martes, 21 de junio de 2022

La Edad Media en el cine (12): La incipiente construcción del Estado. "El león en invierno".

 -De los mitos  más o menos fundacionales a la cruda realidad política: 

La lucha por el poder, “El león en invierno” (1968-Anthony Harvey)


Uno de los grandes promotores de la leyenda artúrica fue Enrique II Plantagenet (padre de los ya mencionados en post anteriores, al hablar de Robin Hood, Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra).

 Al igual que los reyes franceses se consideraban herederos de Carlomagno, Enrique quiso identificar su dinastía con la del rey Arturo. Los autores de “La Edad Media en el cine” mencionan una coincidencia interesante y notable: “del mismo modo que los monjes de la abadía de Saint Denis custodiaban las reliquias de Carlomagno, los monjes de la Abadía de Glastonbury también custodiaban la tumba y reliquias del rey Arturo. Y también se puede hablar de razones económicas: a partir de ese momento, la Abadía de Glastonbury se convierte en un importante centro de peregrinación, visitado cada año por muchísimas personas que van a rendir culto a las reliquias artúricas” (Op. Cit. P. 183). 
Se funden aquí pues, como en otros muchos momentos históricos, leyenda y realidad, mito y legitimidad. 

Y no cabe duda de que, para que esas particulares simbiosis funcionasen, resultó muy útil la existencia de personajes de gran impacto y prestigio, tal y como lo fueron Enrique II Plantagenet y, sobre todo, su mujer, Leonor de Aquitania, ambos protagonistas del film que vamos a comentar a continuación, y que fue dirigido en 1968 por Anthony Harvey y contó con un excelente guion de James Goldman.


El largometraje nos muestra los juegos e intrigas que acompañan siempre al poder (siguiendo una tradición que parece retrotraerse a tiempos muy pretéritos) y nos sitúa en el castillo de Chinon en 1183, en plena Navidad. 
Enrique (Peter O´toole) convoca a sus tres hijos, Ricardo, Godofredo y Juan (interpretados por Anthony Hopkins, John Castle y Nigel Terry, quien años más tarde daría vida, como ya hemos visto, al Arturo del Excalibur de Boorman). 


Convoca también, lógicamente, a su mujer, Leonor (Katherine Hepburn), a quien tiene encerrada en el castillo de Salisbury desde hace años. 


Y tampoco se olvida de citar a su joven amante, Alais (Jane Merrow), hermana del rey de Francia, y al mismísimo rey de Francia, Felipe Augusto (Timothy Dalton).


Los reúne a todos por un motivo nada baladí: decidir quién le sucederá en el trono. 
Una decisión semejante despierta las ansias de poder de todos los implicados y consigue iniciar un peligroso juego de estrategia para ver quién se hará finalmente con el trono del León (en invierno, ciertamente, ya que moriría pocos años después). 


 Desde luego el contexto histórico en el que se desarrolla la película era, por decirlo de alguna manera, complejo. Las alianzas entre las principales familias, muchas veces frágiles, intentaban dotarse de peso y durabilidad durante buena parte de la Edad Media, a través de matrimonios concertados entre diferentes dinastías. 
Se garantizaba así, al menos, el status quo y, si era posible, una descendencia poderosa que perpetuase a la familia en las altas esferas. 
Enrique II consiguió, con su matrimonio con la muy rica y poderosa Leonor, forjar uno de los principales “imperios” de la Edad Media, pero eso no le garantizó en su vida la paz permanente y mucho menos le libró de las pugnas interfamiliares.
 
La película de Anthony Harvey, ciertamente muy teatral, profundiza en esas relaciones matrimoniales tan complejas y, también, en el carácter de cada uno de sus protagonistas. 
Nos muestra no solo sus anhelos, sino también sus miedos y miserias. 


