martes, 16 de junio de 2015

Fotos personales JNC (17): Visita a Praga, Mayo 2015. 1º de 3

Visitar Praga casi siempre es una experiencia agradable.
Tiene la infinita ventaja de no ser una megápolis inabarcable y, como ciudad pequeña, se "patea" muy bien en unos pocos días; días que permiten descubrir con calma muchos de sus rincones y  disfrutar del particular encanto de sus calles barrocas (de hecho y por ese motivo se filmaron allí muchas escenas de la película Amadeus de M. Forman) y de la infinidad de iglesias y monumentos interesantes.
Hasta cierto punto -especialmente el casco antiguo- resulta una ciudad un poco de cuento y me temo que corre el riesgo de llegar a serlo si, por el exceso de turismo, acaba convirtiéndose en una ciudad-decorado, más que en una ciudad viva. De ahí el casi inicial.
Si ya en el 2004, cuando la visité por primera vez, me pareció que tal exceso estaba llegando a su punto culmen.......ahora diez años después no me cabe la menor duda.
Doy por supuesto que sus responsables sabrán poner algunos límites a la avaricia que implica poseer una gallina de huevos de oro en forma de ciudad bella, pero el tiempo lo dirá. Difícil tesitura en unos tiempos en los que parece que hay que entretener como sea a un número mayor de personas deseosas de experimentar y ver lo que otros ya han podido disfrutar.
Con todo, mi deseo es que no acabe convirtiéndose en un parque temático tipo Carcassonne y sobreviva al éxito turístico.


Gran Hotel Europa y Hotel Meran: 2 bellos alojamientos de estilo modernista.


Imitando el estilo parisino en Praga hay curiosos pasajes.



Las fechadas de la mayoría de los edificios están cuidadosamente rehabilitadas.


Edificio "cubista". Parece actual pero es de 1907.


La música está por todos los rincones. No sólo en la calle, las iglesias y las salas de conciertos tienen buena oferta para entretener a propios y a visitantes.

 ¿Venecia? No, Praga.


Los detalles decorativos de estilo modernista/art decó son muy abundantes en la ciudad.












El puente San Carlos. Cruza el Moldava y nos acerca a la ciudad nueva.


Aunque debido al turismo han proliferado las tiendas de chuminadas para los animosos visitantes todavía se conservan algunos comercios con sabor y estilo.


Sigue existiendo los coches de caballos para los románticos pero para otro tipo de turistas con nostalgias diferentes se alquilan estos llamativos coches para conocer la ciudad con chófer-guía incluido.




Las iglesias, algunas muy bellas, son un buen refugio para descansar un poco. 
Varias de ellas no cobran nada por visitarlas y además, si hay suerte, uno puede escuchar música o, simplemente, gozar del silencio

Fotos y texto:  Javier Nebot

1 comentario:

  1. Sí, cuando vi el Moldava por primera vez, me invadió un no sé qué, algo nostálgico, como si estuviera en una atmósfera de drama eslavo ; me sentí como Ana Karenina ( ya ya sé que no era checa, pero se asemeja mucho a un drama ruso y no me digáis que el nombre, " Moldava " no es evocador de músicas con recuerdos de infancia, al menos de la mía) y al subir al castillo, creí vivir en una realmente una época pasada.
    La verdad es que si sales de lo comercial ( los turistas arrasaremos con todo, ya lo vereis ) y ahí incluyo la plaza del reloj, puedes sumergirte en un mundo romántico de cuento
    Era casi invierno, las brumas acariciaban el Moldava, me río yo de la primavera de Praga

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