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sábado, 11 de julio de 2015

Opinión personal (38): El Eneagrama: Eneatipo III. (6º de 13)

ENEATIPO III (Vanidad, inautenticidad y “orientación mercantilista”).
ENEATIPO III: “Vanidad, inautenticidad y orientación mercantilista” en la denominación de Naranjo; “El triunfador” para Riso/Hudson; “Organizador” en Pangrazzi; “Carácter vanidoso” en Durán/Catalán; “El productor” para M. Goldberg;
El Tres reúne unas características altamente valoradas por el imaginario actual: Tiene gran capacidad para llevar adelante proyectos, puede ser, por lo tanto, un perfil “emprendedor”; tiene claros sus objetivos y va tras ellos con energía; es productivo, enfocado al resultado (aunque para ello suele descuidar, al contrario que el Uno, los detalles.)
En el aspecto sano Riso/Hudson (2011) resaltan la gran seguridad en sí mismos y las grandes dosis de “autoestima” (¡palabra en boga!) que demuestran. Como he dicho antes suelen expresarse con mucha energía sobre todo cuando se focalizan en la consecución de aquellas metas que les parecen importantes y socialmente reconocidas. “En su mejor estado se aceptan a sí mismos, se motivan internamente, son genuinos y auténticos: son todo lo que parecen ser. Con plena auto aceptación, no creen que necesiten tener más éxito para merecer más atención” (Riso/Hudson 2011, p.115).
Pero la distorsión empieza cuando el Tres va dejando paso a su deseo de sobresalir centrando todos sus esfuerzos en que se le reconozca por lo que hace o, incluso, por lo que quiere parecer. La Vanidad adquiere ahí cierta carta de naturaleza ya que la preocupación por la propia imagen se convierte en el santo y seña de este eneatipo desplazando su energía hacia lo que piensa o siente el otro en vez de centrarla en la propia experiencia. Al igual que el Dos, el Tres se referencia fuera de sí pero si el Dos lo hace a través de la ayuda que presta a otros el Tres busca claramente el “éxito” en su actividad y el reconocimiento que ello pueda conllevar.
El Tres “necesita” el reflejo de sí que recibe de la aprobación del otro lo cual tiene evidentes connotaciones narcisísticas y, aunque Naranjo (2008) identifica este descriptor como más propio del eneatipo VII, no puede dejar de reconocerse también en el III (y sus alas). D
e hecho, indica:
La vanidad está presente especialmente en la región “histeroide” del eneagrama (que comprende los eneatipos II, III y IV), aunque en el caso del orgullo, como hemos visto, ésta se
 satisface mediante una combinación de auto ensalzamiento imaginativo y el apoyo de individuos escogidos, mientras que en el eneatipo III la persona se moviliza para demostrar objetivamente su valor, mediante una activa puesta en práctica de su auto-imagen frente a un otro generalizado. Esto conduce a una enérgica búsqueda del éxito y de los buenos modales según marcan los cánones cuantitativamente o generalmente aceptados. La diferencia entre los eneatipos III y IV radica sobre todo en el hecho de que el primero se identifica con la imagen que “vende”, mientras que el segundo está más en contacto con su auto-imagen denigrada y, por tanto, se caracteriza por la experiencia de una vanidad nunca satisfecha. En consecuencia el III es alegre; mientras que el eneatipo IV es depresivo” (Naranjo 2012. p. 215)

Sin duda la manifiesta identificación con la “apariencia” que se da en los Tres implica cierto sentimiento de vacío interior y una superficialidad que muchos pueden percibir como inautenticidad. Hay una coraza, una “máscara”, que les blinda ante el peligro que sienten en mostrarse tal y como son ya que uno de sus temores es que si así lo hiciesen quizás no los aceptarían los demás. Buena parte de esa máscara está constituida por la integración de aquellos valores reconocidos socialmente y por eso muchos autores denominan como “camaleónica” la capacidad del tres para saber cuáles son estos y adaptarse lo más posible a ellos.


Pangrazzi (2007) señala como clave autobiográfica de los Tres escenarios familiares en los que no se han sentido valorados en función de sus sentimientos, sino, más bien, en la medida que obtenían éxito y ofrecían una imagen triunfadora de sí mismos.
El eslogan o frase determinante sería para este autor “Sólo estaré bien si tengo éxito” ( p. 83), de ahí su orientación al logro o el deseo de sobresalir demostrando eficacia y esto –siempre que es posible- lo hace desarrollando pautas agradables, ”cuasi”· comerciales, aunque, si lo considera necesario, no le importa utilizar a los demás para conseguir sus objetivos.
Naranjo (2008) opta por invertir el orden marcado por Ichazo (que identificó la pasión con “falsedad” y la fijación con “vanidad”) considerando la pasión dominante en el Tres la Vanidad y el “engaño” como el núcleo cognitivo de la fijación. También Durán y Catalán (2010) coinciden en este planteamiento señalando que “el fingimiento inconsciente provoca mucha ansiedad, como si a algún nivel estuviera siempre presente el temor de ser descubierto. No es un engaño deliberado, por el contrario el tipo Tres valora mucho la sinceridad, es un autoengaño, una identificación interna del propio yo con la apariencia que se consigue. Para mantenerlo es necesario un perfecto control de los sentimientos, una pérdida de espontaneidad” (p.117).
Vuelvo de nuevo a Claudio Naranjo (2008) porque este autor reseña, en la obra que utilizamos como referencia, los antecedentes sobre éste carácter en la literatura científica (ver págs. 216 a 224), pero a diferencia de otros tipos en los que sí se da una cierta patologización de los mismos, en el Tres no sucede lo mismo. Nuestro autor considera que:
visto el predominio del tipo vanidoso en los Estados Unidos, puede resultar significativo el hecho de que el síndrome correspondiente a esta personalidad le haya pasado desapercibido al DSM. Aparte de la relativa dificultad de discriminar los rasgos de carácter prevalentes e implícitamente valorados en el conjunto de la cultura, podemos también entender esta omisión como consecuencia del hecho de que los individuos del eneatipo III están característicamente satisfechos con ellos mismos, pues el núcleo de su deformación psicológica es la confusión de la autoimagen que venden con lo que son” (p.217).
Con bastante probabilidad esta autosatisfacción y el reconocimiento que muchas veces reciben del exterior, dificulta a los Tres entrar en cuestionamientos que solo se producen cuando un hecho grave (infarto, divorcio, abandono de los hijos etc.) les afecta de forma radical. Entonces pueden percibir la discrepancia en su ser y la apariencia con la que se identifican y en la que siempre han vivido.


