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domingo, 3 de julio de 2016

Momentos de cine (72): Fahrenheit 451.

"Éste debe ser muy profundo.....la Ética de Aristóteles cualquiera que lo haya leído a la fuerza ha de considerarse superior al que no lo ha leído.....y es inútil, compréndalo, todos hemos de ser iguales. Sólo se alcanza la felicidad estando todos al mismo nivel. Por eso hemos de quemar los libros Montag....todos los libros"
Toda una declaración de principios "políticamente correcta" (aunque de lógica perversa) que nos lleva al meollo de la distopía que es "Farenheit 451": leer es peligroso pero no solo porque nos vuelva "diferentes" (que también) si no porque nos ayuda a pensar y a comunicar y compartir esos pensamientos.
Nacionalidad: Inglesa.
Producción: Lewis Allen y Vineyard, 1966.
Argumento: la novela de Ray Bradbury.
Guión: F. Truffaut y Jean-Louis Richard.
Dirección: François Truffaut.
Fotografía: Nicolás Roeg.
Música: Bernard Herrmann.
Montaje: Tom Noble.
Intérpretes: Oskar Werner (Montag), Julie Christie (Linda y Clarisse), Cyril Cusak (el capitán), Anton Diffring (Fabián).
Bradbury nos cuenta en su novela, y Truffaut en la versión cinematográfica de la misma, la historia de una civilización avanzada en donde los bomberos no solo no apagan fuegos sino que, en nombre de la paz social, se dedican a provocarlos (como es bien sabido, Farenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel).
Avalados por una ley aprobada por la mayoría deben eliminar todos los libros pues estos atentan directamente contra la felicidad de la ciudadanía (nada más cansado, peligroso e irritante que pensar). Mentes sabias llegaron a la conclusión de que las pasiones que se despertaban al leer y reflexionar solo conseguían hacer sufrir al hombre y eso era intolerable porque perturbaba la paz social (garantizada por telebasuras y demás seducciones cretinas).
 Para mantenerla solo queda la imagen. Imágenes anodinas que van creando un abotargamiento mental, pero también la pseudo-sensación de entretenimiento y felicidad que casi todos (humanos somos, y ahí nos pillan) ansían.
Claro que siempre hay algún "héroe" que se pregunta el por qué de tan severa prohibición y cae en la tentación de morder el fruto prohibido, aunque el precio por ello pueda ser la expulsión del paraíso.
La evolución de este hombre valiente (Montag) es el eje argumental de Farenheit 451. 
Tanto el libro como el film resultan un impresionante relato que ironiza de una manera tremenda sobre lo absurdo y patético de determinada corrección política (que siempre acaba siendo dictatorial).
Farenheit 451 supone una aguda crítica a la sociedad americana de los cincuenta -voluntariamente ciega a muchos despropósitos y aferrada a su american way life como modo indiscutible de vida- pero sigue teniendo vigencia ante cualquier sociedad occidental de hoy, en donde la cultura de masas, el hiper-consumo y la entrega a valores exclusivamente hedonistas (si no da "gustito" parece que mejor ni intentarlo) parecen ser la norma y, desde luego, en donde intentar marcar diferencias es un reto muy poco reconocido cuando no rechazado (si buscas algo mas que la "felicidad" estándar es que algo raro te pasa).





¿Para qué libros si se puede soñar con una pastilla? ¿Para qué esforzarse en leer cuando puedes ver lo mismo sin ningún esfuerzo? En la película hay muchos primeros planos que insisten en mostrarnos miradas de auto-complacencia pero también gestos de soledad. La sociedad que nos describe se pierde en la colectividad, surge el hombre-masa. La individualidad se ve como un peligro que no solo no aporta nada sino que puede perturbar el orden constituido.
Claro que no todo es colapso anodino. 
Contra el paradigma vigente surge un grupo de resistentes que ama apasionadamente los libros y que se enfrenta al sistema por ellos. Hay, sin duda, un halo sumamente poético y romántico entre estos amantes de los libros que se transmiten como pueden unos a otros los textos y que el director nos muestra entre árboles y niebla.

Un aspecto digno de reseñarse es el peculiar desdoblamiento de la misma actriz, la siempre excelente Julie Christie,  en dos personajes contrapuestos: Linda y Clarisse. Ya sus nombres sugieren pistas sobre sus respectivas personalidades. Linda no lee, Clarisse, si. La primera es el prototipo de mujer bella pero tontaina, abducida por la televisión (Montag, irritado, acabará rompiendo violentamente la televisión). Clarisse, alimentándose de libros ha conseguido mantener su mente y su espíritu vivos.
Oskar Werner cumple en su papel siendo capaz de mostrar con sutiliza y convicción la evolución que experimenta.



Truffaut consiguió crear un film que no cayó en el pirotecnismo estilístico sino que ahondó en el argumento de Bradbury y nos mostró problemas que si no son totalmente reales -no deja de ser ciencia-ficción- sí nos resuenan.....lástima que el camino que abrió ya casi nadie lo transita y lo que vemos hoy del género de ciencia ficción es poco más que pura carnicería de marcianitos "que quieren cambiar nuestro modelo de vida" y mucho batiburrillo de efectos especiales.
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