Hay momentos en el film que, prácticamente, caen en el vodevil, como cuando los hijos de Enrique van visitando uno a uno a Felipe Augusto y, al acercarse el siguiente en la visita, se van escondiendo progresivamente detrás de las cortinas de su dormitorio. 
Todos escuchan las confidencias de cada nuevo visitante para aparecer, finalmente y ante la intensidad de algunas confesiones, en plan terapia familiar cuando el propio Enrique es el que se encara al rey de Francia: Se vomitan afrentas y resquemores añejos y con tales agitaciones emocionales salen a relucir cuestiones intimas, como los devaneos homosexuales que, al parecer, tuvieron en su primera juventud Ricardo y Felipe Augusto (y que llevó a este último a realizar diversas penitencias para conseguir el perdón de la Iglesia por tales deslices). 
 Esta fue una de las primeras ocasiones en las que se reconocía esta circunstancia ante el gran público (1) y tal circunstancia se enmarca claramente dentro de la línea crítica y desmitificadora del momento en que se filmó la película y sobre la que ya hemos comentado anteriormente al referirnos a otro film desacralizador, “Robin y Mariam” (Richard Lester, 1976).


Enrique II y Leonor de Aquitania fueron, realmente, dos “personajes de película” en un mundo en el que ellos mismos escribieron buena parte del guion de su vida y de la historia de Europa. 
Hablar de Leonor de Aquitania es hablar, desde luego, de una mujer realmente excepcional en muchos sentidos. 
Fue condesa de Poitou, duquesa de Aquitania, reina de Francia y de Inglaterra, madre de reyes y un espíritu libre e independiente en una época en la que, como ya hemos mencionado, primaba más la fuerza que la sutileza. 
Su persona y su vida fueron fuente de inspiración para muchos trovadores y juglares, que forjaron de ella una imagen de leyenda que ha pervivido hasta nuestros días. 
En “El león en invierno” es interpretada, como ya hemos mencionado anteriormente, por Katharine Hepburn, ciertamente una gran actriz que fue capaz de dotar al personaje de profunda credibilidad. 
El “león”, Enrique II Plantagenet, fue interpretado por Peter O´Toole, quien ya se había puesto en la piel de Enrique cuando rodó Becket (1962, Peter Glenville, film al que dedicaremos algunas consideraciones en el próximo post).


Leonor se casó primero, con quince años, con Luis VII, rey de Francia. 
Con él tuvo dos hijas pero, al parecer, se aburría mucho en su matrimonio (todo esto se menciona con inteligencia en el guion de Goldman). Cosa inusual, acompañó a su marido en la segunda cruzada y allí, en los palacios de Constantinopla, se aficionó, entre otras cosas, a un lujo que era habitual en la corte del emperador Manuel Comneno, pero que por aquella época era desconocido en Francia y en casi en todo Occidente. 


Distintos avatares hicieron que las relaciones entre ambos esposos pasasen del aburrimiento al cansancio y al hartazgo y, a pesar de las dificultades para obtener la anulación papal (se arguyeron motivos de parentesco), ésta se consiguió después de quince años de matrimonio. 
A pesar de ello, sus hijas, María y Alix, sí fueron declaradas legítimas. 
Leonor recuperó sus dominios como Duquesa de Aquitania y casi de inmediato se casó con Enrique Plantagenet, Duque de Anjou, un joven de diecinueve años que era el heredero al trono inglés. Lo hicieron en 1152 en la Catedral de San Andrés de Burdeos.


Es más que probable que en el nuevo matrimonio jugasen factores políticos y económicos, pero también parece que, por lo que cantaban los trovadores, hubo entre ellos amor y pasión…al menos durante un tiempo. 
En cualquier caso, hablar de matrimonio y amor en la Edad Media es introducirse en un tema complicado, cuando no espinoso (al menos desde la perspectiva emocional actual). 
Como bien señalan los autores de “La Edad media en el cine”: “en la Alta Edad Media la palabra amor es siempre extraconyugal, debido a la convicción de que el amor era un impulso irresistible de los sentidos, un deseo devorador, destructor y subversivo que conducía naturalmente al desorden. El “amor heroico”, por ejemplo, o el “mal de amores”, que surgía cuando un hombre quedaba prendado de una mujer que no correspondía a su amor, era una enfermedad” (Óp.cit.p. 226). 

