sígueme por e-mail

domingo, 12 de julio de 2015

Opinión personal (39): El Eneagrama: el Eneatipo IV. (7º de 13)

El eneatipo IV

ENEATIPO IV: “Envidia y carácter depresivo-masoquista” en la denominación de Claudio Naranjo; “El individualista” en la expresión de Riso y Hudson; “El artista” en Pangrazzi; “Carácter envidioso” en Durán y Catalán; “El romántico” en Palmer.
La envidia –de muy mala prensa desde siempre pero incluso todavía más en la actualidad, ya que se le asocia a aspectos “ruines” del carácter y no sólo al hecho de experimentar carencia-  implica , como bien señala Naranjo (2008), un “doloroso” sentimiento de falta y, en contrapartida, un deseo infinito –ansia- de conseguir aquello que percibe como “robado”.
Encuentro concordancia entre los autores consultados a la hora de referenciar a los Cuatro como “crónicos insatisfechos” ya que nunca sacian su sensación de carencia, sea esta del tipo que sea. Ese anhelo por lo que creen que les ha sido injustamente arrebatado es lo que les hace desarrollar pautas cercanas a la añoranza con claros tintes melancólicos (“románticos” según Palmer). 
Pero el Cuatro no se conforma: reclama, cuando no exige, lo que cree que se le debe.


Durán y Catalán (2010) señalan que en el Cuatro “lo excesivo de su ansia de amor le impide saciarse y estimula mayor frustración y dolor, perpetuando el sentimiento de escasez, de carencia. Nunca se siente feliz con lo que tiene y siempre mantiene una cierta esperanza de obtener lo que le falta, lo que necesita, que se traduce en una constante demanda” (p. 190).
Naranjo 2008, siguiendo su línea de interrelacionar las pasiones considera que:
la posición de la envidia en el eneagrama es la de un satélite de la vanidad y un vecino del punto 5, la avaricia, que implica un sentimiento de privación comparable a la envidia, aunque se supone una actitud diferente frente a la experiencia de escasez. Mientras que el eneatipo IV representa una enérgica reclamación al exterior, una intensa demanda de aquello que le falta, el eneatipo V se caracteriza por una actitud psíquica de abandono de cualquier expectativa respecto al exterior. La conexión con la vanidad es incluso más importante que con la avaricia, porque el eneatipo IV constituye un miembro de la triada de la esquina derecha del eneagrama, que, en conjunto, gravita alrededor de la preocupación excesiva por la imagen de sí mismo. Mientras que una persona del enatipo III se identifica con la parte de la personalidad que coincide con la imagen idealizada, el individuo del eneatipo IV se identifica con esa parte de la psique que no consigue ajustarse a la imagen idealizada y está siempre procurando alcanzar lo inalcanzable” (p. 103).


Al contrario de lo que sucede con el eneatipo III, el IV abunda en descripciones de todo tipo dentro de la literatura científica (remito al lector a las mencionadas por Naranjo (2008) entre las páginas 104 a 118, en donde refiere las aportaciones y valoraciones de Schneider, Kreaplin, Frestschmer, Bleuler, Abraham, Bergler, Reich, Melanie Klein, Eric Berne etc.).
El DSM IV reconoce este eneatipo en la figura del ·”síndrome de desorden autofrustador de personalidad” pero, personalmente, me parece más acertada, en muchos aspectos, la descripción de Schneider que menciona Naranjo (2008) y que asume muchas de las características que atribuyen a este eneatipo la mayoría de los autores consultados. Así: “El compararse a sí mismos con quienes viven felizmente y el conocer la sencillez característica de estas gentes le llevan a mirar el sufrimiento como algo noble y a considerarse a sí mismos de un modo aristocrático. Otros ven en el sufrimiento un mérito, lo que, unido a su tendencia a reflexionar y a cavilar sobre la amargura de la vida terrena y la profunda necesidad de ser ayudados, les lleva a buscar refugio de orden filosófico o religioso” (p. 105).
Si a dicha descripción le añadimos las características que le atribuye Goldman-Eisler al carácter oral agresivo u oral pesimista -“este tipo se caracteriza por una visión de la vida profundamente pesimista a veces acompañada por estados depresivos y actitudes de retirada, actitud pasivo-receptiva, sentimiento de inseguridad, necesidad de tener garantizada su subsistencia, una ambición que combina un intenso deseo de ascender con un
sentimiento de incapacidad de hacerlo, una sensación rencorosa de injusticia, una susceptibilidad competitiva, un disgusto ante la idea de compartir”- (Citado por Naranjo, 2008. P.107), obtenemos una muy completa enumeración de las características del tipo medio (también del insano) que nos ocupa.
Naranjo (2008) , dentro de las variadas aportaciones que reseña, opta por la de Karen Horney, pero añadir aquí las pautas de comportamiento del carácter masoquista solo contribuiría a transmitir una percepción del IV excesivamente patológica por lo que prefiero remitirme, como complemento a lo dicho, a los aspectos “positivos” de este eneatipo tal y como los recalcan Riso y Hudson (2011) o Pangrazzi (2007), a saber: personas conectadas con su yo profundo, en permanente búsqueda de sí mismos, tenaces, sacrificados. “Sensibles e intuitivos, consigo mismos y con los demás; compasivos, con un tacto exquisito, discretos y respetuosos con el resto de las personas. Sumamente impresionables, los Cuatro sanos disfrutan estando solos, tomándose tiempo para que los impulsos inconscientes surjan en el consciente. Son emocionalmente honestos auténticos y sinceros consigo mismos. Enfatizan la belleza y gozan manifestando los sentimientos de forma estética. En su mejor estado son profundamente creativos, expresan lo personal y lo universal, posiblemente mediante una inspirada obra de arte” (Riso y Hudson, 2011. P. 122).

