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sábado, 18 de julio de 2015

Opinión personal (41): El Eneagrama: Enetipo VI. (9º de 13).

El enatipo VI

ENEATIPO VI: “Cobardía y Carácter paranoide” en la denominación de Naranjo; “Colaborador” para Pangrazzi; “El leal” según Riso/Hudson; “El carácter miedoso” en expresión de Durán y Catalán; “El solucionador” según Goldberg.
Ya referimos, a la hora de comentar las pasiones, que la que “rige” en el Seis es el miedo aunque, curiosamente, éste no se manifiesta siempre en este eneatipo que, como bien señala Naranjo (2008), muestra también otras pautas de comportamiento o actitudes : “En muchos individuos del eneativo VI, más característica que el miedo o la cobardía es la presencia de la ansiedad, ese derivado del miedo que puede caracterizarse como miedo sin la percepción de peligro externo o interno” ( p. 241).
El Seis es un tipo que se vuelca en imaginar escenarios calamitosos, en los que los peligros pueden ser reales o imaginarios. Sufre con la ansiedad de anticipación en la que le resulta difícil a veces deslindar los límites de una amenaza real de una ficticia o muy poco probable. Sufre por el futuro, por lo que pueda pasar, sufre porque tiene miedo a equivocarse y a las consecuencias de sus equivocaciones, tiene miedo a estar solo, a las críticas,….en definitiva sufre de una incertidumbre crónica que procura paliar encontrando apoyo en la autoridad externa, en aquellas personas o instituciones en las que considera que puede confiar.
Naranjo (2008) en su habitual exposición de los antecedentes sobre los caracteres en la literatura científica (p. 243 a 249 ) presenta la aportaciones de Kurt Schenieder (“fanático”); Kraepelin (“esquizofrenia paranoide”); Shapiro (que subdivide el tipo en dos: los individuos furtivos y los rígidos arrogantes); Millon (“hiper-vigilantes”); Fenichel etc.
Como ya hemos podido constatar en la exposición de los anteriores eneatipos, casi todas las descripciones elaboradas por la psicología clínica tienden a incidir en los extremos cuasi-patológicos o insanos del carácter. El DSM IV reconoce un rasgo de este eneatipo bajo el diagnóstico de “personalidad paranoide” pero, como acabo de
indicar, se trata de la forma patológica de una de las posibles variantes del carácter miedoso (Naranjo 2008).
Riso y Hudson (2011) describen los rasgos principales distinguiendo entre los niveles de madurez del individuo. Así, en un Seis sano, destacan su encanto, su capacidad para demostrar y sentir amistad, su confiabilidad. Sobre esta última cualidad, recalcan que “la confianza es importante para el Seis, aunque no la ofrecen ciegamente. Son de fiar y dignos de confianza, se aseguran de cumplir con sus compromisos” (p.136) También señalan cómo, en su mejor estado, los Seis pueden mostrarse autosuficientes, confiando en sí mismos y evitando, por lo tanto, proyectar miedo o inquietud sobre situaciones presentes o futuras.

En su nivel medio –que lógicamente es el más habitual- los Seis invierten mucho tiempo en garantizarse relaciones y medios que les puedan hacer sentir tranquilos, afianzando su seguridad. Ya que el miedo al futuro les hace estar en estado “vigilante”, intentan cubrir todas las situaciones posibles, cosa que difícilmente logran, por lo que acaban entrando en estados de desconfianza: “Con el fin de superar las dudas y tensiones, se hacen más testarudos y reaccionarios, adoptando una actitud dura y rebelde con la que contrarrestar su creciente inseguridad. Pueden convertirse en sarcásticos, beligerantes y malhumorados, llegando a reaccionar de forma agresiva a las aparentes amenazas contra su seguridad. Empiezan por dividir a las personas en amigos y enemigos, defendiendo incondicionalmente a todo aquel que les proporcione seguridad” (Riso y Hudson, 2011; p.138).
La inseguridad crea en ellos a su vez un sentimiento de rabia, pero esa rabia no la exteriorizan porque puede haber riesgo de ser rechazado (en una actitud semejante a la que veremos posteriormente en el Nueve).
Helen Palmer (2007) refiere historias familiares, en el origen de este eneatipo, en donde fueron criados por figuras de autoridad que el niño no percibía como confiables. “La falta de confianza se centra comúnmente en los castigos o humillaciones que recibían de los padres, en particular si estos eran imprevisibles y erráticos en su forma de tratar al niño. De vez en cuando, el Seis cuenta que la familia vivía con un secreto que debía permanecer oculto” (p.192).
La frase clave que distinguiría su actitud sería la de “solo estaré bien si soy responsable(Pangrazzi, 2007).
Entre los descriptores más habituales que encontramos para referirse a este eneatipo, podemos citar: leales, serviciales, discretos, desconfiados, sacrificados, miedosos, confiables, inseguros, precavidos, etc.
Muchos autores destacan la necesidad del Seis de buscar la referencia de una persona a la que le reconoce autoridad. Suele unirse a ella y en general le muestra adhesión pero si esta persona se equivoca o no cumple las expectativas que el Seis le presupone, éste interiormente le rechazará, aunque probablemente no será capaz de demostrarle su descontento abiertamente.
En el caso de que estallase por ello un conflicto, el Seis se movería entre mostrar su malestar de forma más o menos contenida, o aceptar de mala gana una postura de sumisión pero, en general, evitando el enfrentamiento directo.