Enrique y Leonor, ambos cultos e inteligentes intentaron reproducir en su corte, al menos durante un tiempo, su especial Camelot. 
Tuvieron ocho hijos, de los cuales tres coprotagonizan la película que nos ocupa: Ricardo, Godofredo y Juan. Pero Enrique, a fin de cuentas “león” no tardó, con el tiempo, en rodearse de amantes (e hijos ilegítimos que convivieron con los legítimos en relativa armonía). 
Leonor, intranquila llegó a conspirar contra su marido, convirtiéndose en su prisionera durante años (su cautiverio duró 16 años y solo acabaría con la muerte de Enrique, en 1189). 

Una vida, en definitiva, digna de una película o de varias: De hecho hay otra versión de la misma obra de Goldman realizada para televisión en 2003, interesante aunque, al menos en opinión del que esto escribe, no superior a la película de 1968. Fue dirigida por Andrei Konchalovski y los protagonistas, que dieron vida a la real pareja,  fueron en esta ocasión Patrick Stewart y Glenn Close.
 





Nota:
(1): Como muchas cuestiones íntimas y, por lo tanto, lejos de la posible contrastación de datos, la homosexualidad de Ricardo y sus posibles affaires amorosos entran en el plano de lo posible, pero no de lo estrictamente seguro. Hoy en día, en el afán de visibilizar la homosexualidad del pasado se han “sacado del armario” casos que plantean más dudas que certezas, aunque en el caso que nos ocupa sí parece haber indicios razonables, no ya de una condición determinada pero si de ciertas relaciones licenciosas como la que se insinúa respecto al rey de Francia.

Próxima entrada: 21 de julio del 2022.

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Texto: Javier Nebot

martes, 14 de junio de 2022

Intérpretes (90): The St Kilda Wedding. Piers Adams y Dodo Street Band.

 Piers Adams (Inglaterra, 1963) es uno de los mejores flautistas de nuestra época.


Su repertorio musical (con diferentes grupos) es sumamente variado y va desde la música clásica a la música folk, alternativa y contemporánea.

"Después de un aclamado debut en el Wigmore Hall de Londres en 1985, y el lanzamiento de su galardonado disco debut de los conciertos de flauta dulce de Vivaldi, Adams se embarcó en su misión de extender el repertorio... y abordó las primeras interpretaciones de la olvidada música de flauta dulce vienesa del siglo 19, un renacimiento del importante repertorio de flauta dulce británica de mediados del siglo 20, y sus propias transcripciones para flauta dulce y piano".

"Adams ha encargado una gran cantidad de nueva música, incluido el heroico Concierto para flauta dulce de David Bedford, que grabó para NMC Records con la Orquesta Sinfónica de la BBC. Este , y el resto de su extenso repertorio de conciertos de flauta dulce barroca y moderna - ha actuado con orquestas de todo el mundo, incluyendo la Philharmonia, la Sinfonía Inglesa, la Orquesta de Conciertos de la BBC, la Academia de Música Antigua, la Sinfonía de la Ciudad de Londres y la Orquesta Sinfónica de Singapur, en lugares como el Royal Festival, Queen Elizabeth y Wigmore Halls, así como en conciertos privados para S.A.R. el Príncipe de Gales y el Duque de Edimburgo".

En 1997, Adams fundó su cuarteto barroco pionero Red Priest, que desde entonces se ha convertido en la columna vertebral de su carrera interpretativa, y ha llevado la emoción de su música a audiencias de todo el mundo, con más de 1000 conciertos en cuatro continentes en algunos de los festivales más prestigiosos del mundo. El grupo ha aparecido muchas veces en televisión y radio, incluyendo funciones televisadas de una hora de duración para NHK (Japón) y The South Bank Show de LWT (Reino Unido), y grabó siete discos en su propio sello (Red Priest Recordings), incluido el álbum número 1 más vendido The Baroque Bohemians (2017).


Desde su fundación en 2017,  Adams y su grupo Dodo Street Band, han explorado las posibilidades de la música folk, llegando a niveles de asombroso virtuosismo.


Dodo Street Band
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jueves, 9 de junio de 2022

Estrenos de cine (192): THE GIRL ON THE MOUNTAIN (USA 2022).


Un ermitaño se encuentra con una chica muda deambulando en plena montaña y decide convertirse en su protector.
Dirección: Matthew Sconce.
Guion: Matthew Sconce.
Música: Anthony Clark.