Pangrazzi (2007) insiste en estos últimos aspectos al denominar a este eneatipo como “el artista”, aunque deja claro que, más que porque tenga cualidades específicamente artísticas, lo llama así por la forma diferente y creativa que cree reconocer en el enfoque vital del Cuatro. Describe también a los integrantes de este eneatipo como personas profundamente atraídas por la idea de la belleza, que saben captar tanto en las cosas como en las personas. Es quizás esa sensibilidad lo que les lleva a un deseo de perfección que quisieran obtener claramente para sí mismos y que muchas
veces lo Cuatro no acaban de obtener.
“Los Cuatro se sienten “diferentes”, y emplean una buena parte de su energía en entender por qué se sienten de esa manera. La mayor satisfacción para los Cuatro consiste en trabajar con alguien que reconozca sus talentos y le ayude a sentirse especial. Ser comprendido es clave para abrirse a la vida” (p.53) .
La mayoría de los autores consultados mencionan como principales descriptores de este eneatipo los términos disciplinados, dependientes, sacrificados, pesimistas, melancólicos, románticos, auténticos, encaprichados, siempre insatisfechos, con una profunda nostalgia y referenciándose en el pasado, lo que viene a coincidir -sin duda- con el panorama expuesto hasta ahora.
La idea principal que rige el comportamiento de los Cuatro podría resumirse en la frase “Sólo estaré bien si soy especial, único” (Pangrazzi 2007; p.84); claro que al no conseguirlo, el Cuatro se perpetúa en el sufrimiento que hemos referido antes de múltiples formas ya que su lectura de la vida le confirma haber sido “expulsado de un Paraíso” al que intenta regresar.

-Dirección de “desintegración”, el II: Cuando los Cuatro se estresan buscan protección y seguridad en alguien que les ame pero, a su vez, eso puede hacerles odiar a la persona de que creen hacerse dependientes. Al igual que los Dos optan por reprimir sus necesidades, pero esto les lleva a los Cuatro a sentirse todavía más deprimidos. Riso y Hudson (2010) señalan la capacidad de los Cuatro “para sentirse ensimismados y taciturnos, distanciándose de las personas importantes de su vida” (p. 124) cuando las tensiones les superan. También refieren como algunos Cuatro “pueden vivir con sus padres o con algún amigo, o volverse totalmente dependientes de su pareja, mientras se sienten resentidos con ellos por no comprenderles o por no cuidarles debidamente”. (p.125)
Duran y Catalán (2010) indican también que en el eneatipo IV “hay una tremenda exigencia de hacerse digno de amor y un marcado sentimiento de odio hacia sí mismo por no conseguirlo y hacia los demás por no dárselo” ( p. 192 ) esto es lo que le puede llevar hacia pautas del Dos insano que no sólo le alejarán de lo que busca sino que acrecentarán su desintegración.

-Dirección de “integración”, el I: Cuando el Cuatro pasa al Uno encuentra un punto de objetividad que le saca de estar siempre pendiente de su mundo emocional. Los principios, los valores, que conlleva este acercamiento al Uno, le pueden ayudar a encontrar referencias externas a sí mismo que, en su caso, le aportarán la estabilidad y el equilibrio que anhela. De esta forma disminuye la necesidad de sentirse “único” o “especial” y se implica en objetivos prácticos, a la vez que vive más en el “presente” y menos en el “pasado”.
Como bien señala Böschemeyer (2006), el Cuatro “cuando aboga por algo que le importa, también se valora a sí mismo, y si consigue cambiar su sentido de los valores, entonces su sentido irradiará hacia afuera y esto cambiará sus relaciones” (p.114) volviéndose menos dependiente y más abierto.

-Consejos para el Cuatro: Según Palmer (2007) los Cuatro pueden ayudarse, entre otras cosas, de la siguiente manera:
“-Aceptando el hecho de que la pérdida ocurrida en la infancia fue real; que necesita ser lamentada, llorada y, finalmente, apartada de la mente.
-Reconociendo el egocentrismo que tiene lugar durante los intensos cambios de ánimo.
-Creando el hábito de finalizar proyectos. Observando la forma en las que los planes que pueden proporcionar beneficios son saboteados o abandonados.
-Observando cómo se perpetúa la sensación de víctima, mediante el rechazo a lo que es fácil de conseguir.
-Encontrando dentro de sí una versión de las cualidades que son admirables en otras personas.
-Aceptando la tristeza, en lugar de forzar la felicidad.
-Avisando a los demás de que la intimidad ocasionará un furioso ataque cuando se sientan incomprendidos.
-Utilizando la habilidad de identificarse con el dolor ajeno, pero aprendiendo a desviarla atención a voluntad.” (p. 163)
-continuará-
Texto: Javier Nebot

No hay comentarios:

Publicar un comentario