Böschemeyer (2006) reflexiona sobre como el miedo influye en las actitudes del Seis, sea o no consciente de ello: “El miedo es el sentimiento que provoca más sufrimiento en el Leal adulto, pero la verdad es que por lo general no es consciente del alcance de ese miedo. El miedo tiene muchas caras. El miedo puede serdefensivo”, en forma de precaución, vacilación, inseguridad o indecisión. Pero también puede ser ofensivo y esconderse tras la máscara de la agresividad. Entonces esa persona se muestra dispuesta al ataque, únicamente para prevenir al máximo ese peligro que cree que le amenaza” (p. 139).

-Dirección de “desintegración”, el III: Cuando los Seis se estresan van directamente hacia pautas del Tres convirtiéndose en adictos al trabajo y centrándose en la producción. Allí optan por ponerse una “máscara” con la que  pretenden demostrar que todo marcha estupendamente y que pueden con todos los problemas que se les presenten. Como señalan Riso y Hudson (2011): “El miedo al abandono o la inep-titud puede provocar también que se vuelvan distantes emocionalmente y más temerosos de tener intimidad, sin querer que las personas cercanas vean su grado de angustia. Las amenazas a su seguridad pueden llevarles a competiciones encubiertas al modo de los Tres medios menos sanos” (p. 139).
Cuando un Seis se siente extremadamente tenso (insano) se puede revolver contra aquello que le ocasiona estrés y arremeter violentamente contra los demás para superar sus sentimientos de inferioridad o para herir a alguien que le haya herido. También pueden intentar disminuir la ansiedad implicándose en muchos proyectos a la vez.

-Dirección de “integración”, el IX: Cuando los Seis van hacia al Nueve se vuelven más autónomos, menos dependientes. Logran ver las cosas con más objetividad y de una manera más serena porque desarrollan una confianza interior que les hace apoyarse en su propia autoridad y no en la de otros. Descubren una forma relajada de vivir lejos de ansiedades y “estreses” no cesados. “Esto les da cierta tregua a su agitada mente: tanto su ambivalencia hacia los demás como su tendencia a reaccionar exageradamente a la ansiedad disminuyen. Son mucho más estables emocional-mente, así como más receptivos y confiados con respecto a los demás” (Riso y Hudson, 2011).

-Consejos para el Seis: Böschemeyer (2006) considera que el Seis se beneficiaría si se detuviese a reflexionar sobre los siguientes puntos: “Si sigue su propio camino y no el de los demás; si escucha su propia voz interior y experimenta aquello que su alma tanto ha ansiado; Si se atreve a decir aquello que piensa y se atreve a hacer aquello que dice; Si elude menos y tiene más aguante; Si se apoya en sí mismo y soluciona sus conflictos interiores;” (p. 148).
Helen Palmer (2007) por su parte les recomienda: Aprender a confirmar la realidad de sus temores, tratar de obtener la información completa; observar el hábito de buscar significados ocultos en el comportamiento de los demás; solicitar que las posiciones sean claramente definidas; aprender a mantenerse en contacto, no alejarse debido al miedo, para luego proyectar que los demás le han abandonado.
-continuará-
Texto: Javier Nebot

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