Intérpretes: Daniel O´Reilly;
Megan Elizabeth Barker;
Sarah Dorothy Little;
Ryan Kos;
D.T. Carney, Tristha Cathey, Allan Abshire, Rease Etzler, Christina Lyons, Makenzie Sconze.






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domingo, 5 de junio de 2022

La Edad Media en el cine (11): Otras versiones cinematográficas de los relatos artúricos.

 Como apuntábamos en el post anterior, las leyendas sobre Arturo y sus caballeros han dado mucho de sí en el cine. Refiero aquí algunas de las versiones más conocidas.

-1953. “Los caballeros del rey Arturo”. Richard Thorpe (1). Película que vista hoy en día resulta, digamos, un poco marmórea aunque, históricamente, es consecuencia clara del gran éxito que tuvo su director con su anterior película, “Ivanhoe” (1952).


Este largometraje supuso subir al altar de la pantalla la famosa novela de Walter Scott, escrita en 1819, y la consagró, para una gran mayoría de lectores, como prototipo perfecto de lo que pudo ser la vida en el Medievo. 

Las ideas de este novelista sobre una Edad Media heroica, repleta de caballeros que realizaban proezas insólitas y que se regían por severos códigos de honor, cuajaron profundamente en las mentes decimonónicas de sus coetáneos.  Sin duda, influyeron en otros relatos y con ellos, posteriormente, en diversos films. 

Tal es el caso de la historia artúrica filmada por R. Thorpe, una historia que fue protagonizada por Mel Ferrer como el ínclito rey, por Ava Gardner, que prestó su siempre deslumbrante belleza a una improbable reina Ginebra y por Robert Taylor, que no desaprovechó su éxito anterior para volver a salir en esta película con aspecto y modales idénticos a los de Ivanhoe. 

Como señalan Juan Vicente García y Áurea Ortiz en su libro “Del castillo al plató. 50 miradas de cine sobre la Edad Media”: “Las películas de Thorpe tienen lugar en el terreno del código caballeresco y del honor, lo que les confiere un tono más solemne y menos desenfadado”. 

Y tienen razón: no hay aquí la ligereza de “Robin de los bosques” (1938) o de “El halcón y la flecha” (1950). Historia y estética resultan algo rígidas, aunque en el momento de su estreno la película fue del agrado del público y cosechó bastante éxito. 

Por descontado, hubo licencias respecto a algunos aspectos de la "crónica" artúrica (tanto en su versión galesa como en la francesa) y anacronismo total en ambientación y el look de los protagonistas, todo más propio del siglo XV, que de unos campamentos tribales del siglo VI, pero ya sabemos que el cine de los cincuenta veía la historia con las gafas del tecnicolor y de la rentabilidad en la taquilla.






-1954. “El príncipe Valiente”, fue dirigida por Henry Hathaway. La historia de esta película está basada en el inmortal cómic de Harold Foster (2), pero su realización cinematográfica fue bastante penosa y el resultado final decepcionó mucho a los seguidores del famoso caballero creado por Foster, aunque ahora algunos nostálgicos la reivindiquen.




Este largometraje constituye otro perfecto ejemplo de la concepción hollywoodense de la Edad Media durante los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo y de su total dependencia estilística y argumental de la visión decimonónica de este periodo de la historia. 
La idealización del Medievo insiste en convertir a éste en un mundo más cercano al cuento o al relato de aventuras que a lo que realmente pudo ser. 
No se atisban todavía, en absoluto, nuevas posibilidades en este sentido. 
Se opta casi siempre por la espectacularidad, ya que tanto el tecnicolor como el cinemascope se inventaron para ello y con objeto de atraer a las pantallas a públicos que, en algunos países, empezaban a pegarse sólidamente al sofá de casa debido al auge de la televisión.  


No faltan, siguiendo la tradición de la época, armaduras, caballeros, villanos, enfrentamientos y luchas entre unos y otros, mujeres que suspiran por sus adorados caballeros y que tenían como principal deseo vital el ser un trofeo a conquistar. 
Por no faltar no faltan ni los vikingos con sus tradicionales (y falsos) cascos con cuernos y un rey Arturo que, como menciona algún crítico, tiene más pinta de un “rey de bastos” que de un líder creador de un mundo nuevo y legendario. Posteriormente, se rodó, en 1991 una miniserie de dibujos para la televisión y en 1997 otra versión cinematográfica de estos cómics dirigida por Anthony Hickox pero, lamentablemente, ninguna de las dos estuvo a la altura de las expectativas.





