París es mucho París y la vida musical de la capital causó tan honda impresión en el joven Berlioz que contraviniendo los deseos de su padre -todo un clásico- abandonó la carrera de medicina y se volcó en la musical. 


Fue admitido en el conservatorio en 1825. 
Obtuvo, en 1830, tras algunas tentativas fracasadas, el Premio de Roma. Ese mismo año vio la luz la obra le consagró como un compositor innovador y original: La Sinfonía fantástica, subtitulada Episodios de la vida de un artista.
Una composición en parte inspirada en su propia vida (por lo que parece el hombre sentía una pasión no correspondida por la actriz inglesa Harriet Smithson y- ya se sabe- el mal de amores, en buenos músicos, es muy inspirador). 
Su excepcional conocimiento de las posibilidades sonoras de la orquesta hizo de esta obra un buen ejemplo de efectismo sugerente, con combinaciones sonoras novedosas, que marcaban el inicio de la superación de la forma sinfónica tradicional. Berlioz plasmaría sus innovaciones de forma teórica en su Tratado de instrumentación y orquestación.
Cosas de la vida, en 1833 conseguiría la mano de su adorada Harriet Smithson, aunque la relación estuvo lejos de ser lo que se dice idílica. Aunque su ópera Benvenuto Cellini fue un fracaso, otras sinfonías programáticas fueron un éxito (Harold en Italia, Romeo y Julieta). También fue un éxito su monumental Réquiem (cuyo fragmento, Domine Jesu Christe, se escucha en El árbol de la vida)

-Siciliana da Antiche Danze y Aria Suite III. de Ottorino Respigui (1879-1936).


Ottorino Respighi que -permítanme la licencia- tiene un nombre que sugiere un medicamente contra el resfriado, fue un compositor italiano que formó parte de la denominada "Generazione dell´Ottanta". Desde muy pequeño estudió violín y viola en el Liceo Musicale de Bolonia (actualmente conservatorio) aunque posteriormente se decantaría por la composición y por la enseñanza.
En 1900, con tan solo 21 años, presentó sus Variazioni Sinfoniche 
y ese mismo año marchó a Rusia para perfeccionar sus estudios y trabajar como violista principal en la orquesta del Teatro Imperial Ruso. Allí conoció a Rimski-Korsakov, músico que ejerció notable influencia en sus primeras obras. Su actividad como concertista fue ciertamente notable, pero prevalecieron en su hacer sus deseos de componer.  En 1913, instalado ya en Roma, pasó a ser profesor de composición.
En 1917 compuso su primer poema sinfónico, Las fuentes de Roma. A partir de esa obra, publicó diversas composiciones de este mismo género que contribuyeron a cimentar su fama como compositor y le granjearon un gran número de admiradores.
Sinfonía nº 4 en mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms (1833-1897).
La sinfonía número 4 de Brahms es de las más conocidas y aplaudidas de este autor, grande en muchos sentidos y considerado por algunos como el "heredero" de Beethoven, devoto de Schumann y más devoto todavía de su mujer, Clara.



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