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domingo, 1 de septiembre de 2019

Tour por ISRAEL. Índice.

-1).Post del 13 de noviembre del 2018.
Masada.

-2). Post del 22 de noviembre del 2018.
Qumrán. Jordán y Beit Shean.

-3). Post del 22 de diciembre del 2018.
Qurazim y Ginosar kibutz.

-4). Post del 13 de enero del 2019.
Cafarnaún, Tell Azor, Banias y Mar de Galilea.

-5). Post del 4 de febrero del 2019.
Séforis, Cesarea Marítima y llegada a Jerusalén.

-6). Post del 11 de marzo del 2019.
Jerusalén (1).

-7). Post del 25 de marzo del 2019.
Jerusalén (2).

-8). Post del 27 de mayo del 2019.
Jerusalén (3).

-9). Post del 28 de junio del 2019.
Herodión y Belén.

-10). Post del 1 de septiembre del 2019.
Jerusalén (4 y último): Torre de David y Museo de Israel.

Texto y fotos:  Javier Nebot

Lugares (40): Jerusalén (4). Torre de David y Museo de Israel.

En el último día de estancia en Jerusalén visitamos, dentro de las actividades que estaban programadas a tal efecto, dos museos: Torre de David y el Museo de Israel.
Desde el primero se puede disfrutar, aparte de un didáctico recorrido por la historia de Jerusalén, de unas magníficas panorámicas de la parte vieja de la ciudad.
El museo se encuentra, como su propio nombre indica, en los restos de la Torre de David (aunque la torre fue edificada por el incansable Herodes el Grande), en lo que hoy es el barrio cristiano y a muy pocos metros de la puerta de Jaffa.
Como he mencionado, entrar en este museo implica hacer, a través de diversas salas, un recorrido por las diversas historias de la ciudad a lo largo de los siglos.
Es un museo interesante aunque no es de los que entusiasma. No tiene obras de arte especialmente relevantes ni una configuración que deslumbre (sin quitar interés, desde luego, a algo tan esencial como su ubicación, inmerso como está en un edificio histórico). Con todo, y como pasa con muchos museos históricos, la visita ayuda a situar en un contexto más amplio y general mucho de lo visto y escuchado durante el viaje.













La combinación de maquetas, piezas autenticas, réplicas de aceptable calidad, hologramas, audiovisuales y gráficos contribuye a que el visitante salga con una idea bastante ajustada de lo que ha sido y ha significado Jerusalén en la Historia, aunque obviamente esta idea deba pulirse posteriormente con lecturas u otros medios complementarios.


El Museo de Israel sorprende al visitante por dos cosas fundamentalmente: su moderna arquitectura (aunque sea de 1965) y una extraordinaria maqueta del Jerusalén antiguo.
https://www.imj.org.il/en/content/bienvenido-al-museo-de-israel
https://www.imj.org.il/en/collection-galleries








El Museo de Israel es, sin duda, uno de los grandes museos de arte y arqueología del mundo.
Aunque el servicio de audio-guías es, en general, suficiente para contextualizar lo que se ve en cualquier museo, nosotros tuvimos el privilegio de realizar la visita con nuestros dos guias-arqueólogos, Javier Alonso y Manolo Cimadevilla.
No es algo baladí porque nada como escuchar las explicaciones oportunas desde la apasionada voz de unos expertos que conocen y aman lo que muestran. En este sentido no me cansaré nunca de insistir en la importancia de elegir agencias que, como la de Pausanias, ofrecen ese plus diferenciador (en este caso viajes arqueológicos) que puede resultar clave para el éxito final de un viaje.

Links de interés de todo el viaje:
Texto y fotos: Javier Nebot

viernes, 28 de junio de 2019

Lugares (39): Israel. Herodión y Belén

Ya casi terminando el viaje, visitamos Belén desde Jerusalén.
Antes nos detuvimos para explorar una construcción bastante deteriorada de los tiempos de Herodes el Grande, conocida como Herodión. Se trata de un enclave con un notable interés arqueológico.
No fue Belén un lugar de mi agrado.
Me pareció que primaba allí un "aire" tenso -por describirlo de alguna manera-, lejos de la espiritualidad (o emocionalidad) de otros sitios (no entro aquí a evaluar los porqués, sin duda diversos y complejos).
Nos encontramos, además, con una masificación ingrata -lo sé: somos muchos y todos queremos lo mismo- y, finalmente, me  pareció detectar también un interés desmesurado hacia el turista, pero no por que fuese un visitante con el que compartir y curiosear sino porque se le veía como potencial comprador de mercaderías. (¡penosa mercantilización, no solo de los viajes sino también de las peregrinaciones!!)
La guía oficial de Belén que nos atendió durante la visita nos advirtió desde el principio de que, para evitar conflictos o enfrentamientos con los comerciantes -que por lo visto ya se habían producido con otros grupos de turistas-, si tocábamos algo mejor que lo comprásemos. La mera advertencia ya creo un clima de cierta prevención.
Eso hizo, por lo visto, obligada la visita a una especie de cooperativa oficial para que todos pudiésemos verter allí nuestros "furores" consumistas, gastando el dinero en chuminadas de turisteo y eludiendo la posibilidad de algún desencuentro por un tema tan aparentemente baladí como el comprar un recuerdo.....
En cualquier caso, las visitas también tuvieron su parte de interés e, incluso, en algún momento su punto de sentida emotividad.
El Padre Artemio nos recibió con gran hospitalidad y nos acercó y guió a los santos lugares.
Además tuvo la gentileza de obsequiarme con dos libros publicados por él gracias a las buenas artes de mi amigo Félix Pascual que le puso al tanto de nuestra visita.
Ya hemos mencionado en anteriores entradas las espléndidas construcciones llevadas a cabo por el rey Herodes. 
En su afán de congraciarse con romanos y con judíos, se encargó de llevar a cabo obras arquitectónicas realmente asombrosas y el Herodión, llamado así en su honor, a tan solo 12 kilómetros de Jerusalén y unos cinco de Belén, fue, sin duda, una de ellas.
El complejo palacial, realmente inusual por su forma y tamaño, fue construido hacia el 20 a. C, con la idea de ser un grandioso mausoleo para el rey tras su muerte pero, a pesar de todos los intentos de búsqueda realizados hasta el momento, no se ha podido encontrar la tumba del monarca.
El edificio esta situado en lo alto de una colina semi-artificial, a unos sesenta metros de altura.
Lo rodean dos murallas circulares concéntricas, de poco más de 60 metros de diámetro.