Quisiera concluir las características generales de este eneatipo haciendo referencia a su mecanismo de defensa. Durán y Catalán (2010) indican que este carácter se apoya en la identificación, identificación con una imagen ideal que desde muy pequeños asumieron como la “mejor”. Ahora bien, señalan también, que este mecanismo de identificación, es menos rígido que en el caso de la introyección, lo que les permite ir cambiando para adaptarse a los valores reinantes (camaleónicos) sin entrar en excesivos conflictos interiores. Naranjo (2008) ahonda en este punto señalando que:
“la cuestión central en el eneatipo III es la identificación con una autoimagen ideal construida como respuesta a las expectativas de los demás, de modo que podemos suponer que desde muy temprana edad esto implicó una identificación con los deseos, valores y comportamientos de los padres. A diferencia de la introyección, que se refiere a sentir como el otro, la identificación es definida como un proceso por el cual la persona adopta la característica del otro, transformándose hasta cierto punto, según un modelo externo. Por más que sea verdad que la adopción de los rasgos de los padres es una característica universal, también es claro que una orientación imitativa que se orienta hacia modelos externos es más característica de los valores del eneatipo III”. (p.231)

-Dirección de “desintegración”: el IX. El Tres estresado, que ha superado de cierta forma sus límites, puede profundizar más en la desconexión de sí mismo con una pérdida profunda de sus propios sentimientos y aumentando su rechazo a cualquier tipo de cuestionamiento personal o introspección sin darse cuenta que de esta manera caen en el lado más oscuro de los Nueve volviéndose, hasta cierto punto, apáticos, distraídos y dispersos. En casos extremos –los Tres insanos- “pueden llegar al punto de no poder mantener el esfuerzo para satisfacer las expectativas irreales que tienen sobre sí mismos. Se vuelven personas deprimidas e irresponsables. Los demás apenas pueden creer que sean los mismos que antes triunfaban superando cualquier expectativa” (Riso y Hudson, 2011. p.117).

-Dirección de “integración”: el VI. Los Tres encuentran su punto de desarrollo en las pautas sanas del Seis, volviéndose menos competitivos y aprendiendo a colaborar con los demás de una forma más sana, más ligada al compromiso. Bajar un poco “la guardia”, aceptando mostrarse con su verdadera imagen, les vuelve más auténticos y por lo tanto pueden desarrollarse mejor como personas. Como bien señalan Riso y Hudson (2011) “ya no son competitivos sino cooperativos; ya no son falsamente superiores sino iguales; ya no explotan a las personas sino que se comprometen con ellas y su bienestar” (p. 118).

-Consejos para el Tres: Cómo ya hemos referido anteriormente en diferentes apuntes el Tres debe tender a conectar consigo mismo reconociendo su realidad lo más profundamente posible, coincida o no, con los valores imperantes. Se trata de ser más transparente, más consciente de las posibles máscaras que se utilizan en el intento de alcanzar el "éxito"
 y pasar a construirse sobre pautas más cercanas a su realidad y menos basadas en el ideal.
Böschemeyer (2006) señala acertadamente que “cuanta más importancia tenga el éxito para una persona más irá girando alrededor de su propio yo y de lo que quiere ser y tener. Al dar cada vez más vueltas sobre su propio yo, exteriorizará cada vez más. Cuanto más exteriorice, más se alejará de sus propios fundamentos y más se separará interiormente de otras personas. Cuando más se aleje de otras personas, menor será la estimación recibida y mayor será la desesperación con la que gira alrededor desu propio yo” (p. 92), y es sin duda una tarea esencial para el Tres romper la dinámica de este círculo porque es evidente que toda verdad personal que no se descubre y asume, “no solamente no se disuelve, sino que intenta imponerse al consciente a la fuerza para conseguir cierto reconocimiento” (p. 93).
Es de tener en cuenta que en esta tarea los Tres pueden encontrar tantas dificultades como las que reseñábamos para los Dos ya que, en ambos casos, el exterior, los otros, van a valorar, en general, los comportamientos más habituales y reconocibles de estos eneatipos como algo positivo y difícilmente cuestionable, pero –como también señala Naranjo- puede que en principio este reconocimiento no le genere excesivos desajustes a los Tres pero sin duda pagarán como precio una pérdida de interioridad que les hará imposible una verdadera madurez y mucho más difícil todavía el desarrollo espiritual al que aspira el eneagrama.
Palmer (2007) señala como aspectos que les pueden ayudar en su evolución:
“-Aprender a parar. Dejar espacio a las emociones y opiniones reales.
-Tomar conciencia de cuándo las acciones se vuelven mecánicas.
-Reconocer que posponen sistemáticamente la felicidad personal dando prioridad al “triunfo” en sus actividades.
-El reconocer una profunda distancia entre su yo “privado” y su yo “público” procurando tomar conciencia de la realidad de sus sentimientos sean cuales sean” (p.136)
Texto: Javier Nebot
-continuará-

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