-1975. “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”, fue dirigida por Terry Gilliam y Terry Jones. Película de humor británico y estrambótico, en la que el famoso grupo inglés Monty Python realizaba una divertida parodia del mito en la que no faltaban grandes dosis de sarcasmo y burla con las que desacralizaban la leyenda artúrica y, también, ya puestos, se realizaban críticas y sornas sobre la sociedad británica de los setenta. 


Sin duda, el mejor valor de la película, es su humor atrevido, incorrecto e irreverente y eso, en estos tiempos de castradora corrección política resulta algo catártico y digno de alabanza, aunque no aporte gran cosa a la visión de lo que fue la Edad Media, salvo, quizás, la posibilidad de alguna crítica a tópicos manidos. 



-1978. “Perceval, el galés”, curiosa película dirigida por Éric Rohmer, en la que el director francés se acercó al mito artúrico adaptando el poema de Chrétien de Troyes de tal forma que reprodujese en imágenes cinematográficas el espíritu y la estética de aquella época. 
Se apoyó de forma bastante rigurosa en las ilustraciones y miniaturas medievales, renunciando al efectismo de la pintura decimonónica y eso, desde luego, resultó novedoso y original aunque hizo (ya hace) del film algo a disfrutar con esfuerzo por el espectador actual, acostumbrado a otro tipo de cánones más realistas, deslumbrantes y, sobre todo, dinámicos.








Para terminar esta aproximación al ciclo artúrico (3) quisiera mencionar un acercamiento más realista a lo que pudo haber sido la realidad histórica y, por lo tanto, alejado de los planteamientos míticos y legendarios predominantes, como es el que realiza Antoine Fuqua en su película “El rey Arturo”, (2004).





Aquí se retoma la especulación, probable no segura pero bastante probable, de que al caer Roma y empezar a desmembrarse el Imperio, algunos señores o líderes locales de Inglaterra se vieron en la necesidad de asumir el poder militar y defender su territorio de los invasores sajones. 
Acuerdos con las diversas poblaciones originales bretonas y entre los britano-romanos que se quedaron en la isla hicieron surgir diversos y pequeños reinos en lo que antes fue una provincia más del Imperio Romano. 
La película mejora mucho, comparándola con sus antecesoras, la ambientación, la recreación histórica.


 Se luce en ocasiones en las escenas de lucha…pero no logra despertar en la pantalla ni entre los espectadores esa aureola mítica que eleve la realidad sobre sí misma y convierta los hechos en leyenda y motivo de recuerdo durante siglos algo que, por lo que podemos constatar en la historia europea, ha sido un factor imprescindible para la cohesión social y la evolución de la construcción nacional (4).


De ese factor clave de construcción nacional, un factor que superaría las lealtades personales para forjar otras más amplias que configurarían los estados de la Edad Moderna, hablaremos en los siguientes posts.

Próxima entrada: 21 de junio - 2022.

