viernes, 21 de agosto de 2026

Opinión personal (116): La construcción de la imagen de la mujer. Las primeras "fatales": Lilith, Eva, Venus...

 Para poder estudiar, algo más adelante, la imagen de la "vampiresas" en el cine y su influencia en la construcción de la imagen de la mujer, parece conveniente hacer unas mínimas consideraciones previas sobre como fueron surgiendo históricamente algunos de los arquetipos que acabaron siendo decisivos en esa construcción y que duran -con su más y sus menos y con diversas variaciones- hasta la actualidad.

 El miedo, más o menos inconsciente, del hombre al caos que significa una mujer no sometida es muy antiguo. Se puede rastrear de hecho varios miles de años atrás en diferentes tradiciones y culturas, junto con el surgimiento de otros arquetipos que han tenido, también, un peso enorme en nuestra cultura occidental.

Dentro de nuestra tradición judeo-cristiana podemos referirnos a dos arquetipos fundamentales: Lilith y Eva. Ambas han dado pie a toda una serie de tipologías de mujer por lo que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que se han ido “reencarnando” de muy diferentes formas, como iremos viendo, hasta prácticamente hoy en día.

A Lilith muchos estudios le reconocen un origen mesopotámico (unos 3000 años a. C.), aunque pronto fue incorporada a través del folclore judío a nuestra particular constelación de mitos.

La tradición la considera la primera mujer de Adán y, al igual que éste, el polvo y la mano de Dios fueron su origen. De igual a igual

Lilit - Wikipedia, la enciclopedia libre

"En el mito sumerio Lilit es una diosa o fuerza independiente asociada a la oscuridad y temida por los hombres. En el folclore judío representaría indirectamente la igualdad frente al hombre ya que fue creada a su semejanza. Así, viéndose igual a Adán se rebeló ante sus exigencias de obediencia hacia él y a Dios, y lo abandonó. Según la tradición tuvo otros amores y muchos hijos (tanto de humanos como de demonios). En este sentido se le considera la primera mujer libre de la historia y por ello considerada tradicionalmente como 'mujer fatal', la perdición de los hombres, la diablesa, la demoníaca, la femme fatal de la que había que alejarse al no seguir los designios de Dios"

Según la tradición, Lilith, consciente de esta igualdad en su creación no quiso someterse a ninguna de las exigencias de Adán y ni corta ni perezosa dio portazo al Paraíso optando por unirse a todos los diablillos que, según parece ser, abundaban en aquella época por las cercanías del Mar Muerto, compartiendo con ellos todo tipo de sutiles y libidinosas alegrías.

Los judíos exiliados en Babilonia pronto se hicieron eco de esta historia y se la llevaron a su tierra de origen desarrollando la creencia en esta criatura maligna. 
No cabe ninguna duda sobre la importancia que ha tenido Lilith en la configuración arquetípica de la mujer fatal ya que de alguna manera significa la rebelión contra el hombre y contra todo orden constituido aunque éste tenga la ya mencionada apariencia de “paraíso”. Fue, pues, una rebelde de armas tomar.

 Lilith, desafiante pero también concupiscente, se entregó sin freno a los demonios teniendo multitud de hijos, los lilim.  Parece ser que cuando los ángeles intentaron “recuperarla” ella se negó rotundamente, cometiendo una segunda y descarada osadía: ya no solo se enfrentaba al hombre sino también a Dios por lo que el cielo la castigó haciendo que muriesen cien de sus hijos cada día.

Desde entonces, según la tradición judía medieval, ella trata de vengarse matando a los niños menores de ocho días (incircuncisos) y pululando entre las sábanas rastreando posibles restos de semen con los que poder procrear más. 

La figura y leyenda de Lilith y sobre todo su rebelión contra Adán ha llevado a algunas feministas a convertirla en un verdadero símbolo de la liberación sexual y de la lucha contra el hombre. Ella escenifica a la mujer que rompe el orden establecido y amenaza una institución esencial del  hoy denostado patriarcado: la familia.




La casi coetánea de Lilith, Eva, aparece en la Biblia como la madre de todos los vivientes lo que de alguna forma implica algo más de “respetabilidad: ella, a pesar de todo, se mantuvo al lado de Adán y compartieron las consecuencias de su “caída”. Más compañera y menos adversaria.



No es este el lugar o mejor dicho, el momento, para introducirnos en la ética sexofóbica de la tradición judeo-cristiana, pero no podemos obviar la carga de "responsabilidad" lanzada sobre Eva como incitadora al pecado, al Mal.

