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domingo, 17 de julio de 2016

Pequeño Tour por Italia (11): Florencia (5º de 9) San Marco.

Visitas imprescindibles.
Convento de San Marco.
El convento de San Marco fue fundado a mediados del siglo XIII, pero se remodeló profundamente en 1437 para acoger a los dominicos de Fiesole que habían sido llamados a Florencia por Cosme el Viejo. Michelozzo, el arquitecto favorito de Cosme, fue el encargado de la reconstrucción y adaptación del convento a sus nuevos habitantes. La sencillez -y elegancia- de sus claustros y celdas albergan numerosos frescos de Fra Angélico (Fra Giovanni di Fiesole), incluida una de sus mejores anunciaciones.
Esta anunciación, lejos de los oropeles y lujos de otras similares, destila una profunda y sencilla religiosidad. Fra Angélico demuestra en ella, también, un perfecto dominio de la perspectiva al situar a sus protagonistas en una compleja logia.


Claustro de San Antonino
Savonarola, esforzado y radical prior del convento (1491) -que pagó cara su osadía de criticar el poder  y los excesos de Roma- vivió en las celdas 12,13 y 14.

Ecce Homo, Fray Bartolomé
Santa Catalina de Alejandría, Fray Bartolomé
Santo Domingo -reclamando silencio-, Fray Bartolomé.
Galería con retratos de Fray Bartolomé

Cena milagrosa de Santo Domingo, Giovanni Antonio Sogliani.


Cada una de las celdas de los monjes está decorada con un fresco de Fra Angélico y sus colobaradores.

Celda 39. Fra Angélico y Benozzo Gozzoli. Adoración de los Magos y Cristo de la Piedad.
Las celdas 38 y 39 fueron espacios reservados para los periodos de meditación y retiro espiritual de Cosme el Viejo. En ellas también se alojó el papa Eugenio IV cuando llegó a San Marco en 1445 para consagrar la iglesia reformada.
Celda 35. Fra Angélico y colaboradores. Institución de la Eucaristía




Biblioteca del convento, proyectada por Michelozzo como la primera biblioteca pública de Europa.
En actualidad es parte del museo y se exhiben en ella algunos manuscritos bellamente ilustrados.




 Estudio de Savonarola.
 Cilicios de Savonarola.
La última cena, Domenico Ghirlandaio.


Este fresco de la  Última cena se considera gemelo del existente en Ognissanti. (cerrado al público en  el momento de la visita) aunque es anterior a este. La forma (la mesa en U) y perspectiva del cuadro intentan aumentar de manera ilusoria la profundidad de la sala (que es bastante reducida y que en la actualidad alberga la tienda de recuerdos lo que hace que la pintura no reciba la atención que merece por parte de los visitantes).
Descendimiento de la Cruz, Andrea della Robbia.
Esta cerámica vitrificada esta algo deteriorada por la exposición al aire libre, pero sigue conservando la delicadeza y belleza propia de todas las obras de este autor.

Texto y fotos:  Javier Nebot

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