Notas:
1). Richard Thorpe fue durante muchos años uno de los directores favoritos de la Metro Goldwyn Mayer gracias a su capacidad para abordar todo tipo de géneros. Su filmografía es sumamente extensa y, como es lógico, hay films de todo tipo, algunos claramente filmados para salir del paso, pero tiene, también, algunas obras reseñables y que en su momento sobre todo gozaron de gran éxito y reconocimiento. Destacan especialmente los films de aventuras realizados entre 1952 y 1955: El prisionero de Zenda (1952), Ivanhoe (1953), Todos los hermanos eran valientes (1953), Los caballeros del rey Arturo (1954) y Las aventuras de Quintin Durward (1955). Son películas de interés bastante desigual, pero las tres referidas a la Edad Media contribuyeron a una determinada imagen de ésta en el imaginario popular y son, pues, referencia inevitable a la hora de estudiar el cine dedicado a esta época. Desde mi punto de vista y a pesar de haber leído glosas bastante positivas de las mismas las tres me parecen, por diversos motivos, bastante mediocres pero, insisto, de alguna manera crearon escuela y tuvieron cierta repercusión en el momento de su estreno.
2). El cómic de Hal Foster “El príncipe Valiente” es, realmente, una obra de arte del género. Fue publicado por primera vez el 13 de febrero de 1937 y Foster siguió dibujando en solitario la serie hasta principios de la década de los sesenta, cuando empezó a contar con la colaboración de su hijo Arthur, de Wayne Boring, uno de los dibujantes de “Superman” y de Hugh Donnell, aunque dicha colaboración se limitó al trabajo mecánico y él siguió responsabilizándose en solitario de los guiones. 1971, John Cullen Murphy se hizo cargo del cómic aunque el nombre de Foster siguió figurando hasta 1984. La obra de Foster, aparte de unos dibujos absolutamente maravillosos, contó con un gran guion capaz de mostrar la evolución caracterológica de los personajes y un gran esfuerzo de documentación histórica (aunque también se puedan encontrar inconsistencias en este terreno). Foster, con tino, sitúo la acción hacia la primera mitad del siglo V, pero tanto el famoso príncipe -de insufrible corte de pelo a lo tazón-, como los demás caballeros que le acompañan aparecen con una panoplia más propia de nobles de una muy avanzada Edad Media. Hay también, a lo largo del desarrollo de los diversos tomos del cómic, algunos anacronismos históricos y algunos errores geográficos, pero no debemos olvidar que, a fin de cuentas es un cómic, más o menos riguroso en muchos aspectos con lo que narra, pero no es un libro de historia y, en cualquier caso, la labor y el compromiso de Foster con la historia medieval estuvo muy por encima del que demostraron la mayoría de los guionistas cinematográficos de su época (incluidos los que hicieron la versión cinematográfica de su obra.
3). El tema de Arturo y sus caballeros en el cine daría para varios libros. Imposible referir en un blog de este tipo todas las versiones/variaciones y series que se han filmado con estos temas como motivo argumental principal. Quizás, y para dar un poco de hilo a posibles rastreos futuros habría que tener también en cuenta: -“Un yanqui en la corte del rey Arturo”. Basada en la muy divertida novela de Mark Twain. 
-“Merlín el encantador” Versión en dibujos animados de Walt Disney que ha hecho las delicias de muchos críos durante décadas.
-“Lancelot du lac” de Robert Bresson.
-“Las brumas de Avalon”, miniserie televisiva.
-“Camelot”, serie de televisión.
-“Arturo y Merlín: Caballeros de Camelot”.
4). Si el mito artúrico y las leyendas sobre Carlomagno fueron elementos esenciales de configuración en el ámbito anglosajón y en el franco, también lo fueron en el ámbito germánico Los Nibelungos o Tristán e Isolda, ambos con tratamiento cinematográfico interesante.



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Texto: Javier Nebot

miércoles, 1 de junio de 2022

Recordando la Historia (6): 1900. Enero. Guerra de los Bóers

Muerte de John Ruskin.

 El 20 de enero de 1900 murió John Ruskin, influyente escritor y crítico de arte, además reformador social inglés.

Biografía de John Ruskin (Su vida, historia, bio resumida) (buscabiografias.com)





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Guerra con los Bóers.

24-1-1900: Londres y Pretoria inician una acción mediadora de paz en la guerra de los Bóers.
Las dos repúblicas sudafricanas (Transvaal y el Estado libre de Orange) han organizado un ejército de casi 100.000 soldados. Los británicos por su parte han reunido 300.000 efectivos en el lugar, lo que debería garantizar a Gran Bretaña la superioridad militar sobre los sublevados.
Según algunos corresponsales de guerra la firma alemana Krupp habría recibido presiones para que no se siga entregando armas a los beligerantes, con objeto de facilitar las negociaciones de paz.




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La Guardia Civil actúa contra los bandoleros andaluces.

10 de enero de 1900: Eduardo Dato, Ministro de la Gobernación, dispone la creación de una columna volante de la Guardia Civil para perseguir a grupos de bandoleros que actúan en la zona fronteriza de  las provincias de Jaén, Córdoba y Granada.





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