Como bien señala Erika de Bornay en su interesante libro Las hijas de Lilith :la insistencia (de los padres de la iglesia) en la maldad intrínseca del goce sexual, este desprecio sin paliativos por la carne, necesitó de la figura de un “impulsor”, un “culpable”, de un ser proclive al pecado, que no fuera aquel hombre creado a “semejanza de Dios”. Se  necesitaba de “otro”, que, por la lógica de las filosofías patrísticas, iba a ser “otra”: Eva, la mujer. Es en ella en quien los Padres de la Iglesia encarnarán todas las tentaciones del mundo terrenal, del sexo y del demonio. Y ello, a pesar de que en el Antiguo Testamento el hombre reconoce a la mujer como a su igual (p 33)


Esta carga ha durado siglos, pero resultaba evidente que no se podía demonizar a todo el género femenino so pena de extinción de la humanidad por lo que, en contraposición, se desarrollaron y magnificaron otras figuras que incorporasen el arquetipo contrario: la madre y esposa fiel que mantiene viva la llama del hogar, siempre abnegada y obediente. 

La Virgen María, para la cultura cristiana, accedió así a ser el icono referencial y sagrado de y para las “buenas mujeres” (junto con la subsiguiente retahíla de santas virtuosas, que intentaban emularla).


Surgió y se desarrolló así una dicotomía esencial entre virtud y pecado, entre orden y caos. 

Hay una supuesta maldad intrínseca en la mujer que solo un exceso de virtud parece paliar, de ahí quizá la extrema polarización de los estereotipos.
Si el pecado del hombre era el orgullo, el vicio esencial de la mujer lo constituía la lujuria y esta ha sido precisamente una de las características más relevantes de las vampiresas modernas: el dominio sobre el varón se ejercía a través del sexo.

Imposible ocultar las grandes dosis de misoginia que se esconden en la demonización de la sexualidad aunque, como bien señala Román Gubern (Espejos de fantasmas):
descontando todo cuanto de prejuicio ideológico machista tenga el mito de la "femme fatale", devoradora de hombres y fantasma castrador para los varones occidentales, añadamos que la historia ha producido realmente mujeres que poco tenían que envidiar a Don Juan, desde la emperatriz romana Mesalina, un notorio caso de neurosis sexual que lucía un collar con 21 falos –número ideal de “caricias” que gustaba recibir en una noche- a Catalina de Rusia que adoraba a los jóvenes soldados de su guardia

En la cultura grecolatina también se han dado dicotomías similares aunque, al menos desde mi punto de vista, con matices menos negativos y polarizados y con un abanico mucho mas amplio de arquetipos.


Jordi Balló  y Xavier Pérez presentan, en su obra "La semilla inmortal" (Barcelona 2012) una detallada relación de argumentos y estereotipos asumidos por nuestra cultura y cuya tradición se remonta a la Ilíada y a la Odisea (tan de moda hoy en día gracias a la película de Nolan), cuando no a la misma Teogonía de Hesíodo. 


El análisis de estos autores excede los límites aquí previstos y va más allá de la figura de la mujer fatal, pero recalcó como ellos la importancia esencial de Atenea, de Helena de Troya, de Penélope, de Circe, de Dido, de Pandora, Nausíaca y otras muchas más en la creación del imaginario y la memoria histórica que hemos recibido y de la cual el cine ha hecho un amplísimo uso. 




Los prototipos clave podrían ser para lo que ahora nos ocupa, Afrodita-Venus, la diosa del amor (y una muy probable re-encarnación griega de Lilith), personificación de una belleza y una seducción a la que muy pocos hombres –y dioses- podían resistirse y su antagonista, representada por Penélope, personificación de la lealtad a la figura masculina (esposo) y sobre todo al hogar como centro de la familia (aunque en este sentido Hera, también tiene méritos mas que reseñables).




Pero, también en la cultura clásica, los mitos del amor/seducción y la atracción destructiva, tienen su parte “oscura” encarnada en otras figuras bastante más enigmáticas y, por lo tanto, quizás, más atrayentes: la Esfinge, Circe, las Sirenas…todas ellas unen a la seducción la certeza de un peligro inminente cuando no el de una más que probable aniquilación. 





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Son las que con acierto llama Erika Bornay “las bellas atroces”, las tataraabuelísimas de nuestras vampiresas.

De todas ellas hablaremos en las próximas entradas ya que la recreación literaria y pictórica de estos mitos realizada en la segunda mitad siglo XIX fue absolutamente crucial para la pervivencia de estos arquetipos en la construcción cinematográfica de algunos de los más sugerentes mitos femeninos y por tanto en la configuración de la imagen actual de la mujer.

-continuará-

Para aquellas personas que puedan estar interesadas en la plasmación artística de los mitos, les dejo a continuación los links de algunas entradas anteriores en las que he abordado tan sugerente tema:









Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.
 Javier Nebot

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