Tal y como muestran los diversos gráficos que informan a los visitantes, predominaba en la construcción una torre redonda de unos 16 metros de altura a la que acompañaban otras tres torres menores semicirculares que sobresalían de la muralla exterior.
El acceso al recinto se cuidó al máximo siendo posible solo a través de un pasadizo subterráneo abovedado, cuya entrada estaba al pie del montículo.
El interior albergaba suntuosas estancias, un pequeño jardín rodeado de columnas, lujosos baños. Abundaban los mosaicos en los suelos y las pinturas en las paredes.
El agua, factor siempre clave y esencial en esta tierra, provenía de grandes cisternas excavadas en la colina (que recuerdan algo a las de Masada). En la parte baja del Herodión se han descubierto incluso los restos de una piscina. También pasadizos secretos entre diversas cisternas, aunque los historiadores estiman que estos fueron construidos con posteridad al edificio por parte de rebeldes judíos que lucharon contra los romanos (aprox.132 d.C). Posteriormente el edificio fue ocupado por un monasterio bizantino hasta que, a mediados del siglo VII, fue definitivamente abandonado.
Las vistas desde lo alto del palacio-tumba herodiano tienen algo -en su sencillez- de intemporales.
Una maqueta de cierto tamaño -expuesta in situ- facilita la reconstrucción imaginativa de lo que pudo ser el palacio en sus mejores tiempos
Terminada la visita del Herodión  nos dirigimos a Belén, el lugar en el que según la tradición cristiana, nació Jesús de Nazareth.
Una profecía atribuida a Miqueas (s.VII a.C.) señalaba Belén como el lugar en donde nacería el futuro Mesías de Israel. Por ese motivo Belén es un lugar sagrado para los judíos y, lógicamente, por lo dicho más arriba, todavía más para los cristianos ya que estos consideran que la profecía tuvo su cumplimiento en la figura de Jesús. 
Belén atrae a infinidad de peregrinos, viajeros, turistas y curiosos.
Se pueden ver allí, al igual que en Jerusalén, a personas de todas las razas y nacionalidades.
La cueva de la Natavidad ya era venerada en el siglo II d.C por los primeros cristianos.
El emperador Adriano hizo todo lo posible para reconvertir el lugar consagrándolo al culto de Adonis....pero sus esfuerzos tuvieron más bien el efecto contrario porque con ese intento dejó claro cuál era el sitio en el que, según la tradición, había nacido Jesús.
Cuando años más tarde, en el 325 d.C, la primera peregrina de lujo, la emperatriz Elena, visitó el lugar, no tuvo ningún problema en identificar la cueva, sobre la que mandó construir una primera basílica. En el 590 d.C. el emperador Bizantino Justiniano construyó la Iglesia de la Natividad que se ve actualmente y que está siendo sometida a obras de restauración y mantenimiento.
Se trata de una construcción sin excesivas pretensiones, pero con el encanto de las proporciones adecuadas. Se conservan fragmentos de mosaicos que recuerdan algo a los de Ravenna aunque, lamentablemente, están bastante más deteriorados y diezmados.
Cuentan algunos cronistas que cuando el rey persa Cosroes II invadió Tierra Santa, en la mejor tradición guerrera, no dejó títere con cabeza, pero perdonó esta basílica porque los Reyes Magos  representados en la fachada llevaban atuendos persas.
Posteriormente cruzados y musulmanes sometieron el edificio a ciertos expolios pero, con todo, ha logrado sobrevivir hasta nuestros días sin excesivos cambios, siendo una de las iglesias más antiguas del mundo.


Docenas de lámparas y velas votivas iluminan el interior de la iglesia.

Algunos de los mosaicos que se han restaurado son de gran belleza.



Nuestra guía en Belén charla con los compañeros de viaje mientras esperamos a que el Padre Artemio nos acerque a la Capilla del Pesebre.

El Padre Artemio Vítores, toda una institución en Tierra Santa (¡cuarenta años predicando allí!), nos pone en situación.
Iniciando la visita en procesión

Nuestros entregados guías (Javier Alonso y Manolo Cimadevilla), encabezan la comitiva.
Dentro de la Capilla, momento de reflexión y oración.



El muro de la discordia y de la vergüenza. 
Todo un símbolo de desencuentro y distancia entre los habitantes del país.
Al regresar a Jerusalén entramos por un barrio moderno con curiosas esculturas en sus calles



Claro que nada como perderse por la calles de la Jerusalén Vieja, en donde -a pesar de turistas sinfín- siempre se puede disfrutar de rincones y momentos realmente únicos.








Texto y Fotos: Javier Nebot